{"id":68020,"date":"2026-06-09T14:22:32","date_gmt":"2026-06-09T13:22:32","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=68020"},"modified":"2026-06-09T14:22:32","modified_gmt":"2026-06-09T13:22:32","slug":"la-ley-de-proust","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-ley-de-proust\/","title":{"rendered":"La ley de Proust"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">A partir de una cierta edad, la vida va rifando enfermedades entre nuestros amigos, y un servidor, por descontado, participa tambi\u00e9n en este sorteo macabro. Recientemente, a una persona muy querida le toc\u00f3 un grave problema de salud, de estos que pueden llev\u00e1rselo todo por delante, como un hurac\u00e1n desquiciado. Hablando por tel\u00e9fono con este amigo catal\u00e1n, \u00e9l me coment\u00f3 una de las posibles consecuencias de la intervenci\u00f3n quir\u00fargica que su dolencia exig\u00eda, algo que le inquietaba: la p\u00e9rdida del habla.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013No se preocupe demasiado \u2013le dije\u2013. Seg\u00fan la ley de Proust, eso, en principio, ya no va a ocurrir.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Y, claro, tuve que explicar a mi amigo esta ley consoladora que me he inventado para mi buen gobierno y que es una de las aspirinas de mi vida. Al final del primer tomo de &#8216;En busca del tiempo perdido&#8217;, ese gigantesco tapiz de sutilezas y minucias de Marcel Proust, el narrador, entrando en los balanceos ag\u00f3nicos de la adolescencia, se enamora l\u00edricamente de una muchacha. No son f\u00e1ciles los primeros contactos \u2013casi nada es f\u00e1cil y directo en el universo de este autor\u2013, y el joven, en su soledad, imagina cartas deliciosas que ella le escribir\u00e1 y que \u00e9l va redactando en el borrador de su mente. Hasta que se da cuenta de que nunca recibir\u00e1 esas ep\u00edstolas porque lo que se imagina no pasar\u00e1 jam\u00e1s como lo hemos so\u00f1ado. Nuestra imaginaci\u00f3n quema, destruye posibilidades de la vida real. El protagonista deja entonces de garabatear en su esp\u00edritu esas misivas para aumentar las probabilidades de que alg\u00fan d\u00eda le llegue una carta de la joven. Enunciemos, pues, la ley de Proust: en principio, todo lo que imaginamos no suceder\u00e1, por lo menos del modo que lo hab\u00edamos pensado. Podr\u00e1n pasar muchas cosas malas, muchas cosas buenas, pero no exactamente aquellas que alimentan nuestra ansiedad o que nuestra vanagloria paladea en nuestra fantas\u00eda.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando pasan los a\u00f1os, uno debe admitir que la ley de Proust es cierta. Se han escrito muchas novelas sobre la diferencia abismal entre lo que uno supon\u00eda que ser\u00eda su existencia y lo que al final fue su biograf\u00eda. La m\u00e1s importante creaci\u00f3n novelesca portuguesa, el libro &#8216;Os Maias&#8217; (1888), de E\u00e7a de Queir\u00f3s, trata el asunto. Es una biblia del desenga\u00f1o, como &#8216;La educaci\u00f3n sentimental&#8217;, de Flaubert, o &#8216;Una vida&#8217;, de Maupassant.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En nuestra juventud, la ley de Proust nos parece inaceptable porque vivimos centrados, hipn\u00f3ticamente, en las alucinaciones de la luna del parabrisas de nuestro porvenir, sin prestar mucha atenci\u00f3n a lo que fluye en el espejo retrovisor de los recuerdos. Para aceptar este principio proustiano, hay que tener alguna humildad estructural y esta suele venir con los a\u00f1os, cuando viene. Una vez admitida, la ley de Proust nos libera de la cohorte de fantasmas que todos llevamos dentro. Y en los cuales, por desgracia, a menudo creemos a pies juntillas, sufriendo innecesariamente.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Por lo tanto, todo lo que temes no suceder\u00e1. Puede parecer esto una forma de buenismo, algo que no anda lejos de la inocencia optimista del &#8216;C\u00e1ndido&#8217; de Voltaire, lo admito, pero en realidad el axioma no determina que la desgracia o el sufrimiento no llegar\u00e1n: sencillamente, ser\u00e1n muy distintos de lo que vamos recelando. Adem\u00e1s, la ley de Proust tiene otra cara: tampoco lo que sue\u00f1as de grandioso para ti, esos caramelos de gloria que se chupan por dentro, ser\u00e1n reales. Este principio termina siendo un modo superior de clarividencia, que deja en nuestro esp\u00edritu una gran paz, serena y lisa como la arena de una playa en el primer amanecer, cuando ha bajado la marea.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Y lo curioso es que esta ley, que vale para las personas, tambi\u00e9n resulta cierta para las naciones. Uno de los grandes temores de la historia portuguesa ha sido la ocupaci\u00f3n militar de nuestro pa\u00eds por Espa\u00f1a, su poderoso vecino. Sobre todo despu\u00e9s de la recuperaci\u00f3n de la independencia, en 1640, aquello que los portugueses llamamos la \u201crestauraci\u00f3n\u201d, la gran pesadilla de los lusos fue una posible invasi\u00f3n espa\u00f1ola triunfante. Para combatir esta inquietud, este gran fantasma, se imagin\u00f3 un complicado plan: transportar toda la corte y el Estado a Brasil, para seguir alzando all\u00ed el estandarte de la in\u00addependencia nacional. No fue, sin embargo, necesario desencadenar este arbitrio durante los siglos XVII y XVIII. Y cuando, en 1807, finalmente se activ\u00f3 la operaci\u00f3n y toda la corte huy\u00f3 hacia R\u00edo de Janeiro en una gran armada, los ej\u00e9rcitos que hab\u00edan atravesado la frontera eran las huestes galas de Napole\u00f3n Bonaparte, comandadas por Junot, que ven\u00edan a vendernos las doctrinas de la Revoluci\u00f3n Francesa a ca\u00f1onazo limpio, como se vendi\u00f3 en el 2003 el ideal democr\u00e1tico a Irak. Este ser\u00eda otro modo de formular la ley de Proust: el mundo real resulta mucho m\u00e1s creativo que nuestras ficciones, algo que los novelistas saben ser la pura verdad.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Y, \u00bfc\u00f3mo est\u00e1 mi amigo? Pocos d\u00edas despu\u00e9s de su operaci\u00f3n, habl\u00e9 con \u00e9l por WhatsApp, con c\u00e1mara incluida. \u201c\u00bfMe oye, Gabriel?\u201d, fue lo primero que me dijo. Y sonre\u00eda. Estaba entubado, se alimentaba por una sonda, le espera una larga recuperaci\u00f3n, pero hablaba bastante bien. Los propios m\u00e9dicos confesaron que la intervenci\u00f3n hab\u00eda ido mejor de lo que esperaban: tambi\u00e9n para ellos la ley de Proust tuvo alguna vigencia. La vida humana es dura y, en este tiempo de tantas sombras, el alma se nos puede llenar de visiones espantosas como horizonte de futuro. No creamos en ellas. Hay que confiar en la din\u00e1mica divina de la realidad, capaz de inventar, en cada instante, maravillas cotidianas que no hab\u00edamos previsto.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">LA VANGUARDIA<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A partir de una cierta edad, la vida va rifando enfermedades entre nuestros amigos, y un servidor, por descontado, participa tambi\u00e9n en este sorteo macabro. Recientemente, a una persona muy querida le toc\u00f3 un grave problema de salud, de estos que pueden llev\u00e1rselo todo por delante, como un hurac\u00e1n desquiciado. 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