{"id":66795,"date":"2026-02-04T19:26:16","date_gmt":"2026-02-04T18:26:16","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=66795"},"modified":"2026-02-04T19:26:16","modified_gmt":"2026-02-04T18:26:16","slug":"el-colapso-del-relato","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-colapso-del-relato\/","title":{"rendered":"El colapso del relato"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hay pa\u00edses que se gobiernan. Y hay pa\u00edses que se limitan a narrarse.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Espa\u00f1a, desde hace casi ocho a\u00f1os, ha ido deslizando su centro de gravedad desde la gesti\u00f3n hacia el relato. No porque falten instituciones, leyes o presupuestos, sino porque el Gobierno parece haber asumido que lo esencial ya no es que las cosas funcionen, sino que parezcan funcionar. La prioridad no es la administraci\u00f3n eficaz de lo p\u00fablico, sino la producci\u00f3n constante de un discurso que sostenga la apariencia de normalidad. Pero los Gobiernos pueden vivir durante un tiempo instalados en la ficci\u00f3n. Lo que no pueden hacer es eternizarla. Porque llega un momento en que la realidad deja de obedecer al relato.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El colapso ferroviario, que tambi\u00e9n se ha vuelto rutina en Catalunya, es el ejemplo m\u00e1s visible y cotidiano de ese desmoronamiento silencioso. Trenes suspendidos, aver\u00edas sistem\u00e1ticas, infraestructuras obsoletas, usuarios convertidos en masas resignadas a una incertidumbre permanente. No estamos ante una crisis t\u00e9cnica ni ante un episodio coyuntural. Estamos ante un s\u00edntoma pol\u00edtico. El tren, como la justicia, no admite maquillaje: funciona o no funciona; llega o no llega. Y cuando falla de manera estructural, lo que se revela no es una aver\u00eda, sino un modelo de Estado que ha aprendido a sobrevivir m\u00e1s de s\u00edmbolos que de servicios.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Durante a\u00f1os se nos repiti\u00f3 que Espa\u00f1a era una democracia consolidada, una potencia europea homologable, un pa\u00eds moderno. Pero la modernidad no se mide por declaraciones institucionales ni por ret\u00f3ricas patri\u00f3ticas. Se mide por derechos materiales: por la capacidad de un ciudadano de desplazarse sin miedo a quedar atrapado en un and\u00e9n; por procedimientos judiciales tramitados en plazos razonables y con recursos suficientes; por instituciones que funcionen sin necesidad de heroicidades diarias. Lo que estamos viendo, tanto en las v\u00edas como en los juzgados, es exactamente lo contrario: un colapso estructural que ya no puede ocultarse.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La justicia espa\u00f1ola lleva a\u00f1os instalada en una saturaci\u00f3n cr\u00f3nica. Macrocausas que se eternizan, recursos que duermen durante a\u00f1os, juzgados desbordados, procesos que se convierten en penas anticipadas y reformas que, m\u00e1s que reales, son cosm\u00e9ticas y con pretensiones de control. El tiempo como castigo, la dilaci\u00f3n como m\u00e9todo, el procedimiento como instrumento de desgaste. Y, sin embargo, frente a este panorama, el Gobierno insiste en la misma l\u00f3gica: anunciar reformas, crear plazas, producir titulares. Pero el problema no es solo de medios; es de modelo. Es la incapacidad de concebir la justicia neutral entendida solo como servicio p\u00fablico y no como dispositivo de control ciudadano y del adversario.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A ese mismo cuadro debe a\u00f1adirse otro pilar esencial del contrato democr\u00e1tico: la sanidad p\u00fablica. Conviene precisarlo: su gesti\u00f3n est\u00e1 descentralizada y recae en las comunidades aut\u00f3nomas, pero su deterioro no surge en el vac\u00edo. La presi\u00f3n asistencial, la disponibilidad de profesionales y la financiaci\u00f3n efectiva quedan condicionadas por decisiones estatales \u2014modelo de financiaci\u00f3n, reglas presupuestarias, normativa b\u00e1sica y pol\u00edtica de recursos humanos\u2014 adoptadas lejos del territorio y que acaban impactando all\u00ed donde la ciudadan\u00eda se atiende de verdad. Y, al mismo tiempo, esa carga se gestiona con instrumentos auton\u00f3micos que ya van al l\u00edmite. Listas de espera interminables, profesionales exhaustos, urgencias colapsadas, atenci\u00f3n primaria debilitada, d\u00e9ficit de planificaci\u00f3n. Se habla de la sanidad como de tantas cosas en Espa\u00f1a: como de un s\u00edmbolo del Estado social, como de una conquista intocable. Pero la realidad cotidiana es otra: conseguir una cita m\u00e9dica se ha convertido en una carrera de obst\u00e1culos, acceder a un especialista es una espera que desespera, y el sistema se sostiene m\u00e1s por el sacrificio de sus trabajadores que por una estructura racional y una buena gobernanza.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Transporte, justicia y sanidad tienen algo en com\u00fan: no admiten ficci\u00f3n. Atienden o no atienden; resuelven o no resuelven; funcionan o se derrumban. Cuando se degradan de forma persistente, lo que aparece no es solo un problema de presupuesto o de mala organizaci\u00f3n, sino el deterioro del Estado como garante de derechos b\u00e1sicos. No estamos ante crisis sectoriales. Estamos ante un modelo que se resquebraja.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Lo ferroviario, lo judicial y lo sanitario comparten ra\u00edz. Son manifestaciones de un poder que ha invertido enormes cantidades de energ\u00eda en conservarse, en sostener su relato territorial y en combatir pol\u00edticamente lo que no puede integrar democr\u00e1ticamente, mientras descuidaba la gesti\u00f3n de lo esencial. Se han movilizado recursos para perseguir urnas, para fabricar causas, para convertir discrepancias pol\u00edticas en delitos imaginarios. Pero no se ha sido capaz de garantizar un tren puntual, un juzgado operativo o una atenci\u00f3n primaria que no viva en saturaci\u00f3n permanente. Esa es la paradoja de un Gobierno obsesionado con imponerse: cuanto m\u00e1s se concentra en el control simb\u00f3lico, m\u00e1s se deteriora en su funcionamiento material.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Y en ese mismo patr\u00f3n debe leerse otra decisi\u00f3n reciente que resume como pocas la ausencia de planificaci\u00f3n, de seriedad y de modelo estructural: la voluntad de regularizar de golpe a m\u00e1s de medio mill\u00f3n de personas extranjeras en situaci\u00f3n irregular, decidida desde la metr\u00f3poli, sin contar con las autonom\u00edas, sin articulaci\u00f3n territorial, sin estrategia social ni institucional, como si la inmigraci\u00f3n fuese un expediente administrativo que puede resolverse con un anuncio, como si el pa\u00eds real no existiera m\u00e1s all\u00e1 del BOE.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No se trata aqu\u00ed de discutir el fondo humano del fen\u00f3meno migratorio, ni de negar la realidad de cientos de miles de personas que viven y trabajan sin derechos plenos. Esa realidad existe y exige respuestas. Lo que resulta insostenible es que el Gobierno espa\u00f1ol aborde una de las cuestiones m\u00e1s complejas del siglo XXI \u2014la inmigraci\u00f3n\u2014 del mismo modo con que aborda todo lo dem\u00e1s: improvisaci\u00f3n, centralismo, relato, medida espectacular y ausencia de estructura.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La inmigraci\u00f3n no debe ser un problema de marketing pol\u00edtico. No es una cifra a regularizar en bloque cuando conviene. Es una cuesti\u00f3n profundamente territorial, social y econ\u00f3mica. Afecta a servicios p\u00fablicos, a vivienda, a escuela, a sanidad, a integraci\u00f3n cultural, a mercado de trabajo. Exige planificaci\u00f3n, coordinaci\u00f3n con los municipios, pol\u00edticas ling\u00fc\u00edsticas, estrategias comunitarias, interlocuci\u00f3n con el tejido productivo. Exige apego al territorio. Y nada de eso puede hacerse desde un despacho en Madrid dictando una regularizaci\u00f3n masiva como quien lanza un salvavidas institucional para corregir a\u00f1os de dejaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Y aqu\u00ed est\u00e1 el punto que incomoda, precisamente porque revela la arquitectura disfuncional del Estado: se decide desde Madrid, pero se gestiona en el territorio. Se anuncia una regularizaci\u00f3n de dimensiones masivas como gesto pol\u00edtico, pero la carga real \u2014escolarizaci\u00f3n, atenci\u00f3n sanitaria, atenci\u00f3n social, vivienda, primera acogida, integraci\u00f3n cotidiana\u2014 recae de manera inmediata sobre comunidades aut\u00f3nomas y municipios. El Gobierno firma el titular y reparte las consecuencias. La metr\u00f3poli produce el relato y la periferia administra el impacto, con presupuestos tensados y servicios p\u00fablicos al l\u00edmite. No es una cr\u00edtica a la regularizaci\u00f3n en s\u00ed, sino a la irresponsabilidad de plantearla como acto unilateral, sin negociaci\u00f3n territorial, sin financiaci\u00f3n suficiente y sin un dise\u00f1o institucional que permita convertir el derecho en integraci\u00f3n real; en definitiva, es una decisi\u00f3n antidemocr\u00e1tica en la forma en que se ha adoptado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Esta decisi\u00f3n, presentada como gesto humanitario o como soluci\u00f3n administrativa, es el reflejo m\u00e1s exacto de la falta absoluta de un modelo inmigratorio serio. S\u00e1nchez no tiene pol\u00edtica migratoria: tiene episodios. No tiene estructura: tiene parches. No tiene planificaci\u00f3n: tiene anuncios. Y ese modo de actuar no solo es ineficaz; es irresponsable, porque convierte un fen\u00f3meno de enorme sensibilidad social en un instrumento m\u00e1s del cortoplacismo pol\u00edtico.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Catalunya, una vez m\u00e1s, es el territorio donde ese desorden se vuelve tangible antes que en ninguna otra parte. Catalunya es receptora hist\u00f3rica de inmigraci\u00f3n y ha demostrado capacidad de integraci\u00f3n, trabajo comunitario y cohesi\u00f3n, pese a las dificultades. Pero tambi\u00e9n soporta sobre sus infraestructuras y servicios \u2014transportes, justicia, sanidad\u2014 un peso enorme sin disponer de las herramientas institucionales necesarias. Se decide desde Madrid cu\u00e1ntas personas se regularizan, en qu\u00e9 condiciones, con qu\u00e9 requisitos, sin que el pa\u00eds que debe integrar, escolarizar, atender desde los <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">centres d\u2019atenci\u00f3 prim\u00e0ria<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y organizar esa realidad tenga capacidad decisoria.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ese es el n\u00facleo del problema: no es solo una medida migratoria. Es un acto de poder central que confirma que el Gobierno concibe el territorio como periferia administrativa, no como sujeto pol\u00edtico. Se legisla sobre Catalunya sin Catalunya. Se decide sobre la realidad catalana sin participaci\u00f3n catalana. Y luego se exige que las instituciones catalanas gestionen las consecuencias sin competencias ni recursos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Por eso, decisiones como esta hacen m\u00e1s necesaria que nunca una cuesti\u00f3n que no es ideol\u00f3gica ni identitaria, sino estrictamente funcional y democr\u00e1tica: el traspaso integral a Catalunya de las competencias en materia de inmigraci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No puede haber pol\u00edtica migratoria seria sin proximidad territorial. No puede haber integraci\u00f3n real sin capacidad de planificaci\u00f3n local. No puede hablarse de cohesi\u00f3n social mientras la competencia decisoria permanezca en manos de un Gobierno que act\u00faa con l\u00f3gica metropolitana, desconectada del terreno. Catalunya necesita poder gestionar su modelo migratorio porque es Catalunya quien vive la inmigraci\u00f3n en sus escuelas, en sus <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">centres d\u2019atenci\u00f3 prim\u00e0ria<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, en sus barrios, en su mercado laboral, en su lengua, en su tejido comunitario. No Madrid.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Un Gobierno que no puede garantizar trenes ni justicia eficaz, que deja deteriorarse la sanidad p\u00fablica, que improvisa regularizaciones masivas sin coordinaci\u00f3n territorial, ha perdido la noci\u00f3n de lo que implica gobernar. Y cuando un Gobierno es incapaz de gobernar y se limita a construir narrativas, todo se convierte en relato: la unidad, la solidaridad, la modernidad, el humanitarismo. Pero mientras se recitan esas palabras, los trenes se detienen, los juzgados colapsan, los hospitales se saturan, las pol\u00edticas migratorias se improvisan, y la ciudadan\u00eda percibe \u2014con una claridad cada vez m\u00e1s dolorosa\u2014 que el sistema no funciona y, por ende, solo ven como salida los cantos de sirena de grup\u00fasculos ultras que saben gritar, pero no gestionar; que saben criticar, pero no aportar soluciones; que saben conciliar resentimientos y odios compartidos, pero sin ning\u00fan proyecto de futuro.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Catalunya no puede seguir atrapada en un modelo donde las decisiones estructurales se toman lejos, sin responsabilidad territorial, y las consecuencias se gestionan aqu\u00ed, sin competencias. El colapso ferroviario, el colapso judicial, el deterioro sanitario y el desorden migratorio son expresiones distintas de la misma enfermedad: un Gobierno agotado, m\u00e1s preocupado por conservar poder y consolidar su relato que por administrar la realidad.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Y cuando el desmoronamiento alcanza lo cotidiano \u2014cuando no se puede llegar al trabajo, cuando la justicia no resuelve, cuando un m\u00e9dico no llega a tiempo, cuando la inmigraci\u00f3n se improvisa\u2014 ya no hay relato que lo sostenga. Ya no hay bandera que repare una v\u00eda. Ya no hay ret\u00f3rica que sustituya una sentencia. Ya no hay anuncio que cure una urgencia saturada ni que integre a una sociedad.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Entonces queda solo una evidencia: gobernar no es narrarse. Gobernar es gestionar. Y Catalunya necesita, m\u00e1s que nunca, las herramientas para hacerlo por s\u00ed misma.<\/span><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.elnacional.cat\/es\/opinion\/colapso-relato-gonzalo-boye_1545943_102.html\"><span style=\"font-weight: 400;\">https:\/\/www.elnacional.cat\/es\/opinion\/colapso-relato-gonzalo-boye_1545943_102.html<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay pa\u00edses que se gobiernan. Y hay pa\u00edses que se limitan a narrarse. Espa\u00f1a, desde hace casi ocho a\u00f1os, ha ido deslizando su centro de gravedad desde la gesti\u00f3n hacia el relato. 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