{"id":65006,"date":"2025-08-06T12:46:01","date_gmt":"2025-08-06T11:46:01","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=65006"},"modified":"2025-08-06T12:46:01","modified_gmt":"2025-08-06T11:46:01","slug":"el-secreto-de-volkswagen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-secreto-de-volkswagen\/","title":{"rendered":"El secreto de Volkswagen"},"content":{"rendered":"<p>SANTANA DO ARAGUAIA, Brasil<\/p>\n<p>La historia olvid\u00f3 los horrores que padecieron los trabajadores de la enorme hacienda ganadera de la automotriz en la Amazonia brasile\u00f1a. Pero un sacerdote lo registr\u00f3 todo.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Ribamar Viana Nunes, de 60 a\u00f1os, dijo que \u00e9l y un grupo de amigos de la infancia fueron atra\u00eddos a la granja de Volkswagen por un reclutador de mano de obra que les prometi\u00f3 un buen salario y la oportunidad de jugar al f\u00fatbol.<\/p>\n<p>Cuando Ricardo Rezende Figueira vio el titular, sinti\u00f3 un escalofr\u00edo. Se trataba de Volkswagen. La compa\u00f1\u00eda afirm\u00f3 estar finalmente lista para enmendar su pasado. Tras admitir que su personal hab\u00eda cooperado con la dictadura militar brasile\u00f1a para perseguir pol\u00edticamente a sus trabajadores, la automotriz hab\u00eda comenzado a negociar reparaciones.<\/p>\n<p>Rezende ley\u00f3 el art\u00edculo hasta el final y luego se sent\u00f3 un momento en silencio.<\/p>\n<p>El art\u00edculo no dec\u00eda nada sobre el rancho ganadero de Volkswagen. Ni una palabra sobre la selva amaz\u00f3nica, donde la direcci\u00f3n de la empresa hab\u00eda presidido una propiedad casi el doble del tama\u00f1o de la ciudad de Nueva York. A veces, a Rezende le parec\u00eda que nadie recordaba a\u00fan lo que hab\u00eda sucedido all\u00ed: el trabajo forzado y las privaciones, la tortura y la violencia, el enga\u00f1o y el horror. Pero Rezende s\u00ed. Lo hab\u00eda registrado todo.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s no era demasiado tarde, record\u00f3 haber pensado.<\/p>\n<p>Era principios de 2019. Rezende sali\u00f3 de su peque\u00f1o apartamento y cruz\u00f3 la calle hacia la universidad federal de R\u00edo de Janeiro, donde ense\u00f1aba derechos humanos y coordinaba una comisi\u00f3n para estudiar el trabajo esclavo moderno. A sus 73 a\u00f1os, con el pelo canoso y gafas, ya no se parec\u00eda al peludo sacerdote cat\u00f3lico que dirigi\u00f3 una investigaci\u00f3n sobre presuntas atrocidades en la hacienda Vale do Rio Cristalino, propiedad de una filial hom\u00f3nima de Volkswagen Brasil. Pero las pruebas documentales que hab\u00eda reunido durante ese tiempo segu\u00edan con \u00e9l, dentro de un archivador. Hab\u00edan permanecido all\u00ed durante a\u00f1os.<\/p>\n<p>Rezende llam\u00f3 a Rafael Garc\u00eda, quien procesa casos de trabajo esclavo para el Ministerio de Trabajo de Brasil. \u00ab\u00bfViste que Volks est\u00e1 reconociendo lo que hizo?\u00bb, record\u00f3 Rezende haberle preguntado. Quiz\u00e1s, continu\u00f3, era hora de investigar tambi\u00e9n la ganader\u00eda Volkswagen.<\/p>\n<p>Garc\u00eda no sab\u00eda de qu\u00e9 hablaba. No ten\u00eda ni idea de que Volkswagen hab\u00eda participado en uno de los primeros grandes experimentos de globalizaci\u00f3n del mundo hace medio siglo, cuando corporaciones multinacionales se asociaron con el r\u00e9gimen autoritario de Brasil para desarrollar la Amazonia, obligando a trabajadores pobres e involuntarios a trabajar en la lejana selva tropical. Pero Garc\u00eda confiaba en el anciano sacerdote y admiraba su trabajo. Le pidi\u00f3 a Rezende sus archivos. Ten\u00edan m\u00e1s de mil p\u00e1ginas; Rezende tard\u00f3 d\u00edas en fotocopiarlos. Pero a finales de febrero de 2019, Garc\u00eda ya estaba hojeando el expediente.<\/p>\n<p>El abogado record\u00f3 que se le aceler\u00f3 el pulso al examinar los registros. Nunca hab\u00eda visto un tesoro tan valioso, recopilado y preservado con tanto cuidado. La cantidad era enorme. Hab\u00eda testimonios detallados de docenas de trabajadores y sus familias.<\/p>\n<p>\u201cEst\u00e1bamos dentro de una prisi\u00f3n\u201d, dijo un trabajador que hab\u00eda escapado.<\/p>\n<p>\u201cNunca m\u00e1s volv\u00ed a saber nada de mi hijo\u201d, dijo la madre de un trabajador que no lo hab\u00eda sabido.<\/p>\n<p>Garc\u00eda llam\u00f3 a su colega, Christiane Nogueira. \u00abOye, Chris\u00bb, record\u00f3 haberle dicho apresuradamente, \u00abtienes que ver qu\u00e9 hay en estos archivos\u00bb.<\/p>\n<p>Los papeles estaban amarillentos por el tiempo y la humedad. La letra era peque\u00f1a y descolorida, escrita a m\u00e1quina o con la caligraf\u00eda irregular de Rezende. Pero las historias eran claras y coherentes.<\/p>\n<p>El expediente identific\u00f3 a 69 presuntas v\u00edctimas, con testimonios que abarcan el per\u00edodo 1977 a 1987. Hab\u00eda declaraciones notariales, declaraciones policiales, documentos judiciales e informes legislativos, junto con recortes de prensa de d\u00e9cadas de antig\u00fcedad en portugu\u00e9s, franc\u00e9s y alem\u00e1n.<\/p>\n<p>P\u00e1gina tras p\u00e1gina, los documentos relataban c\u00f3mo los reclutadores de mano de obra contratados por Vale do Rio Cristalino Co., filial de Volkswagen Brasil, hab\u00edan atra\u00eddo a cientos de trabajadores temporales e informales a la propiedad amaz\u00f3nica de Santana do Araguaia con la promesa de un buen salario y una vida mejor. Pero una vez en la finca, seg\u00fan los trabajadores, estaban atrapados: aislados geogr\u00e1ficamente, endeudados, enfermos de malaria y obligados a trabajar bajo amenaza de violencia. Su trabajo consist\u00eda en destruir el bosque y dejar espacio para el ganado.<\/p>\n<p>\u201cTrabaj\u00e1bamos de lunes a lunes, a menudo sin comer\u201d, dijo un hombre. \u201cPrometieron matarnos\u201d.<\/p>\n<p>Los contratistas laborales, conocidos como Chic\u00f4 y Abil\u00e3o, se encontraban entre las figuras m\u00e1s notorias y brutales de la frontera amaz\u00f3nica, seg\u00fan registros contempor\u00e1neos. Bajo su mando se encontraba un grupo armado de \u00abinspectores\u00bb que utilizaban todos los medios necesarios, seg\u00fan los registros, para obligar a los hombres a trabajar.<\/p>\n<p>\u201cLo pisotearon [a un trabajador], le rompieron los dientes, lo llevaron al hospital y lo pusieron a trabajar de nuevo en la selva\u201d, dijo Jos\u00e9 Camilo da Silva, de 29 a\u00f1os, de An\u00e1polis, Goi\u00e1s.<\/p>\n<p>\u201cAtaron a un hombre y lo golpearon en el bosque, dej\u00e1ndolo desnudo all\u00ed\u201d, relatan en 1983 tres hombres que lograron escapar.<\/p>\n<p>\u201cTienen una cueva donde matan a la gente y arrojan los cuerpos\u201d, dijo Edivan Dias Alencar, un recluta de Porto Nacional, Tocantins.<\/p>\n<p>Volkswagen Brasil no respondi\u00f3 a una solicitud de entrevista para este art\u00edculo. En una declaraci\u00f3n a The Washington Post, la compa\u00f1\u00eda afirm\u00f3 que \u00abrechaza categ\u00f3ricamente todas las acusaciones\u00bb de abusos en la Hacienda Vale do Rio Cristalino y \u00abmantiene su compromiso con la b\u00fasqueda de justicia\u00bb.<\/p>\n<p>La sede de Volkswagen en Alemania no respondi\u00f3 a las solicitudes de comentarios.<\/p>\n<p>A principios de marzo, Rezende permiti\u00f3 a The Post acceder a sus archivos. Los periodistas pasaron semanas revisando los archivos, as\u00ed como registros contempor\u00e1neos encontrados en documentos judiciales y en los archivos nacionales de Brasil. The Post tambi\u00e9n entrevist\u00f3 a 29 personas con conocimiento del rancho Volkswagen: 16 trabajaban en la propiedad y nueve alegaron haber sido esclavizadas.<\/p>\n<p>Durante dos viajes al sureste de la Amazon\u00eda, incluyendo una visita a las ruinas del rancho, The Post pudo encontrar a trabajadores que nunca hab\u00edan hablado con las autoridades. Sus historias reflejaban fielmente las de otros sobrevivientes. Un hombre, Valdeci Alves Fumeiro, de 74 a\u00f1os, cont\u00f3 que fue al rancho en busca de una amante perdida y que lo obligaron a prestar servicios no remunerados. Coment\u00f3 que pas\u00f3 siete a\u00f1os en la propiedad, sin que le permitieran salir ni una sola vez, ni siquiera cuando se cay\u00f3 sobre un alambre de p\u00faas y se desgarr\u00f3 la cara. En lugar de ser trasladado al hospital, dijo, lo cosieron en la granja y lo pusieron a trabajar de nuevo.<\/p>\n<p>Hoy vive solo al final de un sendero de tierra en las colinas brumosas del antiguo rancho Volkswagen. Su casa est\u00e1 desolada. Su rostro est\u00e1 marcado por cicatrices.<\/p>\n<p>\u201cTengo pesadillas sobre lo que pas\u00e9 hasta el d\u00eda de hoy\u201d, dijo.<\/p>\n<p>Los registros y testimonios ofrecen un panorama devastador, no solo de lo ocurrido en la propiedad, sino tambi\u00e9n de un sistema legal y pol\u00edtico que instig\u00f3 los presuntos abusos. Las autoridades estatales confirmaron la existencia de trabajo forzoso en el rancho en cuatro ocasiones, seg\u00fan consta en los registros. Sin embargo, The Post no encontr\u00f3 constancia de la liberaci\u00f3n de ning\u00fan trabajador ni de la acusaci\u00f3n formal de ninguno de los presuntos torturadores.<\/p>\n<p>S\u00f3lo ahora, d\u00e9cadas despu\u00e9s, ha llegado el momento de rendir cuentas.<\/p>\n<p>Para Garc\u00eda, leer el expediente de Rezende fue como sumergirse en un cap\u00edtulo perdido y violento de la conquista brasile\u00f1a de la Amazonia. La dictadura militar, que gobern\u00f3 el pa\u00eds de 1964 a 1985, construy\u00f3 carreteras, foment\u00f3 la migraci\u00f3n masiva y ofreci\u00f3 exenciones fiscales y fondos p\u00fablicos a corporaciones nacionales y multinacionales, con la esperanza de que invirtieran en lo que en aquel momento parec\u00eda una empresa quijotesca: la ganader\u00eda en la selva tropical m\u00e1s inh\u00f3spita del mundo.<\/p>\n<p>Volkswagen Brasil, entonces el mayor fabricante de autom\u00f3viles de Latinoam\u00e9rica, acept\u00f3 el reto. En el agreste municipio de Santana do Araguaia, Vale do Rio Cristalino Co., una filial dirigida por el presidente de Volkswagen Brasil, Wolfgang Sauer, y el director de recursos humanos, Admon Ganem, obtuvo una gran parcela de tierra. Los ejecutivos en Alemania imaginaban un reba\u00f1o de m\u00e1s de 100.000 cabezas de ganado y una soluci\u00f3n al hambre mundial.<\/p>\n<p>\u201cEste mundo no s\u00f3lo necesita coches\u201d, declar\u00f3 el presidente de Volkswagen, Rudolf Leiding, en 1974, \u201csino tambi\u00e9n carne\u201d.<\/p>\n<p>Los bosques del sureste del estado de Par\u00e1 se rehicieron r\u00e1pidamente. Para talar los \u00e1rboles, las empresas contrataron a reclutadores de mano de obra locales, llamados \u00abgatos\u00bb, para encontrar trabajadores informales, transportarlos en camiones a la selva y darles un machete.<\/p>\n<p>Muchos de los que fueron atra\u00eddos a la zona fueron sometidos a lo que la legislaci\u00f3n brasile\u00f1a define como esclavitud moderna, caracterizada por trabajos forzados, condiciones degradantes y restricci\u00f3n de la libertad de movimiento. El soci\u00f3logo brasile\u00f1o Jos\u00e9 de Souza Martins ha estimado el n\u00famero de v\u00edctimas en 85.000, como m\u00ednimo. Otras estimaciones son mucho mayores. Debido a la lejan\u00eda de la regi\u00f3n y a que muchos de los trabajadores eran itinerantes y analfabetos, nadie lo sabe con certeza. Gran parte de la historia probablemente nunca se contar\u00e1.<\/p>\n<p>El expediente de Rezende se remonta a las d\u00e9cadas perdidas.<\/p>\n<p>Garc\u00eda y Nogueira decidieron abrir una investigaci\u00f3n, iniciando una b\u00fasqueda multiestatal para encontrar a los trabajadores desaparecidos y localizar archivos adicionales. En diciembre, sus esfuerzos culminaron en una demanda federal contra Volkswagen Brasil que alegaba cientos de v\u00edctimas. Durante los a\u00f1os de operaci\u00f3n del rancho, de 1974 a 1986, Volkswagen explot\u00f3 la mano de obra esclava y la trata de personas a una escala generalizada y sist\u00e9mica, seg\u00fan los fiscales federales. Dado que los presuntos abusos ocurrieron en una propiedad de una subsidiaria de Volkswagen, la fiscal\u00eda sostiene que la empresa matriz tiene la responsabilidad final.<\/p>\n<p>En su declaraci\u00f3n a The Post, Volkswagen Brasil neg\u00f3 las acusaciones y afirm\u00f3 haber sido un impulsor del desarrollo econ\u00f3mico y social del pa\u00eds. La empresa afirm\u00f3 que ha defendido constantemente los principios de la dignidad humana y cumple rigurosamente con todas las leyes y regulaciones laborales aplicables.<\/p>\n<p>En documentos judiciales, los abogados de Volkswagen han caracterizado el papel de la empresa como accionista de una empresa independiente que contrat\u00f3 a otras firmas para desarrollar la propiedad. La empresa alega que el gobierno brasile\u00f1o est\u00e1 interponiendo indebidamente una demanda contra una parte no involucrada, mientras que da la espalda a los reclutadores de mano de obra que supervisaron los campamentos de deforestaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cEn resumen, no se puede atribuir ninguna responsabilidad a Volkswagen [Brasil]\u201d, escribieron los abogados de la empresa en respuesta a la denuncia del gobierno, que est\u00e1 a la espera de ser resuelta en un tribunal laboral federal en la Amazonia.<\/p>\n<p>Uno de los reclutadores de mano de obra contratados, Chic\u00f4, cuyo nombre completo era Francisco Andrade Chagas, falleci\u00f3 en 2014, seg\u00fan un registro brasile\u00f1o de esquelas. El otro reclutador conocido, Abil\u00e3o, cuyo nombre completo es Ab\u00edlio Dias Araujo, de 82 a\u00f1os, se neg\u00f3 a responder preguntas de The Post. \u00abSoy un anciano\u00bb, dijo. \u00abNo recuerdo nada\u00bb.<\/p>\n<p>Informes policiales y registros desclasificados muestran que los hombres fueron acusados de utilizar mano de obra esclava al menos en tres ocasiones: en junio de 1983 en el rancho Volkswagen y dos veces en septiembre de 1984 en otras granjas de la zona. \u00abEl hecho existe\u00bb, afirm\u00f3 un informe del servicio de inteligencia brasile\u00f1o. La polic\u00eda volvi\u00f3 a investigar a Chic\u00f4 en julio de 1986, en la cercana localidad de S\u00e3o F\u00e9lix do Xingu. Sin embargo, The Post no encontr\u00f3 antecedentes penales contra ninguno de los dos.<\/p>\n<p>En una regi\u00f3n donde la impunidad suele ser la norma, el caso del gobierno contra Volkswagen marca la primera vez que Brasil busca responsabilizar a alguien por el sufrimiento humano causado en su af\u00e1n por desarrollar la Amazonia. El caso tambi\u00e9n ha reavivado una disputa de d\u00e9cadas entre dos adversarios conocidos.<\/p>\n<p>Por un lado, el segundo mayor fabricante de autom\u00f3viles del mundo.<\/p>\n<p>Por otro lado, un sacerdote cat\u00f3lico.<\/p>\n<p>Ricardo Rezende no es un cl\u00e9rigo com\u00fan y corriente. No lleva alzacuellos. No vive en una rector\u00eda. Ha dedicado gran parte de su vida profesional a estudiar, no la religi\u00f3n, sino la esclavitud moderna, y ha escrito cuatro libros inspirados en las mismas preguntas urgentes y profundas: \u00bfC\u00f3mo pudo haber tanta gente esclavizada en la Amazonia moderna? \u00bfY c\u00f3mo se mantuvo en secreto durante tanto tiempo?<\/p>\n<p>\u201cEl n\u00famero de v\u00edctimas desaparecidas es enorme\u201d, dijo, \u201cy escandaloso\u201d.<\/p>\n<p>Algunos murieron en los ranchos y fueron enterrados en cementerios clandestinos, seg\u00fan el descubrimiento de restos humanos . Otros, avergonzados de regresar a casa \u00abm\u00e1s pobres de lo que hab\u00edan salido\u00bb, dijo Rezende, rehicieron sus vidas en otros lugares. Muchos m\u00e1s, cree \u00e9l, no se consideraban v\u00edctimas, sino deudores. Nunca dijeron una palabra a nadie.<\/p>\n<p>Rezende ha dedicado su vida a catalogar sus historias a pesar de, o quiz\u00e1s debido a, lo que \u00e9l llama \u00abun defecto\u00bb. Siempre le ha costado recordar detalles, fechas, nombres y n\u00fameros. La \u00fanica manera en que pudo funcionar, dijo, primero en el seminario, luego mientras obten\u00eda su t\u00edtulo de filosof\u00eda y finalmente despu\u00e9s de su ordenaci\u00f3n sacerdotal, fue escribi\u00e9ndolo todo. Este h\u00e1bito le inculc\u00f3 una profunda reverencia por los documentos y los registros escritos. Los recuerdos se desvanecen y se difuminan, dice. Pero un documento deja una huella oficial. Puede discutirse, pero no cambia.<\/p>\n<p>En 1977, se mud\u00f3 a la regi\u00f3n de Araguaia, en el estado de Par\u00e1, y comenz\u00f3 a trabajar para la Comisi\u00f3n Pastoral de la Tierra, una organizaci\u00f3n cat\u00f3lica de derechos humanos. La iglesia latinoamericana estaba siendo impulsada por un nuevo credo, la teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n, que exig\u00eda la emancipaci\u00f3n de las personas de toda forma de opresi\u00f3n social y econ\u00f3mica. Sus conversos acud\u00edan en masa a la Amazonia para defender a los pobres rurales, y muchos ocuparon puestos en la comisi\u00f3n, donde Rezende pronto se convirti\u00f3 en director de campo en el municipio de Concei\u00e7\u00e3o do Araguaia.<\/p>\n<p>Rezende coloc\u00f3 blocs de notas junto a cada tel\u00e9fono de la oficina para registrar todas las llamadas entrantes. Si una denuncia de violaci\u00f3n de derechos humanos parec\u00eda leg\u00edtima, invitaba a la presunta v\u00edctima a la oficina para tomar declaraci\u00f3n, siempre en presencia de testigos. Si las acusaciones eran particularmente flagrantes, llevaba al trabajador a una notar\u00eda o a una comisar\u00eda para que rindiera cuentas oficialmente. Casi ninguno de los casos lleg\u00f3 a ser investigado. Pero se hab\u00eda registrado, se dijo, \u00aby tal vez alg\u00fan d\u00eda podamos usarlo\u00bb.<\/p>\n<p>Fue durante esta \u00e9poca que empez\u00f3 a o\u00edr hablar de Volkswagen en la Amazonia. La primera queja, en 1977, provino del organizador sindical Natal Viana Ribeiro, quien afirm\u00f3 que la gerencia de la hacienda le hab\u00eda negado el pago y lo hab\u00eda amenazado. La hacienda estaba patrullada por \u00abpistoleros profesionales\u00bb que aterrorizaban a los trabajadores, seg\u00fan denunci\u00f3 un sindicato estatal un mes despu\u00e9s. En 1981, Rezende realiz\u00f3 una de sus primeras entrevistas con un trabajador fugitivo, Edivan Dias Alencar.<\/p>\n<p>\u201cUn hombre intent\u00f3 huir y Chic\u00f4 lo atrap\u00f3\u201d, cont\u00f3 el trabajador a Rezende. \u201cChic\u00f4 lo golpe\u00f3 con una viga\u201d.<\/p>\n<p>\u00abVi a muchos trabajadores siendo golpeados por Chic\u00f4 y su pandilla\u00bb, record\u00f3 Alencar en una entrevista reciente con The Post, y \u00abmuchos de estos trabajadores desaparecieron\u00bb. Un d\u00eda, dijo, Chic\u00f4 y sus compa\u00f1eros gatos prendieron fuego a una parcela de bosque donde los hombres trabajaban. Muchos, seg\u00fan \u00e9l, murieron quemados vivos.<\/p>\n<p>Rezende termin\u00f3 su informe y, colocando la denuncia de Alencar junto a las dem\u00e1s, comenz\u00f3 el expediente que custodiar\u00eda durante las siguientes cuatro d\u00e9cadas.<\/p>\n<p>Con cada a\u00f1o que pasaba, la preocupaci\u00f3n del sacerdote por el rancho Volkswagen se intensificaba. En sus notas, trazaba cronogramas y diagramas de su estructura organizativa. Cada entrevista llenaba m\u00e1s los espacios en blanco.<\/p>\n<p>La propiedad operaba seg\u00fan una estricta jerarqu\u00eda social. Los ejecutivos dorm\u00edan en casas opulentas y bien ventiladas. El personal, que inclu\u00eda conductores, cocineros y pastores, viv\u00eda cerca de la sede del rancho, donde se vend\u00edan productos a precios reducidos, y sus hijos asist\u00edan a la Escuela Wolfgang Sauer, llamada as\u00ed en honor al presidente de Volkswagen Brasil. En el bosque, a decenas de kil\u00f3metros de distancia, los trabajadores informales dorm\u00edan bajo lonas de pl\u00e1stico, beb\u00edan agua sin tratar y viv\u00edan bajo la vigilancia de guardias armados.<\/p>\n<p>Casi todos los trabajadores proven\u00edan de aldeas de provincia, donde los reclutadores les hab\u00edan prometido buenos salarios y prestado dinero a hombres que nunca ten\u00edan suficiente. Pero tras ser transportados en cami\u00f3n al remoto rancho y pasar por un ret\u00e9n armado, los trabajadores descubrieron que hab\u00edan sido enga\u00f1ados. El salario era mucho menor al anunciado. Nunca pagar\u00edan sus deudas. Y quedaron abandonados en medio del Amazonas. Muchos de los que intentaron huir fueron perseguidos y devueltos, contaron los trabajadores a Rezende.<\/p>\n<p>\u201cHuyeron por el bosque, porque si hubieran tomado el camino, los gatos los habr\u00edan matado\u201d, escribi\u00f3 Rezende en julio de 1981 sobre la historia de una mujer. \u201cCaminaron 155 kil\u00f3metros\u201d.<\/p>\n<p>Rezende se consideraba un investigador esc\u00e9ptico. Sab\u00eda que lo vigilaban de cerca. El gobierno militar lo hab\u00eda puesto bajo vigilancia y lo hab\u00eda tildado de \u00absubversivo\u00bb y \u00absimpatizante\u00bb del comunismo, seg\u00fan informes desclasificados consultados por The Post. Rezende dijo que siempre le preocupaba una trampa. Y estas eran acusaciones extraordinarias que involucraban a una poderosa empresa colaborando con un r\u00e9gimen autoritario.<\/p>\n<p>Con el tiempo, sin embargo, lleg\u00f3 a creer las historias. Coincid\u00edan con otros abusos en la regi\u00f3n. Proven\u00edan de m\u00faltiples fuentes sin relaci\u00f3n entre s\u00ed. Y eran muy similares, hasta en los detalles m\u00e1s minuciosos.<\/p>\n<p>Aun as\u00ed, Rezende quer\u00eda m\u00e1s. Pasaron los meses. Entonces, en abril de 1983, son\u00f3 su tel\u00e9fono. Le dijeron que cinco j\u00f3venes acababan de huir del rancho.<\/p>\n<p>Rezende recuerda haber colgado el tel\u00e9fono y hecho las maletas. Compr\u00f3 un billete de avi\u00f3n y se dirigi\u00f3 al sur, al estado de Mato Grosso.<\/p>\n<p>El sacerdote encontr\u00f3 a los hombres en la empobrecida aldea de Canabrava do Norte, un conjunto de chozas y algunos caminos de tierra. Recuerda que le impresion\u00f3 su juventud. Uno ten\u00eda solo 18 a\u00f1os, otro 17. Varios acababan de entregar una declaraci\u00f3n escrita de sus experiencias, presenciada por 12 personas, seg\u00fan consta en los registros, incluido un alcalde local. Ahora, frente a Rezende, volvieron a contar su historia.<\/p>\n<p>Los j\u00f3venes \u2014Pedro Valdo Pereira Vasconcelos, Jos\u00e9 Lib\u00f3rio Desid\u00e9rio, Francisco Rezende de Souza, Jos\u00e9 Pereira de Souza y Jos\u00e9 Ribamar Viana Nunes\u2014 dijeron que hab\u00edan sido muy buenos amigos de la infancia. Les encantaba jugar al f\u00fatbol juntos. Un d\u00eda, a principios de 1983, un amigo suyo llamado Batista dijo que buscaba hombres para trabajar en el rancho Volkswagen. Recibir\u00edan un buen sueldo, suficiente para ayudar a sus familias. Y lo mejor, dijo Batista, el rancho ten\u00eda una cancha de f\u00fatbol.<\/p>\n<p>Los hombres no jugaron ni un partido en los tres meses que estuvieron en Rio Cristalino. En cambio, dijeron, fueron \u00abvendidos\u00bb a Chic\u00f4, quien los puso bajo la supervisi\u00f3n de cuatro inspectores armados. En los campamentos de trabajo forestal, se mantuvieron unidos. Un hombre enfermo de malaria falleci\u00f3 por desnutrici\u00f3n, relataron; otro recibi\u00f3 un disparo en la pierna; una mujer fue violada como castigo por el intento de fuga de su esposo.<\/p>\n<p>En una ocasi\u00f3n, Vasconcelos se encontr\u00f3 con un hombre muerto en medio del bosque. Lo hab\u00edan atado y golpeado. \u00abLo vi con mis propios ojos\u00bb, declar\u00f3 a The Post en marzo, con el recuerdo a\u00fan v\u00edvido de aquel d\u00eda.<\/p>\n<p>Los hombres le informaron a Rezende que a\u00fan quedaban m\u00e1s de 600 trabajadores en el lugar. Con la esperanza de que eso fuera suficiente para las autoridades, solicit\u00f3 una reuni\u00f3n con el gobernador del estado de Par\u00e1, Jader Barbalho, pero fue rechazado.<\/p>\n<p>As\u00ed que vol\u00f3 a Brasilia junto con uno de los j\u00f3venes y llev\u00f3 la historia a los medios. Ante un grupo de periodistas en la Conferencia Episcopal Nacional de Brasil, reflexion\u00f3 sobre sus palabras. Los acad\u00e9micos debaten qu\u00e9 constituye la esclavitud. Algunos argumentan que el t\u00e9rmino se refiere \u00fanicamente a la esclavitud, en la que las personas son propiedad privada. Pero los a\u00f1os de Rezende en la Amazonia le hab\u00edan ense\u00f1ado que exist\u00edan otras formas de servidumbre humana, y ahora expresaba sus convicciones.<\/p>\n<p>\u201cSacerdote dice que hay esclavos en la hacienda Volks\u201d, titulaba el d\u00eda siguiente, 7 de mayo de 1983, el Correio Braziliense.<\/p>\n<p>Los medios alemanes no tardaron en difundir la noticia. Volkswagen neg\u00f3 las acusaciones y, en un intento de \u00abesclarecer la verdad\u00bb, seg\u00fan documentos de la empresa consultados por The Post, invit\u00f3 a una delegaci\u00f3n de sus cr\u00edticos a visitar el rancho R\u00edo Cristalino.<\/p>\n<p>El contingente inclu\u00eda a Expedito Soares, diputado estatal de S\u00e3o Paulo, donde se ubicaron las primeras f\u00e1bricas de autom\u00f3viles de Volkswagen en Brasil, y Rezende.<\/p>\n<p>Al llegar a Santana do Araguaia en julio de 1983, Rezende se encontr\u00f3 con un vasto municipio cubierto de selva y asfixiado por la pobreza. Las carreteras eran escasas, la electricidad a\u00fan m\u00e1s escasa y las comodidades modernas pr\u00e1cticamente inexistentes. Pero al bajar por un sendero de tierra sin se\u00f1alizar, en los terrenos del rancho Volkswagen, Rezende encontr\u00f3 lo que describi\u00f3 en un libro como un \u00abpara\u00edso en la inmensidad amaz\u00f3nica\u00bb. Hab\u00eda jardines, buenos caminos y casas de ladrillo, un club, un restaurante y una piscina.<\/p>\n<p>\u201cAquello era como Brasilia en miniatura\u201d, record\u00f3.<\/p>\n<p>La delegaci\u00f3n fue recibida por dos hombres blancos y altos. Uno era el gerente de relaciones p\u00fablicas de Volkswagen, Paulo Dutra de Castro. El otro, Friedrich Georg Br\u00fcgger, era el director suizo de la finca. Br\u00fcgger destac\u00f3 su compromiso con el servicio social, seg\u00fan el relato de un periodista que acompa\u00f1\u00f3 a la delegaci\u00f3n, afirmando que los 328 empleados directos de la finca y sus familias lo ten\u00edan todo: descuentos en comida, atenci\u00f3n m\u00e9dica gratuita y educaci\u00f3n de calidad.<\/p>\n<p>Rezende dijo que a la delegaci\u00f3n no se le permiti\u00f3 visitar los campamentos de deforestaci\u00f3n. Sin embargo, un d\u00eda, uno de sus trabajadores logr\u00f3 encontrarlos. Fue directo a Rezende, seg\u00fan las notas del sacerdote, y le toc\u00f3 el brazo. La mano del hombre estaba caliente por la fiebre.<\/p>\n<p>\u201cTienes que salvarme\u201d, le dijo Rezende.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfSalvarte de qu\u00e9?\u201d<\/p>\n<p>\u201cLlevo nueve meses trabajando aqu\u00ed y no puedo irme\u201d, dijo el hombre. \u201cTengo malaria y estoy enfermo, padre\u2026 Quiero irme\u201d.<\/p>\n<p>Rezende se enfrent\u00f3 a Br\u00fcgger.<\/p>\n<p>\u201cHay un problema\u201d, dijo Rezende, seg\u00fan un informe escrito por Soares, el diputado paulista. \u201cEst\u00e1s ocultando algo\u201d.<\/p>\n<p>\u00abEste no es mi problema\u00bb, dijo Br\u00fcgger, seg\u00fan Soares. Era un problema de los gatos, les dijo.<\/p>\n<p>A\u00f1os despu\u00e9s, en una entrevista, Br\u00fcgger reafirmar\u00eda su postura, afirmando que los empleados de Volkswagen inspeccionaban con frecuencia los campamentos para supervisar el progreso de las obras, pero que no les correspond\u00eda intervenir. \u00abLa brutalidad que ocurri\u00f3, por supuesto, no me sorprende en absoluto; el brasile\u00f1o es una mala persona\u00bb, declar\u00f3 en una entrevista de 2017 con la periodista alemana Stefanie Dodt. Culp\u00f3 a los trabajadores de sus propias deudas y defendi\u00f3 el supuesto uso de la violencia por parte de los gatos: \u00abPara controlar a una multitud, tienen que mostrar cierta fuerza\u00bb, afirm\u00f3.<\/p>\n<p>El Post no pudo comunicarse con Dutra ni con Br\u00fcgger para obtener comentarios.<\/p>\n<p>Antes de que su delegaci\u00f3n partiera, Rezende y Soares se toparon con uno de los gatos. Era Abil\u00e3o, que conduc\u00eda por un camino de tierra en una camioneta Chevrolet blanca, con un collar de cruz y un sombrero de vaquero. Al pregunt\u00e1rsele sobre las acusaciones de maltrato, el reclutador de mano de obra dijo que no us\u00f3 violencia, sino \u00abenerg\u00eda\u00bb para mantener a raya a los trabajadores.<\/p>\n<p>\u00abSon unos cabrones y vagabundos asquerosos que me roban el dinero y luego desaparecen en el bosque\u00bb, dijo Abil\u00e3o seg\u00fan el informe de Soares. Se jact\u00f3 de que solo 16 de sus 408 trabajadores en el rancho Volkswagen hab\u00edan logrado escapar ese a\u00f1o, seg\u00fan el art\u00edculo period\u00edstico . Uno de los fugitivos capturados iba sentado en la parte trasera de la camioneta de Abil\u00e3o. Lo hab\u00edan acusado de comer m\u00e1s de lo que pod\u00eda pagar, record\u00f3 Soares en una entrevista con The Post.<\/p>\n<p>\u00abDebo dinero\u00bb, dijo el trabajador , seg\u00fan el peri\u00f3dico . \u00abTengo que pagar\u00bb.<\/p>\n<p>D\u00edas despu\u00e9s de su visita, la polic\u00eda del estado de Par\u00e1 abri\u00f3 una investigaci\u00f3n sobre la hacienda Volkswagen. Los agentes entrevistaron a los trabajadores, a Abil\u00e3o y a uno de sus inspectores, y luego enviaron sus hallazgos al jefe de seguridad del estado. En agosto de 1983, el funcionario escribi\u00f3 una carta a Barbalho, gobernador del estado, que confirmaba las acusaciones de Rezende: Los gatos \u00abtratan a sus trabajadores contratados como esclavos\u00bb.<\/p>\n<p>Si bien Volkswagen no apareci\u00f3 \u201cdirectamente\u201d culpable de \u201cninguna acci\u00f3n criminal\u201d, escribi\u00f3 el jefe de seguridad del estado, Arnaldo Moraes Filho, \u201csu responsabilidad por omisi\u00f3n fue clara, ya que es imposible que todo lo investigado dentro de los l\u00edmites de su propiedad ocurriera sin ning\u00fan conocimiento o acci\u00f3n de su parte\u201d.<\/p>\n<p>Semanas despu\u00e9s, el gobernador se reuni\u00f3 con Rezende y varios obispos en su residencia en Bel\u00e9m, la capital del estado. En la conversaci\u00f3n, seg\u00fan Rezende, Barbalho afirm\u00f3 que el gobierno hab\u00eda identificado trabajo esclavo en la hacienda Volkswagen. Asegur\u00f3 que el caso se trasladar\u00eda a la fiscal\u00eda, seg\u00fan O Liberal, el peri\u00f3dico de mayor tirada del estado.<\/p>\n<p>Pero un a\u00f1o despu\u00e9s, no se hab\u00eda tomado ninguna medida. Cuando funcionarios laborales estatales visitaron la propiedad de R\u00edo Cristalino en agosto de 1984, seg\u00fan un informe desclasificado revisado por The Post, poco hab\u00eda cambiado. Los trabajadores segu\u00edan trabajando arduamente, endeudados y retenidos contra su voluntad. El rancho, seg\u00fan los funcionarios laborales, era \u00abun ejemplo de todas las dem\u00e1s granjas de la regi\u00f3n, donde los trabajadores humildes y analfabetos eran presa f\u00e1cil de reclutadores sin escr\u00fapulos que buscaban ganancias, a menudo con la complacencia de los due\u00f1os de las granjas\u00bb.<\/p>\n<p>Aun as\u00ed, no se tom\u00f3 ninguna medida visible . La fiscal\u00eda estatal no pudo confirmar si Barbalho hab\u00eda alertado a su oficina sobre el rancho Volkswagen. Barbalho, ahora senador federal, declin\u00f3 una solicitud de entrevista. Dijo que no recordaba el caso.<\/p>\n<p>En septiembre de 1984, la polic\u00eda arrest\u00f3 a Abil\u00e3o tras encontrar a 107 trabajadores esclavizados en dos haciendas no relacionadas en Santana do Araguaia, seg\u00fan un informe desclasificado del servicio de inteligencia brasile\u00f1o. El informe indicaba que las autoridades tambi\u00e9n planeaban arrestar a Chic\u00f4, descrito como \u00abuno de los principales seductores de trabajadores manuales en todo el sur de Par\u00e1\u00bb, pero no lo encontraron.<\/p>\n<p>Rezende se sent\u00eda cada vez m\u00e1s impotente. No sab\u00eda qu\u00e9 m\u00e1s pod\u00eda hacer. As\u00ed que deposit\u00f3 su fe en los registros.<\/p>\n<p>\u201cTen\u00edamos pruebas\u201d, dijo. \u201cUn d\u00eda, supe que esto volver\u00eda a la superficie\u201d.<\/p>\n<p>Tras semanas de examinar los expedientes en 2019, el fiscal Rafael Garc\u00eda cre\u00eda tener las bases para un caso s\u00f3lido. Como coordinador nacional de la divisi\u00f3n federal de trabajo esclavo, sab\u00eda que tales procesos se basaban principalmente en pruebas documentales. Y ten\u00eda la informaci\u00f3n clave: fechas, nombres, edades. No le preocupaba el tiempo transcurrido. En Brasil, el delito de \u00abreducir a alguien a condiciones an\u00e1logas a la esclavitud\u00bb no prescribe.<\/p>\n<p>Pero los documentos no eran suficientes, le dijo Garc\u00eda a Rezende: Necesitaban encontrar a las v\u00edctimas que el sacerdote hab\u00eda entrevistado hac\u00eda tantos a\u00f1os. Ambos reconocieron que no ser\u00eda sencillo. La gente muere y desaparece. Y la dispersi\u00f3n geogr\u00e1fica hab\u00eda sido inmensa. Los gatos a menudo hab\u00edan llevado a los trabajadores a trav\u00e9s de las fronteras estatales, y a algunos mucho m\u00e1s lejos.<\/p>\n<p>Rezende contact\u00f3 al estudiante de posgrado Matheus Faustino, a quien describi\u00f3 como \u00abla persona ideal para este trabajo, inteligente y \u00e9tica\u00bb, y le describi\u00f3 el desaf\u00edo. Faustino, ya interesado en investigar el rancho Volkswagen para un estudio acad\u00e9mico, acept\u00f3 ayudar y comenz\u00f3 a hojear el expediente. Destac\u00f3 las docenas de nombres en los documentos, pero pronto se dio cuenta de que muchos eran tan comunes que las bases de datos p\u00fablicas ser\u00edan de poca ayuda.<\/p>\n<p>Limit\u00f3 su b\u00fasqueda a los municipios donde los gatos hab\u00edan centrado sus esfuerzos de reclutamiento y, en 2020, viajando en autob\u00fas, recorri\u00f3 una comunidad distante tras otra. Se apoy\u00f3 en los contactos regionales de Rezende, pero el trabajo fue agotador y en gran medida infructuoso. En S\u00e3o Geraldo do Araguaia, nada. En Aragua\u00edna, nada. Incluso en Santana do Araguaia, donde a\u00fan se manten\u00edan en pie las casas de ladrillo y los antiguos puestos de guardia de la hacienda Volkswagen, hab\u00eda pocos rastros de los trabajadores que anta\u00f1o laboraban all\u00ed.<\/p>\n<p>Finalmente, en Canabrava do Norte, donde Rezende hab\u00eda entrevistado a los cinco trabajadores fugitivos, se produjo un gran avance. Los hombres segu\u00edan vivos y quer\u00edan hablar. Sus historias no hab\u00edan cambiado, pero sus cuerpos s\u00ed. Ahora parec\u00edan ancianos. Francisco Rezende de Souza, de 62 a\u00f1os, apenas pod\u00eda caminar. Cuando hablaba, era poco m\u00e1s que un murmullo. Sus meses en el rancho Volkswagen, dec\u00edan sus amigos, lo hab\u00edan destrozado. Tras su fuga, hab\u00eda empezado a beber en exceso, siempre cacha\u00e7a, licor brasile\u00f1o.<\/p>\n<p>\u201cNunca pudo mantener un trabajo\u201d, declar\u00f3 su amigo Ant\u00f4nio Eliseo Gobatto, de 75 a\u00f1os, a The Post en abril. \u201cNunca tuvo novia ni se cas\u00f3. Siempre se sinti\u00f3 inferior en todo\u201d.<\/p>\n<p>A dos estados de distancia, en Tocantins, Faustino encontr\u00f3 a tres hermanos: Ra\u00fal, Raimundo y Juldemar Batista de Souza. Sus tres meses en el rancho bastaron para cambiarlos. Cuando la filial de Volkswagen cedi\u00f3 el control de la propiedad en 1986, los gatos no los dejaron ir. Los hermanos dijeron que los vendieron y los separaron.<\/p>\n<p>\u00abTodav\u00eda puedo ver c\u00f3mo sub\u00edan a mis hermanos a la parte trasera de un cami\u00f3n y me los arrebataban\u00bb, declar\u00f3 Ra\u00fal al Post en abril, entre l\u00e1grimas. Siglos despu\u00e9s de que sus antepasados fueran tra\u00eddos a Brasil como esclavos, dijo, su familia hab\u00eda sido devuelta a la servidumbre.<\/p>\n<p>Ra\u00fal cont\u00f3 que pas\u00f3 los siguientes cuatro meses cautivo, hasta que un granjero lo ayud\u00f3 a escapar. Encontr\u00f3 el camino de regreso a casa, con sus hermanos, quienes tambi\u00e9n lograron huir. Pero Ra\u00fal descubri\u00f3 que Juldemar no era el mismo. Con los a\u00f1os, su hermano se hundi\u00f3 cada vez m\u00e1s en su trauma. Hoy, Juldemar ya no habla. Solo asiente y se balancea.<\/p>\n<p>Tras m\u00e1s de un mes de b\u00fasqueda, Faustino hab\u00eda localizado a 14 de las 69 v\u00edctimas identificadas en el expediente de Rezende. Esperaba que fuera suficiente. En 2022, les cont\u00f3 sobre la investigaci\u00f3n del Ministerio de Trabajo y el caso en curso contra Volkswagen. Sus voces ser\u00edan cruciales. \u00bfEstar\u00edan dispuestos a testificar?<\/p>\n<p>\u201cEstaban interesados\u201d, dijo Faustino. \u201cTodos estaban interesados\u201d.<\/p>\n<p>Los trabajadores partieron poco despu\u00e9s del amanecer un d\u00eda de finales de mayo, conduciendo m\u00e1s de ocho horas, de regreso a trav\u00e9s del terreno ondulado del estado de Par\u00e1. La frontera que una vez ayudaron a despejar, ya irreconocible, era una visi\u00f3n de todo lo que los generales militares brasile\u00f1os hab\u00edan deseado. El bosque hab\u00eda desaparecido, reemplazado por tierras de cultivo, pueblos concurridos, carreteras pavimentadas y un peque\u00f1o juzgado donde los hombres se preparaban para enfrentarse a los representantes de Volkswagen por primera vez.<\/p>\n<p>Tras meses de negociaciones, Volkswagen se hab\u00eda negado a continuar las conversaciones con el Ministerio de Trabajo de Brasil. Y ahora comenzaba la primera audiencia de la demanda del gobierno contra la empresa, que exig\u00eda 30 millones de d\u00f3lares en reparaciones.<\/p>\n<p>Dentro del juzgado de Reden\u00e7\u00e3o, a 190 kil\u00f3metros al norte de Santana do Araguaia, la galer\u00eda estaba repleta de espectadores. El primero en declarar fue el representante de Volkswagen, Jos\u00e9 Antonio Tiro. Declar\u00f3 que la empresa no vigilaba los derechos humanos con tanta rigor en aquella \u00e9poca, pero que hab\u00eda investigado las denuncias en aquel momento y no hab\u00eda identificado ninguna irregularidad.<\/p>\n<p>Luego, uno a uno, los trabajadores fueron llegando al puesto:<\/p>\n<p>\u201cNos vendieron\u201d, dijo Ra\u00fal Batista de Souza.<\/p>\n<p>\u201cDorm\u00edamos bajo una s\u00e1bana de pl\u00e1stico negro\u201d, dijo Pedro Vasconcelos.<\/p>\n<p>\u201cTodos estaban armados, ten\u00edamos que trabajar\u201d, dijo Jos\u00e9 Ribamar Viana Nunes.<\/p>\n<p>Finalmente, Rezende, que hab\u00eda venido del otro lado del pa\u00eds, se levant\u00f3 para declarar. El sacerdote no hab\u00eda dormido mucho la noche anterior y se hab\u00eda despertado furioso. \u00ab\u00bfC\u00f3mo pudieron permitir este crimen?\u00bb, se desahog\u00f3 esa ma\u00f1ana, \u00ab\u00bfy seguir permiti\u00e9ndolo?\u00bb.<\/p>\n<p>Ahora, mirando directamente al juez, Rezende dijo que hab\u00eda escuchado quejas sobre lo que \u00e9l llam\u00f3 un \u00abcampo de concentraci\u00f3n\u00bb dentro del rancho desde 1977, pero que nadie lo hab\u00eda detenido. \u00abRecib\u00ed m\u00e1s quejas contra estos mismos gatos en los a\u00f1os posteriores\u00bb, dijo. \u00abEl problema no termin\u00f3\u00bb.<\/p>\n<p>Luego dimiti\u00f3, y el juez dio por terminada la audiencia, prometiendo un fallo en las pr\u00f3ximas semanas. Agotado, Rezende regres\u00f3 a R\u00edo de Janeiro, donde, en los d\u00edas posteriores a la audiencia, el caso a\u00fan dominaba sus pensamientos. \u00abTanta historia\u00bb, dijo. \u00abNada podr\u00e1 repararla jam\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>Los trabajadores se hab\u00edan convertido en ancianos. \u00c9l tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Pero una ma\u00f1ana reciente, al subir las escaleras hacia su despacho universitario, se mov\u00eda como un hombre m\u00e1s joven. Abri\u00f3 un estante, revelando montones de expedientes. Cada uno detallaba acusaciones de esclavitud en una propiedad rural del Amazonas. Ninguna de las empresas responsables hab\u00eda rendido cuentas. Esperaba que este caso contra Volkswagen fuera solo el primero.<\/p>\n<p>Sac\u00f3 su expediente sobre R\u00edo Cristalino y lo dej\u00f3 caer sobre la mesa con un golpe seco. M\u00e1s de mil p\u00e1ginas, a\u00fan incompletas. Solo hab\u00eda escuchado las historias de aquellos lo suficientemente valientes como para huir y luego alzar la voz. Pero hab\u00eda tantos otros. Hombres que nunca dieron un paso al frente.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9nes eran?, se pregunt\u00f3. \u00bfQu\u00e9 hab\u00edan soportado?<\/p>\n<p>\u00bfLo sabr\u00eda alguna vez?<\/p>\n<p>Un d\u00eda, esperaba regresar a las brumosas colinas de Santana do Araguaia para terminar lo que hab\u00eda comenzado.<\/p>\n<p>THE WASHINGTON POST<\/p>\n<p>https:\/\/www.washingtonpost.com\/world\/interactive\/2025\/brazil-volkswagen-ranch-amazon\/?utm_campaign=wp_post_most&#038;utm_medium=email&#038;utm_source=newsletter&#038;carta-url=https%3A%2F%2Fs2.washingtonpost.com%2Fcar-ln-tr%2F43c5610%2F68810851d2a65e78271a12f3%2F6818c6c2de69a40846dc0890%2F11%2F69%2F68810851d2a65e78271a12f3<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTANA DO ARAGUAIA, Brasil La historia olvid\u00f3 los horrores que padecieron los trabajadores de la enorme hacienda ganadera de la automotriz en la Amazonia brasile\u00f1a. Pero un sacerdote lo registr\u00f3 todo. 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