{"id":64420,"date":"2025-05-13T12:07:09","date_gmt":"2025-05-13T11:07:09","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=64420"},"modified":"2025-05-13T12:07:09","modified_gmt":"2025-05-13T11:07:09","slug":"los-limites-de-la-analogia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/los-limites-de-la-analogia\/","title":{"rendered":"Los l\u00edmites de la analog\u00eda"},"content":{"rendered":"<p>En los a\u00f1os treinta del siglo XIX, Alexis de Tocqueville encontraba desacertado comparar la situaci\u00f3n pol\u00edtica francesa con la monarqu\u00eda de Enrique IV o de Luis XIV. La monarqu\u00eda de julio establecida por el golpe de estado de Louis-Philippe no se ajustaba a aquellos referentes al r\u00e9gimen prerrevolucionario. Tocqueville, buen conocedor de la historia, miraba m\u00e1s lejos y ve\u00eda a las naciones europeas reducidas a la alternativa entre la libertad democr\u00e1tica y la tiran\u00eda de los C\u00e9sares. Treinta y pico a\u00f1os m\u00e1s tarde, Karl Marx, en la segunda edici\u00f3n de \u00abEl 18\u00ba de Brumario de Louis Bonaparte\u00bb, rechazaba esta comparaci\u00f3n, confiando en que su obra contribuir\u00eda a desprestigiar la frase sobre el supuesto cesarismo ense\u00f1ada en las escuelas, sobre todo en Alemania.<\/p>\n<p>Sin embargo, Tocqueville no se enga\u00f1aba en lo relativo al futuro de los pa\u00edses europeos, que contemplaba con catalejos hist\u00f3ricos, y ten\u00eda tanta raz\u00f3n como Marx en rechazar las comparaciones acr\u00edticas para analizar situaciones in\u00e9ditas. La endeblez de los conocimientos de historia, sumada al valor casi teol\u00f3gico que el nazismo ha alcanzado en el imaginario colectivo, le han convertido en el baremo absoluto de la cr\u00edtica pol\u00edtica. Para las inteligencias educadas por el cine y la cultura popular, no hay nada tan clarificador como reencontrar el nazismo en cualquier conducta que se desv\u00ede de la aceptada dentro de un marco de opini\u00f3n r\u00edgido y al mismo tiempo cambiante. Hoy todo el mundo puede convertirse en nazi en un abrir y cerrar de ojos. Da igual que se llame Ayuso o que se llame Puigdemont.<\/p>\n<p>Hace dos semanas, el t\u00edtulo de mi art\u00edculo sobre los desmanes de Donald Trump hac\u00eda referencia a una pieza teatral de Bertolt Brecht: &#8216;La resistible ascensi\u00f3n de Arturo Ui&#8217;. La referencia era transparente y los lectores no tuvieron dificultad para captarla. Pero identificar a Trump con Hitler mediante un tercero era una falacia en la l\u00f3gica del silogismo. Si todo A es B y todo B es C, se sigue que todo A es C. La deducci\u00f3n, en este caso era un &#8216;non sequitur&#8217;, aunque Brecht, efectivamente, quer\u00eda que el p\u00fablico identificara a Arturo Ui con Adolf Hitler. Para facilitarlo, en la hist\u00f3rica producci\u00f3n de Heiner M\u00fcller en el Berliner Ensemble, que pude ver en oto\u00f1o de 1995, el director hab\u00eda peinado a Arturo con el flequillo inconfundible del dictador. Ahora, deducir su equivalencia con el aprendiz de brujo de Washington es un error categorial, por de pronto porque el Hitler de Brecht no era exactamente el nuestro. Se puede discutir que la agenda de Hitler ya se conoc\u00eda desde la publicaci\u00f3n de &#8216;Mein Kampf&#8217;, pero lo cierto es que en 1941 Brecht no dispon\u00eda de la informaci\u00f3n que acabar\u00eda modelando el icono diab\u00f3lico en el que se ha convertido el personaje. Brecht trabajaba al rev\u00e9s de nuestros expertos en met\u00e1foras. En vez de acercar la realidad a las expectativas, la desfamiliarizaba. Practicaba la &#8216;ostranenie&#8217; (&#8216;extra\u00f1amiento&#8217; o &#8216;desfamiliarizaci\u00f3n&#8217;), el m\u00e9todo estil\u00edstico del formalista V\u00edktor Xklovski, para sustraer al p\u00fablico del confort de la rutina.<\/p>\n<p>Por eso Brecht no sit\u00faa la acci\u00f3n en Berl\u00edn de 1941 ni en el Munich de los primeros a\u00f1os 30, sino en el Chicago de los a\u00f1os 20. Arturo Ui \u201ces\u201d Al Capone, el g\u00e1ngster que rein\u00f3 siete a\u00f1os durante la prohibici\u00f3n del alcohol. Y, as\u00ed como Brecht sab\u00eda el final de aquel reinado gracias a la perspectiva que le daba la distancia de diez a\u00f1os, a la vez insinuaba que el imperio de mil a\u00f1os de los nazis ser\u00eda mucho m\u00e1s corto de lo que pensaban. El s\u00edmil y la met\u00e1fora funcionan por aproximaci\u00f3n, no por identificaci\u00f3n, de cosas dispares. En este caso, los elementos de comparaci\u00f3n eran la baja estofa y los m\u00e9todos criminales con los que los mandatarios alemanes hab\u00edan accedido al poder. Pero ni el Arturo Ui de la pieza era Hitler literalmente, ni lo es Donald Trump, por m\u00e1s paralelismos en que incurra una imaginaci\u00f3n hambrienta de analog\u00edas.<\/p>\n<p>Sin duda, el estilo de gobierno de Trump recuerda a las tiran\u00edas populistas. Que admira a los l\u00edderes autoritarios tampoco es ning\u00fan secreto. Aunque sufre de un narcisismo sin sombra alguna del superego. Pero hay aspectos de su personalidad que le alejan del F\u00fchrer. En cualquier caso, mi intenci\u00f3n poni\u00e9ndolo en relaci\u00f3n con la pieza teatral de Brecht era situar la comparaci\u00f3n en el contexto literal de la obra: Estados Unidos en una \u00e9poca de crisis social, que inclu\u00eda la quiebra de la bolsa y la pujanza del crimen organizado. Desde el juicio por el caso Stormy Daniels, Trump es formalmente un criminal, condenado sin castigo por el juez Juan Merchan diez d\u00edas antes de inaugurarse la presidencia. Los m\u00e9todos de su gobierno son t\u00edpicos del gangsterismo: extorsi\u00f3n, coacciones, amenazas, desaf\u00edo de los jueces, exploraci\u00f3n y explotaci\u00f3n de los m\u00e1rgenes y los agujeros de la ley, persecuci\u00f3n de los rivales y expansi\u00f3n del terror contra cualquiera que se atreva a oponerse o simplemente criticarlo. Pero del fascismo le diferencia, por ahora, la falta de acci\u00f3n expansionista. Las bravatas sobre anexionar Groenlandia y Canad\u00e1 no tienen sentido m\u00e1s all\u00e1 de presionar a gobiernos considerados d\u00e9biles para conseguir tratados beneficiosos. La invasi\u00f3n militar no tendr\u00eda apoyo popular y ser\u00eda el desatascador definitivo de un gobierno que se sostiene con una minor\u00eda muy escasa, conseguida con un electorado que ya empieza a arrepentirse.<\/p>\n<p>Al contrario de lo que supone el antiamericanismo cl\u00e1sico, con Trump se inicia la retracci\u00f3n de Estados Unidos, que inexplicablemente ceden influencia geopol\u00edtica e incluso comercial con la mirada puesta en el enemigo dom\u00e9stico. En los dos meses de actividad febril de esta presidencia, no ha habido otra acci\u00f3n militar que enviar tropas a la frontera sur, en una costosa maniobra de espantap\u00e1jaros, y atacar puntualmente a los hutis de Yemen para reabrir la navegaci\u00f3n del mar Rojo. Aparte de esto, hasta ahora la acci\u00f3n exterior de Trump se ha limitado a negociar con Putin el alto el fuego en Ucrania y enajenar a los aliados con una pol\u00edtica err\u00e1tica de aranceles para, supuestamente, crear los puestos de trabajo prometidos como prenda de su popularidad. Al Capone, con una pol\u00edtica filantr\u00f3pica, se convirti\u00f3 en un g\u00e1ngster muy reputado entre las clases populares de Chicago.<\/p>\n<p>En el citado art\u00edculo, arriesgu\u00e9 una referencia al nazismo sugiriendo que Elon Musk combina la riqueza industrial de un Gustav Krupp y el poder propagand\u00edstico de Joseph Goebbels. No quer\u00eda insinuar que el propietario de Tesla emplea mano de obra esclava, a pesar de las rigurosas condiciones de los trabajadores en sus f\u00e1bricas. S\u00f3lo pretend\u00eda llamar la atenci\u00f3n sobre los efectos perniciosos de unir el poder econ\u00f3mico y el propagand\u00edstico en una persona que goza de acceso ilimitado al poder pol\u00edtico. Pero las diferencias cuentan tanto como las afinidades. Krupp puso su industria a disposici\u00f3n de Hitler para conservarla y seguramente tambi\u00e9n para ampliar sus beneficios. Alfried Krupp, hijo de Gustav, lo explic\u00f3 durante su juicio en Nuremberg: \u00abNosotros, los Krupp, nunca nos interesamos mucho por las ideas pol\u00edticas. S\u00f3lo quer\u00edamos un sistema que funcionara y nos permitiera trabajar sin obst\u00e1culos. La pol\u00edtica no es nuestro negocio\u00bb. El apoliticismo no le sirvi\u00f3 de excusa. Krupp fue expropiado y condenado a doce a\u00f1os de c\u00e1rcel, de los cuales cumpli\u00f3 cuatro antes de recuperar la empresa en 1953.<\/p>\n<p>Musk no s\u00f3lo tiene ideas pol\u00edticas, sino que se aplica con pasi\u00f3n en desmantelar el gobierno federal y se involucra en las elecciones, aportando millones a la campa\u00f1a de Trump y a elecciones locales, como la del tribunal supremo del estado de Wisconsin. Musk ya ha invertido millones de d\u00f3lares, regal\u00e1ndole uno a Scott Ainsworth a cambio de firmar una petici\u00f3n en contra de los \u201cjueces activistas\u201d, es decir, quienes se oponen a las maniobras de Trump. Por a\u00f1adidura, el domingo entreg\u00f3 dos premios por el mismo importe a dos personas que se han comprometido a hacer propaganda de la petici\u00f3n, y ha ofrecido pagar veinte d\u00f3lares a todo el que vote por Brad Schimel, el candidato de Trump. Schimel es un juez en el que Musk ha invertido ya veinte millones de d\u00f3lares con el objetivo de obtener una sentencia favorable en su litigio contra Wisconsin. Por si no fuera suficiente financiando campa\u00f1as y sobornando a los electores, Musk se cura en salud declarando que, si gana la candidatura liberal, las elecciones habr\u00e1n sido fraudulentas. Ha tomado buena nota de la t\u00e1ctica de conculcar los resultados que tanto servicio hizo a Trump.<\/p>\n<p>La injerencia de los intereses econ\u00f3micos en la pol\u00edtica no es ninguna novedad. En Estados Unidos la influencia del dinero en la legislaci\u00f3n siempre ha formado parte del sistema. La novedad radica en la desverg\u00fcenza con la que lo practican los nuevos apoderados. Lo in\u00e9dito es que lo hacen no para fortalecer el Estado y asegurar la continuidad del pa\u00eds como una gran potencia geopol\u00edtica, sino para reducirlo a la impotencia, sustituyendo la pol\u00edtica p\u00fablica por los intereses financieros. Todo ello con una apariencia de legalidad apoyada en un poder legislativo cautivo y en realidad emanada de la voluntad de alguien que dispone de los medios para competir con el Estado. Las analog\u00edas f\u00e1ciles no ayudan a entender la realidad hist\u00f3rica cambiante, y quienes analizan la aparici\u00f3n de nuevas formas de dominaci\u00f3n con los conceptos pol\u00edticos de un siglo atr\u00e1s hacen como los generales que se preparan para combatir la guerra anterior. Los Krupp quer\u00edan m\u00e1s o menos lo que quiere Musk, esto es un sistema que les permitiera trabajar sin impedimentos, pero el due\u00f1o de Tesla y de X se diferencia de los magnates del acero alem\u00e1n por el hecho de haber convertido la pol\u00edtica en uno m\u00e1s de sus negocios.<\/p>\n<p>VILAWEB<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En los a\u00f1os treinta del siglo XIX, Alexis de Tocqueville encontraba desacertado comparar la situaci\u00f3n pol\u00edtica francesa con la monarqu\u00eda de Enrique IV o de Luis XIV. La monarqu\u00eda de julio establecida por el golpe de estado de Louis-Philippe no se ajustaba a aquellos referentes al r\u00e9gimen prerrevolucionario. 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