{"id":63431,"date":"2025-01-14T10:47:06","date_gmt":"2025-01-14T09:47:06","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=63431"},"modified":"2025-01-14T10:47:06","modified_gmt":"2025-01-14T09:47:06","slug":"colapso-de-la-democracia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/colapso-de-la-democracia\/","title":{"rendered":"Colapso de la democracia"},"content":{"rendered":"<p>11 de septiembre de 1789. En la ca\u00f3tica Asamblea Constituyente francesa, pocas semanas despu\u00e9s de que una revuelta popular tomara la Bastilla de Par\u00eds y pusiera patas arriba el Antiguo R\u00e9gimen que caracteriz\u00f3 las sociedades europeas de los \u00faltimos siglos, se produce una virulenta discusi\u00f3n entre los sus miembros. Para ordenar el debate, se decide separar en dos espacios diferenciados a los representantes, todav\u00eda, de los estamentos: a la derecha, aquellos que consideran que el monarca, Luis XVI debe tener poder de veto \u2013e ilimitado\u2013 respecto a las decisiones que se tomen en ese \u00f3rgano; a la izquierda, todos aquellos que consideran que el poder real debe ser limitado y subordinado a la soberan\u00eda popular. Con esta decisi\u00f3n pr\u00e1ctica y hasta cierto punto banal se inicia un convencionalismo pol\u00edtico que explica ciertas diferencias fundamentales entre izquierda y derecha, en una denominaci\u00f3n pol\u00edtica que ha perdurado hasta nuestros d\u00edas.<\/p>\n<p>Han pasado ya casi dos siglos y medio. Los sistemas pol\u00edticos, de forma paralela a las sociedades, han cambiado mucho. Las categor\u00edas ideol\u00f3gicas han ido evolucionando. La separaci\u00f3n izquierda\/derecha funcion\u00f3 con cierta eficacia para poder interpretar el funcionamiento del sistema de gobierno y los movimientos que empujaban en una u otra direcci\u00f3n. De forma simplificada, podr\u00edamos establecer que las derechas eran genuinamente conservadoras \u2013es decir, se aferraban a una determinada cosmovisi\u00f3n, instituciones y formas de hacer del pasado\u2013, mientras que las izquierdas parec\u00edan intr\u00ednsecamente progresistas \u2013es decir, que trataban de hacer avanzar las sociedades hacia un modelo previamente elucubrado en el mundo de las ideas y empujando las decisiones pol\u00edticas, sociales y culturales en aquella direcci\u00f3n\u2013.<\/p>\n<p>Puesto que servidor de ustedes tiene formaci\u00f3n de historiador, hay que prestar atenci\u00f3n a una letra peque\u00f1a donde, a medida que la b\u00fasqueda y la revisi\u00f3n del pasado ha permitido establecer reflexiones profundas y a cuestionar determinadas interpretaciones, las cosas resultan siempre m\u00e1s complejas y las apariencias suelen enga\u00f1ar. Determinadas instituciones feudales proteg\u00edan al individuo de la intemperie, mientras que ciertas concepciones del progresismo y\/o liberalismo implicaban un empeoramiento dram\u00e1tico y repentino de la calidad de vida de buena parte de la poblaci\u00f3n, no precisamente la m\u00e1s acomodada. Sin embargo, si algo caracteriza a la modernidad fue porque algunas de las aspiraciones de las izquierdas se lograron, mientras que algunas de las pretensiones reaccionarias fracasaron. Se quebr\u00f3 con el mundo feudal e instituciones de antiguo r\u00e9gimen que implicaban, por ejemplo, el derecho de nacimiento como principal factor a la hora de definir la posici\u00f3n social. El sistema se abri\u00f3 \u2013relativamente\u2013 a la meritocracia. Era posible el ascenso social sin que un apellido lo determinara todo. Se disolvieron aquellos elementos que aseguraban desigualdades estructurales y comunitarismos, como las jurisdicciones diferenciadas que imped\u00edan, por ejemplo, la mezcla y libre concurrencia entre comunidades por raz\u00f3n de fe (por ejemplo, en el caso de los jud\u00edos), o incluso en el caso de las mujeres (con progresiva equiparaci\u00f3n de derechos). Aqu\u00ed las izquierdas ten\u00edan un protagonismo total. Su concepci\u00f3n de libertad, igualdad y fraternidad (especialmente la segunda) implicaba la necesidad de crear naciones lo m\u00e1ximo de homog\u00e9neas posible. De hecho, si hay algo que ha caracterizado hist\u00f3ricamente las izquierdas ha sido la man\u00eda por cierto uniformismo (nacional, ling\u00fc\u00edstico, cultural, social, moral\u2026).<\/p>\n<p>Evidentemente, izquierdas y derechas, con planteamientos tan sumamente antag\u00f3nicos, protagonizaron una historia de enfrentamientos donde la violencia, la despersonalizaci\u00f3n del oponente y el mutuo resentimiento ti\u00f1eron de conflictos sangrientos la contemporaneidad. Con intereses antag\u00f3nicos (especialmente cuando representaban sectores sociales en conflicto), hemos vivido una historia contempor\u00e1nea caracterizada por una especie de guerra civil enterrada de intensidad variable. Sin embargo, en la pr\u00e1ctica, las sociedades avanzaron cuando fueron capaces de dialogar y colaborar. Por ejemplo, con las primeras legislaciones de protecci\u00f3n social a principios del siglo XX o con la creaci\u00f3n del Estado de Bienestar a continuaci\u00f3n de la segunda guerra mundial. Sin embargo, el siglo XX result\u00f3 absolutamente dram\u00e1tico. Los antagonismos, los miedos, los resentimientos mutuos y los proyectos incompatibles propiciaron la eclosi\u00f3n de totalitarismos, unos proyectos ut\u00f3picos\/dist\u00f3picos en los que los individuos quedaban supeditados a un determinado orden te\u00f3ricamente superior, y donde desaparec\u00edan por completo todos aquellos elementos de la tr\u00edada republicana (libertad, igualdad, fraternidad) en nombre de una idea \u2013o l\u00edder\u2013 supremo, sin importar su coste.<\/p>\n<p>La mayor parte de historiadores coinciden a la hora de identificar los dos grandes totalitarismos de la primera mitad del siglo pasado: fascismo (con sus subvariantes, entre ellos el franquismo) y el comunismo. Ambas representaban un choque contra la modernidad y los valores del humanismo y utilizaban la violencia, la represi\u00f3n y la colaboraci\u00f3n entusiasta de individuos empapados de un sentido casi m\u00edstico y pseudoreligioso, que acab\u00f3 en tragedia. Ambos surgieron por la incapacidad de la democracia de resolver problemas pr\u00e1cticos y alcanzar el m\u00ednimo consenso que requieren las sociedades para ser funcionales. Ahora vivimos de nuevo en una nueva crisis de la democracia. Desde hace medio siglo se percibe una ineficiencia de la pol\u00edtica para hacer frente a las necesidades sociales y econ\u00f3micas de una mayor\u00eda que vive con frustraci\u00f3n las incertidumbres del futuro. Y esto ha permitido la eclosi\u00f3n, en los nuevos tiempos, de dos nuevos totalitarismos: el neoliberalismo y el islamismo. En el primer caso, disfrazado de teor\u00eda econ\u00f3mica, representa una agenda ut\u00f3pica\/dist\u00f3pica seg\u00fan la cual se pueden destruir los v\u00ednculos democr\u00e1ticos y comunitarios para practicar un despotismo material en el que los escasos ganadores de un casino econ\u00f3mico con las cartas marcadas acaban controlando todos los mecanismos de decisi\u00f3n y desmantelan todos los mecanismos institucionales democr\u00e1ticos (aunque tambi\u00e9n, con la eclosi\u00f3n de un individualismo feroz, de destruir los nexos de solidaridad) para asegurar su poder. Elon Musk ser\u00eda un ejemplo paradigm\u00e1tico; alguien ultrarrico a quien ya no da reparo alguno ocupar espacios pol\u00edticos mientras acaba controlando los medios de comunicaci\u00f3n contempor\u00e1neos, ya ni siquiera mediante la censura, sino gracias al algoritmo. Una utop\u00eda\/distop\u00eda de desigualdades sociales insoportables, de culto a la riqueza (y a la personalidad), y de pringue cultural. En el segundo caso, el islamismo, disfrazado de religi\u00f3n, utiliza el cl\u00e1sico mecanismo de la fe para asegurar una concepci\u00f3n feudal de la existencia en un momento en que el contacto con los valores del humanismo, la democracia o la igualdad podr\u00edan cuestionar firmemente la hegemon\u00eda de unas clases dirigentes en las que el antiguo r\u00e9gimen (derecho de nacimiento, jurisdicciones diferenciadas, desigualdades internas abismales) trata de persistir frente, por ejemplo, a la igualdad legal de las mujeres (por eso la obsesi\u00f3n creciente por multiplicar c\u00e1rceles textiles).<\/p>\n<p>Frente a estos totalitarismos de segunda generaci\u00f3n, las ideolog\u00edas convencionales est\u00e1n colapsando. Las derechas, asociadas tradicionalmente al poder econ\u00f3mico, propiciaron la transformaci\u00f3n del capitalismo en la aberraci\u00f3n pol\u00edtica y econ\u00f3mica que representa el neoliberalismo. Un neoliberalismo que nada tiene que ver con el libre mercado y que no crea riqueza, sino que tiende al monopolio y lo acumula en las pocas manos de personajes que hacen todo lo posible por destruir la democracia (y no pagar impuestos progresivos es la forma m\u00e1s eficaz de conseguirlo). Las izquierdas, tradicionalmente partidarias de una igualdad uniformista y homogeneizadora, han ca\u00eddo en la trampa de la diversidad, actuando con una ingenuidad suicida hacia un totalitarismo religioso que tiene como modelo un feudalismo milenarista y brutal. En el primer caso, basta con ver a personajes como Milei, su narcisismo, sus ansias destructoras (sobre todo respecto a todo aquello que pueda generar nexos colectivos y pr\u00e1cticas solidarias) y su apuesta por una absoluta anom\u00eda moral (con sus delirantes opiniones sobre la venta de \u00f3rganos o los vientres de alquiler). Y sobre todo, por su odio visceral y agresivo contra los pobres (aunque su administraci\u00f3n es una verdadera y productiva factor\u00eda de pobres, haciendo que Argentina pase de la pobreza a la m\u00e1s absoluta miseria). Que unas derechas despojadas del m\u00ednimo sentido cristiano de la moral hagan de Milei una especie de h\u00e9roe o esperanza blanca de seguidores entusiastas denota el punto de degradaci\u00f3n ideol\u00f3gica y su naufragio moral.<\/p>\n<p>En el campo de las izquierdas, las cosas no van mejor. La renuncia al pensamiento ilustrado (comprobable hoy con las delirantes apuestas educativas que rechazan siglos de racionalismo), les ha empujado a asumir una agenda rousseauniana con la admiraci\u00f3n de buenos salvajes que, con un punto de perplejidad, las contemplan con ganas de comerlas. Frente a la igualdad, la homogeneidad con un punto de antip\u00e1tico uniformismo (nos recordaba Tony Judt que la solidaridad s\u00f3lo se acepta cuando los beneficiarios son similares a nosotros), han ca\u00eddo con entusiasmo en la trampa de la diversidad mientras se hunden en las arenas movedizas del relativismo moral. As\u00ed, el trato desigual respecto a varios colectivos (defender el ate\u00edsmo frente al cristianismo, mientras la cr\u00edtica al islam se convierte en anatema), lo ha desautorizado ante sus sectores tradicionales \u2013las clases trabajadoras y los librepensadores\u2013. La diferencia de trato entre la defensa del feminismo de las mujeres occidentales y la tolerancia entusiasta respecto a la misoginia del islam recuerda a una suerte de defensa de Ancien R\u00e9gime en la que cada comunidad se reg\u00eda por coordenadas legales y morales diferenciadas. Frente a desigualdades econ\u00f3micas crecientes, reclaman desigualdades morales y \u00e9ticas entre colectivos (o peor a\u00fan, privilegiar a unos por encima de otros por raz\u00f3n de procedencia). Respecto a la secularizaci\u00f3n social que reclamaba la vieja ilustraci\u00f3n, se apuesta decididamente por una suerte de seducci\u00f3n respecto a religiones ajenas y un pensamiento caracterizado por una especie de misticismo pseudoreligioso (con una desconcertante atracci\u00f3n por un orientalismo que predica el conformismo y la apat\u00eda social).<\/p>\n<p>La Revoluci\u00f3n Francesa, como todas las revoluciones, result\u00f3 un caos total en el que un nuevo orden iba sustituyendo a otro de manera desordenada, a trompicones, con reiteradas contradicciones, y que sin embargo, avanz\u00f3 en la direcci\u00f3n de la modernidad que hemos vivido. La mejor soluci\u00f3n a estos conflictos derivados del choque de intereses lo resolvi\u00f3 la democracia. Y la democracia parece s\u00f3lo posible sobre la base de cierta homogeneidad social (y, sobre todo, en los marcos nacionales). La globalizaci\u00f3n puso el sistema patas arriba y, desde la renuncia a la igualdad (con su punto de antip\u00e1tico uniformismo), los sistemas democr\u00e1ticos han mostrado serios problemas de funcionamiento. Las ideolog\u00edas pol\u00edticas han servido, como ocurri\u00f3 aquel d\u00eda de septiembre de 1789, para ordenar los debates y saber a qu\u00e9 atenerse. Hoy, con sistemas pol\u00edticos disfuncionales, izquierdas y derechas, son irreconocibles. Y como nos recordaba Antonio Gramsci desde la soledad de la celda en la que el fascismo la hab\u00eda confinado, es en este tipo de interludios cuando aparecen monstruos.<\/p>\n<p>EL M\u00d3N<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>11 de septiembre de 1789. 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