{"id":61536,"date":"2024-03-22T09:48:51","date_gmt":"2024-03-22T08:48:51","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=61536"},"modified":"2024-03-22T09:48:51","modified_gmt":"2024-03-22T08:48:51","slug":"walter-benjamin-sobre-el-concepto-de-historia-1940","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/walter-benjamin-sobre-el-concepto-de-historia-1940\/","title":{"rendered":"WALTER BENJAMIN: Sobre el concepto de historia (1940)"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Se ha dicho que \u201cBenjamin se ha escondido en sus obras\u201d y \u00e9l mismo afirm\u00f3, en conversaci\u00f3n con Andr\u00e9 Gide, que \u201cs\u00f3lo la muerte har\u00e1 que de la obra salga la figura del autor. Entonces ya no se podr\u00e1 desconocer la unidad de sus escritos\u201d. Y, en efecto, sus relampagueantes y herm\u00e9ticas consideraciones contenidas en las tesis Sobre el concepto de historia (1940), su \u00faltima obra, representan un ejemplo del sentido profundo y subterr\u00e1neo de la corriente que inspir\u00f3 todo su angustioso y dram\u00e1tico devenir intelectual.<\/p>\n<p><strong>1.-El contenido de las tesis<\/strong><\/p>\n<p>(conforme a la traducci\u00f3n espa\u00f1ola de Reyes Mate)<\/p>\n<p><strong><em>Tesis I<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>Sabido es que debe haber existido un aut\u00f3mata construido de tal suerte que era capaz de replicar a cada movimiento de un ajedrecista con una jugada contraria que le daba el triunfo en la partida. Un mu\u00f1eco, trajeado a la turca y con una pipa de narguile en la boca, se sentaba a un tablero, colocado sobre una mesa espaciosa. Gracias a un sistema de espejos se creaba la ilusi\u00f3n de que la mesa era transparente por todos los costados. La verdad era que dentro se escond\u00eda, sentado un enano jorobado que era un maestro del ajedrez y que guiaba con unos hilos la mano del mu\u00f1eco. Una r\u00e9plica de este artilugio cabe imaginarse en filosof\u00eda. Tendr\u00e1 que ganar siempre el mu\u00f1eco que llamamos &lt;&lt;materialismo hist\u00f3rico&gt;&gt;. Puede desafiar sin problemas a cualquiera siempre y cuando tome a su servicio a la teolog\u00eda que, como hoy sabemos, es enana y fea, y no est\u00e1, por lo dem\u00e1s, como para dejarse ver por nadie.<\/em><\/p>\n<p><strong><em>Tesis II<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>&lt;&lt;Una de las peculiaridades m\u00e1s notables del temple humano&gt;&gt;, dice Lotze, &lt;&lt;es, adem\u00e1s del mucho ego\u00edsmo particular, la generalizada falta de envidia del presente respecto del futuro&gt;&gt;. Esta reflexi\u00f3n nos lleva a pensar que la imagen de la felicidad que tenemos est\u00e1 profundamente te\u00f1ida por el tiempo por el que ya nos ha colocado el decurso de nuestra<\/em>\u00a0<em>existencia. La felicidad que pudiera despertar nuestra envidia solo existe en el aire que hemos respirado, con las personas que hemos podido hablar, gracias a las mujeres que hubieran podido entreg\u00e1rsenos. Dicho con otras palabras, en la idea de felicidad late inexorablemente la de redenci\u00f3n. Lo mismo ocurre con la idea que la historia tiene del pasado. <\/em><\/p>\n<p><em>El pasado lleva consigo un \u00edndice secreto que le remite a la redenci\u00f3n. \u00bfAcaso no flota en el ambiente algo del aire que respiraron quienes nos precedieron? \u00bfNo hay en las voces a las que prestamos o\u00eddos un eco de voces ya acalladas? Y las mujeres que cortejamos \u00bfno tienen hermanas que ellas nunca conocieron? Si esto es as\u00ed, existe un misterioso punto de encuentro entre las generaciones pasadas y la nuestra. Hemos sido esperados sobre la tierra. A nosotros, como a cada generaci\u00f3n precedente, ha sido dada una d\u00e9bil fuerza mesi\u00e1nica sobre la que el pasado tiene derechos. No se puede despachar esta exigencia a la ligera. Quien profesa el materialismo hist\u00f3rico lo sabe.<\/em><\/p>\n<p><strong><em>Tesis III<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>El cronista que narra los acontecimientos sin hacer distingos entre los grandes y los peque\u00f1os, da cuenta de una verdad, a saber, que para la historia nada de lo que una vez aconteci\u00f3 ha de darse por perdido. Claro que solo a la humanidad redimida pertenece su pasado de una manera plena. Esto quiere decir que el pasado solo se hace citable, en todos y cada uno de sus momentos, a la humanidad redimida. Cada uno de los momentos que ella ha vivido se convierte en citas del orden del d\u00eda, y ese d\u00eda es precisamente el del juicio final.<\/em><\/p>\n<p><strong><em>Tesis IV <\/em><\/strong><br \/>\n<em>La lucha de clases, que no puede perder de vista el historiador formado en la escuela de Marx, es una lucha por las cosas rudas y materiales sin las cuales no se dan las finas y espirituales. Ahora bien, en la lucha de clases esta \u00faltimas est\u00e1n presente, pero no nos las imaginemos como un bot\u00edn que cae en manos del vencedor. En tal lucha est\u00e1n vivas como confianza, coraje, humor, astucia o firmeza, y es as\u00ed como act\u00faan retrospectivamente en la lejan\u00eda de los tiempos. Esa finura y esa espiritualidad ponen incesantemente en entredicho cada victoria que haya ca\u00eddo en suerte a los que dominan. El pasado, al igual que esas flores que tornan al sol su corola, tiende, en virtud de un secreto heliotropismo, a volverse hacia ese sol que est\u00e1 levant\u00e1ndose en el cielo de la historia. El materialista hist\u00f3rico tiene que aplicarse a entender este cambio que es el m\u00e1s discreto de todos ellos.<\/em><\/p>\n<p><strong><em>Tesis V<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>La verdadera imagen del pasado se desliza veloz. Al pasado solo puede deten\u00e9rsele como una imagen que, en el instante en que se da a conocer, lanza una r\u00e1faga de luz que nunca m\u00e1s se ver\u00e1. &lt;&lt;La verdad no se nos escapar\u00e1&gt;&gt;, esta frase que proviene de Gottfried Keller (y que visualiza la imagen de la historia que tienen los historicistas) se\u00f1ala con precisi\u00f3n, en la imagen de la historia que se hacen los historicistas, el lugar en el que la imagen es atravesada por el materialismo hist\u00f3rico. Irrecuperable es, en efecto, aquella imagen del pasado que corre el riesgo de desaparecer con cada presente que no se reconozca mentado en ella. (La buena nueva que trae, anhelante, el historiador del pasado, sale de una boca que en el mismo instante en que se abre, quiz\u00e1 habla ya el vac\u00edo).<\/em><\/p>\n<p><strong><em>Tesis VI<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>Articular hist\u00f3ricamente lo pasado no significa &lt;&lt;conocerlo como verdaderamente ha sido&gt;&gt;. Consiste, m\u00e1s bien, en adue\u00f1arse de un recuerdo tal y como brilla en el instante de un peligro. Al materialismo hist\u00f3rico le incumbe fijar una imagen del pasado, imagen que se presenta sin avisar al sujeto hist\u00f3rico en el instante de peligro. El peligro amenaza tanto a la existencia de la tradici\u00f3n como a quienes la reciben. Para ella y para ellos el peligro es el mismo: prestarse a ser instrumentos de la clase dominante. En cada \u00e9poca hay que esforzarse por arrancar de nuevo la tradici\u00f3n al conformismo que pretende avasallarla. El Mes\u00edas no viene como redentor; tambi\u00e9n viene como vencedor del Anticristo. El don de encender en lo pasado la chispa de la esperanza solo le es dado al historiador perfectamente convencido de que ni siquiera los muertos estar\u00e1n seguros si el enemigo vence. Y ese enemigo no ha cesado de vencer.<\/em><\/p>\n<p><strong><em>Tesis VII<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>Fustel de Coulanges recomienda al historiador que quiera revivir una \u00e9poca, que se quite de la cabeza todo lo que ocurri\u00f3 despu\u00e9s. Mejor no se puede describir el m\u00e9todo con el que ha roto el materialismo hist\u00f3rico. Es el m\u00e9todo de la empat\u00eda. Nace de la desidia del coraz\u00f3n, de la aced\u00eda, que da por perdida la posibilidad de adue\u00f1arse de la aut\u00e9ntica imagen hist\u00f3rica, esa que brilla fugazmente. Los te\u00f3logos de la Edad Media la consideraban causa profunda de la tristeza. Flaubert, que la conoc\u00eda bien, escribe: &lt;&lt;Pocos se imaginan cu\u00e1nta tristeza fue necesaria para resucitar Cartago&gt;&gt;. La naturaleza de esa tristeza se hace m\u00e1s evidente cuando se plantea la pregunta de con qui\u00e9n entre en empat\u00eda el historiador historicista. La respuesta es que, innegablemente, con el vencedor. Ahora bien, quienes dominan una vez se convierten en herederos de todos los que han vencido hasta ahora. La empat\u00eda con el vencedor siempre les viene bien a quienes mandan en cada momento. <\/em><\/p>\n<p><em>Para el materialista hist\u00f3rico, con lo dicho ya es bastante. Quien hasta el d\u00eda de hoy haya conseguido alguna victoria, desfila con el cortejo triunfal en el que los dominadores actuales marchan sobre los que hoy yacen en tierra. Como suele ser habitual, el cortejo triunfal acompa\u00f1a el bot\u00edn. Se le nombra con la expresi\u00f3n bienes culturales. El materialista hist\u00f3rico tiene que considerarlos con un aire distanciado. Todos los bienes culturales que \u00e9l abarca con la mirada tienen en conjunto, efectivamente, un origen que \u00e9l no puede contemplar sin espanto. Deben su existencia no s\u00f3lo al esfuerzo de los grandes genios que los han creado, sino a la servidumbre an\u00f3nima de sus contempor\u00e1neos. No hay un solo documento de cultura que no sea a la vez de barbarie. Y si el documento no est\u00e1 libre de barbarie, tampoco lo est\u00e1 el proceso de transmisi\u00f3n de unas manos a otras. Por eso el materialista hist\u00f3rico toma sus distancias en la medida de lo posible. Considera teor\u00eda suya cepillar la historia a contrapelo.<\/em><\/p>\n<p><strong><em>Tesis VIII<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>La tradici\u00f3n de los oprimidos nos ense\u00f1a que &lt;&lt;el estado de excepci\u00f3n&gt;&gt; en el que vivimos es la regla. Debemos llegar a un concepto de historia que se corresponda con esta situaci\u00f3n. Nuestra tarea hist\u00f3rica consistir\u00e1<\/em>\u00a0<em>entonces en suscitar la venida del verdadero estado de excepci\u00f3n, mejorando as\u00ed nuestra posici\u00f3n en la lucha contra el fascismo. El que sus adversarios se enfrenten a \u00e9l en nombre del progreso, tomando \u00e9ste por ley hist\u00f3rica, no es precisamente la menor de las formas del fascismo. No tiene nada de filos\u00f3fico asombrarse de que las cosas que estamos viviendo sean &lt;&lt;todav\u00eda&gt;&gt; posibles en pleno siglo XX. Es un asombro que no nace de un conocimiento que de serlo tendr\u00eda que ser \u00e9ste: la idea de historia que provoca ese asombro no se sostiene.<\/em><\/p>\n<p><strong><em>Tesis IX<\/em><\/strong><br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"333\" height=\"404\" class=\"wp-image-61537\" src=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/333px-klee-angelus-novus.jpeg\" alt=\"333px-Klee-angelus-novus\" srcset=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/333px-klee-angelus-novus.jpeg 333w, https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/333px-klee-angelus-novus-247x300.jpeg 247w\" sizes=\"auto, (max-width: 333px) 100vw, 333px\" \/><br \/>\n<em>Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. Representa a un \u00e1ngel que parece estar a punto de alejarse de algo a lo que est\u00e1 clavada su mirada. Sus ojos est\u00e1n desencajados, la boca abierta, las alas desplegadas. El \u00e1ngel de la historia tiene que parec\u00e9rsele. Tiene el rostro vuelto hacia el pasado. Lo que a nosotros se presenta como una cadena de acontecimientos, \u00e9l lo ve como una cat\u00e1strofe que acumula sin cesar ruinas sobre ruinas, arroj\u00e1ndolas a sus pies. Bien quisiera \u00e9l detenerse, despertar a los muertos y recomponer los fragmentos. Pero desde el para\u00edso sopla un viento huracanado que se arremolina en sus alas, tan fuerte que el \u00e1ngel no puede plegarlas. El hurac\u00e1n le impulsa irresistiblemente hacia el futuro, al que da la espalda, mientras que el c\u00famulo de ruinas crece hasta el cielo. Eso que nosotros llamamos progreso es ese hurac\u00e1n.<\/em><\/p>\n<p><strong><em>Tesis X<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>Los temas de meditaci\u00f3n que la regla mon\u00e1stica asignaba a los monjes ten\u00edan por objeto inculcarles el desprecio del mundo y de sus pompas. Las reflexiones que estamos desarrollando aqu\u00ed surgen de una preocupaci\u00f3n an\u00e1loga. En un momento en el que los pol\u00edticos, en los cuales hab\u00edan puestos sus esperanzas los enemigos del fascismo, andan por los duelos, agravando su derrota con la traici\u00f3n a la propia causa, lo que estas reflexiones pretenden es liberar a los hijos del siglo de las redes en las que les han aprisionado. El punto de partida de las mismas es que la fe ciega de tales pol\u00edticos en la idea de progreso, su confianza en las &lt;&lt;masas que les sirven de base&gt;&gt; y, finalmente, su servil sometimiento a un aparato incontrolable, son tres aspectos de la misma realidad. Estas consideraciones quieren darnos una idea de lo caro que cuesta a nuestro habitual modo de pensar concebir una idea de historia que evite toda complicidad con aquella a la que susodichos pol\u00edticos siguen aferrados.<\/em><\/p>\n<p><strong><em>Tesis XI<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>El conformismo que desde el principio encontr\u00f3 acomodo en la socialdemocracia, no contamina solo a su t\u00e1ctica pol\u00edtica, sino tambi\u00e9n a sus ideas econ\u00f3micas. Fue una de las causas de su fracaso. Nada ha corrompido tanto al movimiento obrero alem\u00e1n como el convencimiento de que nadaba a favor de corriente. Para los obreros alemanes el desarrollo t\u00e9cnico era la pendiente de la corriente a favor de la cual pensaban que nadaban. Solo hab\u00eda que dar un paso para caer en la ilusi\u00f3n de que el trabajo industrial, situado en la onda del progreso t\u00e9cnico, representa un resultado pol\u00edtico. Gracias a los obreros alemanes la vieja moral protestante del trabajo celebra su resurrecci\u00f3n bajo una forma secularizada. Ya en el Programa de Gotha se advierten se\u00f1ales de esta confusi\u00f3n. Ah\u00ed se define el trabajo como &lt;&lt;fuente de toda riqueza y de toda cultura&gt;&gt;. El propio Marx, temi\u00e9ndose lo peor, objetaba que el hombre que no posea m\u00e1s que su fuerza de trabajo &lt;&lt;tendr\u00e1 que ser esclavo de otros hombres que se han convertido\u2026en propietarios&gt;&gt;. <\/em><\/p>\n<p><em>Pese a todo, la confusi\u00f3n sigue extendi\u00e9ndose y pronto vendr\u00e1 Joseph Dietzgen proclamando que &lt;&lt;el salvador del mundo moderno se llama trabajo. En\u2026la mejora del trabajo\u2026consiste la riqueza que ahora podr\u00e1 hacer realidad lo que hasta ahora ning\u00fan redentor ha llevado a cabo&gt;&gt;. Esta concepci\u00f3n marxista vulgarizada de lo que es el trabajo no se pregunta con el sosiego necesario c\u00f3mo afecta el producto del trabajo al trabajador en cuanto \u00e9ste no puede disponer de ello. Reconoce \u00fanicamente los avances en el dominio del hombre sobre la naturaleza, pero no los retrocesos de la sociedad. Esta concepci\u00f3n prefigura los rasgos tecnocr\u00e1ticos que encontramos m\u00e1s tarde en el fascismo. Entre \u00e9stos figura un concepto de naturaleza que rompe fatalmente con el de las utop\u00edas anteriores a 1848. El trabajo, tal y como ahora se entiende, desemboca en la explotaci\u00f3n de la naturaleza, y con suficiencia ingenua se lo opone a la explotaci\u00f3n del proletariado. Comparadas con esta concepci\u00f3n positivista, las imaginaciones fantasiosas, que tanta materia sirvieron para ridiculizar a Fourier, hacen gala de un sorprendente sentido com\u00fan. <\/em><\/p>\n<p><em>Seg\u00fan Fourier, un trabajo social bien organizado deber\u00eda tener como consecuencia que cuatro lunas iluminaran la noche de la tierra, que los hielos se retirasen de los polos, que el agua del mar no supiera a sal y que las fieras salvajes se pusieran al servicio de los hombres. Todo esto ilustra un tipo de trabajo que, lejos de explotar a la naturaleza, est\u00e1 en condiciones de dar a luz las creaciones que dormitan, como posibles, en su seno. Del concepto corrompido de trabajo forma parte, a modo de complemento, el de esa naturaleza que, como Dietzgen dej\u00f3 dicho, &lt;&lt;est\u00e1 ah\u00ed gratis&gt;&gt;.<\/em><\/p>\n<p><strong><em>Tesis XII<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>\u00abNecesitamos historia, pero la necesitamos de una manera distinta a como la necesita el holgaz\u00e1n mal criado en el jard\u00edn del saber\u00bb (Nietzsche, S<\/em>obre las ventajas y los inconvenientes de la historia<em>). <\/em><\/p>\n<p><em>El sujeto del conocimiento hist\u00f3rico es, por supuesto, la clase oprimida que lucha. En Marx se presenta como la \u00faltima clase esclavizada, la clase vengadora que lleva hasta el final la tarea de liberaci\u00f3n en nombre de las generaciones perdidas. Esta conciencia, que vuelve a cobrar vigencia por breve tiempo en la Liga espartaquista, le ha resultado siempre escandalosa a la socialdemocracia. En tres decenios casi logr\u00f3 apagar el nombre de Blanqui cuyo timbre de bronce conmovi\u00f3 el siglo pasado. La socialdemocracia tuvo a bien asignar a la clase obrera el papel de redentora de las generaciones venideras. Con ello seccionaba los nervios de su mejor fuerza. La clase obrera desaprendi\u00f3 en esa escuela tanto el odio cuanto la voluntad de sacrificio. Uno y otra se nutren, en efecto, de la imagen de los abuelos esclavizados, no del ideal de los nietos liberados.<\/em><\/p>\n<p><strong><em>Tesis XIII<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>La teor\u00eda socialdem\u00f3crata, y todav\u00eda m\u00e1s en su praxis, estaba determinada por un concepto de progreso que no se aten\u00eda a la realidad, sino que ten\u00eda una pretensi\u00f3n dogm\u00e1tica. El progreso, tal y como se perfilaba en la cabeza de los socialdem\u00f3cratas, era, en primer lugar, un progreso de la misma humanidad (y no solo de la destreza y conocimientos). En segundo lugar, un progreso inacabable (de acuerdo con la infinita perfectibilidad de la humanidad). Pasaba por ser, en tercer lugar, esencialmente imparable (capaz de recorrer una trayectoria en l\u00ednea o en espiral gracias a su propia inercia). Todos estos predicados se prestan a discusiones y cada uno de ellos se podr\u00eda aplicar a la cr\u00edtica. Pero si \u00e9sta quiere ser rigurosa, debe ir m\u00e1s all\u00e1 de esos predicados y buscar algo que le es com\u00fan. La idea de un progreso humano en la historia es inseparable de la idea seg\u00fan la cual la historia procede recorriendo un tiempo homog\u00e9neo y vac\u00edo. La cr\u00edtica a la idea de un tal proceso tiene que constituir la base de la cr\u00edtica a la idea de progreso.<\/em><\/p>\n<p><strong><em>Tesis XI<\/em><\/strong><br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"239\" height=\"320\" class=\"wp-image-61539\" src=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/moda.jpeg\" alt=\"moda\" srcset=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/moda.jpeg 239w, https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/moda-224x300.jpeg 224w\" sizes=\"auto, (max-width: 239px) 100vw, 239px\" \/><br \/>\n<em>La historia es objeto de una construcci\u00f3n cuyo lugar no est\u00e1 constituido por el tiempo homog\u00e9neo y vac\u00edo, sino por un tiempo repleto de ahora. As\u00ed, para Robespierre, la antigua Roma era un pasado cargado de ahora, que \u00e9l arrancaba del continuum de la historia. Le Revoluci\u00f3n francesa se entend\u00eda a s\u00ed misma como una Roma que retornaba. Citaba a la Roma antigua de la misma manera que la moda cita un traje de otros tiempos. La moda tiene buen olfato para detectar lo actual sea cual sea el recoveco del pasado en el que esa actualidad se mueva. La moda es el salto del tigre al pasado. S\u00f3lo que tiene lugar en una arena en la que manda la clase dominante. El mismo salto, realizado bajo el cielo despejado de la historia, pasa a ser el salto dial\u00e9ctico, la revoluci\u00f3n tal y como la entendi\u00f3 Marx.<\/em><\/p>\n<p><strong><em>Tesis XV<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>La conciencia de hacer saltar el continuum de la historia es propia de las clases revolucionarias en el momento de su acci\u00f3n. La gran Revoluci\u00f3n introdujo el calendario nuevo. El d\u00eda con el que comienza un calendario oficia de compendio hist\u00f3rico acelerado. En el fondo, ese d\u00eda es el mismo que vuelve siempre bajo la forma de d\u00edas festivos, que son d\u00edas de recordaci\u00f3n. Los calendarios no miden el tiempo como los relojes: son monumentos de una conciencia hist\u00f3rica de la que no queda en Europa la menor huella desde hace cien a\u00f1os. En la Revoluci\u00f3n de julio se registr\u00f3 un incidente en el que esa conciencia todav\u00eda se hizo valer. Al caer la tarde el primer d\u00eda de lucha sucedi\u00f3 que en unos sitios de Par\u00eds, al mismo tiempo<\/em> <em>y sin previo acuerdo, se dispar\u00f3 contra los relojes de las torres. Un testigo ocular, que acaso deba su acierto a la rima, escribi\u00f3 entonces:<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1Qui\u00e9n lo creyera! Se dice que indignados contra la hora<\/em> <em>estos nuevos Josu\u00e9, al pie de cada torre,<\/em> <em>disparaban contra los relojes, para detener el tiempo.<\/em><\/p>\n<p><strong><em>Tesis XVI<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>El materialista hist\u00f3rico no puede renunciar a la idea de un presente que no es tr\u00e1nsito, sino que es un presente en el que el tiempo est\u00e1 en equilibrio y se encuentra en suspenso. Esta idea define precisamente ese presente en el que \u00e9l, en tanto en cuanto ese presente le afecta, escribe historia. El historicismo postula una imagen &lt;&lt;eterna&gt;&gt; del pasado; el materialismo hist\u00f3rico, en cambio, una experiencia con ese pasado, que es \u00fanica. Deja a otros malgastarse con la ramera &lt;&lt;\u00e9rase una vez&gt;&gt; en el burdel del historicismo, mientras \u00e9l se mantiene due\u00f1o de sus fuerzas: lo suficientemente hombre para hacer saltar el continuum de la historia.<\/em><\/p>\n<p><strong><em>Tesis XVII<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>El historicismo culmina con todo derecho en la historia universal. De ella se separa quiz\u00e1 la historiograf\u00eda materialista, en lo tocante a metodolog\u00eda, m\u00e1s que de ninguna otra. Esa historia universal no tiene ning\u00fan armaz\u00f3n te\u00f3rico. Su m\u00e9todo es aditivo: utiliza la masa de datos para llenar el tiempo vac\u00edo y homog\u00e9neo. La historiograf\u00eda materialista, por su parte, se basa en un principio constructivo. Propio del pensar es no solo el movimiento de las ideas, sino tambi\u00e9n su suspensi\u00f3n. Cuando el pensamiento se detiene de repente en una constelaci\u00f3n saturada de tensiones, provoca aqu\u00e9l en \u00e9sta una sacudida en virtud de la cual la constelaci\u00f3n cristaliza en m\u00f3nada. <\/em><\/p>\n<p><em>El materialista hist\u00f3rico se acerca a un objeto hist\u00f3rico solo y \u00fanicamente cuando \u00e9ste se le enfrenta como una m\u00f3nada. En esa estructura \u00e9l reconoce el signo de una suspensi\u00f3n mesi\u00e1nica del acontecer o, dicho de otra manera, de una oportunidad revolucionaria en la lucha por el pasado oprimido. El materialista capta esa oportunidad con el fin de hacer saltar una determinada \u00e9poca del curso homog\u00e9neo de la historia; una determinada vida, de una \u00e9poca; y una determinada obra, de entre toda la actividad laboral de una vida. La ventaja de este procedimiento consiste en que la actividad laboral de toda una vida est\u00e1 guardada y conservada en la obra; y toda una \u00e9poca, en la vida; y el decurso completo de la historia, en la \u00e9poca. El fruto nutritivo de lo que se puede comprender hist\u00f3ricamente tiene en su interior, cual semilla preciosa aunque carente de sabor, al tiempo.<\/em><\/p>\n<p><strong><em>Tesis XVIIa<\/em><\/strong><em> [descubierta por Agamben] <\/em><br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"285\" height=\"270\" class=\"wp-image-61541\" src=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/marx.png\" alt=\"Marx\" \/><br \/>\n<em>Marx ha secularizado la idea de tiempo mesi\u00e1nico en la sociedad sin clases. Y ha hecho bien. La desgracia comenz\u00f3 cuando la socialdemocracia elev\u00f3 esa idea a &lt;&lt;ideal&gt;&gt;. La doctrina neokantiana defini\u00f3 el ideal como una &lt;&lt;tarea infinita&gt;&gt;. Y esa doctrina fue la filosof\u00eda escol\u00e1stica de partido socialdem\u00f3crat-De Schmidt y Stadler hasta Natorp y V\u00f6rlander-. Una vez definida la sociedad sin clases como tarea infinita, el tiempo vac\u00edo y homog\u00e9neo se transform\u00f3 en una especie de antesala en la que se pod\u00eda esperar, con mayor o menor relajamiento, la entrada de la situaci\u00f3n revolucionaria. La verdad es que no hay un solo instante que no lleve consigo su oportunidad revolucionaria. Solo exige que se la entienda como una oportunidad espec\u00edfica, es decir, como la oportunidad de dar una soluci\u00f3n nueva a desaf\u00edos totalmente in\u00e9ditos. Para el pensador revolucionario la oportunidad revolucionaria de cada momento tiene su banco de pruebas en la situaci\u00f3n pol\u00edtica existente. Pero la verificaci\u00f3n no es menor si se efect\u00faa valorando la capacidad de apertura de que dispone cada instante para abrir determinadas estancias del pasado hasta ahora clausuradas. La entrada en esa estancia coincide de lleno con la acci\u00f3n pol\u00edtica; y es a trav\u00e9s de esa entrada que la acci\u00f3n puede ser reconocida como mesi\u00e1nica, por muy destructora que sea.<\/em><\/p>\n<p><strong><em>Tesis XVIII<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>&lt;&lt;Los cinco raqu\u00edticos milenios del Homo sapiens&gt;&gt;, dice un bi\u00f3logo contempor\u00e1neo, &lt;&lt;representan con relaci\u00f3n a la historia de la vida org\u00e1nica sobre la tierra, algo as\u00ed como dos segundos al final de un d\u00eda de veinticuatro horas. Medida con esa escala, la historia entera de la humanidad civilizada llenar\u00eda un quinto del \u00faltimo segundo de la \u00faltima hora&gt;&gt;. El ahora, que como modelo del tiempo mesi\u00e1nico resume en una<\/em>\u00a0<em>exagerada abreviatura la historia de toda la humanidad, coincide rigurosamente con la figura que la historia de la humanidad ocupa en el universo.<\/em><\/p>\n<p><strong><em>Fragmento A<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>El historicismo se contenta con establecer un nexo causal entre diversos momentos hist\u00f3ricos. Pero ning\u00fan hecho es ya hist\u00f3rico por el mero hecho de ser causa. Llega a serlo plenamente gracias a circunstancias que pueden estar separadas del hecho por milenios. El historiador que parta de este supuesto dejar\u00e1 de desgranar la sucesi\u00f3n de circunstancias como un rosario entre sus dedos. \u00c9l capta m\u00e1s bien la constelaci\u00f3n en la que se encuentra su \u00e9poca con otra muy determinada del pasado. De esta suerte fundamenta un concepto de presente como ahora en el que se han incrustado astillas del tiempo mesi\u00e1nico.<\/em><\/p>\n<p><strong><em>Fragmento B<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>Seguro que el tiempo al que los adivinos interrogaban para conocer lo que ocultaba en su seno, no lo experimentaron ellos no como homog\u00e9neo, ni como vac\u00edo. Quien tenga esto presente quiz\u00e1s llegue a comprender c\u00f3mo se hizo la experiencia del tiempo pasado bajo la forma de recordaci\u00f3n: precisamente as\u00ed. Sabido es que los jud\u00edos les estaba prohibido escudri\u00f1ar el futuro. La Tor\u00e1 y la oraci\u00f3n les instruyen, por el contrario, en la recordaci\u00f3n. \u00c9sta desencantaba el futuro, al que sucumb\u00edan cuantos buscaban respuestas en los adivinos. Pero no por eso se convirti\u00f3 el futuro para los jud\u00edos en un tiempo homog\u00e9neo y vac\u00edo, porque en ese futuro cada segundo era la peque\u00f1a puerta por la que pod\u00eda entrar el Mes\u00edas. <\/em><br \/>\n<strong>2.-Del texto y sus versiones<\/strong><\/p>\n<p>En verdad, este texto constituye en cierto modo la quintaesencia del legado filos\u00f3fico y de la desembocadura cr\u00edtica de la obra de Walter Benjamin. Fue perge\u00f1ado en forma de escrito en los postreros meses de su vida, durante su \u00faltima estancia en Par\u00eds en 1940, en v\u00edsperas de la ocupaci\u00f3n alemana. Al parecer, naci\u00f3 como fruto de una invitaci\u00f3n de Gretel Adorno, su incansable protectora intelectual y material, que en sus cartas le animaba a plasmar por escrito lo que hab\u00eda sido objeto de sus charlas en torno a la idea de progreso. Parece que, adem\u00e1s de la incitaci\u00f3n de la esposa de Adorno, se benefici\u00f3 de la lectura de<\/p>\n<p><em>Las negaciones de la poes\u00eda<\/em>, obra de Carl Gustav Jochmann, escritor casi olvidado del siglo XVIII, que plantea ya con agudeza la idea, luego recogida en las tesis, de que detr\u00e1s de todo documento de cultura subyace la barbarie (Tackels, 2012, 483-486 y 494). Tampoco parece que le fuera desconocido el grabado del c\u00e9lebre \u201c\u00e1ngel de la historia\u201d (Nota 1).<br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"587\" height=\"458\" class=\"wp-image-61543\" src=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/angel-de-la-historia.jpeg\" alt=\"angel de la historia\" srcset=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/angel-de-la-historia.jpeg 587w, https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/angel-de-la-historia-300x234.jpeg 300w, https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/angel-de-la-historia-538x420.jpeg 538w\" sizes=\"auto, (max-width: 587px) 100vw, 587px\" \/><br \/>\nY otra fuente muy directa que impuls\u00f3 su escritura fue el nefasto pacto germanosovi\u00e9tico de agosto de 1939, el empuj\u00f3n final que abri\u00f3 la puerta a la que se llamar\u00eda Segunda Guerra Mundial. Ciertamente, en fondo y forma, <em>Sobre el concepto de historia<\/em> culmina la forma de pensar de un intelectual sin parang\u00f3n y siempre insumiso, capaz de acentuar la radicalidad de su pensamiento en dur\u00edsimas condiciones de vida y de producci\u00f3n. El 15 de junio de 1940, poco antes de la invasi\u00f3n alemana, deja Par\u00eds, tras haber confiado a su amigo G. Bataille una buena porci\u00f3n de manuscritos (entre ellos el Libro de los pasajes) y despu\u00e9s de alojar en su maleta el manuscrito de las tesis sobre la historia, del que hab\u00eda hecho varias copias con objeto de hacer llegar alguna de ellas a los miembros del Instituto de Investigaci\u00f3n Social de la llamada Escuela de Frankfurt, a la saz\u00f3n exiliados en Estados Unidos. Desde Par\u00eds se traslada a Lourdes y luego a Marsella.<\/p>\n<p>En esta \u00faltima ciudad pudo verse con su prima y amiga de plena confianza, Hannah Arendt, a la que confi\u00f3 una de las copias, que la escritora finalmente har\u00eda llegar a Adorno. \u00c9l mismo hab\u00eda enviado otra al domicilio de Th. W. Adorno en Estados Unidos, sin que, por razones desconocidas, jam\u00e1s llegara a su destino. Gracias, pues, a Arendt pudo conservarse su trascendental escrito, pues el ejemplar que qued\u00f3 en el malet\u00edn negro con el que W. Benjamin emprender\u00eda la huida a trav\u00e9s de los Pirineos hasta llegar a Portbou, acab\u00f3 desapareciendo sin dejar rastro. En efecto, el 23 de septiembre de 1940, bajo un estado an\u00edmico de sombr\u00edas perspectivas acerca de su porvenir, decide emprender la huida desde Francia a Espa\u00f1a por la \u201cruta L\u00edster\u201d. Tras un penoso viaje, m\u00e1s aun para un hombre endeble y enfermo del coraz\u00f3n, lleg\u00f3 a la localidad espa\u00f1ola de Portbou, donde una retah\u00edla de azares desgraciados lo induce a poner t\u00e9rmino a su existencia en la posada <em>Fonda Francia<\/em>.<\/p>\n<p>En el curso de la pesadilla pirenaica, sus acompa\u00f1antes repararon en su obsesi\u00f3n por salvaguardar el famoso malet\u00edn negro en el que probablemente llevaba el manuscrito <em>Sobre el concepto de historia<\/em>. Su manera de aferrarse a \u00e9l, como el metal al im\u00e1n, es toda una alegor\u00eda de la importancia que el propio Benjamin atribu\u00eda a su obra y quiz\u00e1 la convicci\u00f3n personal de que el famoso malet\u00edn, sobre el que tanto se ha especulado posteriormente, conten\u00eda un precioso tesoro: la condensaci\u00f3n de su incansable labor como intelectual cr\u00edtico.<br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"317\" class=\"wp-image-61545\" src=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/pasaporte.jpeg\" alt=\"pasaporte\" srcset=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/pasaporte.jpeg 500w, https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/pasaporte-300x190.jpeg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><br \/>\nNunca sabremos fehacientemente si en ese malet\u00edn viajaban las tesis sobre el concepto de historia. Este y el resto de las pertenencias de W. Benjamin pasaron al juzgado de Figueras y all\u00ed permanecieron hasta que, una vez cumplido el lapso legal de custodia, fueron destruidos. Por lo tanto, el texto se perdi\u00f3 porque \u201cnadie fue a recogerlo\u201d (Tackels, 2012, 515). Sin embargo, su benefactora, H. Arendt corri\u00f3 mejor suerte que su primo y<br \/>\npudo alcanzar los Estados Unidos, donde r\u00e1pidamente hizo llegar a Adorno la copia que le hab\u00eda entregado el propio Benjamin en Marsella, aunque \u00e9l mismo dudaba acerca de su publicaci\u00f3n porque tem\u00eda que su escrito no fuera bien entendido (como as\u00ed fue). Las carencias financieras del Instituto de Investigaci\u00f3n Social y, en opini\u00f3n de Arendt, otras razones m\u00e1s bajas de \u201cesa banda de cerdos de Frankfurt\u201d, retrasaron la primera edici\u00f3n, en forma multicopiada, hasta 1942.<\/p>\n<p>Esta primera aparici\u00f3n apenas lleg\u00f3 a tener unos pocos cientos de ejemplares y se public\u00f3, seg\u00fan Michael L\u00f6wy, en un folleto que lleva por t\u00edtulo En memoria de Walter Benjamin. Con ella Adorno y Horkheimer, una vez conocida la muerte de Benjamin, pretendieron rendir un homenaje a un amigo irreductible, esquivo y extremadamente heterodoxo, que romp\u00eda las costuras del cuerpo doctrinal de la llamada Escuela de Fr\u00e1ncfort. Este texto tan breve como complejo, perge\u00f1ado quiz\u00e1s como indignada respuesta al pacto Molotov-Ribbentrop y en mitad de la tormenta de acero que se avecinaba, tuvo, inicialmente una paup\u00e9rrima acogida, que contrasta con la ulterior espl\u00e9ndida influencia. En efecto, lo que hoy es considerado como uno de los op\u00fasculos centrales de la filosof\u00eda y la pol\u00edtica del siglo XX (L\u00f6wy, 2005, 16), no se verti\u00f3 a otra lengua hasta la traducci\u00f3n francesa a cargo de Pierre Missac para <em>Temps Modernes<\/em> en 1947.<\/p>\n<p>Poco m\u00e1s tarde, Adorno, que tanto se beneficiar\u00eda de las ideas de su desventurado amigo, public\u00f3 en 1950 las tesis <em>Sobre el concepto de Historia<\/em> en la revista alemana Neue Runschau, sin que alcanzaran un eco apreciable. Habr\u00e1 que esperar a 1955 para que el trabajo de W. Benjamin, reeditado por el mismo Adorno dentro de una antolog\u00eda de textos bajo el t\u00edtulo de Schriften (Surhkamp Verlag, Fr\u00e1ncfort) empiece a romper el persistente cerco de ignorancia y olvido. Desde entonces su \u00e9xito no ha dejado de medrar. Un momento clave del mismo ser\u00e1 la edici\u00f3n cr\u00edtica de las obras completas de W. Benjamin (<em>Gessammelte Schriften<\/em>) a cargo de R. Teidemann y H. Schwepenh\u00e4user con la colaboraci\u00f3n de Adorno y de Scholem, dentro de las que se consagra la versi\u00f3n alemana can\u00f3nica del texto de las tesis <em>Sobre el concepto de historia<\/em>, a la que posteriormente se a\u00f1adir\u00e1n complementos in\u00e9ditos descubiertos tard\u00edamente por G. Agamben. La primera edici\u00f3n espa\u00f1ola aparece en Editorial Sur de Buenos Aires en 1967 dentro de unos <em>Ensayos escogidos<\/em>, mientras que en Espa\u00f1a posteriormente constituy\u00f3 un hito la traducci\u00f3n debida a Jes\u00fas Aguirre en la editorial Taurus en 1973.<\/p>\n<p>Entre esos a\u00f1os, coincidiendo con una coyuntura hist\u00f3rica de ampliaci\u00f3n del radio de acci\u00f3n de los movimientos de protesta en todo el mundo, las obras de Benjamin quedan incorporadas al bagaje de movimientos pol\u00edticos, est\u00e9ticos y otros de car\u00e1cter revolucionario o inconformista. Por lo dem\u00e1s, el descr\u00e9dito del marxismo tradicional, tras la ca\u00edda del muro de Berl\u00edn en 1989, no afect\u00f3 a la presencia de la obra benjaminiana que, en cambio, se ha beneficiado de una extraordinaria acogida dentro de las coordenadas de lo que ha dado en llamarse postmodernidad, al decir de F. Jameson, la pauta cultural de nuestro tiempo de capitalismo tard\u00edo. Su actualidad, en muy diversas latitudes y contextos socioculturales, sigue siendo plena. En cuanto a las traducciones al espa\u00f1ol <em>Sobre el concepto de historia<\/em>, de las cinco que hemos manejado, la superioridad de la de Reyes Mate parece evidente. Su autor nos dice: \u201cpropongo una traducci\u00f3n nueva de las Tesis que se entienda\u201d (Mate, 2006, 47). Ciertamente, es as\u00ed y cabe destacar que su tarea, nada f\u00e1cil, est\u00e1 impregnada por el equipaje intelectual de alguien que, adem\u00e1s de conocer la lengua alemana, sabe escudri\u00f1ar los vericuetos complejos del pensamiento de Benjamin y, por a\u00f1adidura, es capaz de imaginar un lector o lectora hispano inserto en unas coordenadas culturales muy distintas a las que rodearon al intelectual alem\u00e1n.<\/p>\n<p>En una palabra, es el quehacer de alguien que ha sabido compatibilizar lo espec\u00edfico del receptor o receptora de su traslaci\u00f3n al espa\u00f1ol, pero sin traicionar la unidad fundamental a la que aspira todo lenguaje esclarecedor. Como se sabe, el propio Benjamin hab\u00eda perge\u00f1ado tempranamente una teor\u00eda de la lengua y de la traducci\u00f3n, seg\u00fan la cual nuestros lenguajes postbab\u00e9licos (fragmentos de un lenguaje com\u00fan y originario) ser\u00edan una p\u00e1lida expresi\u00f3n de una verdad primordial, de un \u201clenguaje puro\u201d, al que, por mucho que lo deseemos, nunca somos capaces de llegar. En todo caso, el traductor l\u00facido, como ocurre en el caso de Reyes Mate, es el que \u201ccrea obra\u201d, el que, en palabras de G. Steiner, \u201chace surgir la chispa\u201d que evoca la unidad primigenia del lenguaje. A todo ello se a\u00f1ade que en el libro de Mate se incorpora una versi\u00f3n triling\u00fce de las tesis: alem\u00e1n (como las escribiera su autor), franc\u00e9s (la traducci\u00f3n hecha de algunas tesis por el propio Benjamin) y espa\u00f1ol. Lo que permite cotejar e incluso ver c\u00f3mo cambian las cosas cuando el autor se expresa en otra lengua (la traducci\u00f3n francesa es muy suelta y poco literal). Tales virtudes (claridad del texto espa\u00f1ol y posible comparaci\u00f3n con otras dos lenguas) facilitan enormemente la colosal labor hermen\u00e9utica que demanda un discurso nada lineal, lleno de misteriosos meandros y de fulgurantes im\u00e1genes.<\/p>\n<p>Ese torrente de ideas nada convencionales obliga a un duro quehacer hermen\u00e9utico. Tanto Mate (2006) como L\u00f6wy (2005) realizan una tarea interpretativa de gran m\u00e9rito y muy recomendable, aprovechable en grado sumo para quien busque orientaci\u00f3n en la ardua tarea de internarse sin perderse en la espesa selva de met\u00e1foras teol\u00f3gico-pol\u00edticas de Walter Benjamin. El estilo literario y el tipo de pensamiento de nuestro autor, fragmentario como el montaje cinematogr\u00e1fico y a base de estallidos aleg\u00f3ricos, envuelven al lector o lectora y obligan a practicar una suerte de espiral hermen\u00e9utica que se sabe cu\u00e1ndo comienza pero no cuando termina. De ah\u00ed que la lectura de esta obra jam\u00e1s tenga un final y su exploraci\u00f3n requiera una mirada pl\u00e1stica capaz de adaptarse a los saltos e interrupciones de un discurso envuelto en poes\u00eda y hermetismo, como si su autor, a fin de intensificar un potencial cr\u00edtico irreductible e inconmensurable, huyera de la l\u00f3gica del lenguaje filos\u00f3fico habitual.<br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"696\" height=\"391\" class=\"wp-image-61547\" src=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/681829-nouvelle-image.jpeg\" alt=\"681829-nouvelle-image\" srcset=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/681829-nouvelle-image.jpeg 696w, https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/681829-nouvelle-image-300x169.jpeg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 696px) 100vw, 696px\" \/><\/p>\n<p><strong>3.-Bibliograf\u00eda seleccionada para el comentario<\/strong><\/p>\n<p>Esta nota bibliogr\u00e1fica no pretende en modo alguno la exhaustividad propia de un benjamin\u00f3logo recalcitrante. Por el contrario, muestra una senda sencilla para iniciarse e ir profundizando en la lectura del texto que nos ocupa. A tal fin es preciso, como hacemos en el primer apartado de nuestro escrito, unas pinceladas sobre el contexto de producci\u00f3n y distribuci\u00f3n de <em>Sobre el concepto de historia<\/em> y sobre los avatares biogr\u00e1ficos de su autor, que pueden obtenerse y ampliarse en forma de visi\u00f3n de conjunto a trav\u00e9s de la consulta del libro de Tackels (2012) y del monogr\u00e1fico de la revista <em>Antrhopos<\/em> (VVAA, 2009). Esta \u00faltima, adem\u00e1s, proporciona sencillos cuadros cronol\u00f3gicos sobre la vida y obra del fil\u00f3sofo alem\u00e1n.<\/p>\n<p>La lectura de este trabajo de Benjamin no es tarea f\u00e1cil y supone un ir y venir del texto originario (se citan las diversas versiones consultadas) a las interpretaciones y comentarios que sobre \u00e9l se han efectuado. Entre estos \u00faltimos destacamos los excelentes ejercicios de comentario textual de las tesis aderezados por Mate (2006) y L\u00f6wi (2005), que poseen suficiente enjundia para ce\u00f1ir y nutrir, en un primer momento, nuestro comentario. El camino m\u00e1s apropiado se nos antoja que llevar\u00eda a comenzar por el propio texto y establecer un di\u00e1logo interminable entre nuestras apreciaciones y comentarios y los de Mate y L\u00f6wy. La lectura del texto de Benjamin ni la de los ex\u00e9getas que recomendamos ha de consistir en una progresi\u00f3n lectora de car\u00e1cter lineal seg\u00fan un orden fijo. Las tesis pueden y deben leerse de manera desordenada y alternante con las interpretaciones: ir del texto a las interpretaciones y de estas al texto. Y, a modo de recapitulaci\u00f3n final, es aconsejable resumir nuestra interpretaci\u00f3n de cada tesis mediante un t\u00edtulo, de modo que la suma de todos y cada uno de ellos nos permita escribir una breve s\u00edntesis expresiva sobre el contenido y significado de esta obra benjaminiana.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, se\u00f1alamos el inter\u00e9s de hacer catas en su magna obra inacabada (iniciada en 1927 y que deja en manos de Bataille en 1940) el <em>Libro de los pasajes,<\/em> porque contiene como el culmen de su esfuerzo intelectual tan brillante como <em>imposible<\/em>. Sin duda, consultar y adentrarnos en este extens\u00edsimo y zigzagueante libro nos permite entender mejor el esp\u00edritu cr\u00edtico que atraviesa el flujo discursivo que corre por las entretelas de <em>Sobre el concepto de historia.<\/em><\/p>\n<p>Nota 1. El c\u00e9lebre \u201c\u00e1ngel de la historia\u201d ser\u00eda, pues, un motivo que va m\u00e1s all\u00e1 del famoso cuadro de Paul Klee, que Benjamin guardar\u00eda como un tesoro entre sus pertenencias, pues el contenido del relato de sus tesis sobre los desastres del progreso que contempla el \u00e1ngel, tiene una correspondencia indudable con el grabado de Cochin-Gravelot, como muestra Bol\u00edvar Echeverr\u00eda (2009).<\/p>\n<p><strong>*Referencias bibliogr\u00e1ficas<\/strong>:<br \/>\nBenjamin, Walter. \u201cTesis sobre filosof\u00eda de la historia\u201d. En <em>Iluminaciones I<\/em>. Madrid: Taurus, 1973, pp. 175-194.<\/p>\n<p>Benjamin, Walter. \u201cSobre el lenguaje en general y el lenguaje de los hombres\u201d (1916). En <em>Para una cr\u00edtica de la violencia y otros ensayos. Iluminaciones IV<\/em>. Madrid: Taurus, p. 59-74.<\/p>\n<p>Benjamin, Walter. \u201cSobre el concepto de historia\u201d. <em>Obras completas.<\/em> Libro II\/2. Madrid: Abada, 2005, pp. 303-318. Benjamin, Walter. <em>Libro de los pasajes<\/em>. Madrid: Akal, 2005.<\/p>\n<p>Echeverr\u00eda, Bol\u00edvar (comp.). <em>La mirada del \u00e1ngel. En torno a las tesis sobre la historia de Walter Benjamin<\/em>. M\u00e9xico: Era, 2005.<\/p>\n<p>Fava, Juli\u00e1n y Bartoletti, Tom\u00e1s. \u201cSobre el concepto de historia\u201d. <em>Est\u00e9tica y pol\u00edtica.<\/em> Buenos Aires: Los cuarenta, 2009, pp. 129-152.<\/p>\n<p>Foster, Ricardo. <em>Hermeneutas de la noche. De Walter Benjamin a Paul Celan<\/em>. Madrid: Trotta, 2009.<\/p>\n<p>L\u00f6wy, Michael. <em>Walter Benjamin. Aviso de incendio<\/em>. Buenos Aires: FCE, 2005.<br \/>\nMate, Reyes. <em>Medianoche de la historia. Comentarios a las tesis de Walter Benjamin &lt;&lt;Sobre el concepto de historia&gt;&gt;<\/em>. Madrid: Trotta, 2006.<\/p>\n<p>Tackels, Bruno.<em> Walter Benjamin.<\/em> Valencia: PUV, 2012.<br \/>\nVV.AA. <em>Walter Benjamin. La experiencia de una voz cr\u00edtica, creativa y disidente<\/em>. En el monogr\u00e1fico de la revista Antrhopos, 225 (2009).<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/conversacionsobrehistoria.info\/2018\/09\/23\/walter-benjamin-sobre-el-concepto-de-historia-1940\/\">https:\/\/conversacionsobrehistoria.info\/2018\/09\/23\/walter-benjamin-sobre-el-concepto-de-historia-1940\/<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Se ha dicho que \u201cBenjamin se ha escondido en sus obras\u201d y \u00e9l mismo afirm\u00f3, en conversaci\u00f3n con Andr\u00e9 Gide, que \u201cs\u00f3lo la muerte har\u00e1 que de la obra salga la figura del autor. Entonces ya no se podr\u00e1 desconocer la unidad de sus escritos\u201d. 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