{"id":60585,"date":"2024-01-04T13:05:51","date_gmt":"2024-01-04T12:05:51","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=60585"},"modified":"2024-01-04T13:05:51","modified_gmt":"2024-01-04T12:05:51","slug":"el-orden-del-dia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-orden-del-dia\/","title":{"rendered":"El orden del d\u00eda"},"content":{"rendered":"<p>Sobre la Segunda Guerra Mundial y el ascenso del nazismo existe una bibliograf\u00eda voluminosa. En esta extensi\u00f3n, uno puede perderse tanto o m\u00e1s que en la jungla de los detalles. A veces, sin embargo, alguien que no es historiador ni tampoco testigo acierta a comunicar un aspecto primordial. Es el caso de Merc\u00e8 Rodoreda describiendo en las escasas p\u00e1ginas de \u00abNit i boira\u00bb (&#8216;Noche y niebla&#8217;) la experiencia de los prisioneros de los campos de concentraci\u00f3n alemanes. Publicado en 1947, casi diez a\u00f1os antes del filme de Alain Resnais, este cuento se anticip\u00f3 al chorro de libros, pel\u00edculas y testimonios que desde los a\u00f1os sesenta han inundado de im\u00e1genes la conciencia occidental. Es el caso tambi\u00e9n de \u00abL&#8217;ordre du jour\u00bb, el libro que en 2017 vali\u00f3 el premio Goncourt a \u00c9ric Vuillard.<\/p>\n<p>Con gran econom\u00eda de palabras y elegancia de expresi\u00f3n, Vuillard reconstruye en unos pocos cuadros los momentos previos a la cat\u00e1strofe. Este librito de lectura \u00e1gil sobresale entre monta\u00f1as de textos sobre la Segunda Guerra Mundial, porque transmite una verdad fresca, a\u00fan no ro\u00edda por el lugar com\u00fan. Al autor le basta con levantar la cortina de la historia oficial y mirar qu\u00e9 hay en el reverso de las im\u00e1genes que han dominado el relato de la guerra. Im\u00e1genes que han sido influidas, mucho m\u00e1s de lo que nos damos cuenta, por la operaci\u00f3n de propaganda nazi. Al otro lado de la superficie de proyecci\u00f3n, las figuras \u00e9picas y en ocasiones tr\u00e1gicas de los jerarcas nazis aparecen reducidas a la dimensi\u00f3n de g\u00e1ngsters moment\u00e1neamente triunfantes, no por la grandeza de la visi\u00f3n apocal\u00edptica o la eficiencia ordenadora, ideas que ellos mismos promovieron, sino por la pusilanimidad y ceguera de otras figuras que no estuvieron a la altura de la responsabilidad que ten\u00edan.<\/p>\n<p>El libro comienza y termina con un &#8216;tableau vivant&#8217; de los industriales y financieros que ayudaron a Hitler a conseguir el poder y en premio a su munificencia dispusieron de una mano de obra pr\u00e1cticamente gratuita y absolutamente consumible. En medio encontramos personajes vagarosos y err\u00e1ticos, como el canciller austr\u00edaco Kurt von Schuschnigg, quien en la entrevista fat\u00eddica con Hitler, que tuvo lugar en el Berghof el 12 de febrero de 1938, se dej\u00f3 intimidar hasta el punto de firmar un acuerdo de colaboraci\u00f3n, que en realidad era de sumisi\u00f3n y abr\u00eda el camino al &#8216;Anschluss&#8217; (2). Vuillard saca mucho jugo de los detalles, a menudo tratados de escoria por los historiadores. La foto m\u00e1s conocida de Schuschnigg nos lo muestra ante su residencia de Ginebra en 1934: de pie, con el sombrero duro en una mano y los guantes de piel en la otra, con el cuello duro y la corbata emergiendo del abrigo oscuro. En el rostro, sobrevolando la mand\u00edbula ancha, los labios permanecen tendidos bajo un bigote descabezado como el de Hitler. Los ojos, bordeados de profundos c\u00edrculos, insin\u00faan largas jornadas de trabajo. Sin embargo, la fotograf\u00eda que circulaba antes de la publicaci\u00f3n del libro de Vuillard era una versi\u00f3n recortada, con los m\u00e1rgenes acortados. El original, conservado en la Biblioteca Nacional de Francia, permite distinguir algunos detalles sin importancia aparente, como la solapa del bolsillo del abrigo, que se mantiene de pie, levantada seguramente por el roce del brazo que sostiene un papel o documento a la altura del pecho. O como otros elementos mezclados de salpicaduras en el retrato. Al fondo, por ejemplo, podemos discernir dos figuras desenfocadas, una de ellas en el acto de subir a un coche descubierto. A la derecha del retrato, un obrero en una maceta flanquea el portal de un edificio en correspondencia sim\u00e9trica con un \u00e1rbol id\u00e9ntico junto al otro montante.<\/p>\n<p>Con el contexto ampliado y la intervenci\u00f3n de elementos aleatorios, el sujeto pierde la impresi\u00f3n de dignidad que le confer\u00eda la fotograf\u00eda recortada y se revela algo descuidado y algo recargado, en contraste con la escena mundana que se desenvuelve detr\u00e1s suyo. Es, dice Vuillard, \u201ccomo si el simple hecho de recortar un poquito, borrar unos pocos elementos incontrolados y enfocar la atenci\u00f3n en s\u00ed confiriera cierta densidad a Schuschnigg. As\u00ed es el arte de la narrativa: nada es inocente\u201d.<\/p>\n<p>Ese d\u00eda de febrero, en el Berghof el marco tambi\u00e9n estaba perfectamente controlado y la tramoya preparada para robar a Schuschnigg el aura de dignidad con la que se hab\u00eda acicalado en la foto de cuatro a\u00f1os atr\u00e1s. La escena presenta a un hombre atemorizado colaborando en su degradaci\u00f3n. Y sin embargo este hombre es el canciller de un Estado ahora muy disminuido, pero de una densidad hist\u00f3rica y cultural formidable, que en estos momentos cr\u00edticos \u00e9l no rige ni siquiera para recordar.<\/p>\n<p>Schuschnigg no es, con mucho, la \u00fanica figura que respondi\u00f3 con pobreza de esp\u00edritu al reto hist\u00f3rico. Lord Halifax es otra. Cuando Hitler ya hab\u00eda anexionado la regi\u00f3n del Saar y remilitarizado la Renania, Halifax se dej\u00f3 invitar por G\u00f6ring a una cacer\u00eda en Schorfheide. Abrumado por la afabilidad de los hu\u00e9spedes, sugiri\u00f3 a Hitler que sus pretensiones respecto a Austria y partes de Checoslovaquia y Polonia no parec\u00edan injustificadas al gobierno de Su Majestad, siempre que las cosas se hicieran mediante el di\u00e1logo. Esas palabras eran m\u00fasica celestial para los o\u00eddos nazis. Festejado y halagado por unos hu\u00e9spedes, cuyo car\u00e1cter e intenciones no pod\u00eda ignorar, el viejo zorro de la diplomacia brit\u00e1nica hab\u00eda ca\u00eddo de bruces.<\/p>\n<p>De las escenas culminantes reconstruidas por Vuillard se pueden extrapolar algunas lecciones, si no se queda enganchado en las pinceladas locales como una mosca en la tira pegajosa, pues la historia se repite en esencia y no en las circunstancias. La semana pasada escrib\u00ed que la determinaci\u00f3n de hacer frente al chantajista revela el temple del hombre de estado. Pero tambi\u00e9n advert\u00eda que para desafiar con \u00e9xito un farol se debe contar con alg\u00fan triunfo. Mientras Alemania a\u00fan no dispon\u00eda de una m\u00e1quina de guerra superior, Inglaterra y Francia habr\u00edan podido humillar a un Hitler histri\u00f3nicamente vanidoso. \u00c9ste era o deber\u00eda haber sido el triunfo de Schuschnigg, si Halifax hubiera apreciado la opini\u00f3n de Anthony Eden, el ministro de Asuntos Exteriores, que dimiti\u00f3 pocos d\u00edas despu\u00e9s de la entrevista en Berghof en desacuerdo con la pol\u00edtica de apaciguamiento. Sin embargo, durante aquella entrevista, Schuschnigg quiz\u00e1s no sab\u00eda que el Reino Unido apostaba por aplacar a Hitler con concesiones territoriales que inclu\u00edan a su pa\u00eds. Aunque la imponente m\u00e1quina de guerra alemana era todav\u00eda m\u00e1s una bravata que una fuerza real. Se demostr\u00f3 en los d\u00edas siguientes, cuando la divisi\u00f3n motorizada alemana se derrumb\u00f3 poco despu\u00e9s de atravesar la frontera con Austria. Dos terceras partes de los tanques y otros veh\u00edculos se averiaron en ruta y tuvieron que ser apartados de la carretera con gr\u00faas hechas venir de Baviera y transportados en trenes de regreso a Alemania. Con m\u00e1s de medio d\u00eda de retraso y ya de noche, Hitler consigui\u00f3 llegar a Linz, enfurecido por el fiasco de lo que deb\u00eda haber sido un desfile triunfante hasta Viena.<\/p>\n<p>Durante el oto\u00f1o de 2017 el independentismo, confiado y eludiendo la realidad del poder, crey\u00f3 que bastaba con oponer las urnas a las armas para entrar triunfalmente en la rep\u00fablica catalana. La apuesta era audaz, pero no contaba con otra cosa que la fe en la democracia y la coacci\u00f3n moral. Y estas cartas, frente al Estado, val\u00edan tanto como invocar el tratado austro-alem\u00e1n de 1936 ante Hitler, como hizo Schuschnigg en vano. En justicia val\u00edan mucho, pero diplom\u00e1ticamente no val\u00edan nada, pues la Uni\u00f3n Europea estaba llena de Lords Halifax y la fotograf\u00eda hab\u00eda sido previamente recortada a conveniencia del Estado. Es verdad que las im\u00e1genes del Primero de Octubre que esquivaron el control del gobierno espa\u00f1ol despedazaron el relato oficial. Fue el \u00fanico momento en que el decoro del Estado vacil\u00f3 y la dignidad de algunos mandatarios qued\u00f3 tocada, principalmente la del ministro de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, puesto en evidencia por el corresponsal de Sky News.<\/p>\n<p>La comparecencia voluntaria de algunos pol\u00edticos catalanes ante el Tribunal Supremo, aceptando el marco legal espa\u00f1ol al d\u00eda siguiente de proclamar su emancipaci\u00f3n, tiene una fuerte semejanza con la comparecencia de Schuschnigg ante la autoridad de un Estado extranjero. Tanto la aquiescencia a la convocatoria como el talante intimidatorio del juicio con sentencia prevista presentan afinidades con la capitulaci\u00f3n de Schuschnigg. La actuaci\u00f3n de unos fiscales particularmente agresivos y de unos jueces parciales, la presencia formal de la extrema derecha como acusaci\u00f3n particular, el desprecio no ya de los acusados \u200b\u200by de algunos testigos sino incluso de las defensas, y la d\u00e9bil argumentaci\u00f3n de \u00e9stas, todo esto dio al juicio una trascendencia pol\u00edtica evidente. Y, as\u00ed como la comedia de Hitler en el Berghof persegu\u00eda dar un aire de legalidad a la anexi\u00f3n de Austria, la misi\u00f3n del Tribunal Supremo no era m\u00e1s que reconducir la insurrecci\u00f3n catalana a un autonomismo sumiso y al &#8216;Anschluss&#8217; definitivo.<\/p>\n<p>Quisiera acabar comentando una frase de Vuillard: \u201cNunca caemos dos veces en el mismo abismo. Pero siempre caemos de la misma forma, en una mezcla de miedo y de rid\u00edculo\u201d. \u00c9sta ha sido la f\u00f3rmula de la capitulaci\u00f3n catalana. El miedo a las consecuencias del Primero de Octubre explica el rid\u00edculo del desenlace. En la hora decisiva se comprob\u00f3 que los pol\u00edticos no estaban preparados para sostener la rep\u00fablica que acababan de proclamar con toda solemnidad. Incapaces de velar por la dignidad propia en el continuo espect\u00e1culo de rifirrafes abyectos, \u00bfc\u00f3mo pod\u00edan defender la dignidad colectiva? El abismo en el que el pa\u00eds se ha despe\u00f1ado se mide en parte por la inoperancia de los depositarios del mandato de 2017, pero a\u00fan m\u00e1s por el vac\u00edo ret\u00f3rico que ocupa el espacio entre los ideales que movieron las masas del proceso y las mentiras y cuentos con los que sus delegados procuran tapar una decadencia cada vez m\u00e1s acusada.<\/p>\n<p>(1) https:\/\/www.biografiasyvidas.com\/biografia\/s\/schuschnigg.htm<\/p>\n<p>(2) https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Anschluss<\/p>\n<p>VILAWEB<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sobre la Segunda Guerra Mundial y el ascenso del nazismo existe una bibliograf\u00eda voluminosa. En esta extensi\u00f3n, uno puede perderse tanto o m\u00e1s que en la jungla de los detalles. A veces, sin embargo, alguien que no es historiador ni tampoco testigo acierta a comunicar un aspecto primordial. 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