{"id":56463,"date":"2023-01-12T11:16:54","date_gmt":"2023-01-12T10:16:54","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=56463"},"modified":"2023-01-12T11:16:54","modified_gmt":"2023-01-12T10:16:54","slug":"la-independencia-de-los-paises-bajos-un-proceso-de-ochenta-anos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-independencia-de-los-paises-bajos-un-proceso-de-ochenta-anos\/","title":{"rendered":"La independencia de los Pa\u00edses Bajos: un \u00abproceso\u00bb de ochenta a\u00f1os"},"content":{"rendered":"<p>\u00bfCu\u00e1nto puede tardar un pueblo en alcanzar la independencia? Los polit\u00f3logos suelen poner muchos ejemplos de independencia expr\u00e9s, obtenida de forma relativamente r\u00e1pida por varios estados actuales bastante j\u00f3venes. Sin embargo, la historia nos demuestra que no siempre es as\u00ed y que la creaci\u00f3n de un nuevo estado independiente puede llevar a\u00f1os, incluso d\u00e9cadas. Valga el ejemplo de los Pa\u00edses Bajos.<\/p>\n<p>1. Los duques de Borgo\u00f1a<\/p>\n<p>Tres estados europeos actuales -B\u00e9lgica, Pa\u00edses Bajos y Luxemburgo- en el siglo XVI se encontraban bajo la soberan\u00eda de los duques de Borgo\u00f1a. Conformaban, sin embargo, un mosaico de 17 \u201cprovincias\u201d, cada una de las cuales gozaba de una importante autonom\u00eda, ya que contaba con unos estados provinciales (una especie de parlamento), unas leyes y una administraci\u00f3n propias, formada por un &#8216;stadhouder&#8217; o gobernador auxiliado por sus consejeros.<\/p>\n<p>En 1515, al llegar a la mayor\u00eda de edad, Carlos de Habsburgo asumi\u00f3 el gobierno de los Pa\u00edses Bajos. Poco despu\u00e9s, adem\u00e1s, hered\u00f3 tambi\u00e9n otros reinos, entre ellos las coronas de Castilla y Arag\u00f3n, y fue elegido emperador germ\u00e1nico. En esta vasta monarqu\u00eda, formada por territorios muy distintos que ahora compart\u00edan un mismo soberano, los Pa\u00edses Bajos no terminaron de encajar bien.<\/p>\n<p>Durante la primera mitad del siglo XVI, todav\u00eda hubo cierta estabilidad. Al fin y al cabo, Carlos, nacido en Gante y criado en Malinas, hablaba franc\u00e9s y neerland\u00e9s, hab\u00eda otorgado cargos importantes a los nobles flamencos y se pas\u00f3 la vida de arriba para abajo recorriendo sus dominios europeos. Las cosas cambiaron con la abdicaci\u00f3n de Carlos V, en Bruselas, en enero de 1556. Felipe, el sucesor, todav\u00eda permaneci\u00f3 en los Pa\u00edses Bajos tres a\u00f1os, cuando zarp\u00f3 hacia la pen\u00ednsula Ib\u00e9rica, de la que ya no volver\u00eda a salir nunca m\u00e1s.<\/p>\n<p>En 1561, el rey decidi\u00f3 fijar la corte en Madrid, una villa de mediana importancia convertida de repente en la capital de una monarqu\u00eda casi planetaria. La imagen que el historiador Fernand Braudel acu\u00f1ar\u00eda posteriormente ha hecho fortuna: Felipe II, en Madrid o en el monasterio de El Escorial, fundado por \u00e9l, control\u00e1ndolo todo como una ara\u00f1a en medio de la telara\u00f1a. Sus s\u00fabditos borgo\u00f1ones lo percib\u00edan cada vez m\u00e1s lejano e indiferente a su suerte, lo que les llev\u00f3 a la insurrecci\u00f3n de 1568.<\/p>\n<p>2. Tres causas para una rebeli\u00f3n<\/p>\n<p>Tres son las causas de la rebeli\u00f3n de los Pa\u00edses Bajos contra la Monarqu\u00eda Hisp\u00e1nica. La primera era econ\u00f3mica. A lo largo del siglo XVI, los Pa\u00edses Bajos se hab\u00edan convertido en el centro del comercio europeo. La econom\u00eda castellana, de base ganadera, era incapaz de retener las cantidades jam\u00e1s vistas de oro y, sobre todo, plata que llegaban desde Am\u00e9rica. \u00abSomos las Indias de los extranjeros\u00bb dec\u00edan algunos pensadores espa\u00f1oles, equiparando el expolio que se perpetraba en Am\u00e9rica con lo que ellos mismos sufr\u00edan cuando ve\u00edan c\u00f3mo escapaban de sus manos los mejores beneficios del comercio intercontinental.<\/p>\n<p>Menos a\u00fan lograba participar de esta riqueza una Corona de Arag\u00f3n que hab\u00eda perdido su esplendor comercial de tiempos pasados \u200b\u200bpor la dureza de la larga crisis medieval y por el desplazamiento de los grandes ejes comerciales del Mediterr\u00e1neo al Atl\u00e1ntico a partir de 1492. Tampoco el peque\u00f1o reino de Portugal pod\u00eda controlar financieramente el comercio de las lucrativas especies proveniente de sus colonias en India e Indochina. Con aproximadamente siete millones de habitantes, la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica no era un mercado suficiente para tanta opulencia.<\/p>\n<p>As\u00ed que, a trav\u00e9s de la llamada &#8216;ruta de la plata&#8217;, buena parte de los metales preciosos y las especias era llevada a los puertos cant\u00e1bricos y, desde all\u00ed, en barco, al verdadero n\u00f3dulo de la econom\u00eda mundial: los Pa\u00edses Bajos, un territorio llano, con m\u00e1s de tres millones de habitantes, bien comunicado, con una densa red urbana, que redistribu\u00eda todo tipo de productos entre el norte y el sur de Europa.<\/p>\n<p>El segundo motivo que distanci\u00f3 a las \u00e9lites cada vez m\u00e1s pr\u00f3speras de los Pa\u00edses Bajos de la Corona fue pol\u00edtico: a pesar de su potencia econ\u00f3mica, ni la burgues\u00eda ni la nobleza flamencas sacaban mucho provecho de formar parte de la Monarqu\u00eda Hisp\u00e1nica. No pod\u00edan comerciar directamente con Am\u00e9rica, puesto que la Corona hab\u00eda impuesto el monopolio del puerto de Sevilla en todos los intercambios transatl\u00e1nticos. El rey pon\u00eda trabas en la salida de metales preciosos de Castilla. Y los grandes cargos de la monarqu\u00eda, como virrey o consejero, estaban pr\u00e1cticamente monopolizados por la nobleza castellana. La pol\u00edtica imperial no ten\u00eda en cuenta los intereses de sus s\u00fabditos flamencos.<\/p>\n<p>El tercer motivo de la revuelta fue religioso. La extensi\u00f3n del protestantismo al Imperio germ\u00e1nico a partir de 1517, con la ruptura provocada por Mart\u00edn Lutero, hab\u00eda constituido una aut\u00e9ntica pesadilla para Carlos V, que durante a\u00f1os se hab\u00eda afanado sin \u00e9xito para ponerle fin. M\u00e1s difundida todav\u00eda resultar\u00eda la obra de Juan Calvino, que en la ciudad suiza de Ginebra quer\u00eda crear un modelo de sociedad cristiana que pudiera contraponerse a la corrompida Roma de los papas. Calvino escrib\u00eda en lat\u00edn y en franc\u00e9s, las lenguas m\u00e1s conocidas en la Europa de la \u00e9poca, y su movimiento ten\u00eda un fuerte componente proselitista y antimon\u00e1rquico.<\/p>\n<p>El calvinismo se expandi\u00f3 por los Pa\u00edses Bajos y fue r\u00e1pidamente adoptado como religi\u00f3n por buena parte de las \u00e9lites, especialmente en las provincias del norte. Felipe II, que se presentaba por todas partes como el palad\u00edn del catolicismo, intent\u00f3 impedirlo con una activa pol\u00edtica confesional: multiplic\u00f3 el n\u00famero de obispados, para vigilar de cerca la ortodoxia de sus s\u00fabditos y convirti\u00f3 en ley las normas cat\u00f3licas aprobadas por el concilio de Trento, lo que equival\u00eda a ilegalizar a los protestantes. Pero el rey se top\u00f3 con un l\u00edmite: la poblaci\u00f3n rechaz\u00f3 todas las tentativas de implantar una inquisici\u00f3n \u201ca la espa\u00f1ola\u201d.<\/p>\n<p>3. El estallido de la revuelta<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n religiosa fue, como tantas veces en la edad moderna, el detonante de la revuelta, pero no ser\u00eda justo reducir \u00e9sta a un problema puramente confesional. Sin la disociaci\u00f3n que se hab\u00eda ido produciendo a mediados del siglo XVI entre la Corona y los Pa\u00edses Bajos por motivos econ\u00f3micos, sociales y pol\u00edticos, la duraci\u00f3n y profundidad del movimiento contra la monarqu\u00eda seguramente no habr\u00edan sido las mismas.<\/p>\n<p>En 1566, en medio de una crisis de abastecimiento de cereales y otros productos, estall\u00f3 la revuelta iconoclasta. Los protestantes no aceptaban el culto a los santos ni a la Virgen y consideraban blasfema e id\u00f3latra la profusi\u00f3n de im\u00e1genes de estos personajes que exist\u00edan en las iglesias cat\u00f3licas. En agosto de 1566, grupos enfurecidos de calvinistas las asaltaron y destruyeron los cuadros y las esculturas de los santos.<\/p>\n<p>Avisado de los hechos, Felipe II opt\u00f3 por la mano dura: los tercios espa\u00f1oles, las temidas tropas de \u00e9lite que hab\u00edan ganado las guerras de Italia, recibieron la orden de desplazarse a los Pa\u00edses Bajos bajo el mando del duque de Alba, el cual fue nombrado gobernador en sustituci\u00f3n de Margarita de Parma, hermanastra del rey. Hab\u00eda un punto de degradaci\u00f3n en la medida: aunque era un hombre de la m\u00e1xima confianza del monarca y de la m\u00e1s alta nobleza castellana, Alba no era de sangre real.<\/p>\n<p>Asentado en Bruselas, el duque llev\u00f3 a cabo una represi\u00f3n feroz a trav\u00e9s de la creaci\u00f3n de un tribunal de excepci\u00f3n, el &#8216;Conseil des Troubles&#8217;, que, adem\u00e1s de aplicar una represi\u00f3n sumar\u00edsima, violaba todo el sistema judicial flamenco. Incluso los l\u00edderes de la nobleza cat\u00f3lica fueron ejecutados, pero no el pr\u00edncipe de Orange, Guillermo de Nassau, calvinista, que logr\u00f3 exiliarse a Alemania.<\/p>\n<p>La crueldad de Alba, lejos de someter a los indisciplinados, s\u00f3lo sirvi\u00f3 para generalizar la indignaci\u00f3n y atizar el fuego. Y, para remachar el clavo, el aumento de los impuestos para sufragar la presencia de los soldados sobre el territorio increment\u00f3 el descontento. La revuelta de 1568, liderada por Guillermo de Orange y ya con una motivaci\u00f3n claramente pol\u00edtica, fue a\u00fan mucho m\u00e1s dura y general que los ataques a las iglesias de 1566.<\/p>\n<p>A partir de 1568, los Pa\u00edses Bajos se convertir\u00e1n, por decirlo en t\u00e9rminos contempor\u00e1neos, en el Vietnam o Afganist\u00e1n de la Monarqu\u00eda Hisp\u00e1nica, la potencia pol\u00edtica y militar hegem\u00f3nica del momento. Durante d\u00e9cadas, Europa ver\u00e1 desfilar una interminable recua de tropas \u2014y de caudales para pagarlas\u2014 en direcci\u00f3n a Flandes. El llamado &#8216;camino espa\u00f1ol&#8217; atravesaba Catalu\u00f1a por el camino real, desde Lleida hasta Barcelona, \u200b\u200bdonde los soldados y el dinero eran embarcados hacia G\u00e9nova, que era un aliado hisp\u00e1nico. A trav\u00e9s de Mil\u00e1n, algunos valles alpinos seguros y el Franco Condado, los tercios llegaban a Flandes.<\/p>\n<p>Por eso la historiograf\u00eda neerlandesa habla de la guerra de los Ochenta A\u00f1os, el per\u00edodo que va de la revuelta de 1568 al reconocimiento de la independencia en 1648. Sin embargo, no se trata de un per\u00edodo b\u00e9lico continuado, sino m\u00e1s bien de un ambiente constante de tensi\u00f3n y hostilidades, a veces de bajo perfil, a veces en forma de lucha abierta.<\/p>\n<p>4. Las Provincias Unidas<\/p>\n<p>Durante d\u00e9cadas, los mejores militares y pol\u00edticos al servicio del rey de Espa\u00f1a fueron enviados a los Pa\u00edses Bajos, sin \u00e9xito. Se alternaron momentos de represi\u00f3n militar con iniciativas conciliadoras, pero nunca se logr\u00f3 la pacificaci\u00f3n del territorio. El dominio del rey quedaba asegurado por la presencia constante de los ej\u00e9rcitos. Sus excesos, en especial el saqueo de la pr\u00f3spera ciudad de Amberes en 1576, en el episodio conocido como \u201cla furia espa\u00f1ola\u201d, los hicieron particularmente odiosos a la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las hostilidades fueron dise\u00f1ando un mapa m\u00e1s claramente acotado. La nobleza y el clero cat\u00f3lico del sur de los Pa\u00edses Bajos, preocupados por las tendencias republicanas y calvinistas que dominaban el movimiento rebelde, se reagruparon en la uni\u00f3n de Arras (1579) y consiguieron el respeto de las libertades provinciales a cambio del reconocimiento de Felipe II como soberano y del mantenimiento del catolicismo. La respuesta calvinista fue la uni\u00f3n de Utrecht (1580), formada por las siete provincias del norte de los Pa\u00edses Bajos, lideradas por Holanda.<\/p>\n<p>El enfrentamiento de un bloque meridional, cat\u00f3lico y mon\u00e1rquico contra otro septentrional, calvinista y republicano, conocido en lo sucesivo como Provincias Unidas, tendr\u00e1 dos consecuencias muy claras: la primera, que el teatro fundamental de operaciones militares ser\u00e1 la franja central de los Pa\u00edses Bajos, es decir, una zona llana, muy urbanizada, en la que la evoluci\u00f3n de grandes cupos de tropas en campa\u00f1a es muy dif\u00edcil. Resultar\u00e1 una penosa guerra de desgaste y de trincheras, donde las ganancias territoriales, en extensi\u00f3n, eran reducidas. Los ej\u00e9rcitos de uno y otro bando asediaban ciudades bien fortificadas que pod\u00edan resistir durante meses. Es as\u00ed como las llanuras de Flandes se convirtieron en banco de pruebas para todo tipo de innovaciones t\u00e9cnicas y t\u00e1cticas, y para formar soldados y mercenarios venidos de todas partes.<\/p>\n<p>La segunda consecuencia de la clarificaci\u00f3n de los bandos internos es la decantaci\u00f3n de las alianzas con los dem\u00e1s estados. Los ingleses -anglicanos- apoyar\u00e1n a las Provincias Unidas sobre todo por la afinidad religiosa entre protestantes, lo que dar\u00e1 una especial relevancia a la guerra mar\u00edtima por el control del canal de la Mancha y de los accesos a los puertos principales. Los franceses tambi\u00e9n enviar\u00e1n soldados y recursos a los rebeldes, porque era una forma de desgastar a su gran enemiga, la casa de Austria.<\/p>\n<p>Agotado financiera y psicol\u00f3gicamente despu\u00e9s de a\u00f1os de lucha, al final de su reinado Felipe II intenta una operaci\u00f3n pacificadora. En 1595 cede la soberan\u00eda sobre los Pa\u00edses Bajos a su hija Isabel Clara Eugenia, que se casa con el archiduque Alberto de Austria. \u00c9ste, entonces cardinal y arzobispo de Toledo, es autorizado por el Papa a colgar los h\u00e1bitos y hacerse cargo de esta nueva responsabilidad. Si el nuevo matrimonio hubiera tenido hijos, se habr\u00eda creado en Europa una tercera rama reinante de los Habsburgo, adem\u00e1s de las de Viena y Madrid. Era una forma de dar independencia a los Pa\u00edses Bajos sin sustraerlos de la \u00f3rbita de la dinast\u00eda. Sin embargo, el matrimonio no tuvo descendencia y, seg\u00fan las cl\u00e1usulas establecidas por Felipe II, a la muerte de los c\u00f3nyuges los Pa\u00edses Bajos volvieron a la Monarqu\u00eda Hisp\u00e1nica.<\/p>\n<p>5. De la tregua a la guerra<\/p>\n<p>Entonces ya era rey Felipe III, que, por las buenas o por las malas, con unos reinos ib\u00e9ricos consumidos por la guerra y la crisis econ\u00f3mica, intentaba desplegar una pol\u00edtica menos belicista que su padre. En 1609 el monarca acord\u00f3 la llamada &#8216;Tregua de los Doce A\u00f1os&#8217;. Las cesiones del soberano a cambio de la paz eran importantes y, en cierto modo, humillantes, dado que no se trataba de un tratado diplom\u00e1tico internacional, sino de la negociaci\u00f3n entre un rey absoluto y los s\u00fabditos que, en teor\u00eda, le deb\u00edan vasallaje. La Monarqu\u00eda Hisp\u00e1nica reconoc\u00eda la personalidad jur\u00eddica \u2014pero no la independencia\u2014 de las Provincias Unidas, renunciaba a pedir que se autorizara el culto cat\u00f3lico en las provincias del norte y, sobre todo, no impedir\u00eda la expansi\u00f3n comercial neerlandesa en las colonias portuguesas, que hab\u00eda permitido a ls Provincias Unidas controlar el lucrativo comercio de las especies.<\/p>\n<p>A principios del siglo XVII, \u00e9ste se hab\u00eda convertido en un importante problema que se a\u00f1ad\u00eda a los agravios acumulados por la historia. El fin de la dinast\u00eda Avis sin descendencia hab\u00eda llevado, en 1580, a la proclamaci\u00f3n de Felipe II como rey de Portugal. La uni\u00f3n de las tres coronas ib\u00e9ricas bajo un mismo cetro y, lo que es m\u00e1s relevante, de sus colonias, hab\u00eda creado una potencia pol\u00edtica sin igual \u2014si exceptuamos, tal vez, el Imperio chino. Decir que en los reinos de Felipe II no se pon\u00eda el sol no era ninguna exageraci\u00f3n. De rechazo, ahora el rey tambi\u00e9n era responsable de mantener el monopolio portugu\u00e9s del comercio europeo con Asia.<\/p>\n<p>Pero la penetraci\u00f3n de la burgues\u00eda de los Pa\u00edses Bajos en las rutas de las especies se convierte en un dominio casi absoluto a partir de la creaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda de las Indias Orientales en 1602. La VOC, como era conocida por sus siglas en neerland\u00e9s, ofreci\u00f3 el modelo m\u00e1s acabado de combinaci\u00f3n entre capital privado y poder pol\u00edtico. Por una parte, era una sociedad an\u00f3nima con una amplia participaci\u00f3n de la poblaci\u00f3n. Los dividendos generados, distribuidos con gran capilaridad social, eran la causa de la prosperidad y de la estabilidad social de ese incipiente capitalismo. Por otra parte, las autoridades y los buques de guerra holandeses garantizaban a la VOC el monopolio del comercio con sus factor\u00edas en el \u00cdndico.<\/p>\n<p>Sin embargo, las Provincias Unidas presentaban tambi\u00e9n algunas brechas. La nueva entidad pol\u00edtica republicana no hab\u00eda logrado una completa estabilidad institucional. En una Europa donde la monarqu\u00eda absoluta era la norma, la influencia del &#8216;stadhouder&#8217;, el jefe del ej\u00e9rcito, era muy grande, m\u00e1s a\u00fan en un contexto b\u00e9lico. \u00c9ste hab\u00eda sido el cargo de Guillermo de Orange, que despu\u00e9s se hab\u00eda mantenido en su familia. Los Orange y sus seguidores buscaban una mayor centralizaci\u00f3n y agilidad ejecutiva. A\u00fan as\u00ed, los sectores m\u00e1s tradicionalistas quer\u00edan mantener la preeminencia como centro de decisi\u00f3n de los estados generales, en los que estaban representados los gobiernos de todas las provincias, controlados por las clases dirigentes urbanas. En cada provincia, la tensi\u00f3n se reproduc\u00eda entre los Estados Provinciales y el correspondiente &#8216;stadhouder&#8217; provincial.<\/p>\n<p>A principios del siglo XVII, esta tensi\u00f3n pol\u00edtica se incrementaba, una vez m\u00e1s, con una seria discrepancia religiosa. El calvinismo holand\u00e9s estaba dividido en dos grupos, los gomaristas y los arminianos, que interpretaban de forma diferente los dogmas. En una sociedad tan profundamente confesional como la neerlandesa, la disputa ten\u00eda un profundo impacto social. Pol\u00edticamente, los gomaristas estaban encabezados por Johan van Oldenbarnevelt, desde 1586 abogado de los Estados Provinciales de Holanda, la provincia m\u00e1s importante de la Uni\u00f3n. La Casa de Orange-Nassau, en cambio, era arminiana.<\/p>\n<p>En 1618, el &#8216;stadhouder&#8217; Mauricio de Orange-Nassau dio un aut\u00e9ntico golpe de estado. Consigui\u00f3 la prohibici\u00f3n del gomarismo, la expulsi\u00f3n de sus adeptos de las instituciones y la ejecuci\u00f3n de Oldenbarnevelt, acusado de traici\u00f3n. El belicismo de Mauricio ser\u00eda determinante para que en 1621 no se renovara la Tregua de los Doce A\u00f1os. Por el otro lado, el conde duque de Olivares, favorito del nuevo monarca Felipe IV, coronado en 1621, tambi\u00e9n era partidario de una pol\u00edtica hisp\u00e1nica mucho m\u00e1s agresiva. Para \u00e9l, la Tregua de 1609 era un signo de debilidad que perjudicaba la reputaci\u00f3n internacional del rey en una Europa que yuxtapon\u00eda varios litigios internacionales y se encaminaba hacia una guerra dolorosa, larga y generalizada. Ni Olivares ni Orange ni otros tantos responsables del desencadenamiento de aquella conflagraci\u00f3n pod\u00edan pensar que todo el continente vivir\u00eda treinta a\u00f1os de destrucci\u00f3n y desolaci\u00f3n. Catalu\u00f1a, con la guerra de los Segadors, no qued\u00f3 excluida.<\/p>\n<p>6. Ochenta a\u00f1os despu\u00e9s, la independencia<\/p>\n<p>As\u00ed, la reanudaci\u00f3n de las hostilidades en los Pa\u00edses Bajos en 1621 se sum\u00f3 a la contienda que hab\u00eda comenzado entre cat\u00f3licos y protestantes en Bohemia en 1618. Sin embargo, dentro de esta \u201cguerra de guerras\u201d, como ha sido a menudo calificada la guerra de los Treinta a\u00f1os, el conflicto de los Pa\u00edses Bajos mantendr\u00eda su singularidad. Y, finalmente, la disputa por la hegemon\u00eda pol\u00edtica europea entre Luis XIV de Francia y Felipe IV conducir\u00eda a \u00e9ste a reconocer jur\u00eddicamente la independencia de las Provincias Unidas en la Paz de Westfalia en 1648. El rey, sin embargo, se negar\u00eda a aceptar la independencia de Portugal, que, como Catalu\u00f1a, se hab\u00eda levantado contra la pol\u00edtica centralista de Olivares en 1640. Resign\u00e1ndose a los hechos consumados, lo har\u00eda su sucesor, Carlos II, en el Tratado de Lisboa (1660).<\/p>\n<p>En cambio, el Principado de Catalu\u00f1a volver\u00eda a la Monarqu\u00eda Hisp\u00e1nica por la fuerza de las armas, al precio de ceder a Francia el condado de Rosell\u00f3 y media Cerdanya, seg\u00fan el Tratado de los Pirineos (1659). Tambi\u00e9n ser\u00edan francesas la provincia de Artois y parte de Hainaut, en los Pa\u00edses Bajos del sur, los que hab\u00edan permanecido bajo la obediencia hisp\u00e1nica y que, desde entonces, se convertir\u00edan en el objeto continuo e indisimulado del deseo expansionista de Luis XIV durante toda la segunda mitad del siglo XVII.<\/p>\n<p>Publicado el 2 de enero de 2023<\/p>\n<p>N\u00ba. 2012<\/p>\n<p>EL TEMPS<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfCu\u00e1nto puede tardar un pueblo en alcanzar la independencia? Los polit\u00f3logos suelen poner muchos ejemplos de independencia expr\u00e9s, obtenida de forma relativamente r\u00e1pida por varios estados actuales bastante j\u00f3venes. Sin embargo, la historia nos demuestra que no siempre es as\u00ed y que la creaci\u00f3n de un nuevo estado independiente puede llevar a\u00f1os, incluso d\u00e9cadas. 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