{"id":53373,"date":"2022-02-10T18:16:22","date_gmt":"2022-02-10T17:16:22","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=53373"},"modified":"2022-02-10T18:16:22","modified_gmt":"2022-02-10T17:16:22","slug":"el-retorno-de-gaia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-retorno-de-gaia\/","title":{"rendered":"El retorno de Gaia"},"content":{"rendered":"<p>Lynn Alexander y Carl Sagan se casaron el 16 de junio de 1957. Ambos eran entonces j\u00f3venes investigadores \u2013ella ten\u00eda diecinueve a\u00f1os y \u00e9l, veintid\u00f3s\u2013 que iniciaban sus carreras cient\u00edficas. Despu\u00e9s de traer al mundo dos hijos \u2013Dorion y Jeremy\u2013 la pareja se separ\u00f3. Durante mucho tiempo ella sigui\u00f3 usando el nombre de Lynn Sagan, hasta que se cas\u00f3 de nuevo con Thomas Margulis. Ese tercer apellido fue el definitivo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las vidas de ambos siguieron caminos menos distintos de lo que pueda parecer. La de Sagan lo condujo a la exobiolog\u00eda, los radiotelescopios, la universidad de Cornell, las misiones Apolo, los libros superventas y el estrellato televisivo; la de Margulis, al estudio de las bacterias, a formular la teor\u00eda de la endosimbiosis seriada, a trabajar con James Lovelock en la hip\u00f3tesis de Gaia y a formar parte de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos. Pero sus itinerarios no solo se encontraron cuando ambos fueron considerados figuras indiscutibles de la ciencia contempor\u00e1nea. La astronom\u00eda y la microbiolog\u00eda, el estudio de los cuerpos m\u00e1s grandes y de los seres m\u00e1s peque\u00f1os, son disciplinas convergentes: todo lo que hay en el planeta Tierra es de origen extraterrestre, mutaciones de las min\u00fasculas motas de polvo de las estrellas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sagan trabaj\u00f3 durante los a\u00f1os sesenta en modelos te\u00f3ricos sobre el planeta Venus, como el de invernadero. Ahora se sabe que ese tipo de calentamiento es una propiedad de muchas atm\u00f3sferas planetarias, como la de la Tierra; pero entonces no era as\u00ed. Buscando vida en el Sistema Solar, ilumin\u00f3 una dimensi\u00f3n esencial de la vida en nuestro planeta. Margulis, por su parte, cambi\u00f3 nuestra perspectiva sobre las bacterias y otros seres diminutos. Rescatando ideas olvidadas e ilumin\u00e1ndolas con nuevas evidencias, intuy\u00f3 que no solo estaban asociados con las patolog\u00edas, que tambi\u00e9n eran aliados fundamentales de la vida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el tercer v\u00e9rtice del posible tri\u00e1ngulo, a James Lovelock se le ocurri\u00f3 la idea de que la Tierra era un ser viviente tras trabajar en los a\u00f1os sesenta en un proyecto de la NASA sobre la detecci\u00f3n de vida en Marte. Aunque se cancel\u00f3, ese trabajo le permiti\u00f3 acceder a datos sobre la composici\u00f3n de las atm\u00f3sferas de Marte y de Venus. Al compararlas con la de la Tierra, se plante\u00f3 de pronto esta pregunta: \u201c\u00bfEra posible que la vida en la Tierra no solo crease la atm\u00f3sfera, sino que la regulase, manteni\u00e9ndola con una composici\u00f3n constante y a un nivel favorable para los organismos?\u201d. Se la formul\u00f3 cuando compart\u00eda despacho en el Jet Propulsion Laboratory con Sagan. A partir de entonces se dedic\u00f3 en cuerpo y alma a responderla con un s\u00ed, apoyado en argumentos cient\u00edficos, muchos de ellos facilitados por Margulis. Demostraron juntos que la Tierra act\u00faa como un gigantesco ser que se autorregula.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esas intuiciones sobre la historia y la realidad del planeta Tierra, inspiradas en lo telesc\u00f3pico y en lo microsc\u00f3pico, cambiaron nuestra manera de mirar el mundo. Cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s, nos siguen siendo \u00fatiles para entender mejor el presente. Al igual que ellos tres releyeron la historia de la ciencia para revolucionarla, nosotros los estamos leyendo a ellos para trazar las l\u00edneas maestras del siglo XXI. Y para enfrentarnos a sus mayores desaf\u00edos: el cambio clim\u00e1tico, la microbiolog\u00eda y las pandemias, la exploraci\u00f3n espacial, la inteligencia artificial.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>GAIA RELOADED<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sagan, Margulis y Lovelock llevaron a cabo sus respectivas revoluciones gracias a que eran heterodoxos y transversales. Supieron pensar de otros modos porque escaparon a las restricciones de los cotos acad\u00e9micos y porque pusieron en conversaci\u00f3n tradiciones distintas, pero no excluyentes. Adem\u00e1s, crearon escuela.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cRiguroso e iconoclasta\u201d: as\u00ed define Margulis a Stephan Harding en el prefacio de su libro Tierra viviente. El ensayo resume el tr\u00e1nsito entre la hip\u00f3tesis y la teor\u00eda Gaia; explica \u2013en un estilo m\u00e1s literario que acad\u00e9mico\u2013 sus ideas m\u00e1s importantes; y actualiza con datos el legado del maestro. La ciencia astrof\u00edsica ha demostrado que ahora el Sol es un 25% m\u00e1s brillante que hace 3.500 millones de a\u00f1os; y sin embargo la Tierra ha mantenido una temperatura adecuada para la vida. Los avances en inform\u00e1tica de los \u00faltimos a\u00f1os han permitido crear modelos matem\u00e1ticos y simulaciones extremadamente complejas que demuestran que \u201clas comunidades ecol\u00f3gicas se pueden considerar superorganismos que funcionan mejor y de forma m\u00e1s predecible cuando aumenta su biodiversidad\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, el autor reivindica el \u201calma del mundo\u201d, el pante\u00edsmo, el platonismo o el conocimiento planetario de los pueblos ancestrales. Me pregunto si ese discurso anfibio, entre la ciencia y la poes\u00eda, favorece la aceptaci\u00f3n de la teor\u00eda Gaia o la sigue perjudicando. Pero no hay duda de que se debe crear di\u00e1logo entre esas dos dimensiones de nuestros cerebros: la de los hechos y la de las met\u00e1foras, la de la raz\u00f3n y la del mito.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Seg\u00fan Harding, la idea clave de la teor\u00eda es \u201cmaravillosamente hol\u00edstica y no jer\u00e1rquica, pues sugiere que es el sistema gaiano en su conjunto el que lleva a cabo la regulaci\u00f3n, que es la suma de todas las retroalimentaciones complejas entre la vida, la atm\u00f3sfera, las rocas y el agua lo que dio lugar a Gaia\u201d. Esa idea, la del todo como suma de sus partes, es cuestionada por Timothy Morton en Reciclar la ecolog\u00eda . Seg\u00fan el fil\u00f3sofo se trata de una visi\u00f3n monote\u00edsta del mundo. La Declaraci\u00f3n de \u00c1msterdam del 2002, no obstante, acord\u00f3 que la Tierra es en efecto un sistema autorregulado que incluye la biosfera, el aire, el oc\u00e9ano y las rocas de la corteza. De todos los dioses en que hemos cre\u00eddo a lo largo de la historia, Gea o Gaia o Tierra tal vez sea el que tiene m\u00e1s sentido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cEn el comienzo \u00e9ramos todas y todos el mismo viviente\u201d, dice la primera l\u00ednea de Metamorfosis , el excelente ensayo del fil\u00f3sofo Emanuele Coccia que propone considerar la multiplicidad de formas que componen nuestra realidad en t\u00e9rminos de metamorfosis y no de evoluci\u00f3n, es decir, como variaciones horizontales en el seno de una naturaleza en que toda forma proviene de otra. El pante\u00edsmo y Gaia, en Coccia, se resemantizan en clave contempor\u00e1nea: \u201cEl porvenir es el hecho de que la vida y su fuerza est\u00e1n por todas partes y no pueden pertenecer a ninguno de nosotros, ni como individuo, ni como naci\u00f3n, ni como especie\u201d. En un momento hist\u00f3rico en que parece que estamos pasando del antropocentrismo al c\u00f3digocentrismo, la alternativa m\u00e1s razonable es la bioc\u00e9ntrica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>LAS RAZONES DEL REVIVAL<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 tienen en com\u00fan Elon Musk, Jeff Bezos y Carl Sagan? Los tres fueron miembros de los clubes de astronom\u00eda de sus respectivas universidades. En su podcast The Evening Rockett , Jill Lepore explora los referentes de ficci\u00f3n especulativa de los due\u00f1os de Tesla o Amazon y c\u00f3mo los est\u00e1n convirtiendo en realidad. Ese imaginario de emprendedores y disruptores que han cambiado el mundo y ahora se proponen conquistar Marte se ha vuelto inquietantemente global. Se puede interpretar el regreso de Gaia y de los proyectos cosmopolitas y ut\u00f3picos de Margulis, Sagan y Lovelock como un contrapeso, como un plan B. Los libros, documentales, exposiciones o congresos cient\u00edficos que recuerdan que vivimos en la simbiosfera, que no somos nada ni nadie sin la colaboraci\u00f3n y la cooperaci\u00f3n internacionales, nos recuerdan que la econom\u00eda de las plataformas y los nuevos monopolios digitales no son la \u00fanica opci\u00f3n, que no podemos dejar el futuro en manos de las corporaciones.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las figuras fronterizas de Lovelock, Margulis y Sagan no son las \u00fanicas de los a\u00f1os setenta y ochenta que han regresado con vigor. La nueva ola del feminismo ha llevado a la reivindicaci\u00f3n de grandes pensadoras y creadoras que destacaron en aquellas d\u00e9cadas, como la escritora Ursula K. LeGuin o la bi\u00f3loga y pensadora Donna Haraway. El ecofeminismo ha encontrado en sus manifiestos, ensayos y novelas nuevos caminos de exploraci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una de las obras m\u00e1s inspiradoras de las que se sit\u00faan en ese nuevo territorio es La seta del fin del mundo , de Anna Lowenhaupt Tsing, quien huye como Coccia del tiempo lineal y de las disciplinas tradicionales para encontrar otros instrumentos de an\u00e1lisis y de escritura. Defiende el trabajo con \u201clas temporalidades m\u00faltiples y los conjuntos cambiantes de humanos y no humanos, todo lo que constituye la propia esencia de la supervivencia colaborativa\u201d. Escribe que \u201ces hora de prestar atenci\u00f3n a la recolecci\u00f3n de setas\u201c. Y a\u00f1ade: \u201cNo es que eso vaya a salvarnos, pero podr\u00eda abrir nuestra imaginaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En C\u00f3mo piensan los bosques, la obra m\u00e1s importante de otro disc\u00edpulo de Haraway, el antrop\u00f3logo Eduardo Kohn, encontramos una palabra af\u00edn, clave en esta constelaci\u00f3n de po\u00e9ticas que estoy explorando: \u201cMi trabajo es especulativo\u201d. La especulaci\u00f3n hermana la ciencia con las artes. Cuando Sagan se instal\u00f3 a principios de los a\u00f1os cincuenta en la Lynn House de la Universidad de Chicago para iniciar sus estudios de licenciatura, a sus compa\u00f1eros les sorprendi\u00f3 que en su habitaci\u00f3n hubiera tantos libros de ciencia ficci\u00f3n. Un amigo, Ronald Blum, le dijo a su bi\u00f3grafo: \u201cTodos hab\u00edamos le\u00eddo ciencia ficci\u00f3n. Lo hab\u00edamos superado. Aquella era la habitaci\u00f3n de alguien que no lo hab\u00eda hecho\u201d. De su paso por la misma universidad, Marugilis record\u00f3: \u201cAll\u00ed la ciencia facilitaba el planteamiento de las cuestiones profundas en las que la filosof\u00eda y la ciencia se unen: \u00bfQu\u00e9 somos? \u00bfDe qu\u00e9 estamos hechos nosotros y el universo? \u00bfDe d\u00f3nde venimos? \u00bfC\u00f3mo funcionamos?\u201d. En el siglo XXI nos hemos dado cuenta de que nunca superaremos la ficci\u00f3n especulativa. De que vivimos en un mundo de ciencia ficci\u00f3n. Y hemos convertido aquella habitaci\u00f3n y aquellas preguntas, en la frontera entre las ciencias y las letras, en nuestro laboratorio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los cosmos de Carl Sagan<\/p>\n<p>Carl Sagan (1934-1996) descubri\u00f3 a los ocho a\u00f1os la idea que lo acompa\u00f1ar\u00eda toda la vida: era posible que hubiera vida en otros planetas. A esa posibilidad le dedic\u00f3 sus estudios en f\u00edsica, astronom\u00eda o gen\u00e9tica, entre otros campos; sus libros cient\u00edficos y creativos; sus proyectos pioneros en exobiolog\u00eda; sus m\u00faltiples colaboraciones con la NASA; su trabajo como editor de la revista Icarus; sus apariciones en televisi\u00f3n o su intenso activismo pol\u00edtico. Fruto de todo ello fueron tres premios Emmy, un Pulitzer, un Hugo y decenas de medallas, tanto al m\u00e9rito universitario como al civil.<\/p>\n<p>\u201cA Fred L., Whipple y Carl Sagan, que sobre esto saben mucho m\u00e1s que yo\u201d, leemos en la dedicatoria de El Universo de Isaac Asimov. Entre sus interlocutores se encontraron muchos premios Nobel de F\u00edsica y Qu\u00edmica, pero tambi\u00e9n dos grandes escritores de ciencia ficci\u00f3n: Asimov y Arthur C. Clarke. No es extra\u00f1o que su \u00faltimo proyecto literario fuera una novela, Contacto. Aunque no lleg\u00f3 vivo al estreno, particip\u00f3 en la creaci\u00f3n de su versi\u00f3n cinematogr\u00e1fica. En esa historia, cuya cara visible es la de Jodie Foster, desarroll\u00f3 a trav\u00e9s de la ficci\u00f3n el deseo profundo que alberg\u00f3 desde ni\u00f1o: comunicarse con seres extraterrestres.<\/p>\n<p>Si ya era una estrella en los Estados Unidos cuando se estren\u00f3 la serie Cosmos: un viaje personal en 1980, a partir de ese a\u00f1o se volvi\u00f3 el cient\u00edfico m\u00e1s famoso de todo el mundo. En el 2014 se produjo una secuela, Cosmos: una odisea de tiempo y espacio, que fue producida por Ann Druyan, viuda de Sagan y co-creadora de la serie original. National Geographic estren\u00f3 una segunda temporada en el 2018, subtitulada Mundos posibles. En las sondas Voyager, que fueron lanzadas en 1977, viajan todav\u00eda los discos dorados con los mensajes de la humanidad que dise\u00f1aron Druyan, \u00e9l y otros cient\u00edficos norteamericanos. En estos momentos ya han atravesado la frontera del Sistema Solar. Nos env\u00edan im\u00e1genes desde otros mundos, que dejan as\u00ed de ser especulaci\u00f3n. J.C.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las simbiosis de Lynn Margulis<\/p>\n<p>Lynn Alexander (1938-2011) se crio en el sur de Chicago durante la Gran Depresi\u00f3n. Para escapar del ambiente t\u00f3xico de sus padres, ingres\u00f3 a los catorce a\u00f1os en la Universidad de Chicago. Desde entonces y hasta su muerte no ces\u00f3 de estudiar, investigar, escribir ni leer (una de sus autoras de cabecera era Emily Dickinson). Adem\u00e1s de varios libros cient\u00edficos importantes (como Symbiosis in Cell Evolution), public\u00f3 un libro de ficci\u00f3n (Peces luminosos). Form\u00f3 parte tanto de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos como de la Academia Rusa, pues al igual que Sagan defendi\u00f3 los puentes entre las instituciones intelectuales de ambas potencias, en plena carrera espacial y Guerra Fr\u00eda.<\/p>\n<p>Identificamos su nombre con la simbiosis, al igual que el de Charles Darwin es sin\u00f3nimo de evoluci\u00f3n. No s\u00f3lo las mutaciones, tambi\u00e9n la fusi\u00f3n de l\u00edneas celulares es un motor evolutivo. Esa es la idea revolucionaria que impuls\u00f3 la carrera de Margulis en el \u00e1mbito de la microbiolog\u00eda y la gen\u00e9tica. La defendi\u00f3 con pasi\u00f3n toda su vida. Tambi\u00e9n desarroll\u00f3 la teor\u00eda simbiogen\u00e9tica, que vio en las bacterias la fuente de la complejidad de la vida. Seg\u00fan los testimonios recogidos por su hijo Dorian Sagan en Lynn Margulis. Vida y legado de una cient\u00edfica rebelde, se tomaba como un insulto personal el ninguneo en los congresos cient\u00edficos de los micromundos bacterianos. En 1990 puso en circulaci\u00f3n el t\u00e9rmino holobionte, que actualmente se refiere a la comunidad que forma un animal o una planta con los microorganismos simbi\u00f3ticos que conforman su microbiota. Todos los humanos lo somos.<\/p>\n<p>Por su vinculaci\u00f3n con Barcelona y con el Delta del Ebro (donde descubri\u00f3 la espiroqueta Spirosymplokos detaiberi), no hay duda de que le encantar\u00eda saber que una editorial de ensayo interdisciplinar barcelonesa se llama Holobionte. El 5 de marzo del 2018, d\u00eda de su 80 cumplea\u00f1os, se proyect\u00f3 aqu\u00ed el documental Symbiotic Earth: How Lynn Margulis rock the boat and started a scientific revolution, de John Feldman, que narra c\u00f3mo Margulis defendi\u00f3 sus novedosas ideas y obtuvo gran reconocimiento internacional al tiempo que criaba a cuatro hijos y superaba las barreras construidas por un campo cient\u00edfico dominado por hombres. J.C.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Lovelock: de Gaia al Novaceno<\/p>\n<p>La mayor parte de la carrera del visionario qu\u00edmico brit\u00e1nico James Lovelock (1919) ha tenido lugar al margen de la academia, en su residencia en el molino de Coombe, en el extremo sur de la isla de Inglaterra. Un laboratorio que \u00e9l llama su estaci\u00f3n experimental. Gracias a los derechos de las patentes de sus inventos \u2013instrumentos de medici\u00f3n cient\u00edfica que se situaron en la estela de su famoso detector de captura de electrones\u2013 ha podido sostener durante d\u00e9cadas su investigaci\u00f3n independiente. En la universidad, afirma en el pr\u00f3logo de Las edades de Gaia, habr\u00eda sido \u201ccasi imposible dedicarme a tiempo completo a una investigaci\u00f3n tan especulativa\u201d.<\/p>\n<p>Como Sagan, Lovelock ha sido un gran divulgador de la ciencia m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de sus disciplinas, tanto en libros como en programas radiof\u00f3nicos y televisivos. Tuvo que esperar tres d\u00e9cadas para que su nueva interpretaci\u00f3n de nuestro planeta comenzara a ser aceptada. En el 2006 la Geological Society de Londres le entreg\u00f3 la medalla Wollaston por \u201cla creaci\u00f3n de un campo de estudios enteramente nuevo en Ciencias de la Tierra\u201d. Consciente de que al bautizar a la Tierra como Gaia le imprimi\u00f3 a la marca una p\u00e1tina New Age, en su obituario de Margulis, Lovelock comenta con iron\u00eda que los ge\u00f3logos que al fin han aceptado su teor\u00eda llaman a la Tierra \u201csistema terrestre\u201d.<\/p>\n<p>Como si la transformaci\u00f3n de la hip\u00f3tesis Gaia en la teor\u00eda Gaia no fuera un legado suficiente, Lovelock ha superado el centenario de existencia y ha publicado, en colaboraci\u00f3n con Bryan Appleyard, Novaceno. En el que tal vez sea su \u00faltimo libro, afirma que quiz\u00e1s estemos en el inicio de una nueva era de la historia del planeta, la que va a protagonizar la inteligencia artificial. Los humanos hemos cumplido el rol que hace millones de a\u00f1os tuvieron los fotosintetizadores: sentar \u201clas bases para la nueva etapa de la evoluci\u00f3n\u201d. Ni \u00e9l ni las primeras generaciones de sus herederos podr\u00e1n demostrar con hechos y datos que ten\u00eda raz\u00f3n. Especula con un futuro remoto, de escala geol\u00f3gica, en clave de ciencia ficci\u00f3n. J.C.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Bibliograf\u00eda<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Emanuele Coccia<\/p>\n<p>Metamorfosis. La fascinante continuidad de la vida<\/p>\n<p>Siruela<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Stephan Harding<\/p>\n<p>Tierra viviente<\/p>\n<p>Atalanta<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Eduardo Kohn<\/p>\n<p>C\u00f3mo piensan los bosques. Hacia una antropolog\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de lo humano<\/p>\n<p>Abya-Yala<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>James Lovelock<\/p>\n<p>Las edades de Gaia<\/p>\n<p>Tusquets<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>James Lovelock y Bryan Appleyard<\/p>\n<p>Novaceno. La pr\u00f3xima era de la hiperinteligencia<\/p>\n<p>Paid\u00f3s<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Anna Lowenhaupt Tsing<\/p>\n<p>La seta del fin del mundo. Sobre la posibilidad de vida en las ruinas capitalistas<\/p>\n<p>Capit\u00e1n Swing<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Lynn Margulis<\/p>\n<p>Peces luminosos. Historias de amor y ciencia<\/p>\n<p>Tusquets<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Timothy Morton<\/p>\n<p>Reciclar la ecolog\u00eda<\/p>\n<p>Reservoir Books<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>William Poundstone<\/p>\n<p>Carl Sagan. Una vida en el cosmos<\/p>\n<p>Akal<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Carl Sagan<\/p>\n<p>La diversidad de la ciencia. Una visi\u00f3n personal de la b\u00fasqueda de Dios<\/p>\n<p>Pen\u00ednsula<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Carl Sagan<\/p>\n<p>\u200bCosmos<\/p>\n<p>Planeta<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Dorion Sagan (Ed.)<\/p>\n<p>Lynn Margulis. Vida y legado de una cient\u00edfica rebelde<\/p>\n<p>Tusquets<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>LA VANGUARDIA<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lynn Alexander y Carl Sagan se casaron el 16 de junio de 1957. Ambos eran entonces j\u00f3venes investigadores \u2013ella ten\u00eda diecinueve a\u00f1os y \u00e9l, veintid\u00f3s\u2013 que iniciaban sus carreras cient\u00edficas. 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