{"id":53102,"date":"2022-01-22T08:43:57","date_gmt":"2022-01-22T07:43:57","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=53102"},"modified":"2022-01-22T08:43:57","modified_gmt":"2022-01-22T07:43:57","slug":"es-el-mundo-un-teatro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/es-el-mundo-un-teatro\/","title":{"rendered":"\u00bfEs el mundo un teatro?"},"content":{"rendered":"<p>La escena es conocida. Atados de pies y manos desde ni\u00f1os, unos hombres se ven obligados a mirar al fondo de una cueva. Solo pueden ver, proyectadas en la pared, las sombras de una hoguera a sus espaldas que emite una luz tr\u00e9mula. \u00bfQu\u00e9 pasar\u00eda si un d\u00eda uno de ellos fuera desatado (o liberado) y obligado a levantarse? El hombre se erguir\u00eda con dolor y, siguiendo a su (supuesto) liberador, avanzar\u00eda, hasta abandonar la oscuridad, hacia la salida donde contem\u00adplar\u00eda la luz del sol. As\u00ed comienza el mito de la caverna, un relato que podemos leer al principio del libro VII de La Rep\u00fablica de Plat\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La filosof\u00eda occidental se ha edificado en contra de la literatura y del teatro. Homero y S\u00f3focles frente a S\u00f3crates y Plat\u00f3n. O la Odisea y Ant\u00edgona, por un lado, o el Fed\u00f3n y La Rep\u00fablica, por otro. Al parecer, no hay t\u00e9rmino medio, no hay alternativa. Lo interesante, sin embargo, no es solo esta contraposici\u00f3n. Hay algo m\u00e1s: hay una pregunta que es necesario responder. En el relato plat\u00f3nico de la caverna, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 el mundo? \u00bfD\u00f3nde se encuentra el verdadero mundo?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En nuestra tradici\u00f3n, la filosof\u00eda dominante ha sido, desde Parm\u00e9nides, una metaf\u00edsica, un pensamiento que ha duplicado el mundo, que ha cre\u00eddo que la verdadera realidad ten\u00eda que estar fuera del tiempo y del espacio, que, para poder pensar, el fil\u00f3sofo deb\u00eda separarse de la historia, pues si lo verdadero era incierto, ambiguo y cambiante, entonces no era verdadero. En consecuencia, hab\u00eda que salir de la caverna. Desde ese momento, el panorama que se abre es el siguiente: existen dos mundos radicalmente contrapuestos, el de las sombras (que es el falso) y el de las ideas o formas (que es el verdadero) o, lo que es lo mismo, el de la ambig\u00fcedad frente al de la pureza. Sobre la base de ese dualismo se han configurado nuestras vidas, no solo en el pasado, sino todav\u00eda hoy. Lo inquietante del relato plat\u00f3nico de la caverna \u2013y por extensi\u00f3n de todo pensamiento metaf\u00edsico\u2013 es que tiene consecuencias pol\u00edticas, morales y pedag\u00f3gicas. Si se tratara \u00fanicamente de una cuesti\u00f3n te\u00f3rica, interesar\u00eda a unos pocos, pero la metaf\u00edsica es una filosof\u00eda pr\u00e1ctica, una filosof\u00eda pol\u00edtica, y eso es necesario tenerlo en cuenta porque tiene repercusiones peligrosas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En l\u00edneas generales podr\u00eda decirse que ese pensamiento que duplica el mundo, que cree que lo verdadero (lo real) est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de la historia y, por lo tanto, de la contingencia, que sostiene que lo verdadero se encuentra en un mundo de esencias puras e inmaculadas, es un pensamiento legitimador. La metaf\u00edsica legitima cualquier forma totalitaria, sea religiosa, pol\u00edtica, moral, educativa, tecnol\u00f3gica, etc\u00e9tera, y si se ha impuesto como pensamiento dominante es porque los humanos andamos necesitados de principios que tranquilicen nuestras conciencias. A los seres finitos no nos basta con lo legal \u2013con lo que la ley prescribe aqu\u00ed y ahora\u2013, tambi\u00e9n anhelamos abrazar lo leg\u00edtimo \u2013lo que fundamenta a la ley\u2013, esto es, el Bien, la Verdad, la Justicia. De ah\u00ed que el mito plat\u00f3nico siga vigente todav\u00eda hoy, aunque disimulado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El enemigo de la filosof\u00eda metaf\u00edsica es la literatura y, en concreto, el teatro. La expulsi\u00f3n de los poetas, que Plat\u00f3n proclama al final de La Rep\u00fablica, significa la negaci\u00f3n del teatro. El menosprecio del mundo de las sombras equivale a la supresi\u00f3n de la dimensi\u00f3n teatral de la vida. Pero \u00bfy si el mundo no es sino un escenario? \u00bfY si la expulsi\u00f3n plat\u00f3nica de los poetas no es solo un error pedag\u00f3gico, sino sobre todo antropol\u00f3gico? \u00bfY si la condici\u00f3n dram\u00e1tica es la estructura fundamental de lo humano? \u00bfY si el teatro no es una imagen del mundo, entre otras posibles, sino el mundo mismo? \u00bfY si la existencia es un juego de representaciones, un juego de m\u00e1scaras? \u00bfY si solo existen sombras? \u00bfAcaso todo mundo no es sino un mundo de sombras, un mundo contingente y fr\u00e1gil?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Somos actores sometidos a la ruleta del azar, del infortunio y del desencanto, somos los herederos de historias y de bibliotecas, y tenemos, sin duda, una enorme dificultad para pensar el mundo como escenario, pues sin querer equiparamos teatro a ficci\u00f3n, a pantomima, a falsedad. Pero quiz\u00e1 esa equiparaci\u00f3n no sea otra cosa que un vestigio metaf\u00edsico, un prejuicio heredado de la expulsi\u00f3n plat\u00f3nica de los poetas en La Rep\u00fablica. Por eso va siendo hora de tomarse en serio algo que anunci\u00f3 Emmanuel Levinas, que toda filosof\u00eda no es m\u00e1s que una meditaci\u00f3n sobre Shakespeare. Para el fil\u00f3sofo jud\u00edo, Macbeth es la tragedia m\u00e1s relevante. Nadie como Shakespeare ha descrito el sinsentido de la existencia. Despu\u00e9s de que le anuncien que la reina ha muerto, Macbeth inicia su mon\u00f3logo: \u201cLa vida es una sombra que camina, un pobre actor que sube a escena para no poder volver a ser o\u00eddo. La vida es una historia contada por un idiota, llena de ruido y de furia, que no significa nada.\u201d<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En uno de sus primeros textos titulado Insultos al p\u00fablico (1966), el premio Nobel de Literatura Peter Handke expone su teor\u00eda del teatro. Lo que el escritor austr\u00edaco niega es la supuesta duplicaci\u00f3n del mundo que es toda representaci\u00f3n teatral. Escribe Handke: \u201cUstedes esperan ver un determinado ambiente. Ustedes esperan descubrir otro mundo. Ustedes no esperan descubrir otro mundo. En cualquier caso, ustedes esperan algo. \u00bfQui\u00e9n sabe? Quiz\u00e1s ustedes se esperaban esto. Pero incluso as\u00ed, ustedes esperaban otra cosa.\u201d<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Insultos al p\u00fablico puede leerse como un tiro de gracia a la Po\u00e9tica de Arist\u00f3teles. Handke se\u00f1ala que ese escenario que los espectadores est\u00e1n contemplando, un escenario en el que se espera que suceda algo, no es otro mundo. Fin, pues, del juego de dobles; final de la duplicaci\u00f3n. Todo se ha convertido en escenario, y algo as\u00ed puede leerse o bien como el final del teatro, o bien como su comienzo; es decir, como el desvelamiento de lo que realmente es el mundo. \u201cEsta sala \u2013escribe Handke\u2013 no pretende representar una sala. El escenario abierto que tienen ante ustedes no es la cuarta pared de una habitaci\u00f3n. Aqu\u00ed el mundo no tiene fisuras.\u201d<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Si los espectadores de Insultos al p\u00fablico buscan referencias del teatro cl\u00e1sico, ser\u00e1 en vano. No ver\u00e1n ni la puerta de salida ni tampoco la puerta de entrada, porque no hay ni entrada ni salida. No hay ni siquiera la ausencia de puerta de los dramas modernos. \u201cNo busquen \u2013escribe Handke\u2013 un mundo detr\u00e1s de este mundo.\u201d El planteamiento es radical y manifiesta la posibilidad de pensar el mundo como un teatro. No como una imagen de un teatro, sino como realmente un teatro. El escenario en el que se ubican los actores y la sala de butacas en la que se hallan los espectadores configuran una perfecta unidad, dice Handke. \u201cNo hay dos lugares diferentes. No hay m\u00e1s que un solo y mismo lugar.\u201d<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En su novela La insoportable levedad del ser (1984), Milan Kundera nos proporciona algunas pistas para pensar la teatralidad del mundo y la condici\u00f3n dram\u00e1tica de la existencia. Seg\u00fan \u00e9l, el ser humano vive solo una vida y, por eso, no hay modo de compararla con sus vidas precedentes y de enmendarla en posteriores. Cuando alguien toma una decisi\u00f3n, \u00bfc\u00f3mo saber si es la correcta? El humano es un ser que lo vive todo a la primera, sin preparaci\u00f3n alguna, como si un actor representara su obra sin ning\u00fan tipo de ensayo. La vida no es ni siquiera un boceto, es un borrador sin cuadro. En el drama de la existencia, la funci\u00f3n es una funci\u00f3n \u00fanica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00bfEs el mundo un teatro? Si respondemos que s\u00ed, entonces no hay duda de que habr\u00e1 que pensar el teatro de otro modo. La vida simplemente es un escenario; de ah\u00ed que, como se\u00f1alaba Handke, nadie puede abandonarlo, ni entrar ni salir de la escena. La existencia est\u00e1 hecha de decorados, de guiones que heredamos y que nos obligan a actuar de una manera determinada, pero que a menudo son guiones que dejamos de lado, son m\u00e1scaras que no ocultan ninguna cara, sino todo lo contrario, que expresan lo que es nuestra cara. La existencia est\u00e1 llena de cambios de decorados, de improvisaciones, de gente que nos mira y a la que miramos. Existir, como escribi\u00f3 Hannah Arendt en su libro p\u00f3stumo La vida del esp\u00edritu, es aparecer.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al aparecer en el mundo, cada cual hereda un guion: un nombre propio, un sexo, una nacionalidad, un n\u00famero de identidad, una historia \u2013o m\u00faltiples\u2013, y tambi\u00e9n una biblioteca. Nunca comenzamos con las manos vac\u00edas. Esa es nuestra herencia. Desde ah\u00ed tendremos que dar forma a lo que queremos ser, un ser siempre en superficie, siempre en relaci\u00f3n, siempre frente a otros y contra otros. La teatralidad est\u00e1 inscrita desde el principio en nuestra piel, en nuestras entra\u00f1as.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Si la tradici\u00f3n occidental ha tenido enormes dificultades para pensar el mundo como un teatro y la existencia como drama ha sido porque ha privilegiado la interioridad y ha despreciado la exterioridad. Del con\u00f3cete a ti mismo socr\u00e1tico a la \u00e9tica de Kant, pasando por Agust\u00edn de Hipona o Descartes, la filosof\u00eda metaf\u00edsica nos ha hecho creer que la verdad hab\u00eda que buscarla dentro de uno mismo. Dicho a la manera de Hannah Arendt, la contemplaci\u00f3n (vida contemplativa) ha sido la nota dominante; la acci\u00f3n (vida activa), en cambio, ha sido la disonante. Menosprecio de la exterioridad, olvido de la alteridad, dualidad entre lo real y lo ficticio, pavor a la temporalidad, al cuerpo y a la historia, elogio de lo absoluto y horror a lo relativo, contraposici\u00f3n entre lo que cambia y lo que permanece, etc\u00e9tera, son elementos que Occidente ha asimilado de una manera mayoritariamente incontestable, como si fuesen algo evidente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Si el mundo es teatro, entonces nuestra existencia es necesariamente dram\u00e1tica. El drama \u2013que no tiene nada que ver con algo negativo, malo o perverso\u2013 se encuentra en el coraz\u00f3n de la condici\u00f3n humana. En la medida en que habitamos un escenario, la existencia no puede eludir el tiempo, la alteridad, las tramas, las situaciones, los decorados y las m\u00e1scaras que configuran la teatralidad. El ser humano es dram\u00e1tico porque es finito, contingente, relacional y mortal, porque la libertad \u2013si algo as\u00ed existe\u2013 no se da sino en un conflicto siempre mal resuelto entre m\u00faltiples posibilidades que se ofrecen en la vida cotidiana.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un ser dram\u00e1tico es aquel que no tiene m\u00e1s remedio que aceptar que habita un escenario \u2013un espacio y un tiempo que no ha escogido\u2013 y que est\u00e1 inevitablemente en relaci\u00f3n con otros \u2013sus contempor\u00e1neos y sus antecesores\u2013. Un ser dram\u00e1tico vive del presente pero tambi\u00e9n del pasado, de las presencias y de las ausencias, de los espectros que entran en una escena que m\u00e1s tarde abandonan, aunque no del todo, porque un espectro nunca est\u00e1 ni presente ni ausente. Un ser dram\u00e1tico es espectral. Todo el que habita un mundo lleva inscrita la huella del que ya no est\u00e1 presente pero sigue ah\u00ed en forma de ausencia. No es f\u00e1cil ser herederos. En ocasiones, la herencia es una carga terrible de la que uno no puede deshacerse. \u201cEstar vivo \u2013escribi\u00f3 Hannah Arendt\u2013 significa vivir en un mundo anterior a la propia llegada que nos sobrevivir\u00e1 al partir.\u201d<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En un escenario todo est\u00e1 empapado por el tiempo, y es precisamente el tiempo lo que ha ignorado la tradici\u00f3n metaf\u00edsica. El decorado, las situaciones, las relaciones que tienen lugar en una escena, son temporales no solo porque son relaciones con los dem\u00e1s, sino tambi\u00e9n porque lo son con uno mismo. El tiempo nos muestra que no hay yo sin otro, interioridad sin exterioridad, identidad sin alteridad, hechos sin gram\u00e1tica, cara sin m\u00e1scara. El tiempo nos muestra que no hay, en una palabra, pureza. Todo escenario es impuro porque es temporal.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Habitamos un teatro en el que nunca hay un \u00fanico actor. Siempre se est\u00e1 con los dem\u00e1s, unas veces bajo la forma del amor y de la amistad, otras bajo la forma del odio, de la crueldad o la venganza. No estamos solos, aunque la soledad es una inquietante posibilidad del drama de la existencia. Pero incluso en tal caso, aunque lo estemos, somos con y frente a los otros. Si ellos no estuvieran ah\u00ed \u2013en ocasiones bajo una forma espectral\u2013 no podr\u00edamos estar solos. Es verdad que la soledad es la ausencia del otro, pero eso tiene sentido porque la existencia est\u00e1 estructuralmente abierta a la exterioridad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ser en el mundo, ser en escenas, habitar un teatro, existir como drama, significa que todo lo que hacemos, lo que decimos, lo que pensamos, lo que sentimos, es percibido por otros que no se encuentran fuera del escenario. Se ha diluido la cuarta pared. La exposici\u00f3n es inevitable, pero para un ser dram\u00e1tico es siempre a trav\u00e9s de m\u00e1scaras. No hay teatro sin m\u00e1scaras. Estas son elementos fundamentales de toda existencia. Es habitual considerar que una m\u00e1scara es algo que oculta otra cosa, de forma que se supone que hay algo detr\u00e1s de ella, algo que no se ha (todav\u00eda) revelado, una especie de secreto, una verdad encubierta. Pero tal vez la realidad sea distinta, porque quiz\u00e1 la m\u00e1scara no sea sino la manifestaci\u00f3n de lo m\u00e1s importante. La m\u00e1scara no oculta la verdad de uno mismo, al contrario, la desvela. Si un ser necesita una m\u00e1scara es porque su existencia es inevitablemente una coexistencia. La m\u00e1scara, pues, expresa y protege, siembra una duda, una inquietud, porque en toda relaci\u00f3n el otro me asedia, me pone en cuesti\u00f3n, me interpela.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cae el tel\u00f3n. El mundo es un teatro, y un teatro es la expresi\u00f3n de algo que la metaf\u00edsica ha menospreciado: la apariencia, el escenario y la existencia como drama. Hannah Arendt lo advirti\u00f3 en su libro anteriormente mencionado: la teor\u00eda de los dos mundos es una de las falacias metaf\u00edsicas m\u00e1s antiguas y tercas. Si, por el contrario, vivimos en un mundo, \u00bfno ser\u00eda m\u00e1s acertado pensar que lo relevante y significativo se halla precisamente en la superficie? Todo escenario es una superficie. De eso se trata, pues, de defender, de rehabilitar y de devolver los derechos al mundo, a ese mundo que nunca debimos abandonar: un teatro de claroscuros y sombras.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El autor<\/p>\n<p>Joan-Carles M\u00e8lich (Barcelona, 1961) es fil\u00f3sofo, profesor de Filosof\u00eda de la Educaci\u00f3n en la Universitat Aut\u00f2noma de Barcelona. Es autor de numerosos ensayos donde desarrolla su pensamiento entorno a cuestiones de la pedagog\u00eda y la \u00e9tica, como Filosof\u00eda de la finitud (2002), \u00c9tica de la compasi\u00f3n (2010) o La sabidur\u00eda de lo incierto (2019); su \u00faltimo t\u00edtulo publicado es La fragilidad del mundo (Tusquets, 2021)<\/p>\n<p>LA VANGUARDIA<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La escena es conocida. Atados de pies y manos desde ni\u00f1os, unos hombres se ven obligados a mirar al fondo de una cueva. 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