{"id":52270,"date":"2021-10-29T13:06:09","date_gmt":"2021-10-29T12:06:09","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=52270"},"modified":"2021-11-02T09:28:44","modified_gmt":"2021-11-02T08:28:44","slug":"el-lenguaje-del-diario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-lenguaje-del-diario\/","title":{"rendered":"El lenguaje del diario"},"content":{"rendered":"<p>Dec\u00eda Walter Benjamin que la escritura del diario no ten\u00eda otra forma de organizaci\u00f3n que la impuesta por la impaciencia del lector. El ritmo trepidante con el que se superponen las noticias, exacerbado ahora por la actualizaci\u00f3n en tiempo real, da fe de la voracidad con que consumimos las \u00abnovedades\u00bb. Cada vez hay menos gente que lea en el sentido etimol\u00f3gico de \u00ableer\u00bb, palabra que originariamente significaba \u00abrecoger\u00bb, \u00abreunir\u00bb. Leer es espigar en el lenguaje, reuniendo las palabras en haces de sentido. Es una t\u00e9cnica compleja, que no acaba, sino que acaba de empezar, cuando los ni\u00f1os alcanzan a descifrar la cartilla. Alfabetizaci\u00f3n y capacidad de lectura son cosas diversas y es un error capital considerar la formaci\u00f3n lectora terminada con la educaci\u00f3n secundaria.<\/p>\n<p>El problema no es que la lectura se haya especializado y leer el peri\u00f3dico requiera una t\u00e9cnica diferente de leer libros, sino que la lectura apresurada y distra\u00edda propia de la prensa se ha convertido en hegem\u00f3nica. A ra\u00edz de la metamorfosis de un acto que al principio hab\u00eda sido ritual y colectivo, m\u00e1s adelante privado y reflexivo y actualmente de un solo uso, la literatura ha perdido masa cr\u00edtica. Hoy ya es poco m\u00e1s que una extensi\u00f3n del diario. En el mercado triunfan las obras que en ingl\u00e9s se llaman &#8216;page turners&#8217;, porque estimulan a volver las hojas con la celeridad de quien engulle materia leve, que se cuela por los intestinos de la mente sin provocar retenciones en la memoria. Y es que la base cultural ya se ha adelgazado demasiado para consentir las grandes obras literarias de un siglo atr\u00e1s. La otra cara de la moneda, sin embargo, es que la literatura se ha democratizado y hoy cualquiera que disponga de un teclado escribe una novela sacando partido de los temas de moda con sentimentalidad masticada o fantas\u00eda construida con im\u00e1genes del cine y las series de televisi\u00f3n.<\/p>\n<p>La gente se preocupa, con raz\u00f3n, por la regresi\u00f3n del idioma mientras permanece impasible ante la recesi\u00f3n de la lectura. Sin embargo, el diario es un bar\u00f3metro de la presi\u00f3n social al texto. Una de las consecuencias m\u00e1s evidentes de la progresiva anomia del significado es la nivelaci\u00f3n de prensa y literatura. Un s\u00edntoma inconfundible del aplanamiento son las cifras de ventas. Nos muestran, cada vez m\u00e1s, que los libros que triunfan en caja son los de autor\u00eda medi\u00e1tica. El problema no es que los literatos hagan periodismo para vivir o malvivir de la escritura. La doble ocupaci\u00f3n ha sido un cl\u00e1sico a partir del siglo XVIII, cuando la novela despega paralelamente con la prensa. Pero en el siglo XXI esa dualidad resulta anacr\u00f3nica desde que los medios han colonizado la literatura. La obsesi\u00f3n de estar \u00abinformado\u00bb de todo a todas horas origina sobreabundancia de oferta y la preferencia por los contenidos pre-digeridos crea intolerancia a la escritura intrincada, que es, por naturaleza, la que reclama el pensamiento. Desde el momento en que pensar ya no es aventurarse en territorio conceptualmente hostil, el lenguaje se vuelve perezoso, se adapta a las expectativas y florece en clich\u00e9s. Entonces tambi\u00e9n la lectura se muestra refractaria al neologismo en la forma y a la ant\u00edfrasis en el fondo.<\/p>\n<p>Lo que de verdad fideliza al lector de un diario es la necesidad de ratificar un convencimiento. Los editores responden a la impaciencia del lector multiplicando las secciones a fin de retenerlo y ganar otros nuevos con una oferta proporcional a la curiosidad, preocupaciones, inquietud, curiosidad o simplemente al tedio atribuidos al cliente de la cabecera en cuesti\u00f3n. La automatizaci\u00f3n de la oferta, que puede ir de las recetas de cocina a los consejos diet\u00e9ticos, de salud o incluso pedi\u00e1tricos, pasando por las intimidades de la realeza y las \u00abcelebridades\u00bb de la televisi\u00f3n o del f\u00fatbol, \u200b\u200btiende a confluir en las cabeceras, por diversas que pretendan ser en otros aspectos, pues la pluralidad de \u00abpuntos de vista\u00bb se funda en variaciones tonales m\u00e1s que en originalidad de visi\u00f3n. El indicio m\u00e1s claro de la operaci\u00f3n mec\u00e1nica de esta escritura es la traducci\u00f3n autom\u00e1tica de art\u00edculos que practican algunos rotativos de lengua catalana receptores de subvenciones p\u00fablicas en concepto de apoyo al idioma, subvenciones que, en vista de la degradaci\u00f3n que practican, ser\u00eda mejor destinar a mejorar el programa de traducci\u00f3n de Google.<\/p>\n<p>La holgazaner\u00eda del lector y del articulista se retroalimentan. A principios de los a\u00f1os treinta, Benjamin ya notaba que la asimilaci\u00f3n indiscriminada de los hechos por parte de un p\u00fablico capaz de tragarlo todo suele ir de la mano con la asimilaci\u00f3n indiscriminada de los lectores, que desde este hecho son elevados a colaboradores, es decir, a la facultad de decidir la forma y el contenido de las \u00abnoticias\u00bb. Con perspicacia casi prof\u00e9tica, Benjamin previ\u00f3 la transformaci\u00f3n radical del diario medio siglo antes de la aparici\u00f3n, en la prensa digital, de un espacio casi ilimitado para la participaci\u00f3n del lector, que no s\u00f3lo comenta o critica o incluso reescribe el art\u00edculo, sino que a menudo materializa en ello la impaciencia para leer lo que ya sabe, o cree saber, pero desea verlo reproducido.<\/p>\n<p>Benjamin seguramente ten\u00eda presente la introducci\u00f3n de las cartas del lector en los rotativos o simplemente la influencia que ejerc\u00eda con el incremento o disminuci\u00f3n de las suscripciones. Pero en la degeneraci\u00f3n de la escritura en la prensa ve\u00eda tambi\u00e9n un impulso dial\u00e9ctico que llevar\u00eda a restaurarla en una prensa de otro tipo. Se daba cuenta de que, en el momento en que la escritura ganaba en extensi\u00f3n lo que perd\u00eda en profundidad, la distinci\u00f3n tradicional entre escritor y p\u00fablico tend\u00eda a desaparecer, y en ello ve\u00eda un cambio social deseable. El lector acced\u00eda cada vez m\u00e1s al rol de autor con la autoridad de una especializaci\u00f3n laboral o t\u00e9cnica, que ya no era la formaci\u00f3n especializada de la escritura. La escritura, habiendo sido redil exclusiva del escritor, se convertir\u00eda en propiedad p\u00fablica. Para decirlo con una imagen de Baudelaire, la escritura yace en medio de la calle, entre el barro de las cosas pisoteadas, a disposici\u00f3n de quien quiera recogerla. O con una imagen similar de Benjamin -que fue un gran lector de Baudelaire-, es la escena de la infinita degradaci\u00f3n de la palabra, en el diario pues, donde se prepara su salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed no s\u00f3lo por causa de la democratizaci\u00f3n de la escritura a ra\u00edz de la alfabetizaci\u00f3n general, sino sobre todo porque la prensa permanece como el \u00faltimo baluarte de la palabra formal en \u00e9poca de descomposici\u00f3n del lenguaje. La descomposici\u00f3n no anuncia el regreso a una oralidad estructurada por el arte de la oratoria, sino una nueva barbarie de comunicaci\u00f3n por interjecciones, onomatopeyas y explicativos. En la pendiente por donde se desliza la literariedad y, en el caso del catal\u00e1n, la propiedad estricta del lenguaje, hay que medir el valor de un peri\u00f3dico no por la aparatosidad del men\u00fa o la posici\u00f3n ideol\u00f3gica ante el ir y venir de las \u00abactualidades\u00bb, sino por el compromiso con la palabra. El cuidado ling\u00fc\u00edstico no es un detalle superficial, ajeno al sentido que toma el mundo en las p\u00e1ginas del diario, sino la condici\u00f3n que permite ejercer la competencia escritural (y tambi\u00e9n lectora) que Benjamin consideraba patrimonio del trabajo en un mundo gobernado por la t\u00e9cnica.<\/p>\n<p>VILAWEB<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dec\u00eda Walter Benjamin que la escritura del diario no ten\u00eda otra forma de organizaci\u00f3n que la impuesta por la impaciencia del lector. El ritmo trepidante con el que se superponen las noticias, exacerbado ahora por la actualizaci\u00f3n en tiempo real, da fe de la voracidad con que consumimos las \u00abnovedades\u00bb. 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