{"id":50378,"date":"2021-05-02T08:04:30","date_gmt":"2021-05-02T07:04:30","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=50378"},"modified":"2021-05-02T08:04:30","modified_gmt":"2021-05-02T07:04:30","slug":"los-signos-de-la-decadencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/los-signos-de-la-decadencia\/","title":{"rendered":"Los signos de la decadencia"},"content":{"rendered":"<p>El fil\u00f3sofo madrile\u00f1o Jos\u00e9 Ortega y Gasset escribi\u00f3 que \u00absolo en mentes castellanas existen \u00f3rganos adecuados para percibir el gran problema de la Espa\u00f1a integral\u00bb. Quienes acusan a los catalanes de supremacistas har\u00edan bien en meditar cinco segundos sobre esta frase gr\u00e1vida de consecuencias pol\u00edticas y militares. Que la Espa\u00f1a integral, es decir, la Espa\u00f1a homog\u00e9nea y unitaria, es un problema grande, nadie puede dudar. Es el problema que envenena la vida espa\u00f1ola desde hace siglos. Problema que las cabezas castellanas urden y las cabezas catalanas sufren en forma de decapitaci\u00f3n real o simb\u00f3lica.<\/p>\n<p>Pero los catalanes mismos deber\u00edan meditar la frase del fil\u00f3sofo espa\u00f1ol, maestro de falangistas, por la parte de raz\u00f3n emp\u00edrica que tiene. Si expurgamos su ganga nacionalista, veremos que Ortega hab\u00eda captado correctamente que los castellanos entienden las ventajas de la unidad y los catalanes (contra los que escrib\u00eda aquella sentencia), no. La tan citada frase de Aznar que antes se romper\u00eda Catalu\u00f1a que Espa\u00f1a no debe interpretarse necesariamente como una previsi\u00f3n de \u00abmontar un Ulster\u00bb en Catalu\u00f1a, al estilo de lo que prometi\u00f3 el excitado Jordi Ca\u00f1as inspir\u00e1ndose probablemente en las im\u00e1genes del film &#8216;La Haine&#8217; (1). Sin duda, de Aznar se puede esperar una actuaci\u00f3n mefistof\u00e9lica con panorama de violencia al fondo. Al fin y al cabo, ya era \u00e9ste el trasfondo del discurso real del 3 de octubre de 2017. Pero fuera cual fuera la intenci\u00f3n de aquella advertencia sobre una Catalu\u00f1a frangible, Aznar ten\u00eda suficiente con la experiencia hist\u00f3rica para hacerla. Los catalanes no lo han entendido, no digo intelectual sino sentimentalmente, y por ello existencialmente, la importancia de la unidad. Y como no lo han entendida la remiten a los gestos simb\u00f3licos. La mata del junco, el pino de las tres ramas, la sardana son los s\u00edmbolos compensatorios de una unidad idealizada justamente por inaccesible.<\/p>\n<p>Ortega dec\u00eda que el catal\u00e1n es lo que queda del hombre antiguo en la pen\u00ednsula. Un hombre psicol\u00f3gicamente estampado por el modelo asociativo de la ciudad-estado, de las peque\u00f1as rep\u00fablicas que durante siglos hab\u00edan definido la vida en las costas del Mediterr\u00e1neo. Con esta alusi\u00f3n al arca\u00edsmo de lo que entonces en Madrid tildaban de particularismo y ahora de nazismo, Ortega respond\u00eda no del todo ir\u00f3nicamente a la bocanada de helenismo al novecentismo de la \u00e9poca. La voluntad de clasicismo de Eugeni d&#8217;Ors, quien se quejaba de que Barcelona fuera poco griega por falta de grandes obras de arquitectura p\u00fablica, ten\u00eda la contraimagen de una realidad hist\u00f3rica de interminables guerras civiles entre los estados-ciudad hel\u00e9nicos. Al imperialismo orsiano, delirante reflejo de la ambici\u00f3n de una burgues\u00eda que cre\u00eda posible traducir la pujanza econ\u00f3mica en influencia pol\u00edtica en una Espa\u00f1a preindustrial, Ortega opon\u00eda la anarqu\u00eda que siempre debilit\u00f3 la vida griega, incluso en el siglo culturalmente m\u00e1s frondoso, el de Pericles. Aquella incapacidad de unidad, intentada en vano con la formaci\u00f3n de la liga de Delos, que reuni\u00f3 entre 150 y 330 estados-ciudad bajo el liderazgo de Atenas, llev\u00f3 a la guerra del Peloponeso. El debilitamiento general hizo inevitable que otros estados m\u00e1s unificados y por lo mismo m\u00e1s poderosos aprovecharan la incapacidad helena de superar la discordia.<\/p>\n<p>Como Grecia, Catalu\u00f1a tuvo una fase expansiva que la llev\u00f3 hasta Murcia y la proyect\u00f3 sobre las orillas del Mediterr\u00e1neo, a las que impuso una ley internacional de comercio, el Consulado de Mar, exactamente como despu\u00e9s lo han hecho los imperios mar\u00edtimos posteriores a una escala mucho mayor. Pero habiendo agotado la energ\u00eda expansiva, que pronto top\u00f3 con el l\u00edmite de la fuerza demogr\u00e1fica, el incipiente imperio catal\u00e1n comienza a desmembrarse. Ya Jaume I, monarca sin concepci\u00f3n de la unidad territorial como base del poder, fund\u00f3 en Mallorca y Valencia reinos diferenciados con la intenci\u00f3n de repartir los territorios de la corona catalano-aragonesa entre sus hijos. En la Espa\u00f1a interior, el rey Fernando III reuni\u00f3 definitivamente Le\u00f3n y Castilla en una uni\u00f3n que, si en un primer momento no parec\u00eda decisiva por la hegemon\u00eda hisp\u00e1nica, con el tiempo se mostr\u00f3 determinante.<\/p>\n<p>En un estadio poco desarrollado de la econom\u00eda, en el que la producci\u00f3n se consum\u00eda localmente, aquellos reinos pod\u00edan subsistir independientes unos de otros mientras no fueran codiciados por una potencia superior. Las mezquinas disputas de preeminencia que llevaron a la entrega de la corona a una dinast\u00eda castellana a las puertas del Renacimiento impidieron la formaci\u00f3n de un Estado catal\u00e1n moderno, vale decir nacional, precisamente cuando el comercio revolucionaba la econom\u00eda y la exportaci\u00f3n exig\u00eda m\u00e1s colaboraci\u00f3n pol\u00edtica entre las diferentes entidades de la corona catalano-aragonesa. Al final la colaboraci\u00f3n se realiz\u00f3, s\u00ed, pero a favor de las oligarqu\u00edas castellanas y facilitando la castellanizaci\u00f3n de los territorios a\u00f1adidos a la corona hisp\u00e1nica. El orden pol\u00edtico internacional que los catalanes hab\u00edan iniciado con el Consulado de Mar, pero que fueron incapaces de afianzar, finalmente se lo impusieron desde fuera, primero con la doble dinast\u00eda de los Trast\u00e1mara consolidando la unificaci\u00f3n de la pen\u00ednsula bajo la f\u00e9rula castellana y despu\u00e9s con la incorporaci\u00f3n de los reinos peninsulares en el imperio de los Habsburgo.<\/p>\n<p>El pecado original de la desuni\u00f3n, perpetuado con la adopci\u00f3n local de gentilicios diferenciados, se encon\u00f3 en rivalidades adventicias que, en lugar de promover la excelencia en las artes y la filosof\u00eda que compens\u00f3 Atenas por su torpeza pol\u00edtica, acabaron hundiendo a los pa\u00edses catalanes en el vicio que Freud llam\u00f3 el narcisismo de las peque\u00f1as diferencias. El mantenimiento de diferencias morfol\u00f3gicas en la lengua culta como referente identitario en un espacio ling\u00fc\u00edstico tan reducido como el del catal\u00e1n, la afirmaci\u00f3n diferencial en la denominaci\u00f3n del idioma seg\u00fan el lugar donde se habla, vanamente compensada con afirmaciones \u00abcient\u00edficas\u00bb de la unidad, hacen de la lengua, no el cemento de una comunidad nacional, sino un disolvente constantemente aplicado por quienes la quieren reducida a un habla de campanario. Con el prejuicio contra la denominaci\u00f3n de origen, de ra\u00edz \u00e9tnica y no geogr\u00e1fica, muy pronto se abri\u00f3 la brecha para la cu\u00f1a que astill\u00f3 el tronco del idioma.<\/p>\n<p>Con esta flaqueza cong\u00e9nita la tala no se detendr\u00e1 nunca. El \u00faltimo episodio ha sido el ataque a la muestra de libros de la Biblioteca Nacional Espa\u00f1ola. Y curiosamente, los mismos que en Valencia vociferan porque los cl\u00e1sicos valencianos del siglo XV se expongan en Madrid en la categor\u00eda de literatura catalana, son los que en Barcelona quieren hacer del castellano una lengua genuinamente catalana, pero ni aqu\u00ed ni all\u00ed se les ocurre protestar contra la \u00absubordinaci\u00f3n\u00bb a la literatura espa\u00f1ola de los escritores que escriben en castellano. Si tiene dudas del da\u00f1o causado por la vanidad nominalista, compare el ahogamiento de la potencia medieval catalana, ya herida de muerte cuando culminaba en el brillante siglo XV de Valencia, con la fuerza expansiva del pueblo anglosaj\u00f3n. Un s\u00edntoma palpable de la energ\u00eda y fortaleza de su cultura es la unidad incuestionable de la lengua inglesa en todos los continentes, conocida con el nombre de origen y con \u00abautoridades\u00bb ling\u00fc\u00edsticas compartidas, a pesar m\u00ednimas variantes ortogr\u00e1ficas y unas cuantas prioridades lexicogr\u00e1ficas. Esta unidad espiritual tiene equivalencia pol\u00edtica y econ\u00f3mica en la Commonwealth por un lado y en las relaciones privilegiadas entre el Reino Unido y los Estados Unidos por otro. Por el contrario, en la estrecha franja de setecientos cincuenta kil\u00f3metros escasos de longitud entre Salses y Guardamar, en las Islas Baleares, con cinco mil kil\u00f3metros cuadrados de superficie, y en el Alguer con doscientos veinticuatro kil\u00f3metros cuadrados, no se conserva un nombre \u00fanico para el idioma com\u00fan y en consecuencia no hay una autoridad ling\u00fc\u00edstica compartida, ni una televisi\u00f3n de \u00e1mbito territorial, ni colaboraci\u00f3n pol\u00edtica, ni estrategias econ\u00f3micas para racionalizar la productividad y aumentar la competitividad del conjunto.<\/p>\n<p>Este trasfondo es necesario para entender por qu\u00e9 el narcisismo de las peque\u00f1as diferencias acorrala al independentismo desde el inicio del proceso. En plena recesi\u00f3n pol\u00edtica, ERC quiere el poder, o los desechos de poder que a\u00fan pueda haber en una Generalitat desarbolada. Y a pesar del empate t\u00e9cnico en las elecciones, lo quiere entero. M\u00e1s exactamente, no quiere supeditarse a ninguna estrategia de defensa colectiva. Lo dec\u00edan juntos, para que se entienda mejor, el presidente del partido Oriol Junqueras y el president de la Generalitat &#8216;in pectore&#8217; Pere Aragon\u00e9s el viernes pasado. No aceptar\u00e1n ninguna limitaci\u00f3n, dicen, para poder aceptarlas todas, pues la limitaci\u00f3n al independentismo no se la pone el Consejo para la Rep\u00fablica sino el Estado espa\u00f1ol. Pero, como ocurre con el nacionalismo banal, que no se nota porque estamos condicionados por el mismo, ser una colonia espa\u00f1ola se ha convertido en normal y por tanto invisible para mucha gente. Por ello, la c\u00fapula de ERC encuentra natural humillar al pa\u00eds con la ficci\u00f3n de un di\u00e1logo para levantar unos l\u00edmites que ahora mismo se concretan en los muros de una prisi\u00f3n, mientras que colaborar lealmente con un organismo de liberaci\u00f3n nacional como quiere serlo el Consejo para la Rep\u00fablica les parece un detrimento de la imagen de hegemon\u00eda que se han forjado en unas horas dram\u00e1ticas para la existencia de Catalu\u00f1a.<\/p>\n<p>Quienes a\u00fan piden a la historia pruebas para certificar la decadencia del pa\u00eds son como los miopes, que tratan de vislumbrar en la distancia lo que tienen clar\u00edsimamente delante. El resurgimiento del esp\u00edritu catal\u00e1n entre 2012 y 2017 fue un intento de reconducir la bajada hist\u00f3rica constatable en la p\u00e9rdida de peso pol\u00edtico, econ\u00f3mico y ling\u00fc\u00edstico durante el r\u00e9gimen actual, a pesar de momentos rutilantes de aparente renovaci\u00f3n como la \u00e9poca de la Barcelona ol\u00edmpica, que en mi libro &#8216;La vocaci\u00f3n de modernidad de Barcelona&#8217; (listo en 2005 y publicado en 2008) ya advert\u00eda que hab\u00eda entrado en declive. Las pruebas, que en historia s\u00f3lo lo son con un criterio comparativo, las encontrar\u00e1 argumentadas en el libro, que me consta que disgust\u00f3 a los propagadores de la \u00abmarca Barcelona\u00bb.<\/p>\n<p>Ya nadie discute que Barcelona est\u00e1 en ca\u00edda libre. Pero ahora la cuesti\u00f3n m\u00e1s urgente es el declive del pa\u00eds, promovido con eficacia por los poderes espa\u00f1oles -judicial, policial, administrativo, fiscal, econ\u00f3mico y medi\u00e1tico-, pero tambi\u00e9n por los que magnifican los dramas y las miserias personales hasta perder de vista los dramas y miserias de todos juntos. El desprecio por los pactos, la invalidaci\u00f3n caprichosa de los contratos, la preeminencia del derecho, real o imaginario, sobre el deber, la agresividad con que se disimula el ataque a la convivencia y la desconfianza que genera la inconsciencia con que cada uno justifica el impulso pasional y el inter\u00e9s sobrevenido ya no son caracter\u00edsticos de un sector marginal de la poblaci\u00f3n sino un aspecto de la catalanidad actual, perfectamente representada en la clase pol\u00edtica. Al final la independencia es una cuesti\u00f3n \u00e9tica m\u00e1s que pol\u00edtica. Cuando sea tarde para reaccionar y las inquietudes de supervivencia reposen en la paz del agotamiento, los catalanes de todas las regiones del pa\u00eds -o pa\u00edses- quiz\u00e1s se dar\u00e1n cuenta de que las heridas mortales en el cuerpo de la naci\u00f3n se las hab\u00edan infligidas ellos mismos.<\/p>\n<p>(1) https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/El_odio<\/p>\n<p>VILAWEB<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El fil\u00f3sofo madrile\u00f1o Jos\u00e9 Ortega y Gasset escribi\u00f3 que \u00absolo en mentes castellanas existen \u00f3rganos adecuados para percibir el gran problema de la Espa\u00f1a integral\u00bb. Quienes acusan a los catalanes de supremacistas har\u00edan bien en meditar cinco segundos sobre esta frase gr\u00e1vida de consecuencias pol\u00edticas y militares. 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