{"id":49190,"date":"2021-01-14T19:53:39","date_gmt":"2021-01-14T18:53:39","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=49190"},"modified":"2021-01-14T19:53:39","modified_gmt":"2021-01-14T18:53:39","slug":"el-fin-de-la-hipocresia-mundial","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-fin-de-la-hipocresia-mundial\/","title":{"rendered":"El fin de la hipocres\u00eda mundial"},"content":{"rendered":"<p>Se insiste estos d\u00edas con acierto en que el asalto del Capitolio del pasado 6 de enero -que algunos han comparado con la marcha sobre Roma de 1922- se\u00f1ala el fin de una \u00e9poca. Creo, en efecto, que muchos lo hemos experimentado as\u00ed, si es que somos capaces de distinguir el fin de una \u00e9poca del fin de una civilizaci\u00f3n -del fin de las primera Navidades en pandemia. Ahora bien, lo cierto es que el 6 de enero vivimos asimismo, o sobre todo, una experiencia a\u00fan m\u00e1s importante: la revelaci\u00f3n de que tambi\u00e9n nosotros, los ciudadanos globales del siglo XXI, ligeros individualistas, somos una \u201c\u00e9poca\u201d; el descubrimiento de que formamos parte, s\u00ed, de una \u00e9poca y de que, al igual que todos los humanos que nos han precedido, estamos encerrados en ella, por muy rebeldes o libres o ricos que nos creamos. Cada generaci\u00f3n se vuelve \u201c\u00e9poca\u201d a trav\u00e9s de un acontecimiento disruptivo y traum\u00e1tico, casi siempre una guerra. En nuestro caso, los acontecimientos han sido dos y de alguna manera simult\u00e1neos y correlativos: la pandemia de COVID-19 y la \u201cca\u00edda\u201d del imperio estadounidense. A partir de ahora, ya se puede hablar de nosotros en pasado; nuestra vida es y ser\u00e1 durante mucho tiempo ese pasado envolvente del que no podemos escapar ni hacia dentro ni hacia fuera. La pandemia y el asalto al Capitolio producen sobre todo claustrofobia. No somos libres; no somos nosotros mismos. Somos nuestra \u00e9poca y, como todas las \u00e9pocas, esta es tambi\u00e9n un cepo para osos.<\/p>\n<p>Los b\u00e1rbaros internos<\/p>\n<p>Esta claustrofobia -la de descubrirnos acorralados en el recinto angosto de nuestra \u00e9poca- se ha presentado bajo la forma dist\u00f3pica de una epidemia medieval y bajo la forma desasosegante -cito aqu\u00ed a Jorge Tamames- de un repentino \u201cvac\u00edo global\u201d. Se dir\u00e1 con raz\u00f3n que el derribo criminal de la Torres Gemelas en septiembre de 2001 fue un acontecimiento mucho m\u00e1s violento, mucho m\u00e1s destructivo y, por lo tanto, mucho m\u00e1s \u201cespectacular\u201d. Pero no son siempre los b\u00e1rbaros de Alarico -ni la batalla de Adrian\u00f3polis- los que marcan la hora; en la antigua Roma, de hecho, fue m\u00e1s decisivo la desaparici\u00f3n del Senado y el cambio de capital. El 11-S fue, no lo olvidemos, un golpe exterior que, por lo dem\u00e1s, provoc\u00f3 una reacci\u00f3n imperial suicida inseparable del declive internacional estadounidense como \u00e1rbitro hegem\u00f3nico en el \u00e1mbito geopol\u00edtico. Pero fue solo un umbral y -perd\u00f3nenme las v\u00edctimas- una bravuconada. En contraste y a modo de reabsorci\u00f3n nacional, el del 6 de enero ha sido -bien lo apunta Germ\u00e1n Cano- un golpe de los \u201cb\u00e1rbaros internos\u201d, dirigido al coraz\u00f3n pol\u00edtico de la naci\u00f3n desde la propia presidencia; y, pese al reducido balance de victimas mortales, su repercusi\u00f3n simb\u00f3lica es mucho mayor, pues se\u00f1ala, de alg\u00fan modo, un punto de no retorno: as\u00ed lo prueba el pasmo visual desproporcionado que nos ha producido ver a un tipo disfrazado de b\u00fafalo en el sancta sanctorum de la soberan\u00eda popular.<\/p>\n<p>\u00bfTenemos que alegrarnos de esta \u201cca\u00edda\u201d? EEUU era una democracia hip\u00f3crita, olig\u00e1rquica, racista e imperial, pero manten\u00eda unas \u201cformas\u201d que, como las categor\u00edas kantianas, fung\u00edan de cadera y sosten\u00edan, por tanto, su materialidad pol\u00edtica y cultural: su tramoya institucional. En democracia la columna vertebral es siempre una palabra, una ley, un procedimiento, una ceremonia. EEUU invad\u00eda pa\u00edses, daba golpes de Estado en todo el mundo, levantaba muros, maltrataba a sus propias minor\u00edas, pero en la habitaci\u00f3n de al lado, no menos real, se somet\u00eda a s\u00ed mismo a unas reglas de cuya supervivencia depend\u00eda no solo su estabilidad interna sino tambi\u00e9n su liderazgo mundial. Igual que el socialismo sovi\u00e9tico, r\u00e9gimen fat\u00eddico, gener\u00f3 espectros de liberaci\u00f3n e incluso oblig\u00f3 a recular al capitalismo m\u00e1s salvaje en Europa, as\u00ed la democracia estadounidense, r\u00e9gimen fat\u00eddico para sus vecinos, gener\u00f3 tambi\u00e9n efectos democr\u00e1ticos muy superiores a los de su fuente. Hoy, cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s del derribo del muro de Berl\u00edn, ha terminado por fin la Guerra Fr\u00eda con la derrota de los dos oponentes. En este Weimar global que estamos viviendo, el batacazo simb\u00f3lico de la institucionalidad democr\u00e1tica estadounidense revela los retrocesos vividos en la \u00faltima d\u00e9cada y anticipa -me temo- nuevas derrotas de la democracia. Ni siquiera las \u201cformas\u201d sostienen ya a nuestras sociedades, muy divididas, muy ideologizadas, muy desconfiadas y cada vez m\u00e1s dispuestas a \u201cpasar al acto\u201d. Trump termin\u00f3 con la \u201chipocres\u00eda\u201d estadounidense y sus partidarios han derribado, de manera coherente y sin retorno, esos palillos intangibles que, como la creencia en los Reyes Magos, s\u00f3lo se sostienen gracias a un \u201cvelo de ignorancia\u201d colectivo que ha dejado de existir.<\/p>\n<p>Un vac\u00edo global<\/p>\n<p>En 1989 muchos tuvimos la certeza de que el mundo iba a echar de menos a la URSS no menos de lo que hab\u00eda deplorado su estalinismo. Mi impresi\u00f3n es que nuestros hijos echar\u00e1n de menos el imperio estadounidense, con sus hip\u00f3critas reglas democr\u00e1ticas, no menos de lo que hemos deplorado sus bombardeos, invasiones y golpes de Estado en el exterior. El fin de la Guerra Fr\u00eda nos deja un \u201cvac\u00edo global\u201d que, en medio de la desdemocratizaci\u00f3n general, no puede ocupar ninguna fuerza menos mala. Esa es la tragedia de nuestra \u00e9poca. Ojal\u00e1 Europa comprenda que, frente a Rusia y China (y el crepitar de subpotencias locales desbocadas y autoritarias), tiene una \u00faltima oportunidad: la de convertirse en el inesperado vencedor de la Guerra Fr\u00eda para fundir los \u201cespectros\u201d de la URSS y las \u201cformas\u201d de EEUU en un remiendo sin muchas pretensiones o con la \u00fanica pretensi\u00f3n, ahora vital, de proteger a los ciudadanos de la intemperie y las instituciones democr\u00e1ticas del b\u00fafalo iliberal y sus cornadas. El problema es que los b\u00fafalos, en casi todos los pa\u00edses del mundo, est\u00e1n ya dentro del Capitolio.<\/p>\n<p>ARA<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se insiste estos d\u00edas con acierto en que el asalto del Capitolio del pasado 6 de enero -que algunos han comparado con la marcha sobre Roma de 1922- se\u00f1ala el fin de una \u00e9poca. 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