{"id":48410,"date":"2020-10-16T15:14:02","date_gmt":"2020-10-16T14:14:02","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=48410"},"modified":"2020-10-16T15:14:02","modified_gmt":"2020-10-16T14:14:02","slug":"la-hora-de-las-alpargateras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-hora-de-las-alpargateras\/","title":{"rendered":"La hora de las alpargateras"},"content":{"rendered":"<h2>Son cientos, o miles, las alpargateras roncalesas que durante casi un siglo se movilizaron en el valle del Roncal para ir a trabajar a las f\u00e1bricas del otro lado del Pirineo. En este caso el autor se fija en una de ellas, en la m\u00e1s pr\u00f3xima a \u00e9l, en su propia abuela a la que no lleg\u00f3 a conocer.<\/h2>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Recreaci\u00f3n actual de la vida de las alpargateras.<\/p>\n<p>All\u00ed est\u00e1, en el rellano de la escalera, quieta su maquinaria porque no hay ahora una mano como la hubo siempre que durante todo el a\u00f1o se ocupe de darle cuerda. El reloj, ese excelente reloj de pie, est\u00e1 parado. Y de este hecho, de esta realidad, que cada una perciba las evocaciones que quiera, pero lo cierto es que el viejo reloj de casa Esandi, en Isaba, descansa mudo sin dar las horas, sin mover su p\u00e9ndulo, sin ver ascender y descender sus pesas, sin girar sus agujas\u20ac y, como un mueble m\u00e1s, decora donde siempre ha decorado, altivo, exhibiendo esfera.<\/p>\n<p>Cualquiera que venga a casa lo que ve es un elemento decorativo, sin duda antiguo\u20ac pero nada m\u00e1s; aunque no sea poco, no ve nada m\u00e1s. Sin embargo detr\u00e1s de \u00e9l hay una historia que descubr\u00ed un d\u00eda por casualidad; una historia que se enfrenta hoy al \u00abdesolvido\u00bb, intrahistoria pura y dura. Me explico:<\/p>\n<p>Obs\u00e9rvese que las alpargateras de la vertiente sur del <strong>Pirineo<\/strong> dejaron de acudir al otro lado m\u00e1s o menos cuando la guerra de 1936-1939. Aquel conflicto, como las huelgas previas en Maule\u00f3n, pusieron el estoque de muerte a este movimiento migratorio que por aquellos a\u00f1os estaba ya en franca decadencia y agon\u00eda. Y a partir de entonces, silencio de ellas y silencio para ellas.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-48411\" src=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/LAHORAALPARGATERAS.jpg\" alt=\"\" width=\"536\" height=\"452\" srcset=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/LAHORAALPARGATERAS.jpg 536w, https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/LAHORAALPARGATERAS-300x253.jpg 300w, https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/LAHORAALPARGATERAS-498x420.jpg 498w\" sizes=\"auto, (max-width: 536px) 100vw, 536px\" \/><\/p>\n<p>Algo ten\u00eda aquel oficio que socialmente no acababa de estar bien visto, al menos por algunas personas; algo ten\u00eda que hac\u00eda que d\u00e9cadas despu\u00e9s el almadiero se enorgullec\u00eda de haberlo sido, y tambi\u00e9n el pastor, fuese este \u00faltimo quesero o trashumante, y a\u00fan mejor si fue las dos cosas; pero quien fue golondrina nada dec\u00eda, parec\u00eda casi peor que ser madre soltera \u00a1o agote en otro tiempo! Pero callaban. Y pasaron d\u00e9cadas viendo ellas el orgullo de los dem\u00e1s, y seguramente rememorando en su cabeza aquellos movimientos migratorios que en su infancia y adolescencia hicieron para ganarse un salario. Sea por la raz\u00f3n que sea no alardearon de <em>golondrinas<\/em>, dijeron d\u00e9cadas despu\u00e9s que es que all\u00e1 marcharon las m\u00e1s econ\u00f3micamente necesitadas, y que no era cuesti\u00f3n de presumir de eso.<\/p>\n<p>Secreto desvelado<\/p>\n<p>Sin embargo en los \u00faltimos a\u00f1os del siglo XX en el valle del Roncal se empez\u00f3 a hablar de ellas, y no para mal sino para todo lo contrario, para decirles que se les admiraba. Y en esto la asociaci\u00f3n cultural Kebenko tuvo mucho que ver, lo tuvo todo. Quedaban ya muy pocas, y se las busc\u00f3, se as entrevist\u00f3, se las homenaje\u00f3, y en definitiva, se las reconoci\u00f3 en su esfuerzo, en su trabajo y en su m\u00e9rito. Los medios de comunicaci\u00f3n empezaron a hacerse eco del esfuerzo del colectivo Kebenko por sacarlas del olvido. Pasaron aquellas mujeres del olvido al reconocimiento.<\/p>\n<p>Y fue entonces, en ese momento, cuando mi t\u00edo me desvel\u00f3 aquello que nunca hab\u00eda dicho: \u00ab<em>Tu abuela tambi\u00e9n fue alpargatera<\/em>\u00ab. Nunca hab\u00eda o\u00eddo yo nada de eso en casa, era todo un descubrimiento para m\u00ed. Evidentemente quise saber m\u00e1s. Y fue as\u00ed, en ese empe\u00f1o m\u00edo, cuando supe que lo que le movi\u00f3 a mi abuela Inocencia Anaut Esandi a desplazarse andando a las f\u00e1bricas de Maule\u00f3n en aquellos \u00faltimos a\u00f1os del siglo XIX fue realmente su ilusi\u00f3n por hacerse el ajuar para la boda. A\u00fan y todo lo que m\u00e1s me impact\u00f3 fue comprobar que mi t\u00edo Nicol\u00e1s conservaba en casa algunas huellas del pasado alpargatero de la abuela; eran herramientas de trabajo de ella, pocas pero sentimentalmente valiosas para m\u00ed. Punzones, leznas, hilos, cortahilos, tijeras, e incluso un par de suelas de esparto. Todo ello del siglo XIX. Y todo ello, bien colocado, lo conservo y lo exhibo yo ahora en mi casa, en ese \u00abmuseo\u00bb familiar que tantas horas de satisfacci\u00f3n me reporta.<\/p>\n<p>Supe tambi\u00e9n que su \u00faltimo a\u00f1o de alpargatera fue el del invierno de 1898 a 1899, de donde regres\u00f3 para casarse ese mismo mes de abril, es decir, se vino de all\u00e1 antes que las dem\u00e1s porque altar y novio le esperaban aqu\u00ed.<\/p>\n<p>De aquella \u00faltima estancia nada llegu\u00e9 a saber, el tiempo lo hab\u00eda borrado todo, seguramente que la discreci\u00f3n de la abuela ayud\u00f3 a ello. Y mucho menos supe del conjunto de todas sus estancias invernales de alpargatera; me atrever\u00eda a decir que ni tan siquiera sus hijas e hijos llegaron a conocer detalles de aquella etapa; y sin embargo se preocuparon de guardar sus herramientas de trabajo, lo que me hace pensar que la abuela Inocencia era de aquellas que, adem\u00e1s de trabajar all\u00e1, se tra\u00eda trabajo aqu\u00ed, algo que posteriormente he descubierto que fue muy habitual. Son herramientas que corresponden a una \u00e9poca en donde la mecanizaci\u00f3n estaba por llegar.<\/p>\n<p>Reloj de pie<\/p>\n<p>Sin embargo de todo lo que averig\u00fc\u00e9, que se me antoj\u00f3 escaso, hubo algo que me impresion\u00f3, que me gust\u00f3. Y ese algo era el reloj que hab\u00eda en la escalera; el reloj que a m\u00ed me hab\u00eda acompa\u00f1ado siempre entre sue\u00f1os intentando desde la cama contar las horas que daba, sabiendo que un minuto despu\u00e9s las repet\u00eda una segunda vez permiti\u00e9ndome a m\u00ed la posibilidad de confirmar que las hab\u00eda contado bien.<\/p>\n<p>Y aqu\u00ed es donde mi t\u00edo Nicol\u00e1s me sorprendi\u00f3. Me cont\u00f3 que la abuela, la \u00abmadre\u00bb que respetuosamente dec\u00eda \u00e9l, en su \u00faltima estancia en Maule\u00f3n, invierno de 1898-1899, se vino unos meses antes que las dem\u00e1s porque se iba a casar, que en casa tuvieron que salir a buscarle por el riesgo que hab\u00eda en el monte con los lobos, y que cuando la recogieron en pleno ascenso hacia Arrakogoiti iba ella con una caballer\u00eda, pero\u20ac \u00a1atentos a la estampa invernal!, ella iba andando con sus <em>zatas<\/em> sobre la nieve, y la caballer\u00eda portaba sobre sus lomos el equipaje de ella\u20ac \u00a1y un reloj!. El \u00abreloj de pie\u00bb iba desmontado en piezas; lo hab\u00eda comprado a un anticuario, es decir, estamos ante un reloj que en 1899 ya era antiguo. Caballer\u00eda y reloj, el conjunto de todo ello, los hab\u00eda comprado con el salario de ese invierno; aunque he de reconocer que mi t\u00edo sospechaba que la caballer\u00eda se la habr\u00edan dejado, \u00ab<em>entonces las alpargateras por mucho que trabajasen no creo que les alcanzase para comprar una caballer\u00eda<\/em>\u00ab, dec\u00eda \u00e9l.<\/p>\n<p>Lo cierto es que, de repente, aquel enorme reloj que me recib\u00eda siempre cuando yo entraba a casa, adquiri\u00f3 un significado especial para m\u00ed. Simbolizaba el salario de un invierno, simbolizaba una historia casi secreta, simbolizaba el pasado de mi abuela <em>golondrina<\/em>, simbolizaba interminables caminatas de ella sobre la nieve, y tambi\u00e9n cientos de horas de trabajo cosiendo suelas de esparto, y morreras, y talones, y <em>liguetas<\/em>. Aquel reloj que ella trajo para ajuar de su boda adquir\u00eda en m\u00ed otra dimensi\u00f3n cuando me pon\u00eda delante de \u00e9l.<\/p>\n<p>Casualmente en 2019, 120 a\u00f1os despu\u00e9s de que estuviese ella, me toc\u00f3 visitar varias casas en Maule\u00f3n y en alguna localidad de su entorno mientras yo hac\u00eda un trabajo que precisamente ten\u00eda como objetivo recoger y salvaguardar la memoria de las <em>golondrinas<\/em> roncalesas; y, para mi sorpresa, descubr\u00ed que todas aquellas casas ten\u00edan un denominador com\u00fan, que era el hecho de presumir de tener un reloj de pie antiguo como el de mi casa; pero quise pensar que aquellos relojes no le ganaban al de la abuela en antig\u00fcedad, o por lo menos, detr\u00e1s de ellos no hab\u00eda un viaje ni una historia como la que hab\u00eda detr\u00e1s de aquel que en mi infancia gui\u00f3 mis sue\u00f1os con sus puntuales campanadas.<\/p>\n<p>Es la hora<\/p>\n<p>Han pasado ya muchos a\u00f1os desde que descubr\u00ed el secreto de mi abuela. No la conoc\u00ed a ella, pero este detalle me sirvi\u00f3 para, en secreto, admirarla a\u00fan m\u00e1s. Mi t\u00edo Nicol\u00e1s tambi\u00e9n se fue, igual que nos iremos todos, y desde entonces ya nadie le da cuerda al viejo reloj. Pero sigue all\u00ed, en su sitio, donde siempre.<\/p>\n<p>Sin embargo, el paso del tiempo ha hecho que yo me haya dedicado a recuperar, salvaguardar y dar a conocer la memoria de aquellas que un d\u00eda fueron <em>golondrinas<\/em>. Y cuando me toca dar alguna conferencia sobre ellas, en esas im\u00e1genes que yo proyecto la \u00faltima de ellas es siempre la imagen del reloj de la abuela Inocencia. Ese reloj me recuerda que es ya la hora de acabar la conferencia; pero tambi\u00e9n, y as\u00ed les digo siempre, ese reloj, con su historia, nos dice que es la hora:<\/p>\n<ul>\n<li>la hora de recuperar y salvaguardar la memoria de nuestras alpargateras.<\/li>\n<li>la hora de reconocer en ellas su trabajo y su esfuerzo.<\/li>\n<li>la hora de admirarnos ante su valent\u00eda, demostrada a\u00f1o tras a\u00f1o, a una edad muy temprana.<\/li>\n<li>la hora de entender que nuestros montes, nuestra lengua y nuestra sangre conforman una unidad cultural, simbolizada hoy en aquellas <em>golondrinas<\/em>.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Tal d\u00eda como hoy, en circunstancias normales, estar\u00edamos en Isaba dedicando la jornada al recuerdo y homenaje de todas las alpargateras, lo mismo navarras que aragonesas; pero el coronavirus nos ha impuesto un toque de queda no deseado. Sirva, por tanto, este reportaje como recuerdo agradecido a todas las <em>golondrinas<\/em>, sin excepci\u00f3n.<\/p>\n<p>Noticias de Navarra<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Son cientos, o miles, las alpargateras roncalesas que durante casi un siglo se movilizaron en el valle del Roncal para ir a trabajar a las f\u00e1bricas del otro lado del Pirineo. 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