{"id":47617,"date":"2020-07-20T16:03:26","date_gmt":"2020-07-20T15:03:26","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=47617"},"modified":"2020-07-20T16:03:26","modified_gmt":"2020-07-20T15:03:26","slug":"el-ultimo-viaje-de-stefan-zweig","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-ultimo-viaje-de-stefan-zweig\/","title":{"rendered":"El \u00faltimo viaje de Stefan Zweig"},"content":{"rendered":"<p>El 22 de febrero de 1942 aparecieron los cuerpos inertes de una pareja en un dormitorio del n\u00famero 34 de la calle Gon\u00e7alves Dias, de Petr\u00f3polis, Brasil. Ella recostada sobre \u00e9l, las manos entrelazadas. En la mesita de noche hab\u00eda un vaso con un tr\u00e9bol de cuatro hojas y restos de veneno. Y en la pared, una poes\u00eda de Cam\u00f5es: \u201c\u00a1Ay, si al menos un pliegue de la esfera terrestre fuera seguro para el hombre!\u201d. Aquellos cuerpos eran los de Lotte Altmann y su marido, Stefan Zweig, \u201cel m\u00e1s grande europeo de su tiempo\u201d.<\/p>\n<p>As\u00ed lo defin\u00edan sus amigos. Y sus amigos no eran unos cualesquiera. Entre otros, Albert Einstein, Richard Strauss, Sigmund Freud, Joseph Roth y tres escritores que ya eran o ser\u00edan premios Nobel de Literatura: Romain Rolland, Thomas Mann y Hermann Hesse, con quienes mantuvo un rico intercambio epistolar toda la vida. Stefan Zweig (1881-1942), cuya pasi\u00f3n por viajar solo era comparable a su pasi\u00f3n por escribir, lleg\u00f3 a Brasil huyendo del nazismo. \u201cNi en el caso de una derrota de Hitler me veo capaz de iniciar una nueva vida\u201d, reconoc\u00eda.<\/p>\n<p>Desde el suicidio del escritor, de 60 a\u00f1os, y de su segunda esposa, de 33 a\u00f1os, el mundo es un poco peor. El lamento en caliente de Andr\u00e9 Maurois sigue teniendo hoy en d\u00eda vigencia: \u201cMuchos hombres de bien, en toda la tierra, deber\u00edan meditar sobre la triste noticia de este doble suicidio, adem\u00e1s de preguntarse por la responsabilidad y la verg\u00fcenza individual y colectiva de una sociedad capaz de alumbrar una civilizaci\u00f3n donde alguien como Stefan Zweig no ha podido vivir\u201d.<\/p>\n<p>Ensayista, bi\u00f3grafo, poeta, novelista, dramaturgo, traductor, conferenciante, libretista de \u00f3pera e intelectual de primer orden, este austriaco de origen jud\u00edo fue ante todo un alma sensible. Y un viajero al que el planeta se le qued\u00f3 peque\u00f1o. Europe\u00edsta convencido, cruz\u00f3 el viejo continente de punta a punta. Visit\u00f3 la India. Vivi\u00f3 en Suiza y en Londres, donde adopt\u00f3 la nacionalidad brit\u00e1nica cuando las leyes arias lo declararon ap\u00e1trida. Antes de eso, entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, viaj\u00f3 a la URSS.<\/p>\n<p>Y a Am\u00e9rica, cuando eclosion\u00f3 el III Reich. Profundo conocedor de Estados Unidos, recorri\u00f3 el continente de norte a sur. Una gira de conferencias lo llev\u00f3 a la Rep\u00fablica Dominicana, Argentina y Uruguay. Y a Brasil, que fue para \u00e9l lo que la estaci\u00f3n de Astapovo para Tolst\u00f3i. Como recuerda Oliver Matuschek en Las tres vidas de Stefan Zweig (Papel de liar), Romain Rolland dijo de \u00e9l: \u201cSiempre est\u00e1 de viaje, observando y anotando. Escribi\u00f3 sus obras m\u00e1s personales durante fugaces paradas en alg\u00fan hotel\u201d.<\/p>\n<p>\u00bfDe qu\u00e9 hu\u00eda? El azar le hizo nacer en una acomodada y poco religiosa familia jud\u00eda de Viena, pero la literatura fue su \u00fanica patria y Europa, su \u00fanica fe. Antibelicista a ultranza, siempre se opuso al fanatismo. A cualquier tipo de fanatismo. Nunca aprob\u00f3 la idea de crear un Estado jud\u00edo en Palestina. \u201cDespu\u00e9s de regar el mundo con nuestra sangre e ideas durante 2.000 a\u00f1os, ahora no podemos limitarnos a ser una nacioncita en un rinc\u00f3n \u00e1rabe\u201d, le dijo al sionista austriaco Mark Scherlag.<\/p>\n<p>El cronista envidia a quien no haya o\u00eddo hablar jam\u00e1s de Stefan Zweig (1881-1942). \u00a1Qu\u00e9 maravilla descubrirlo y leerlo por primera vez, como el n\u00e1ufrago que llega a tierra firme cuando ya se cre\u00eda perdido! O como el minero que avanza por galer\u00edas subterr\u00e1neas donde cada nueva veta de oro supera a la anterior. Relatos y novelas como Carta de una desconocida, Noche fant\u00e1stica, Ardiente secreto, Viaje al pasado o Veinticuatro horas en la vida de una mujer, entre otras, son catedrales de tinta.<\/p>\n<p>\u00bfY qu\u00e9 decir de sus biograf\u00edas? \u00bfDe sus ensayos? Sus libros reviven las vidas de Mar\u00eda Antonieta, Fouch\u00e9, Mar\u00eda Estuardo, Magallanes, Casanova, Erasmo de Rotterdam, Tolst\u00f3i, Dostoyevski, Dickens, Stendhal y muchos m\u00e1s. Sus reflexiones sobre la historia y sobre su propia vida, Momentos estelares de la humanidad y El mundo de ayer (ambas en Acantilado, como muchos de los t\u00edtulos aqu\u00ed citados) le dieron popularidad y fortuna. Pero bajo esa apariencia de escritor de \u00e9xito, hab\u00eda alguien muy fr\u00e1gil y depresivo desde su juventud.<\/p>\n<p>Si la guerra de 1914 fue un duro golpe para su ideal de una Europa supranacional, imaginaos qu\u00e9 debi\u00f3 sentir con el ascenso de Hitler, la Alemania del Anschluss, la nazificaci\u00f3n de Austria y la persecuci\u00f3n de los jud\u00edos. Desde ese preciso momento, su destino se encamina a aquella casa del n\u00famero 34 de la calle Gon\u00e7alves Dias. Jean-Jacques Lafaye, otro de sus bi\u00f3grafos, dice en Una vida de Stefan Zweig (Alrev\u00e9s) que \u201cera uno de esos seres que presienten el aliento helado del invierno antes que las hojas de los \u00e1rboles\u201d.<\/p>\n<p>El suicidio era su obsesi\u00f3n. Muchas de sus protagonistas ponen fin a sus d\u00edas de forma voluntaria. El dato tiene relevancia porque \u00e9l se identificaba siempre con sus personajes. Su primera esposa, Friderike Burger de soltera, aunque conserv\u00f3 el apellido Zweig incluso despu\u00e9s del divorcio, sostiene que su marido le propuso dos veces que se suicidaran juntos. Esa fue una de sus confesiones a Donald Prater, autor de la que se considera la mejor biograf\u00eda del escritor, European of yesterday, no traducida al castellano.<\/p>\n<p>Los a\u00f1os de exilio y el \u00faltimo viaje se reflejan muy bien en una pel\u00edcula de la directora Maria Schrader, Stefan Zweig: adi\u00f3s a Europa (2016). El actor Josef Hader, con una interpretaci\u00f3n magistral, encarna a un personaje que cre\u00eda \u201cque las fronteras y los pasaportes un d\u00eda ser\u00e1n algo del pasado, aunque no creo que yo viva para verlo\u201d. \u00c9l, que quer\u00eda una Europa sin fronteras y sin pasaportes, tuvo que pedir visados para huir de la tormenta y cruzar el oc\u00e9ano. No sirvi\u00f3 de nada. Sus fantasmas le alcanzaron.<\/p>\n<p>Hay una imagen que refleja como pocas esa persecuci\u00f3n, esa derrota asumida y aceptada. En Nueva York, antes de partir rumbo a Brasil se reencontr\u00f3 con Friderike y con muchos de sus \u00edntimos, tambi\u00e9n exiliados. Aunque ellos no lo sab\u00edan, era un adi\u00f3s. Cuando se despidi\u00f3 del poeta alem\u00e1n Joachim Maass, a quien quer\u00eda especialmente, le regal\u00f3 su m\u00e1quina de escribir Remington. Maas la acept\u00f3 encantado, en la creencia de que su amigo se comprar\u00eda otra en Brasil. Pero luego se le encendieron las luces de alarma\u2026<\/p>\n<p>C\u00f3mo era posible que una persona como \u00e9l, que tanto valor simb\u00f3lico daba a ciertos objetos, se desprendiera de la m\u00e1quina que hab\u00eda utilizado para escribir El mundo de ayer, su propia autobiograf\u00eda. La respuesta vendr\u00eda poco despu\u00e9s desde el n\u00famero 34 de una rua de Petr\u00f3polis que ha pasado a la historia universal de la literatura por una triste raz\u00f3n. Algunos conocen esta ciudad como la Semmering brasile\u00f1a. All\u00ed, en la monta\u00f1osa Semmering austriaca, hab\u00eda escrito en otra vida un poema premonitorio:<\/p>\n<p>Cuando la copa se inclina<\/p>\n<p>se ve el fondo de oro claro,<\/p>\n<p>envejecer es s\u00f3lo el ligero<\/p>\n<p>comienzo de la despedida.<\/p>\n<p>Nunca brilla m\u00e1s el cielo<\/p>\n<p>que con la luz que se va<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cre\u00eda que \u201clo com\u00fan, la unidad de Europa, es tan necesaria como el respirar\u201d. \u00bfQu\u00e9 opinar\u00eda del Brexit? \u00bfDe las guerras que a\u00fan nos desangran? Clam\u00f3 contra la persecuci\u00f3n de los jud\u00edos y tambi\u00e9n se apiad\u00f3 de los soldados enviados al matadero por el delirio del F\u00fchrer. Cometi\u00f3 fallos: era humano. No fue un santo. Sobrecoge recordar que arrastr\u00f3 en su desesperaci\u00f3n a una mujer que podr\u00eda haber sido su hija, que estaba cegada de amor y que sin duda lo idolatraba. Pero sus lectores coinciden en que la luz de sus libros no se ha ido.<\/p>\n<p>\u00bfSab\u00e9is qu\u00e9 lo hac\u00eda sentirse m\u00e1s orgulloso de cuanto escribi\u00f3, y escribi\u00f3 mucho? Una carta a Mussolini en la que ped\u00eda clemencia para el antifascista Giusseppe Germani, al que el Duce conmut\u00f3 la pena de muerte por el destierro. Este \u00e9xito le alegr\u00f3 m\u00e1s que si le hubieran dado el Nobel, para el que el parec\u00eda predestinado si un frasquito de veronal no se hubiera cruzado en su camino y si el mundo que hemos construido entre todos no hubiera resultado demasiado peque\u00f1o y ruin para alguien tan grande como \u00e9l.<\/p>\n<p>Ojal\u00e1 ve\u00e1is el amanecer tras esta larga noche; yo, demasiado impaciente, os precedo\u201d (STEFAN ZWEIG &#8216;A sus amigos&#8217;, en su nota de suicidio)<\/p>\n<p>LA VANGUARDIA<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 22 de febrero de 1942 aparecieron los cuerpos inertes de una pareja en un dormitorio del n\u00famero 34 de la calle Gon\u00e7alves Dias, de Petr\u00f3polis, Brasil. Ella recostada sobre \u00e9l, las manos entrelazadas. En la mesita de noche hab\u00eda un vaso con un tr\u00e9bol de cuatro hojas y restos de veneno. 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