{"id":46704,"date":"2020-05-03T19:39:33","date_gmt":"2020-05-03T18:39:33","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=46704"},"modified":"2020-05-03T19:39:33","modified_gmt":"2020-05-03T18:39:33","slug":"la-izquierda-y-la-basura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-izquierda-y-la-basura\/","title":{"rendered":"La izquierda y la basura"},"content":{"rendered":"<p>Confieso con un poco de verg\u00fcenza que desde hace a\u00f1os no veo la televisi\u00f3n y que, cuando la he visto, lo he hecho desde fuera, por disciplina antropol\u00f3gica y con la fascinaci\u00f3n del ne\u00f3fito. As\u00ed que <strong>me he enterado solo de refil\u00f3n del <em>affaire <\/em>\u201cS\u00e1lvame\u201d y de la gloriosa intervenci\u00f3n de Jorge Javier V\u00e1zquez<\/strong>. Pero he le\u00eddo algunos tuits y algunos textos alineados con la izquierda en la que me reconozco que me obligan a aceptar la importancia pol\u00edtica y social de ese espacio televisivo y del antagonismo escenificado en \u00e9l estos \u00faltimos d\u00edas. Uno de esos art\u00edculos, de Amadeu Mezquida, me ha parecido particularmente interesante y convincente, aunque me ha dejado tambi\u00e9n un poco preocupado. Mezquida, en un pasaje de su apolog\u00eda de \u201cS\u00e1lvame\u201d, expresa su asombro por \u201clos que han descubierto ahora que Jorge Javier V\u00e1zquez es de izquierdas\u201d y por \u201clos que me despreciaban por ver Telecinco y hoy lo sacan en hombros como si fuera el Che\u201d. Como no me encuentro en ninguno de los dos casos, perm\u00edtaseme el atrevimiento de decir dos palabras, aclarando que mi reflexi\u00f3n va m\u00e1s all\u00e1 de la justa advertencia de Mezquida y del \u201cMerlosGate\u201d en concreto.<\/p>\n<p>Me preocupa un poco ese razonamiento muy extendido seg\u00fan el cual \u201c<strong>llamar telebasura a la televisi\u00f3n que ve la mayor parte de los espa\u00f1oles ser\u00eda despreciar a la mayor\u00eda social<\/strong>\u201d. Es <strong>el mismo argumento<\/strong>, por cierto,<strong> que ha utilizado Ayuso para defender el catering de Telepizza<\/strong> servido a los ni\u00f1os madrile\u00f1os con derecho a comedor escolar: que hablar de comida basura -la \u00fanica a la que puede acceder, por cierto, el sector menos favorecido de la poblaci\u00f3n- supone despreciar a los que se la comen. \u00bfEs despreciable el que se la come o el que se la da? Respecto de la televisi\u00f3n y para evitar ese \u201cdesprecio elitista\u201d, Mezquida sugiere evitar el t\u00e9rmino televisi\u00f3n basura y hablar de \u201cprogramas de entretenimiento\u201d, como si no pudiera entretenernos la basura o como si no nos entretuviera, desde los albores de la humanidad, sobre todo la basura. O como si dejarse entretener, que no es malo en s\u00ed mismo, contuviera alg\u00fan valor pol\u00edtico emancipatorio adicional. Creo que tenemos un problema si, frente al asc\u00e9tico puritanismo de cierta izquierda tradicional y en nombre del anti-elitismo, la izquierda en la que me reconozco se dedica a cambiar el nombre de las cosas. <strong>Que haya que disputar la suerte del mundo en la televisi\u00f3n no deber\u00eda llevarnos a intentar dignificar el campo de batalla<\/strong>. Al contrario; que haya que disputar ah\u00ed la hegemon\u00eda cultural, y no ya en las escuelas, las f\u00e1bricas y los parlamentos, dice mucho acerca del mundo en el que vivimos: el de un capitalismo de consumo que convierte enseguida todo lo que toca en basura, en el sentido muy estricto de algo que, si puede hacernos engordar, ya no puede alimentarnos. El riesgo de hacer de necesidad virtud es el de que, asociando la cultura al elitismo o al ascetismo puritano, acabemos dej\u00e1ndonos llevar a un populismo de \u201cnuevos ricos\u201d, como cuando los libertos adinerados de tiempos de Ner\u00f3n, frente a la cultura de sus ex-amos, despreciaban a Homero en grandes fiestas de un gusto obscenamente kitsch. Esa figura encarnada por el Trimalci\u00f3n de Petronio la podemos reconocer m\u00e1s recientemente en personajes como Gil y Gil o Berlusconi (quien, por cierto, transform\u00f3 Italia a finales de los 80 a trav\u00e9s del modelo televisivo de Tele5). Si nos \u201cdejamos llevar\u201d por ese populismo de \u201cnuevos ricos\u201d acabaremos defendiendo, sin darnos cuenta, como la derecha que combatimos, el irracionalismo, el anti-intelectualismo y la incultura. Hay que recordar que los que dominan el mundo no ven esos programas; los crean. No ven la televisi\u00f3n; la poseen y la explotan econ\u00f3micamente.<\/p>\n<p>Hay que hacer, pues, un ejercicio de fr\u00f3nesis aristot\u00e9lica: en t\u00e9rminos de gusto hay impulsos internos que debemos inhibir y otros que debemos liberar. Reprimidos primero por la iglesia, luego por la izquierda puritana, me da miedo que acabemos aceptando como saludable, y reivindicando con orgullo, cualquier producto fabricado por el capitalismo que guste a las mismas clases populares a las que el capitalismo ha privado de buenos trabajos, buenos salarios, buenas viviendas, buenas escuelas y buenos medios de comunicaci\u00f3n. Entre la prohibici\u00f3n de la masturbaci\u00f3n y la celebraci\u00f3n de las manadas que violan en los portales, hay un t\u00e9rmino medio que se llama libertad sexual. Entre la represi\u00f3n \u201canticapitalista\u201d del placer del f\u00fatbol o del reggaeton y la defensa pol\u00edtica de los espect\u00e1culos de gladiadores hay un t\u00e9rmino medio que se llama cultura popular. Hemos inhibido tantos placeres inocentes por adoctrinamiento pol\u00edtico que, por reacci\u00f3n, <strong>hemos acabado por convencernos de que cualquier cosa que nos guste es pol\u00edticamente buena. No es as\u00ed. No hace falta que lo sea. Basta con que sea inofensiva<\/strong>.<\/p>\n<p>Me parece que con demasiada frecuencia se incurre en el error de considerar que, frente a la alta cultura, construida en t\u00e9rminos de clase y por medios artificiales, la cultura popular expresar\u00eda una autencicidad y espontaneidad mucho m\u00e1s respetables. Pero no. <strong>La cultura popular tambi\u00e9n se construye y el gusto, adem\u00e1s, se educa. No estoy pensando en clases de lat\u00edn para todos, seminarios sobre Heidegger y ciclos de Tarkovski. \u00a1Estoy pensando en las alb\u00f3ndigas de la abuela!<\/strong> Cualquiera que haya probado las alb\u00f3ndigas de la abuela querr\u00e1 volver a ellas, incluso si de vez en cuando pasa por un Burger King; y cualquiera que haya probado una pizza en una <em>trattoria<\/em> popular de N\u00e1poles querr\u00e1 conservar ese sabor, aunque de vez en cuando pida esa cosa que llaman con el mismo nombre en Telepizza. Como bien dec\u00eda Chesterton, las clases populares no quieren comer caviar porque prefieren las lentejas. \u00a1Pero quieren unas buenas lentejas! Si no han probado las alb\u00f3ndigas de la abuela -y ni siquiera tienen tiempo para pensar en ellas y menos para cocinarlas- entonces es muy probable que acaben apreciando como un manjar exquisito cualquier alimento manufacturado con cart\u00edlagos de gallina o r\u00f3tulas de vaca, y m\u00e1s si va acompa\u00f1ado adem\u00e1s de unas universales patatas fritas. Si no tenemos ni siquiera el recuerdo de esas alb\u00f3ndigas, \u00bfc\u00f3mo defenderlas? Como dec\u00eda Pascal en otro terreno: perdido nuestro verdadero bien, todo es nuestro verdadero bien. Perdidas las alb\u00f3ndigas de la abuela todo son las alb\u00f3ndigas de la abuela.<\/p>\n<p>Las alb\u00f3ndigas de la abuela, como <em>La Monta\u00f1a M\u00e1gica <\/em>de Thomas Mann, exigen ser compartidas. La televisi\u00f3n basura, en cambio, se ve en solitario, para sacudirse la fatiga y -derecho inalienable- dejar de pensar. Si genera una simultaneidad comunitaria de millones de personas (de ah\u00ed su papel decisivo en la batalla cultural), no tiene, sin embargo, nada de kantiana. El espectador de tele-entretenimiento se sacia en s\u00ed mismo y, si comenta y difunde alguna imagen en las redes, no exige al mundo que comparta con \u00e9l ese placer; lo har\u00e1, en todo caso, con sus afines ideol\u00f3gicos o los miembros de su tribu digital. La gente acude a la pantalla sin que nadie la empuje, lo que es en realidad inquietante, pues este \u201cempuj\u00f3n\u201d es decisivo en t\u00e9rminos culturales. Soy muy tolerante con mi hijo, al que no exijo que vea Tele5; soy muy intolerante, en cambio, si se trata de <em>La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em>. <strong>No se puede leer a Thomas Mann sin desear imperiosamente, y reclamar fan\u00e1ticamente, un universo com\u00fan en el que todo el mundo lea a Thomas Mann. Lo mismo pasa, por cierto, con Rosal\u00eda o -m\u00e1s de mi generaci\u00f3n- con Camar\u00f3n<\/strong>.<\/p>\n<p>Es verdad que, parafraseando al a\u00f1orado Krahe, \u201cno todo va a ser pensar\u201d. Tambi\u00e9n hay que follar y votar y cruzar la calle N\u00fa\u00f1ez de Balboa y re\u00edrse y admirar y juzgar. Sobre todo juzgar. En los a\u00f1os 80 y 90 escrib\u00ed numerosos textos criticando una televisi\u00f3n cuyos contenidos hoy nos parecer\u00edan inocentes y casi austeramente trentinos. Pero mi cr\u00edtica ten\u00eda que ver precisamente con lo que la televisi\u00f3n da, no con lo que quita o impide. Tiene que ver con el hecho de que la televisi\u00f3n de entonces, como los programas del coraz\u00f3n de ahora, subrogan toda una serie de funciones antropol\u00f3gicas elementales. Me ci\u00f1o a dos: la soledad encuentra en la pantalla una familia (\u00bfc\u00f3mo no considerar a Bel\u00e9n Esteban un miembro de nuestra familia?) y la capacidad de juicio, privada de todo campo de intervenci\u00f3n real, encuentra a su vez un objeto de valoraci\u00f3n moral. En la televisi\u00f3n estamos en casa y en la televisi\u00f3n saciamos nuestra necesidad de sumar\u00edsima moralidad castiza. Los programas del coraz\u00f3n en concreto nos devuelven, manufacturado, un mundo antiguo no desde\u00f1able: recuperamos a la familia (despu\u00e9s de haber luchado tanto contra ella) y arreglamos, al menos mentalmente, los problemas de los dem\u00e1s a trav\u00e9s de alineamientos morales y afirmaciones \u00e9ticas ya imposibles en el mundo real.<\/p>\n<p><strong>\u00bfSe puede ser culto y de izquierdas y disfrutar sin da\u00f1o de la telebasura? Claro que se puede. De hecho solo se puede disfrutar sin da\u00f1o de la telebasura si uno es previamente culto y de izquierdas<\/strong>. He hablado antes del \u201cpopulismo de nuevo rico\u201d; encuentro tambi\u00e9n un cierto elitismo en la reivindicaci\u00f3n izquierdista de los programas del coraz\u00f3n. O, mejor dicho, una superioridad objetiva que tiene que ver con el acceso en paralelo a otras formas de cultura. Si uno ha probado las alb\u00f3ndigas de la abuela, no hay problema en disfrutar de vez en cuando de una maxiburger del McDonald\u2019s. Si uno ha le\u00eddo a Thomas Mann, a Kafka, a Proust, y adem\u00e1s a Weber y a Thompson, no hay ning\u00fan peligro en tragarse con placer una novelita de Paulo Coelho. Lo mismo con el cine. Y lo mismo, dec\u00eda Pasolini, con la droga: puede uno permitirse drogarse si es culto y de izquierdas, pero no si vives en una chabola, nadie te ha amado en tu vida y no has ido nunca a la escuela. Pasolini no dec\u00eda esto contra la droga sino contra las condiciones sociales y econ\u00f3micas en las que la droga no solo hac\u00eda da\u00f1o a los cuerpos m\u00e1s vulnerables sino adem\u00e1s a la cultura popular que tanto amaba.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es lo que debemos reprimir y qu\u00e9 es lo qu\u00e9 debemos liberar en nuestro \u201cgusto\u201d? Eso es tambi\u00e9n una cuesti\u00f3n pol\u00edtica fundamental. Apuesto quiz\u00e1s por un mundo en el que se generen las condiciones sociales necesarias que permitan a todo el mundo comer las alb\u00f3ndigas de la abuela y leer a Thomas Mann; y en las que podamos, por tanto, comer y leer otra cosa, incluso una porquer\u00eda, si as\u00ed nos apetece. En ese mundo habr\u00e1 cultura popular, como siempre la ha habido; habr\u00e1, de hecho, m\u00e1s cultura popular, pues llamamos \u201cpopular\u201d a cosas que tienen que ver menos con la cultura auto-elaborada en com\u00fan de Pasolini que con las mercanc\u00edas solipsistas y chapuceras fabricadas por ricos que la desprecian (la cultura popular). En ese mundo por el que apuesto habr\u00e1 buenas lentejas, buenos chistes, buenas canciones y buenos programas de entretenimiento; y si alguna vez nos permitimos la basura (y lo haremos, porque no solo de pan y de Quevedo vive el hombre) no permitiremos, en todo caso, que la basura decida nuestro destino pol\u00edtico, como nuestro laicismo no permite ya que se decida en las iglesias. No quiero convertir las catedrales en estadios deportivos, como hizo el r\u00e9gimen comunista en Albania; ni quiero convertir los estadios deportivos en museos de la memoria, como sue\u00f1an algunos veteroizquierdistas puritanos. <strong>Quiero que haya catedrales, estadios deportivos y museos. Lo que no quiero es que se decida en los estadios -y menos en los plat\u00f3s televisivos- la pol\u00edtica de nuestro pa\u00eds.<\/strong><\/p>\n<p>Entre tanto demos la batalla en todas partes, tambi\u00e9n ah\u00ed, y congratul\u00e9monos de cualquier victoria obtenida; y saquemos en hombros y por la puerta grande al vencedor. Pero sabiendo d\u00f3nde estamos y c\u00f3mo hemos llegado hasta aqu\u00ed.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.cuartopoder.es\/ideas\/2020\/05\/02\/la-izquierda-y-la-basura\/\">https:\/\/www.cuartopoder.es\/ideas\/2020\/05\/02\/la-izquierda-y-la-basura\/<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Confieso con un poco de verg\u00fcenza que desde hace a\u00f1os no veo la televisi\u00f3n y que, cuando la he visto, lo he hecho desde fuera, por disciplina antropol\u00f3gica y con la fascinaci\u00f3n del ne\u00f3fito. As\u00ed que me he enterado solo de refil\u00f3n del affaire \u201cS\u00e1lvame\u201d y de la gloriosa intervenci\u00f3n de Jorge Javier V\u00e1zquez. 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