{"id":46016,"date":"2020-03-20T13:21:32","date_gmt":"2020-03-20T12:21:32","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=46016"},"modified":"2020-03-20T13:21:32","modified_gmt":"2020-03-20T12:21:32","slug":"esto-nos-esta-pasando-realmente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/esto-nos-esta-pasando-realmente\/","title":{"rendered":"\u00bfEsto nos est\u00e1 pasando realmente?"},"content":{"rendered":"<p><em>El virus es la contingencia misma del mundo sin Dios; el estado de excepci\u00f3n planetario sincroniza por primera vez desde 1945 nuestras costumbres y nuestras instituciones con una amenaza\u00a0\u00abmundana\u00bb\u00a0de alcance universal<\/em><\/p>\n<p>Cicatero y gorr\u00f3n en las redes, el s\u00e1bado pasado se me ocurri\u00f3 poner un tuit \u00abfilos\u00f3fico\u00bb, cuya prol\u00edfica reproducci\u00f3n -al menos en relaci\u00f3n con mis baremos habituales- confirma de alg\u00fan modo la transversalidad de su contenido. El tuit dec\u00eda: \u00abEsta sensaci\u00f3n de irrealidad se debe al hecho de que por primera vez no est\u00e1 ocurriendo algo real. Es decir, nos est\u00e1 ocurriendo algo a todos juntos y al mismo tiempo. Aprovechemos la oportunidad\u00bb. Como en algunas respuestas se me ha pedido que explique m\u00e1s largamente este aforismo, lo intento a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es real? Real es la independencia del mundo.<\/p>\n<p>Ahora bien, es m\u00e1s f\u00e1cil para un machista reconocer la independencia de la voluntad femenina o para un nacionalista espa\u00f1ol la independencia de Catalunya que para un ser humano reconocer la independencia del mundo.<\/p>\n<p>Eso ocurre raramente y por dos motivos. El primero es antropol\u00f3gico y tiene que ver con lo que Jean-Paul Sartre, con inspiraci\u00f3n muy heideggeriana, llamaba \u00abla inmanencia de la conciencia en la experiencia\u00bb. Estamos protegidos, es decir, por la inmediatez misma de nuestras experiencias en el espacio. Por el hecho de que experimentamos las cosas con nuestro cuerpo y en un mundo que reconocemos como banalmente \u00abnuestro\u00bb. Lo \u00abnormal\u00bb es, de alguna manera, lo contrario de \u00ablo real\u00bb.<\/p>\n<p>El segundo es sociol\u00f3gico: me refiero al hecho de que el mundo ha sido suplantado por toda una serie de estructuras -o respuestas sociales autom\u00e1ticas- que acabamos interiorizando de forma colectiva, pues de ellas depende nuestra supervivencia, como \u00abreales\u00bb. Pensemos, en nuestro caso, en todas esas satisfacciones civilizacionales cotidianas que damos por supuestas: del grifo sale agua, la luz se enciende, el cajero nos da dinero, el supermercado est\u00e1 abierto, el m\u00f3vil se recarga, el m\u00e9dico nos atiende.<\/p>\n<p>Esta doble \u00abinmanencia\u00bb (antropol\u00f3gica e institucional) determina la paradoja de que la pobreza sea tan \u00abreal\u00bb para los pobres como la riqueza para los ricos. Si los pobres tuviesen un acceso privilegiado a la realidad del mundo su vida ser\u00eda totalmente insoportable y tanto las revoluciones como los suicidios ser\u00edan mucho m\u00e1s frecuentes. Cuando la fil\u00f3sofa, militante y m\u00edstica Simone Weil quiso compartir los sufrimientos de una cadena de montaje para clavarse \u00abel aguij\u00f3n de la realidad en la carne\u00bb descubri\u00f3 el embrutecimiento salv\u00edfico del trabajo penoso y extremo: el trabajo mismo, con su inmanencia brutal, pone a los trabajadores \u00abfuera del mundo\u00bb. En cuanto a los suicidios, es sabido que se suicidan mucho m\u00e1s los ricos que los pobres.<\/p>\n<p>Raramente, pues, tenemos acceso a la independencia del mundo. Lo tenemos a trav\u00e9s del dolor, mediante el cual chocamos con el l\u00edmite interno de nuestra propia vida; y lo tenemos a trav\u00e9s del amor, la primera vez que, enamorados, reconocemos el l\u00edmite del otro cuerpo como indome\u00f1able y gozoso. Raramente, s\u00ed, nuestra vida nos parece mortal; raramente un \u00e1rbol nos parece un \u00e1rbol; raramente los otros cuerpos nos parecen tan propios e independientes como el nuestro. S\u00f3lo las madres de todos los sexos viven la felicidad y el sufrimiento de sus hijos como realmente reales.<\/p>\n<p>Durante siglos, es verdad, los humanos hemos estado mucho m\u00e1s expuestos que hoy a la revelaci\u00f3n de la independencia del mundo; es decir, a la irrupci\u00f3n disruptiva de lo real. Sometidos a la naturaleza y sus injurias, a los virus y sus contingencias, la religi\u00f3n nos ofreci\u00f3 un procedimiento manual para proteger nuestra inmanencia. El creyente que declaraba (y a\u00fan declara) que Dios es m\u00e1s real que el mundo, inscribe la contingencia en un orden y una voluntad, de manera que el mundo llega hasta nuestro cuerpo mitigado, a modo de caricia o de punici\u00f3n personal. Es lo mismo que hacemos -escrib\u00eda el otro d\u00eda- cuando recurrimos al complotismo para negar la existencia e independencia de las fuentes de dolor. Dios conspira a nuestro favor mientras que Trump -o Fumanch\u00fa- conspiran en nuestra contra. Que el mundo lo controlen los malos, si es que Dios no puede hacerlo, no deja de ser un alivio teol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Hoy nos hemos deshecho de Dios como de una chapuza primitiva -a igual t\u00edtulo que los caballos o las m\u00e1quinas de escribir- que se estropeaba muchas veces y requer\u00eda un enorme esfuerzo de manutenci\u00f3n individual (esfuerzo muy fecundo, por lo dem\u00e1s, en literatura y filosof\u00eda, hoy perdido). Nos hemos deshecho de Dios y en su lugar hemos introducido, a trav\u00e9s del capitalismo de consumo, una estructura material y simb\u00f3lica \u00abautom\u00e1tica\u00bb que asegura una inmanencia mucho m\u00e1s confortable, casi autista en su clausura molusca: la tecnolog\u00eda, el consumo, los avances m\u00e9dicos han generado en Occidente una ilusi\u00f3n de inmortalidad incompatible con la independencia del mundo. Con nuestra c\u00e1mara digital la buscamos ansiosamente al tiempo que ansiosamente la negamos, prolongando tanto su ausencia como la nostalgia de ella. La buscamos y la negamos, en los intersticios de la tecnolog\u00eda, a trav\u00e9s del sexo intenso y soluble sin compromiso. La buscamos y la negamos en la droga, en el deporte onanista, en el ruralismo dominical. Nunca una sociedad humana ha vivido m\u00e1s fuera del mundo que la nuestra. Cuando titulaba mi \u00faltimo art\u00edculo \u00abApolog\u00eda del contagio\u00bb quer\u00eda advertir sobre los peligros de esta ausencia de mundo; es decir, de esta desinfecci\u00f3n de realidad.<\/p>\n<p>Y de pronto llega el coronavirus -con las medidas tomadas contra \u00e9l- y nos revela de nuevo la independencia del mundo. Protegidos por la inmanencia, que nos hace interiorizar como normal su ausencia, su comparecencia s\u00f3lo puede presentarse de forma traum\u00e1tica y desconcertante para los sentidos. La comparecencia de lo real, cuando ocurre, siempre se nos antoja irreal. Eso nos pasa, a nivel individual, cuando se nos diagnostica un c\u00e1ncer y los cuatro puntos cardinales se mezclan y voltean ante nuestros ojos. O cuando nos acontece tener entre los brazos, caliente y vivo, el cuerpo so\u00f1ado que hab\u00edamos cre\u00eddo siempre inalcanzable. Pero ocurre mucho m\u00e1s cuando ese desvelamiento del mundo en su independencia es compartido, sin escapatoria, por todos los humanos al mismo tiempo. Este \u00absin escapatoria\u00bb es importante, pues lo que define el mundo real -ya sea un \u00e1rbol o un virus- es que no se puede escapar de \u00e9l, ni para el bien ni para el mal. No se puede escapar del compromiso con el amado; no se puede escapar del cepo de la muerte.<\/p>\n<p>Es verdad que se nos deber\u00edan haber mezclado los cuatro puntos cardinales muchas veces antes de hoy, fuera de la confortable inmanencia de nuestros automatismos: con la amenaza nuclear, por ejemplo, latente desde 1945, o con el cambio clim\u00e1tico, que coincide con los l\u00edmites del planeta y del que no hay huida posible. Pero si s\u00f3lo con el coronavirus se ha apoderado de nosotros esta sensaci\u00f3n de irrealidad que acompa\u00f1a siempre a la irrupci\u00f3n de la realidad es porque las medidas globales tomadas contra \u00e9l han echado por tierra al mismo tiempo la inmanencia antropol\u00f3gica y la inmanencia sociol\u00f3gica. El virus es la contingencia misma del mundo sin Dios; el estado de excepci\u00f3n planetario sincroniza por primera vez desde 1945 nuestras costumbres y nuestras instituciones con una amenaza \u00abmundana\u00bb de alcance universal que no podemos controlar. El gobierno, suspendiendo el r\u00e9gimen auton\u00f3mico, reconoce la independencia terrible del mundo, desnudo de inmanencias rutinarias; el gobierno, alterando traum\u00e1ticamente nuestra vida cotidiana, nos arroja al mundo, donde hay menos libertad no porque la ley nos obligue a quedarnos en casa sino porque nos atrapa, precisamente, en la realidad misma. La globalidad de estas medidas da a este mundo una redondez asfixiante que nunca antes hab\u00eda tenido. O que nunca antes hab\u00edamos percibido de un poco tan v\u00edvido e inmediato.<\/p>\n<p>Que reconozcamos el mundo como real, \u00bfno es tambi\u00e9n una oportunidad? Deber\u00eda serlo. Como algunos llevamos a\u00f1os pidiendo, el mundo se ha parado: un ocio tr\u00e1gico reemplaza a una producci\u00f3n suicida, el cuidado imperativo se impone al sentimentalismo nihilista, la propia crisis econ\u00f3mica en ciernes, de una envergadura sin precedentes, concede al mundo la posibilidad de intervenir en nuestros debates sobre recursos, distribuci\u00f3n y protecci\u00f3n ambiental. La realidad tiene moment\u00e1neamente la palabra. Habr\u00eda sido mejor, es cierto, que los \u00e1rboles nos interpelaran pac\u00edficamente y que el dolor de los otros nos hubiese okupado razonablemente los cuerpos. Habr\u00eda sido mejor -aunque poco veros\u00edmil- que el mundo se declarara independiente ante nuestros ojos por la v\u00eda de la raz\u00f3n y la sensibilidad. No pod\u00eda ser. Ten\u00eda que hacerlo de esta manera, con una sacudida de nuestras inmanencias y una amenaza a nuestras existencias. Lo cierto es que, obligados a este par\u00f3n, vamos a ver por fin cosas que ten\u00edamos delante de las narices, nos vamos a aburrir hasta la rebeli\u00f3n, vamos a tensar al m\u00e1ximo nuestros resortes \u00edntimos y nuestra lengua com\u00fan. La pregunta ahora, por tanto, no es si esta revelaci\u00f3n pod\u00eda haberse producido de otra manera sino si estamos preparados para sacarle partido.<\/p>\n<p>No va a ser f\u00e1cil. Antropol\u00f3gicamente nuestro mundo es el m\u00e1s irreal de la historia. D\u00e9cadas de lo que Pasolini llamaba hace casi cincuenta a\u00f1os \u00abhedonismo de masas\u00bb ha producido un naufragio \u00abmoral\u00bb tan catastr\u00f3fico como refinada y totalitaria es nuestra tecnolog\u00eda: \u00abEl hedonismo del poder de la sociedad de consumo\u00bb, escrib\u00eda en sus Scritti corsari, \u00abha desacostumbrado de golpe, en menos de una d\u00e9cada, a los italianos a la resignaci\u00f3n, a la idea de sacrificio, etc.: los italianos no est\u00e1n ya dispuestos a abandonar ese poco de comodidad y bienestar (aunque sea miserable) que de alguna manera han alcanzado. Lo que podr\u00eda prometer un nuevo fascismo, deber\u00eda ser precisamente, por tanto, \u00abcomodidad y bienestar\u00bb: lo que es una contradicci\u00f3n en los t\u00e9rminos\u00bb. Esto que dice Pasolini de los italianos se puede aplicar a todos los occidentales, pobres o ricos, e incluso, en t\u00e9rminos de imaginario desiderativo, a todo el planeta. Un poema suyo de 1974, titulado Recesi\u00f3n, anticipa ese regreso al mundo o regreso del mundo, con f\u00e1bricas en ruinas, calzones con remiendos y crep\u00fasculos vac\u00edos de coches, en el que los ojos \u00abya no demandan dinero sino amor\u00bb; el poema acaba recordando abruptamente que ese mundo no puede ser deseable como cat\u00e1strofe sino como \u00abcomunismo\u00bb, en el modo muy particular -populismo cat\u00f3lico y humanismo marxista- en que Pasolini interpretaba este concepto. No estamos preparados para afrontar la independencia del mundo; y si los europeos no nos ponemos las pilas, a esta disrupci\u00f3n de lo real s\u00f3lo sobrevivir\u00e1n, como dice otro poeta italiano, Erri de Luca, \u00ablos indios, los b\u00e1lticos, los Masai, los beduinos protegidos por el viento y los mogoles a caballo\u00bb. Y seguramente los chinos.<\/p>\n<p>Antropol\u00f3gicamente no estamos preparados. Pero mucho menos lo est\u00e1 el capitalismo para hacer concesiones. En el a\u00f1o 2008 los ciudadanos rescatamos a los bancos; hoy ser\u00eda justo e imperativo que los bancos rescatasen a los ciudadanos. No ocurrir\u00e1. El capitalismo, esa descomunal fantas\u00eda, es capaz de succionar beneficios incluso de lo real disruptivo. La econom\u00eda lleva algunos siglos y, sobre todo, algunas d\u00e9cadas negando el mundo y va a seguir haci\u00e9ndolo. Nuestro desaf\u00edo como humanos repentinamente arrojados a \u00e9l es casi heroico: proteger la salud de cada cuerpo como si fuera\u00a0 nuestro propio cuerpo; proteger nuestras estructuras sanitarias, erosionadas por los recortes y por el nihilismo hedonista de algunos des-almados; proteger la democracia, que ya estaba debilitada y que puede sucumbir ma\u00f1ana a un permanente estado de excepci\u00f3n, por muy justificado que est\u00e9 hoy; y protegernos, sobre todo, de una econom\u00eda que nunca ha reconocido la independencia del mundo y que, ante la comparecencia de lo real, decidir\u00e1 una vez m\u00e1s -entre el capitalismo o el mundo- sacrificar el mundo con todos sus habitantes.<\/p>\n<p>Lo peor esperable, dice un amigo, es que cuando pase esta crisis volvamos a donde est\u00e1bamos, como si nada hubiese ocurrido. Hay otras dos opciones, excluyentes entre s\u00ed. Una es que, traumatizados por lo real, con menos defensas que nunca, busquemos nuevas inmanencias en reg\u00edmenes autoritarios al servicio de un remozado capitalismo \u00abnacional\u00bb. La otra es que defendamos con u\u00f1as y dientes la independencia del mundo revelada de la peor manera y, tanto en la esfera antropol\u00f3gica como en la pol\u00edtica, a nivel local y global, prolonguemos y gestionemos este par\u00f3n y su dimensi\u00f3n auroral, fundacional, constituyente. Para ello, frente a los des-almados y a los automatismos,\u00a0 necesitamos buenos ejemplos. Y los tenemos. En el orden antropol\u00f3gico, ah\u00ed est\u00e1n los m\u00e9dicos, los sanitarios, los \u00abpiquetes\u00bb vecinales de ayuda a los mayores, las cajeras y reponedoras de los supermercados (\u00absomos la tercera clase del Titanic\u00bb, se lamenta una de ellas), cuya defensa de la realidad nos indica a todos el camino. En el orden pol\u00edtico y global, ah\u00ed est\u00e1 la OMS, una instituci\u00f3n silenciosa, mucho m\u00e1s eficaz que la ONU, que parece entender que la \u00fanica manera de que nos salvemos cada uno de nosotros es que nos salvemos todos al mismo tiempo.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.eldiario.es\/tribunaabierta\/pasando-realmente_6_1006909312.html\">https:\/\/www.eldiario.es\/tribunaabierta\/pasando-realmente_6_1006909312.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El virus es la contingencia misma del mundo sin Dios; el estado de excepci\u00f3n planetario sincroniza por primera vez desde 1945 nuestras costumbres y nuestras instituciones con una amenaza\u00a0\u00abmundana\u00bb\u00a0de alcance universal Cicatero y gorr\u00f3n en las redes, el s\u00e1bado pasado se me ocurri\u00f3 poner un tuit \u00abfilos\u00f3fico\u00bb, cuya prol\u00edfica reproducci\u00f3n -al menos en relaci\u00f3n con [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":39091,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[82],"tags":[],"class_list":["post-46016","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-munduanbarna"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.6 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>\u00bfEsto nos est\u00e1 pasando realmente? 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