{"id":45904,"date":"2020-03-12T09:43:04","date_gmt":"2020-03-12T08:43:04","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=45904"},"modified":"2020-03-12T09:43:04","modified_gmt":"2020-03-12T08:43:04","slug":"apologia-del-contagio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/apologia-del-contagio\/","title":{"rendered":"Apolog\u00eda del contagio"},"content":{"rendered":"<p><span lang=\"ES\">A principios del verano de 1834 la epidemia de c\u00f3lera que desde hac\u00eda dos a\u00f1os se extend\u00eda por Espa\u00f1a caus\u00f3 en Madrid m\u00e1s de 3.000 muertos. El 17 de julio los muy cat\u00f3licos plebeyos del barrio de Lavapi\u00e9s (o del Avapi\u00e9s) asaltaron y quemaron los conventos de Madrid, dando muerte a 75 frailes y monjas de las m\u00e1s variadas \u00f3rdenes instaladas en la capital: jesuitas, franciscanos, mercedarios. Durante los d\u00edas anteriores \u2013se dec\u00eda\u2013 se hab\u00eda visto a \u201cmujerzuelas\u201d y \u201cmendigos\u201d manipulando de manera sospechosa las fuentes y la v\u00edspera del mot\u00edn popular (\u201cuna org\u00eda de can\u00edbales\u201d, seg\u00fan Men\u00e9ndez y Pelayo) un joven peinero de la calle Carretas que hab\u00eda sido sorprendido mientras vert\u00eda unos polvos amarillos en un ca\u00f1o de la Puerta del Sol confes\u00f3 a golpes que lo hac\u00eda por orden de los jesuitas. El delirio inflam\u00f3 la ciudad. En su novela\u00a0<em><span style=\"font-family: 'Times','serif';\">Un faccioso m\u00e1s y algunos frailes menos,<\/span><\/em>\u00a0Gald\u00f3s recoge el episodio describiendo a trav\u00e9s de algunos personajes populares el terror paranoico de los madrile\u00f1os y su tendencia a buscar un culpable. Maricadalso, que acababa de perder a su hija, se enfada mucho cuando el cl\u00e9rigo Graci\u00e1n habla de una enfermedad oriental que se llama \u201cc\u00f3lera\u201d: \u201cEso no es epidemia que venga de las Asias sino\u00a0<em><span style=\"font-family: 'Times','serif';\">malos quereres\u201d,<\/span><\/em>\u00a0dice; \u201cson los malos, los pillos que quieren que acabe medio mundo para quedarse ellos solos\u201d. Y algunas p\u00e1ginas m\u00e1s adelante, Tablas, amante de Nazaria la carnicera, tras difundirse el rumor del envenenamiento de las aguas, expresa en un corrillo de taberna la obsesi\u00f3n colectiva: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 envenenan a la gente? Para acabar con los liberales. Ellos dicen: \u00abNo podemos aniquilar a nuestros enemigos uno a uno, pues acabemos con todo el g\u00e9nero humano\u00bb\u201d. El terror vengativo y ansiol\u00edtico se volc\u00f3, como un tsunami, sobre los representantes de la Iglesia. <\/span><\/p>\n<p><span lang=\"ES\">En los tiempos del coronavirus el mundo se vuelve familiar y antiguo. Cada vez que un pueblo ha tenido que afrontar una amenaza colectiva ha buscado un cuerpo concreto al que atribuir la responsabilidad y en el que localizar el remedio. Es el chivo expiatorio, al que los griegos llamaban\u00a0<em><span style=\"font-family: 'Times','serif';\">pharmakos<\/span><\/em>\u00a0(de donde nuestra \u201cfarmacia\u201d), una v\u00edctima escogida al azar en la que se depositaba toda la complejidad de la crisis y cuyo sacrificio o expulsi\u00f3n de la ciudad liberaba a los hombres de todos los peligros. \u201cMuerto el perro, se acab\u00f3 la rabia\u201d, dice nuestro refranero. Los madrile\u00f1os en 1834 escogieron a los curas porque apoyaban el carlismo, predicaban virtudes que no cumpl\u00edan y acusaban a los pobres de provocar la ira de Dios con sus pecados. Cada \u00e9poca y cada pueblo tiene su propio\u00a0<em><span style=\"font-family: 'Times','serif';\">pharmakos<\/span><\/em>. En las \u00faltimas semanas, a medida que el coronavirus se ha ido difundiendo por todo el mundo, la fiebre conspiranoica ha adoptado vestiduras contempor\u00e1neas; es decir, racistas y\/o geopol\u00edticas. Las hay claramente psiqui\u00e1tricas y las hay pseudocient\u00edficas. Entre las primeras cito la de un chiflado italiano que echa la culpa a las vacunas. Seg\u00fan \u00e9l, la aparici\u00f3n del coronavirus habr\u00eda sucedido a la campa\u00f1a de vacunaci\u00f3n obligatoria en China, donde se habr\u00edan utilizado sustancias que contienen un \u201cpolvo inteligente\u201d, ya inoculado en la sangre de toda la humanidad, que permite \u201cdigitalizar\u201d los cuerpos, de manera que \u201clos malos\u201d y los \u201cpillos\u201d \u2013las \u00e9lites mundiales\u2013 pueden activar desde lejos el virus tantas veces como quieran, as\u00ed como las funciones de los \u00f3rganos. Entre las pseudocient\u00edficas, que combinan datos reales con elucubraciones fantasiosas, se pueden citar las declaraciones, tan virales en las redes como los virus en los bronquios, de Francis Boyle, un jurista estadounidense especialista en \u201cguerra biol\u00f3gica\u201d que, a partir de la existencia real de un laboratorio P4 en la regi\u00f3n de Wuhan, se entrega a calenturientas elucubraciones sobre la antesala v\u00edrica de la \u201ctercera guerra mundial\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span lang=\"ES\">Admitamos que hay algo inquietante en la gesti\u00f3n de la crisis. Me refiero, en este caso, al exceso de transparencia. Al contrario de lo que ha ocurrido en crisis precedentes \u2013pensemos, desde luego, en Chernobyl, pero tambi\u00e9n en la oscurantista gesti\u00f3n de las secuelas del 11-S en EEUU\u2013, donde el p\u00e1nico de la gente se basaba en la sensaci\u00f3n fundamentada de que las autoridades inhib\u00edan datos y decisiones para proteger intereses espurios ajenos al bienestar colectivo, aqu\u00ed la inquietud se deriva de la contundencia desconcertante de las medidas p\u00fablicas, desproporcionadas (\u00bfo no?) en relaci\u00f3n con la gravedad oficial de la amenaza y cuya arbitrariedad, seg\u00fan los pa\u00edses, resulta m\u00e1s bien chocante. En Italia, por ejemplo, se impone un radio de un metro de distancia entre los cuerpos mientras que en Francia se proh\u00edben las aglomeraciones de m\u00e1s de 5.000 personas, dos medidas que revelan el albedr\u00edo nacional de los gobiernos, as\u00ed como la voluntad bastante histri\u00f3nica de exhibir responsabilidad estatal, lo que algunos interpretan, en precipicio ya un poco complotista, como el ensayo general de un futuro \u201cestado de excepci\u00f3n\u201d. \u00bfSe nos ha ido de las manos el virus o las medidas tomadas contra \u00e9l?<\/span><\/p>\n<p><span lang=\"ES\">Lo cierto, en todo caso, es que esta \u201ctransparencia administrativa\u201d, hija de la improvisaci\u00f3n emulativa, ha inducido un p\u00e1nico global muy propicio a las teor\u00edas de la conspiraci\u00f3n en un mundo en el que todos los poderes \u2013tecnol\u00f3gicos, econ\u00f3micos y pol\u00edticos\u2013 concurren a hacerlas veros\u00edmiles. El complotismo se activa siempre, a modo de defensa, frente a lo que no podemos controlar; y digamos que no hay combinaci\u00f3n m\u00e1s favorable que la que re\u00fane a un bicho microsc\u00f3pico imprevisible con un contexto civilizacional que nos supera por completo; que integra, verbigracia, lo subhumano inasible con lo suprahumano irrepresentable.<\/span><\/p>\n<p><span lang=\"ES\">As\u00ed que necesitamos m\u00e1s que nunca un chivo expiatorio o\u00a0<em><span style=\"font-family: 'Times','serif';\">pharmakos<\/span><\/em>, ya sea racista, antiimperialista o anticapitalista. \u00bfPor qu\u00e9? Porque el complotismo, como la navaja de Ockam, reduce todas las complejidades y abstracciones a una concreci\u00f3n aprehensible y casi t\u00e1ctil y es, por eso mismo, tranquilizador. Tiene algo de amuleto primitivo o ceremonia apotropaica. Nos gustar\u00eda creer que s\u00f3lo existen los hombres, aunque sean malos, y que incluso la m\u00e1xima destrucci\u00f3n es un negocio humano que nos mantiene en el universo que nosotros mismos hemos creado y que a\u00fan podemos dominar. La conspiraci\u00f3n, despu\u00e9s de todo, es un orden, un sistema, una voluntad; su sujeto es inteligible y, si no siempre neutralizable, es siempre reconocible y, a\u00fan m\u00e1s,\u00a0<em><span style=\"font-family: 'Times','serif';\">reconociente<\/span><\/em>: reconoce nuestra existencia individual, aunque s\u00f3lo sea para acabar con ella. En cuanto a la naturaleza y al poder tecnol\u00f3gico, por el contrario, nos sacan de pronto al exterior, a la intemperie desnuda del origen, donde nuestros cuerpos, hace 100.000 a\u00f1os, estaban expuestos a las mand\u00edbulas ciegas de los depredadores.<\/span><\/p>\n<p><span lang=\"ES\">El complotismo, en definitiva, niega las dos amenazas que m\u00e1s aterran al ser humano: la contingencia y la naturaleza, que el capitalismo, al menos en el imaginario occidental, parec\u00eda haber conjurado para siempre. Y hete aqu\u00ed que llega un maldito virus coronado, sin cara y sin ojos, y comparece ante nuestros cuerpos armado de dos ideas espantosas.<\/span><\/p>\n<p><span lang=\"ES\">El coronavirus (una) es aleatorio. Es decir, no ha sido creado por el hombre ni su destino depende en \u00faltimo t\u00e9rmino de la humanidad. Por un lado, escoge a\u00a0 sus v\u00edctimas sin ning\u00fan criterio, del modo m\u00e1s democr\u00e1tico concebible. Como la peste de Atenas, la \u2018negra\u2019 medieval, la de Londres o la llamada \u2018espa\u00f1ola\u2019 de hace un siglo, amenaza por igual la vida de pobres y ricos, de plebeyos y nobles, con una ligera indulgencia \u2013menos mal\u2013 hacia los subsaharianos, cuyos sistemas sanitarios no resistir\u00edan el embate. Un virus es tan subhumano que ni siquiera reconoce nuestras jerarqu\u00edas sociales y nuestras taxonom\u00edas hist\u00f3ricas, lo que nos aturde y nos humaniza a la baja. \u00a1Incluso a los pobres tranquiliza una guada\u00f1a con conciencia de clase! Por otro lado, su propia contingencia impide atribuirle la m\u00e1s m\u00ednima intenci\u00f3n culpable; nos mata sin ning\u00fan sentido, ni para \u00e9l ni para nosotros; no gana nada en un mundo en el que el beneficio es siempre un atenuante y hasta un m\u00e9rito; lo perdemos todo en un mundo en el que queremos ser al menos castigados por un delito o criminalizados por una resistencia. Preferimos siempre, s\u00ed, la mala voluntad al azar ciego.<\/span><\/p>\n<p><span lang=\"ES\">El coronavirus (dos) es adem\u00e1s impersonal y, si se quiere, abstracto. No podemos dirigirnos a \u00e9l ni implorarle ni negociar. Es lo completamente otro que convierte a cualquier otro, como potencial portador de algo que no es \u00e9l mismo, en un enemigo de esa humanidad que s\u00f3lo se conserva en nosotros. Exactamente igual que el poder de las m\u00e1quinas y el de las finanzas.<\/span><\/p>\n<p><span lang=\"ES\">Observemos que contingencia e impersonalidad son los dos rasgos que hemos atribuido convencionalmente a la Naturaleza antagonista, entendida como esa cantidad excedentaria, que cre\u00edamos cada vez m\u00e1s peque\u00f1a, al orden humano. Lo que est\u00e1 fuera, lo que queda fuera, lo que a\u00fan no hemos conseguido interiorizar o ensimismar: qu\u00e9 miedo da todo eso a una civilizaci\u00f3n solipsista que ha olvidado que de ah\u00ed procede tambi\u00e9n toda verdadera alegr\u00eda. El virus subhumano que mata es inseparable de la flor parahumana que nos resucita, de la mirada sobrenatural que nos descarrila en el metro.<\/span><\/p>\n<p><span lang=\"ES\">As\u00ed que, enfrentados a la contingencia m\u00e1s abstracta, preferimos, como hace mil a\u00f1os, como hace 50.000 a\u00f1os, la conspiraci\u00f3n que nos permite odiar a alguien concreto, aunque sea imaginario, y ser odiados por alguien concreto, aunque no podamos defendernos. Los \u201cpillos\u201d y los \u201cmalos\u201d tienen nombre, cara, ojos, voluntad.\u00a0 Los \u201cpillos\u201d y los \u201cmalos\u201d se ocupan de nosotros, \u00a1menos mal! El complotismo que hace humano al virus contingente e impersonal satisface el m\u00ednimo de narcisismo y autoestima sin el cual ni los m\u00e1s humillados y ofendidos pueden sobrevivir.<br \/>\nAhora bien, lo cierto es que este complotismo milenario es incapaz de ordenar ya la experiencia de desamparo \u2013frente a la contingencia y la abstracci\u00f3n\u2013 que nos atenaza a todos en un mundo en el que la Naturaleza se subleva y en el que la biopol\u00edtica tecnologizada nos desarbola las br\u00fajulas. Esta desazonante sensaci\u00f3n de irrealidad, ra\u00edz repentina de la realidad sumergida en nuestras tablets y nuestros supermercados, se\u00f1ala un viraje o recodo civilizacional que ven\u00edamos acunando o incubando en todas las crisis anteriores. Con independencia del curso que siga la pandemia, podemos se\u00f1alar tres \u201cefectos antropol\u00f3gicos\u201d que el virus mismo, o su gesti\u00f3n administrativa y medi\u00e1tica, ha introducido ya en nuestras vidas.<\/span><\/p>\n<p><span lang=\"ES\">El coronavirus (primero) ha revelado en un instante \u2013en un rel\u00e1mpago\u2013 nuestra vulnerabilidad o, si se prefiere, nuestra antig\u00fcedad. De pronto vivimos en un mundo muy antiguo, formamos parte de un mundo muy antiguo y reaccionamos de un modo muy antiguo. Nuestro miedo arranca el fino velo de nuestras ilusiones de inmortalidad y nos devuelve al primer d\u00eda del cromagnon, cuando est\u00e1bamos a merced de las bestias salvajes. No somos ni postmodernos ni cosmopolitas ni cyborgs. No somos ciudadanos del siglo XXI. Transportamos en nuestros cuerpos una historia largu\u00edsima que regresa a nosotros cuando menos preparados estamos para asumirla. Volvemos a confundir enfermedad, delito y pecado; volvemos a confundir extranjer\u00eda y animalidad; volvemos a necesitar un\u00a0<em><span style=\"font-family: 'Times','serif';\">pharmakos<\/span><\/em>\u00a0de nuestro tama\u00f1o o un poco m\u00e1s peque\u00f1o\/grande, lo bastante pr\u00f3ximo para que podamos odiarlo y lo bastante lejano como para que no resulte \u201ccontagioso\u201d. La \u201ctransparencia administrativa\u201d y sus medidas espectaculares, que quiz\u00e1s cambien nuestras costumbres para mucho tiempo, dan rienda suelta a este redivivo primitivismo que, al mismo tiempo, se ajusta muy bien a la \u201csolter\u00eda social\u201d del capitalismo: solter\u00eda nacionalista, solter\u00eda consumista, solter\u00eda racista. El homo con mascarilla, s\u00edmbolo de la nueva era, es el retorno capitalista a las cavernas.<\/span><\/p>\n<p><span lang=\"ES\">Inseparable del primer punto, el coronavirus (segundo) ha revelado \u2013se dice\u2013 la fragilidad de la econom\u00eda. No es verdad. Y no s\u00f3lo porque, como bien explica Eric Toussaint, la econom\u00eda estaba ya en crisis antes de su irrupci\u00f3n. No. El coronavirus no ha revelado la fragilidad de la econom\u00eda global; lo que ha revelado es su dependencia de los cuerpos \u2013de los cuerpos a los que explota y niega y con cuya \u201csuperaci\u00f3n\u201d fantasea sin parar material y simb\u00f3licamente\u2013. Esta fragilidad podr\u00eda ser tambi\u00e9n una oportunidad para decidir qu\u00e9 mundo queremos y habr\u00e1 que procurar que lo sea, pero mucho me temo que, si \u201ccorporalmente\u201d hemos cambiado poco o nada en 40.000 a\u00f1os, las modificaciones culturales sufridas en los \u00faltimos decenios, que nos han hecho quiz\u00e1s m\u00e1s conscientes, nos han hecho tambi\u00e9n m\u00e1s perezosos y menos atentos o, lo que es lo mismo, m\u00e1s idiotas. Nadie \u2013digamos\u2013 quiere contagiarse y es l\u00f3gico; pero se tratar\u00eda m\u00e1s bien de reivindicar el contagio, de usar el contagio a nuestro favor, de asumir el contagio, al igual que los m\u00e9dicos y sanitarios, como alternativa a un orden abstracto, muy vulnerable a la contingencia, que se pretende libre de l\u00edmites: de muerte, de dolor, de sacrificio y hasta de aventuras. Y que, igual que confunde la felicidad y el consumo o las guerras y las bodas, lleva mucho tiempo confundiendo la \u201ccomunicaci\u00f3n\u201d y la vida. Italia, vanguardia siempre de lo mejor y de lo peor, con sus discutidas medidas radicales y sus p\u00e1nicos nihilistas, nos anticipar\u00e1 el derrotero.<\/span><\/p>\n<p><span lang=\"ES\">Por \u00faltimo (tercero) y en absoluto anecd\u00f3tico, no deja de ser inquietante \u2013p\u00e1bulo de esta sensaci\u00f3n de irrealidad radical\u2013 el hecho muy parad\u00f3jico de que el coronavirus, con su escandalosa fragilidad aparejada, ha abolido la muerte. Fruto de la \u201ctransparencia administrativa\u201d y del manejo informativo, y del p\u00e1nico que ambos han inducido, ocurre que desde que existe el Covid-19 ya no se muere nadie. De hecho ocurre que no ocurre nada. Ya no hay infartos ni dengue ni c\u00e1ncer ni otras gripes ni bombardeos ni refugiados ni terrorismo ni nada. Ya no hay, desde luego, cambio clim\u00e1tico, pese a que ser\u00eda muy f\u00e1cil y muy \u00fatil asociar pedag\u00f3gicamente la multiplicaci\u00f3n de los virus al acoso capitalista de la Naturaleza; e incluso aprovechar este par\u00f3n para cuestionar el modelo. El mundo se ha detenido; vivimos un estado de excepci\u00f3n o de cuarentena planetario en el que nos mantenemos a la espera, casi aliviados y casi dichosos de este par\u00e9ntesis tembloroso que nos invita a dar el mundo por perdido \u2013y a aprovechar para bebernos una \u00faltima ca\u00f1a en una \u00faltima terraza siempre veraniega\u2013.<\/span><\/p>\n<p><span lang=\"ES\">Mientras los \u201cpillos\u201d y los \u201cmalos\u201d siguen trabajando.<\/span><\/p>\n<p><span lang=\"ES\"><a href=\"https:\/\/ctxt.es\/es\/20200302\/Firmas\/31282\/coronavirus-contagio-apologia-miedo-santiago-alba-rico-covid19-enfermedad.htm\">https:\/\/ctxt.es\/es\/20200302\/Firmas\/31282\/coronavirus-contagio-apologia-miedo-santiago-alba-rico-covid19-enfermedad.htm<\/a><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A principios del verano de 1834 la epidemia de c\u00f3lera que desde hac\u00eda dos a\u00f1os se extend\u00eda por Espa\u00f1a caus\u00f3 en Madrid m\u00e1s de 3.000 muertos. 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