{"id":45623,"date":"2020-02-17T10:36:07","date_gmt":"2020-02-17T09:36:07","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=45623"},"modified":"2020-02-17T10:36:07","modified_gmt":"2020-02-17T09:36:07","slug":"eritrea-30-anos-de-guerra-y-represion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/eritrea-30-anos-de-guerra-y-represion\/","title":{"rendered":"Eritrea, 30 a\u00f1os de guerra y represi\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>Andiamo , dec\u00eda el viejo maquinista al arrancar el tren centenario en la peque\u00f1a y abandonada estaci\u00f3n de Agolat, construido por los italianos desde el puerto de Masaua, a orillas del mar Rojo, hasta Asmara, capital de Eritrea, la peque\u00f1a Roma. Para cinco turistas y dos gu\u00edas, seis ferroviarios lo pusieron en marcha, tras verificar sus ruedas, en un viaje particular de 25 kil\u00f3metros a trav\u00e9s de un bello paisaje con pinos y chumberas, como en una geograf\u00eda mediterr\u00e1nea de luz esplendida.<\/p>\n<p>El tren dej\u00f3 de funcionar al principio de la d\u00e9cada de los sesenta, a ra\u00edz de los combates entre milicianos eritreos que luchaban por su independencia y el ej\u00e9rcito de Haile Selasie, el rey de reyes de Etiop\u00eda.<\/p>\n<p>En siglo y medio, Eritrea fue conquistada y ocupada por Italia, sometida durante un corto tiempo a Gran Breta\u00f1a y anexionada por la vecina Etiop\u00eda, con la que padeci\u00f3 dos cruentas guerras. Hoy es el pa\u00eds m\u00e1s aislado de \u00c1frica.<\/p>\n<p>El Gobierno ha reparado las locomotoras, sus vagones de bancos de madera, reconstruido t\u00faneles y puentes. Antes hab\u00eda servido para transportar pasajeros, mercanc\u00edas, unidades militares. Y ahora, de vez en vez, para un placentero viaje de turistas. De tiempo en tiempo, el convoy traqueteante se detiene, retrocede ante uno de sus puentes m\u00e1s fotografiados \u2013que incluso est\u00e1 reproducido en sus billetes de nafkas, la moneda local\u2013 para que los viajeros capten im\u00e1genes de su locomotora. El humo inunda sus t\u00faneles hasta alcanzar la estaci\u00f3n vac\u00eda de Asmara, donde no llega nunca ning\u00fan otro tren.<\/p>\n<p>Desde hace muchos a\u00f1os quer\u00eda visitar Eritrea. Su Frente Popular de Liberaci\u00f3n ten\u00eda en Damasco una min\u00fascula oficina de informaci\u00f3n. Eran tiempos de grandes ilusiones revolucionarias en Oriente Medio, tambi\u00e9n en \u00c1frica. El Frente Popular de Palestina de Georges Habache, a trav\u00e9s de sus partidarios locales, engendr\u00f3 en Yemen del Sur un movimiento nacional que se convirti\u00f3 en una rep\u00fablica de ideales marxistas llamada la Cuba del Oriente Medio. \u00c9sta aspiraba a extenderse en Dhofar, la regi\u00f3n fronteriza de Om\u00e1n y Muscat, cuyo sult\u00e1n Qab\u00fas, como el rey Haile Selasie, era la imagen de la encarnaci\u00f3n del poder tir\u00e1nico feudal. En la aislada Eritrea, su guerra larga y cruenta de liberaci\u00f3n fue poco cubierta por los corresponsales espa\u00f1oles. Antonio P\u00e9rez Reverte y Francisco Cerecedo, un gran fot\u00f3grafo, fueron de los pocos empe\u00f1ados en narrarla. Las im\u00e1genes de los milicianos eritreos de felinos cuerpos, frondosas cabelleras africanas, casi desnudos, que luchaban a pecho descubierto con sus armas ligeras contra el ej\u00e9rcito del emperador Haile Selasie, eran conmovedoras. Fue una guerra de sanguinarias batallas que dur\u00f3 tres d\u00e9cadas. Asmara, la capital, que solo fue conquistada por los guerrilleros en 1991, sali\u00f3 sorprendentemente intacta, mientras que muchas localidades en regiones muy abruptas o en la orilla del mar Rojo, sobre todo en el puerto de Masaua, fueron devastadas.<\/p>\n<p>El jefe de aquella guerrilla, que sufri\u00f3 tambi\u00e9n sus luchas internas, Isaias Afwerki, es el presidente de Eritrea, una rep\u00fablica heterog\u00e9nea, con diversas etnias y lenguas. La etnia dominante es la tigri\u00f1a, que habla el afar. La rashaida emplea el \u00e1rabe.<\/p>\n<p>El r\u00e9gimen es represivo, innumerables veces condenado por sus abusos de los derechos humanos. Algunos lo han llamado la segunda Corea del Norte. Alrededor del palacio presidencial, rodeado de un vasto jard\u00edn amurallado, hay edificios oficiales como el Parlamento cerrado, porque no se celebran elecciones ni hay intenci\u00f3n de hacerlo, o modestos ministerios \u2013Eritrea es uno de los pa\u00edses m\u00e1s pobres del mundo\u2013 como el de Asuntos Exteriores, en cuyo piso superior me fij\u00e9 que una de sus ventanas ten\u00eda los cristales rotos.<\/p>\n<p>Asmara conserva la catedral cat\u00f3lica, edificios de la \u00e9poca fascista italiana convertidos en sedes gubernamentales, teatros, cines como el Roma o el Imperio, terrazas de cafeter\u00edas como la Dolce vita y el P\u00f3rtico. Hay avenidas orilladas de palmeras como la de los M\u00e1rtires o de la Liberaci\u00f3n, que antes se llamaron Via Musolini o el Corso.<\/p>\n<p>La zona europea de esta ciudad no ha perdido completamente el estilo de anta\u00f1o. Suenan las campanadas de la catedral donde asist\u00ed al rezo del rosario en italiano. Todos los r\u00f3tulos de las calles est\u00e1n escritos en tigri\u00f1a, en \u00e1rabe, en ingl\u00e9s con sus tan diferentes abecedarios. Me sorprendi\u00f3 la importancia de la lengua \u00e1rabe, muy extendida en su poblaci\u00f3n. No en balde a Eritrea lleg\u00f3 muy pronto el islam. Este pa\u00eds es fronterizo de Sud\u00e1n, donde miles de sus habitantes se refugiaron durante a\u00f1os, ahuyentados por las guerras. Sus primeros jefes de las luchas nacionalistas hab\u00edan estudiado en El Cairo, y ahora Eritrea recibe ayuda de los Emiratos \u00c1rabes, de Arabia Saud\u00ed adem\u00e1s de China y Turqu\u00eda.<\/p>\n<p>Vetustos autobuses y camiones, pocos autom\u00f3viles recorren sus calles en las que no he visto ni polic\u00edas ni soldados, como tampoco en sus carreteras. Eritrea es un pa\u00eds de un orden impuesto aplastante. Como ocurre en Siria, miles de sus j\u00f3venes huyen del servicio militar que puede durar a\u00f1os, de sus trabajos forzados en beneficio del Estado, y engrosan la masa de refugiados que trata de volcarse sobre Europa.<\/p>\n<p>Por la carretera de la costa del mar Rojo hacia Masaua hay a menudo carteles con anuncios para la prevenci\u00f3n del sida, esta plaga africana. En las mesitas de noche de los hoteles nunca faltan los preservativos. En dos horas de camino por esta carretera pasamos a trav\u00e9s de tres estaciones climatol\u00f3gicas, desde los fr\u00edos de Asmara hasta la calor tropical de Masaua.<\/p>\n<p>Aun no se ha aplicado completamente el acuerdo de paz del a\u00f1o pasado entre los presidentes Alby de Etiop\u00eda y Afwerki de Eritrea. Y si bien se han establecido relaciones diplom\u00e1ticas y la compa\u00f1\u00eda Ethiopian Airways vuela a la muy aislada Asmara, la frontera permanece cerrada y en el puerto de Masaua, fantasmag\u00f3rico y devastado por interminables batallas, las ruinas del esplendido Banco di Roma en la plazuela con la decapitada estatua del rey Haile Selasie, los abandonados edificios coloniales de las dos islitas, la otomana y la italiana, unidas por sendos puentes, con la pen\u00ednsula en la que se hacinan habitantes de un extenso barrio de chozas, son el mortecino paisaje urbano de la poblaci\u00f3n que m\u00e1s padeci\u00f3 la guerra con Etiop\u00eda.<\/p>\n<p>Los puertos de Masaua y Adab fueron la salida al mar de los et\u00edopes que ahora necesitan el puerto de Yibuti.<\/p>\n<p>El conflicto ha servido como pretexto a los dirigentes de Asmara para su pol\u00edtica de represi\u00f3n. En una esquina porticada de los muelles, brilla de noche el r\u00f3tulo Golden Navy, tugurio con altavoces de la popular m\u00fasica tigri\u00f1a. El intacto Grand Hotel Dahlak, con su suntuosa escalera de m\u00e1rmol, el jard\u00edn con sus p\u00e9rgolas en la orilla del mar Rojo, es base de los raros turistas, sobre todo italianos, que se embarcan hacia el archipi\u00e9lago de las islas del mismo nombre con sus bancos de corales a seiscientas millas de Yemen.<\/p>\n<p>Italia fue el primer estado que reconoci\u00f3 la independencia de Eritrea, su antigua colonia, con la que sigue manteniendo muy estrechas relaciones. Su embajada desataca en el barrio europeo de Asmara.<\/p>\n<p>Keren-Cheren, seg\u00fan el r\u00f3tulo italiano de su vac\u00eda estaci\u00f3n convertida en zoco, es la otra ciudad m\u00e1s poblada de este pa\u00eds encerrado. Los lunes de cada semana hay un abigarrado mercado de camellos, algunos procedentes de Sud\u00e1n. Hay barrios que son un permanente bazar de joyeros y orfebres. Hay iglesias cat\u00f3licas y ortodoxas, y una de ellas es una imitaci\u00f3n de la catedral de Asmara. A las afueras de la ciudad se venera la capilla de la Virgen Mariam Deanit, cuya imagen negra est\u00e1 cobijada en el interior de un hermoso baobab a la que se atribuyen poderes para ayudar a la fertilidad tanto de mujeres cristianas como musulmanas.<\/p>\n<p>El crecimiento demogr\u00e1fico de los musulmanes es patente en esta rep\u00fablica con una numerosa poblaci\u00f3n cristiana. En Keren se libr\u00f3 una decisiva batalla entre los ej\u00e9rcitos italiano y brit\u00e1nico durante la Segunda Guerra Mundial que ganaron las tropas del Reino Unido. Fue el final del dominio colonial italiano. En la ciudad hay dos grandes cementerios de ambos bandos beligerantes muy bien cuidados por sus respectivas embajadas. En el italiano, al lado del sector destinado a las sepulturas de sus soldados, se extienden las tumbas de los eritreos que combatieron a su lado, ya sea debido a levas militares o porque estaban estipendiados. Mientras que los soldados italianos todos llevan sus nombres y apellidos, los de los eritreos solo tienen la escueta menci\u00f3n de \u201csoldado desconocido\u201d.<\/p>\n<p>En el centro del cementerio, hay una l\u00e1pida con la inscripci\u00f3n de un general italiano que reza \u201cItalia nunca hizo tanto por Eritrea como Eritrea hizo por Italia\u201d. Un amargo reconocimiento p\u00f3stumo del fruto de sus a\u00f1os de colonizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>LA VANGUARDIA<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Andiamo , dec\u00eda el viejo maquinista al arrancar el tren centenario en la peque\u00f1a y abandonada estaci\u00f3n de Agolat, construido por los italianos desde el puerto de Masaua, a orillas del mar Rojo, hasta Asmara, capital de Eritrea, la peque\u00f1a Roma. 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