{"id":45181,"date":"2020-01-17T10:35:55","date_gmt":"2020-01-17T09:35:55","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=45181"},"modified":"2020-01-17T10:35:55","modified_gmt":"2020-01-17T09:35:55","slug":"sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\/","title":{"rendered":"Sobre lo inconsistente y lo incompleto"},"content":{"rendered":"<p><em>Las cosas \u2013los cuerpos\u2013 tienen valor porque las esperamos y las cuidamos. As\u00ed que hablar de un mundo sin tiempo de espera y sin atenci\u00f3n es hablar de un mundo sin \u201cvalor\u201d<\/em><\/p>\n<p>El capitalismo neoliberal, altamente tecnologizado y radicalmente especulativo, sin materia y sin fronteras, se mueve entre lo inconsistente y lo incompleto<a href=\"https:\/\/ctxt.es\/es\/20200108\/Firmas\/30456\/ruinas-capitalismo-alba-rico-inconsistente-incompleto-arquitectura-alquiler.htm#_ftn1\"><sup>[1]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Por un lado no deja ni rastros ni monumentos; por otro lado s\u00f3lo produce, de manera directa e inmediata, ruinas. O, si se prefiere, escombros.<\/p>\n<p>Veamos el punto 1: la inconsistencia. Cuando Marx escrib\u00eda en el Manifiesto Comunista que \u201clo s\u00f3lido se disuelve en el aire\u201d hablaba de valores y v\u00ednculos desbaratados pero anticipaba tambi\u00e9n, sin saberlo, la fase inmaterial del capitalismo, que es la nuestra, en la que la velocidad tecnol\u00f3gica y mercantil, con sus consecuencias ecol\u00f3gicas y antropol\u00f3gicas, disuelve las sociedades en un permanente proceso destituyente. Nuestra \u00e9poca se dedica, como ninguna otra anterior, a un febril consumo (es decir, destrucci\u00f3n) de consistencias, lo que incluye tambi\u00e9n una febril demolici\u00f3n de edificios; nuestra \u00e9poca es la primera de la historia que no distingue entre cosas de comer, cosas de usar y cosas de mirar y la primera de la historia, por eso mismo, que no deja ruinas. \u201cDentro de cien a\u00f1os\u201d, dice el urbanista y soci\u00f3logo Richard Sennet, \u201cla gente tendr\u00e1 una evidencia m\u00e1s tangible de la Roma de Adriano que de la Nueva York de fibra \u00f3ptica\u201d. En ese sentido, en un comentario a una exposici\u00f3n del artista Txuma S\u00e1nchez, reflexionaba yo en 2004 sobre las ruinas, a las que atribu\u00eda un doble poder (de revelaci\u00f3n y de rebeli\u00f3n) a partir de las cinco \u201cradicalidades\u201d enumeradas a continuaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u2013 A trav\u00e9s de la ruina \u2013dec\u00eda\u2013 \u201crecuperamos los materiales de construcci\u00f3n, reprimidos, ocultos y olvidados en el cuerpo del edificio\u201d. En la l\u00ednea siempre ascendente del progreso \u2013es decir\u2013 se nos cruza de pronto la ingenuidad del comienzo, la reversibilidad espacial del destino, el trabajo a ras de tierra. Se nos revelan, por as\u00ed decirlo los l\u00edmites del terreno y su car\u00e1cter aproximativo, la dificultad y necesidad de medir en un mundo en el que lo m\u00e1s f\u00e1cil e imperativo es siempre calcular. Me gusta mucho que el arquitecto Garc\u00eda Solera insista en esta necesidad de medir con las manos \u2013o con un metro, que es lo mismo\u2013 recordando as\u00ed que la arquitectura es la menos exacta de las disciplinas porque tiene que asentarse en el espacio, siempre irregular, y porque sus construcciones, en consecuencia, est\u00e1n siempre a punto de caerse. Este \u201cestar a punto de caerse\u201d es la conciencia \u00edntima de los materiales y de la orograf\u00eda; y esta intimidad, olvidada por el que habita la casa o visita el edificio, tiene que aspirar a durar. La ruina, parad\u00f3jicamente, al exponer a la luz la intimidad de la casa, evoca esta duraci\u00f3n. Esta ha sido, digamos, la l\u00f3gica insuperable durante milenios: un edificio estaba a punto de caerse durante tres, cuatro, diez siglos, y luego, al venirse abajo, dejaba su historia despellejada ante los ojos, a veces como nostalgia pero en todo caso como genealog\u00eda y memoria. La diferencia entre \u201cmedir\u201d y \u201ccalcular\u201d es importante, pues cabalga otra no menos importante: la que existe entre imaginaci\u00f3n y fantas\u00eda. La imaginaci\u00f3n mide, la fantas\u00eda calcula. Esa raz\u00f3n calculadora contra la que Heidegger escribi\u00f3 tantas p\u00e1ginas definitivas, en realidad est\u00e1 loca. A esa locura la llamamos capitalismo. Una ciudad \u201ccalculada\u201d se vuelve finalmente inhabitable y, por lo tanto, irracional.<\/p>\n<p>\u2013\u00a0 A trav\u00e9s de la ruina \u2013dec\u00eda\u2013 \u201crecuperamos el aire, en cuya transparencia liberada \u2013por encima del tejado sin cubiertas\u2013 se colorea para nuestra comprensi\u00f3n la s\u00f3lida irracionalidad del barrio\u201d. La ruina explica la ciudad. Es el \u00faltimo <em>agujero<\/em> en su altura sin tacha, el fantasma del <em>\u00e1gora<\/em> que viene a interrumpir su continuidad. La ciudad, como utop\u00eda destituyente aupada en su inmortalidad sin heridas y en su cenit perpetuo, fracasa en las casas desvencijadas cuyas huellas hay que retirar a toda prisa para levantar un nuevo edificio; y se confiesa en esos solares vac\u00edos, como enc\u00edas desdentadas, que recuerdan la posibilidad de la plaza frente al orden capitalista del pasillo. Las ruinas, al contrario que los centros comerciales y los aeropuertos, est\u00e1n bajo el cielo.<\/p>\n<p>\u2013 A trav\u00e9s de la ruina \u2013a\u00f1ad\u00eda\u2013 \u201crecuperamos la triste objetividad de los objetos, ahora visiblemente detenidos en una quietud de piedras, expulsados de la sociedad en la que se hab\u00edan escondido: la mu\u00f1eca, el cuaderno, el zapato entre los desperdicios no son la melanc\u00f3lica metonimia de la fragilidad humana: son el esc\u00e1ndalo de la supervivencia\u201d. La supervivencia se llama \u201ccosa\u201d y vivimos ahora en un mundo \u2013el primero de la historia\u2013 sin cosas, pues ellas son siempre el fruto de la espera y de la atenci\u00f3n, dos actitudes vitales prohibidas por nuestra econom\u00eda y nuestra tecnolog\u00eda. De este \u201cmundo sin cosas\u201d (o de este \u201dHombre sin mundo\u201d, de acuerdo con el t\u00edtulo de un libro del fil\u00f3sofo Gunther Anders) me he ocupado largamente en muchas de mis obras y hablar\u00e9 enseguida. La duraci\u00f3n, la memorizaci\u00f3n y la finitud, las tres caracter\u00edsticas propias del objeto, son incompatibles con la mercanc\u00eda y la imagen digital. \u201cS\u00f3lo los pobres tienen cosas\u201d, titulaba un art\u00edculo para recordar que la casa hiperindustrial de clase media (ahora tambi\u00e9n digitalizada en su trabajosa domesticidad) se ha vuelto tan abstracta como el propio mercado financiero. La casa ya no es \u201chogar\u201d porque no tiene fuego; pero tampoco es \u201chabitaci\u00f3n\u201d porque no tiene ni siquiera \u201dlugar\u201d. No tiene centro habitado como la ciudad no tiene centro hel\u00e9nico politizado.<\/p>\n<p>\u2013 A trav\u00e9s de la ruina \u2013dec\u00eda\u2013 \u201crecuperamos la gravedad, la inclinaci\u00f3n, la forma de los primeros monumentos: el <em>mont\u00f3n<\/em>, por ejemplo, que es la primera lucha del hombre contra el cielo\u201d. La ruina no s\u00f3lo coloca de nuevo la materia en el espacio, con su intimidad rediviva; no s\u00f3lo la coloca en el pasado como memoria retrospectiva; adem\u00e1s nos recuerda la idea misma de \u201cproyecto\u201d, en su sentido etimol\u00f3gico de \u201clanzarse hacia adelante\u201d, es decir, de adelantarse hacia el futuro. Ahora bien, en una econom\u00eda neoliberal desmaterializada el futuro no es rentable. Igual que proh\u00edbe la espera, la atenci\u00f3n, el regalo y el aburrimiento, el capitalismo tecnologizado proh\u00edbe tambi\u00e9n el ahorro, ese impulso conservador que sacrifica el presente para proteger el futuro, y promueve en su lugar la deuda, que hace exactamente lo contrario: sacrifica el futuro \u2013el nuestro y el de las pr\u00f3ximas generaciones\u2013 para adherirse al presente, como una garrapata, y succionarle todas sus riquezas. Una sociedad de consumo es una sociedad de deudores; y una sociedad de deudores es una sociedad sin futuro.<\/p>\n<p>\u2013 A trav\u00e9s de la ruina \u201crecuperamos, en fin, a los hombres, desterrados de la ciudad post\u2013moderna\u201d. La ruina, dec\u00eda, es el \u00faltimo, el \u00fanico lugar todav\u00eda <em>habitado<\/em> donde la pobreza o la rebeld\u00eda conservan la cultura m\u00e1s antigua. Frente a la ciudad occidental disuelta en sus anillos de circunvalaci\u00f3n, la ruina es lenta y hierve de cuerpos; y apenas distingue la casa deshecha de la casa a\u00fan por hacer. El Cairo, por ejemplo, es una vieja civilizaci\u00f3n abandonada, encontrada en el camino y <em>okupada<\/em> por veinte millones de personas. La ruina antigua, hoy turistizada, es <em>rom\u00e1ntica<\/em>; la ruina urbana es el \u00faltimo refugio de la antropolog\u00eda. Igual que nunca antes hemos vivido en un mundo sin cosas, nunca antes hab\u00edamos vivido en un mundo virtualmente sin cuerpos o empe\u00f1ado en desanclarse de los cuerpos; y en el que los cuerpos, negados por la tecnolog\u00eda y la publicidad, aparecen s\u00f3lo como residuos, sobras u obst\u00e1culos; en las guerras, en los muros fronterizos o en las \u201cacechanzas\u201d de la poblaci\u00f3n inmigrante racializada. Nadie quiere tener cuerpo en nuestras ciudades destituyentes, pues los cuerpos enferman, envejecen y mueren; y eso es cosa de los <em>extranjeros<\/em> que amenazan sin cesar nuestras im\u00e1genes. El cuerpo o es contagioso o es terrorista. Nosotros, por eso, preferimos \u201ccomunicarnos\u201d.<\/p>\n<p>Pero veamos el punto 2: el hecho de que el capitalismo neoliberal, que no deja ruinas, al mismo tiempo s\u00f3lo produce ruinas. En la guerra los cuerpos son desde el principio residuos de un bombardeo; en la paz los edificios son desde el principio sobras de una operaci\u00f3n financiera. Cuando Marx escrib\u00eda que \u201clo s\u00f3lido se disuelve en el aire\u201d no pod\u00eda anticipar que bajo el capitalismo financiero lo l\u00edquido, a su vez y al contrario, se convertir\u00eda en s\u00f3lido: es decir, en cemento. El proceso destituyente de nuestras ciudades, en las que la gentrificaci\u00f3n y la reconstrucci\u00f3n b\u00e9lica van de la mano, ha convertido el cemento en medio de especulaci\u00f3n. Es terrible que el neoliberalismo, incapaz de medir, haga sus c\u00e1lculos abstractos con trigo, con cuerpos y con cemento; es contradictorio, y muy destructivo en t\u00e9rminos ecol\u00f3gicos, que la cremat\u00edstica, desbocada en algoritmos, necesite agua y piedras para acelerar exponencialmente sus beneficios. Un dato: en 2007, en v\u00edsperas del pinchazo inmobiliario, Espa\u00f1a utiliz\u00f3 en especulaci\u00f3n sesenta millones de toneladas de cemento, el doble que Francia ese mismo a\u00f1o.<\/p>\n<p>Pues bien: esta combinaci\u00f3n fatal de especulaci\u00f3n y cemento es lo que los italianos llaman \u201cincompiuto<em>\u201d<\/em>. Aclaremos que el t\u00e9rmino \u201cincompiuto\u201d recoge dos acepciones que en castellano discurren por separado o s\u00f3lo se unen desde fuera. Por un lado \u201cincompiuto\u201d es lo que permanece incompleto, inacabado, sin terminar; por otro lado quiere decir \u201cincumplido\u201d, en el sentido en que se incumple una esperanza o una promesa o una misi\u00f3n.<\/p>\n<p>En el a\u00f1o 2004 el colectivo italiano Alterazioni Video comenz\u00f3 a interesarse por un fen\u00f3meno asociado inicialmente a Sicilia y luego generalizado, como modelo de intervenci\u00f3n urban\u00edstica, a toda la pen\u00ednsula. Me refiero a las obras p\u00fablicas (o privadas con participaci\u00f3n p\u00fablica) que se empezaban y quedaban sin acabar: hablamos de escuelas, puentes, autopistas, estadios, centros comerciales o culturales, \u00a1e incluso iglesias! En 2007 el colectivo hizo un primer inventario de la isla de Sicilia y en 2018 la investigaci\u00f3n se extendi\u00f3 a toda Italia. Para esa fecha eran ya tantas, hasta tal punto determinaban el paisaje, que el \u201cincompiuto\u201d se propuso como un \u201cestilo arquitect\u00f3nico\u201d y desde luego, si hacemos caso a Leoluca Orlando, ex\u2013alcalde de Palermo, \u201ccomo el estilo de vida de los italianos\u201d. El inventario de 2018 cataloga 763 obras \u201cincompletas\u201d o \u201cincumplidas\u201d en toda Italia, de las cuales 163 est\u00e1n en Sicilia. El estudio va acompa\u00f1ado de un Manifiesto cuyo art\u00edculo tercero proclama: \u201clas obras incompletas (e incumplidas) son ruinas contempor\u00e1neas generadas por el entusiasmo creativo del neoliberalismo\u201d. En la presentaci\u00f3n, Davide Giannella y Filippo Minelli abundan en esta combinaci\u00f3n de iron\u00eda y de denuncia:\u00a0\u201cel g\u00e9nero humano, que no es perfecto, ha evolucionado; por primera vez en la historia hemos llegado a tocar el fondo produciendo las ruinas que dan testimonio pero sin librar una guerra. Quiz\u00e1s lo Incompleto (lo incumplido) es precisamente esto, el estilo que narra el precio de la paz social, pagada con la colusi\u00f3n y el intercambio de favores\u201d. Y a\u00f1aden: \u201cen realidad, sin embargo, sabemos que una guerra asim\u00e9trica s\u00ed ha sido librada, que ha habido disparos, muertos, facciones, terrenos conquistados y terrenos confiscados\u201d. Tambi\u00e9n, a\u00f1ado, tragedias dantescas. Hasta 13 puentes han colapsado en Italia desde 2013, entre ellos el \u00faltimo y m\u00e1s tristemente famoso, el viaducto Morandi de G\u00e9nova, en agosto de 2018, con un balance de 43 muertos y decenas de heridos.<\/p>\n<p>Que \u201clo incompleto\u201d o \u201dlo incumplido\u201d empezaran como \u201cestilo\u201d en Sicilia, y encontraran all\u00ed su m\u00e1xima expresi\u00f3n, puede relacionarse de manera espont\u00e1nea con la mafia y sus connivencias pringosas con la pol\u00edtica. \u201cEl crimen hoy tiene estilo\u201d, dice\u00a0 Wu Ming, \u201ccrea estilo adem\u00e1s de valor\u201d. Pero ese estilo, inseparable de ese crimen, se acomoda muy bien a un rasgo que el citado Leoluca Orlando considera muy \u201csiciliano\u201d: el hecho de que la lengua siciliana no conjugue jam\u00e1s los verbos en tiempo futuro \u2013nunca dicen \u201cir\u00e9\u201d\u2013 sumerge a los habitantes de Sicilia en un perpetuo presente. Ahora bien, \u201cquien vive un eterno presente \u2013afirma Orlando\u2013 deja las obras incompletas. Los sicilianos, condenados al eterno presente, son condenados a las obras incompletas. \u00bfC\u00f3mo vas a tener un proyecto si no sientes respeto por el tiempo?\u201d<\/p>\n<p>Si tenemos en cuenta lo que dec\u00edamos m\u00e1s arriba respecto de la oposici\u00f3n ahorro\/deuda y la destituci\u00f3n siempre actual del futuro en favor del presente, podemos decir que bajo el capitalismo neoliberal, que no respeta el tiempo, todos nos hemos vuelto un poco \u201csicilianos\u201d, tambi\u00e9n en nuestra aceptaci\u00f3n de lo \u201cincompleto\u201d o \u201cincumplido\u201d como regla de vida y en la sumisi\u00f3n m\u00e1s o menos complaciente a la colusi\u00f3n mafia\/pol\u00edtica de las \u00faltimas d\u00e9cadas. Que lo l\u00edquido se convierta en cemento y el cemento en especulaci\u00f3n tiene mucho que ver con ese \u201cestadio superior del capitalismo\u201d que obviamente no es el comunismo sino la corrupci\u00f3n.<\/p>\n<p>Lo incompleto o incumplido en arquitectura, en Italia y en Espa\u00f1a, es indisociable del llamado \u201cboom del ladrillo\u201d y del pinchazo en 2008 de la burbuja inmobiliaria. Se podr\u00eda pensar que la diferencia entre las dos pen\u00ednsulas es que las mafias italianas ganaban dinero proyectando y las mafias espa\u00f1olas acabando, de manera que los pol\u00edticos italianos abandonaban a medias las obras p\u00fablicas al d\u00eda siguiente de las elecciones mientras que los espa\u00f1oles segu\u00edan explotando econ\u00f3micamente todo el proceso hasta su culminaci\u00f3n. En los dos casos se puede hablar de \u201cincompiuto\u201d, pues un edificio o una casa s\u00f3lo pueden decirse \u201cacabados\u201d o \u201ccumplidos\u201d cuando, adem\u00e1s de rematadas materialmente sus hechuras, cumplen la funci\u00f3n para la que fueron concebidos; cuando \u2013en definitiva\u2013 pasan a ser \u201chabitados\u201d.<\/p>\n<p>Por desgracia, hasta donde yo s\u00e9, no hay en Espa\u00f1a un inventario parecido al de Alterazioni Video. De 1989 a 2007, eso s\u00ed lo sabemos, la superficie urbanizada de Espa\u00f1a se multiplic\u00f3 por dos. Se construyeron m\u00e1s casas que en Alemania, Francia e Italia juntas. Tambi\u00e9n m\u00e1s carreteras y aeropuertos. Sin mencionar los tres millones y medio de viviendas desocupadas, hasta 476.838 casas sin vender se agrupan, como tristes reba\u00f1os, en centenares de urbanizaciones abandonadas que salpican, de norte a sur, nuestro paisaje. S\u00f3lo en Madrid hay 50 barrios fantasma; y m\u00e1s de 400 edificios p\u00fablicos vac\u00edos o desaprovechados. El caso de Sese\u00f1a, con sus 10.500 casas deshabitadas, fue recogido incluso en el <em>The New York Times<\/em>. Sin duda la Valencia del ladrillazo, con la hybris de los gobiernos del PP, nos ofrece un inventario a\u00fan m\u00e1s copioso y deprimente; basta pensar en la Ciudad de las Artes y las Ciencias, cuyo coste final (1300 millones de euros) cuadruplic\u00f3 lo presupuestado. Entre 1995 y 2016 Espa\u00f1a malgast\u00f3 90.000 millones de euros en \u201cinfraestructuras innecesarias, abandonadas, infrautilizadas o mal planificadas\u201d, seg\u00fan datos del historiador Paul Preston. Los trabajos fotogr\u00e1ficos de Markel Redondo (2010 y 2018) permiten un recorrido marciano, desde tierra y desde el aire, por esta epidemia de cemento muerto.<\/p>\n<p>Una casa deshabitada puede estar ocupada por fantasmas; y los fantasmas siempre tienen algo que contar. Una casa sin habitar, incumplida e incompleta, es una ruina muy particular, pues aparece ante nuestros ojos como una abstracci\u00f3n encarnada, como dir\u00eda el cr\u00edtico de arte Robert Storr. Lo m\u00e1s parecido en la naturaleza a una abstracci\u00f3n encarnada es una medusa. No s\u00f3lo los mares de nuestro pa\u00eds; tambi\u00e9n nuestras tierras est\u00e1n llenas de medusas inm\u00f3viles que recuerdan un fracaso estrepitoso y mortal; el esqueleto de un viento destructivo que dej\u00f3 a sus espaldas la inhumanidad pura, proclamada, de una ruina sin historia, sin memoria y sin duraci\u00f3n. Los aeropuertos de Castell\u00f3n o de Ciudad Real, obras \u201cincumplidas\u201d o \u201cincompletas\u201d donde las haya, son tan grandes que en ellos no cabe nadie. La combinaci\u00f3n de cemento y especulaci\u00f3n ha dejado Espa\u00f1a mucho m\u00e1s vac\u00eda de lo que nunca lo ha estado: pues mucho m\u00e1s vac\u00edo que un pueblo vac\u00edo es una urbanizaci\u00f3n que nunca lleg\u00f3 a estar llena. El capitalismo, que gentrifica las ruinas, genera ruinas que lo son desde el principio; es decir, nacidas como vac\u00edos con caparaz\u00f3n o como caparazones vac\u00edos.<\/p>\n<p>En un momento en el que discutimos sobre los despojos de Franco y el destino del Valle de los Ca\u00eddos, hay que recordar la suerte de estas obras \u201cincompletas\u201d o \u201cincumplidas\u201d que existen ya concretamente, deshabitadas incluso por la propia abstracci\u00f3n que las cre\u00f3. En este sentido, reflexionando sobre lo \u201cincompiuto\u201d en Italia, el arque\u00f3logo Salvatore Settis se pregunta: \u201cEl problema es: \u00bfqu\u00e9 hacemos con estos centenares y centenares de testimonios de nuestra insensatez? \u00bfLos dejamos, justamente, como testimonios de nuestros errores? \u00bfO los destruimos todos con las bombas y la dinamita? Porque para eliminarlos habr\u00eda que hacer precisamente eso. \u00bfO escogemos algunos para conservarlos como restos de una fase cultural, de una fase hist\u00f3rica?\u201d.<\/p>\n<p>Esta es una pregunta a la que tambi\u00e9n deber\u00edamos tratar de dar respuesta los arquitectos y los fil\u00f3sofos. La dejo aqu\u00ed, a sabiendas de que deviene un poco ret\u00f3rica si no somos capaces de salvar algunas de estas ruinas insensatas al mismo tiempo que cuestionamos el modelo de crecimiento econ\u00f3mico que las construy\u00f3 insensatamente \u2013y desde el principio\u2013 como edificios incompletos y como ruinas completas, un modelo que, en su doble vertiente siamesa (licuefacci\u00f3n y cemento muerto), desmiente la definici\u00f3n del gran cr\u00edtico de la aquitectura Bruno Zevi: \u201cel car\u00e1cter que distingue la arquitectura de otras actividades art\u00edsticas tiene que ver con el hecho de que opera con un vocabulario tridimensional que incluye al hombre: la arquitectura es como un gran escultura excavada en cuyo interior el hombre penetra y camina\u201d. La arquitectura, en definitiva, es el\u00a0 hueco habitable del humanismo universal.<\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0 <\/strong>Pero empecemos, pues, por el principio.<\/p>\n<p>Antes que nada, \u00bfd\u00f3nde habitamos?<\/p>\n<p>Y a\u00fan antes, \u00bfqu\u00e9 significa habitar?<\/p>\n<p>Es bueno deshacer las palabras de las que creemos saberlo todo para saber lo que nos est\u00e1n robando. \u201cHabitar\u201d, que en lat\u00edn quiere decir \u201cocupar un lugar\u201d, tiene relaci\u00f3n directa con \u2013o desprende por necesidad \u00edntima\u2013 la idea de \u201ch\u00e1bito\u201d; es decir, del gesto corporal repetido que en t\u00e9rminos individuales y colectivos llamamos \u201dcostumbre\u201d. Es importante llamar la atenci\u00f3n sobre el adjetivo \u201ccorporal\u201d, pues la posibilidad misma de ocupar un lugar convierte al cuerpo en el eje mismo de la acci\u00f3n. Ahora bien, \u201chabitar\u201d y \u201ch\u00e1bito\u201d proceden ambos a su vez del verbo \u201chabere\u201d, que significa, como todos sabemos, \u201ctener\u201d. \u00bfDe qu\u00e9 cosas se puede decir que las tenemos? \u00bfQu\u00e9 propiamente tenemos? No tenemos un coche ni una televisi\u00f3n ni una casa ni desde luego una mujer o un hombre; tampoco quiz\u00e1s, salvo asociado a esta constelaci\u00f3n del \u201chabitar\u201d, un hijo. Lo que tenemos \u2013lo \u00fanico que tenemos\u2013 es un cuerpo y una costumbre. Tenemos cuerpo; tenemos costumbres; y la casa, alquilada o en propiedad, es el lugar donde se re\u00fanen nuestros cuerpos y nuestras costumbres; y solo por eso, aunque no la \u201ctengamos\u201d, podemos llamarla \u201cpropia\u201d. Como quiera que esa reuni\u00f3n de cuerpos y costumbres \u2013el \u201ch\u00e1bito\u201d as\u00ed lo indica\u2013 debe ser por fuerza una repetici\u00f3n, la casa es el lugar de una repetici\u00f3n y ella misma debe repetirse; es decir debe esperarnos siempre en el mismo sitio \u2013en la misma calle, digamos\u2013 y albergar objetos reconocibles. Un marinero antiguo \u2013el capit\u00e1n Achab, por ejemplo\u2013 puede habitar un barco, pero nadie puede habitar un avi\u00f3n y a\u00fan menos la lanzadera de un parque de atracciones; un hombre religioso puede todav\u00eda hoy habitar un templo y un rebelde puede habitar una comuna, pero nadie puede habitar una p\u00e1gina web o un chat de Whatsapp. De manera que si desde mi ignorancia me atreviera a definir la arquitectura, dir\u00eda que es la disciplina que garantiza la existencia de un lugar donde puedan reunirse m\u00e1s de una vez el cuerpo y sus costumbres.<\/p>\n<p>\u00bfD\u00f3nde habitamos? Hasta hace pocas d\u00e9cadas habit\u00e1bamos en nuestro cuerpo y sus alrededores. En los alrededores de nuestros cuerpos hab\u00eda un fuego que rode\u00e1bamos corporalmente, de manera que la casa se llamaba \u201chogar\u201d (del \u201cfocare\u201d latino) y en muchos lugares de Espa\u00f1a \u2013hasta hace poco en los Pirineos\u2013 el censo de poblaci\u00f3n se hac\u00eda contando los fuegos encendidos cuyo humo sal\u00eda por las chimeneas. Habitamos cerca del fuego, gran descubrimiento civilizatorio \u2013atribuido a un robo liberador\u2013 que exige \u2013o exig\u00eda\u2013 muchos cuidados repetidos y a veces fatigosos. Cuando \u00e9ramos a\u00fan v\u00edctimas de los depredadores \u2013cuenta la bi\u00f3loga y soci\u00f3loga Barbara Ehrenreich\u2013 el fuego permiti\u00f3 hacer paradas m\u00e1s largas en la eterna fuga de los humanos; y permiti\u00f3 \u2013a\u00f1ado yo\u2013 dormir m\u00e1s horas y con menos inquietudes. El sue\u00f1o, necesidad biol\u00f3gica, se convierte en costumbre y, por lo tanto, en \u201ccasa\u201d gracias al fuego, pero s\u00f3lo a condici\u00f3n de que, mientras todos reposan, alguien permanezca despierto, alimente la hoguera y vele el sue\u00f1o de los dem\u00e1s. \u201cHabitar\u201d implica, por tanto, un reparto de las tareas que, al mismo tiempo, acaba dividiendo el espacio antropol\u00f3gico mismo: quiero decir que \u201chabitamos\u201d la casa, donde hist\u00f3ricamente la mujer ha encendido el fuego y lo ha mantenido encendido, pero \u201chabitamos\u201d tambi\u00e9n la polis, como condici\u00f3n misma de la existencia del fuego civilizador. Cuando Arist\u00f3teles insiste en que la polis es anterior a la casa, est\u00e1 se\u00f1alando simplemente esta precedencia del fuego y sus cuidados sobre la reuni\u00f3n del cuerpo y sus costumbres. Mientras la casa duerme la polis vela \u2013sus barrenderos, sus enfermeros, sus poetas, que hacen \u201chabitable\u201d la casa humana y que de alg\u00fan modo refundan cada noche la casa misma. Hoy \u2013veremos despu\u00e9s\u2013 no son las instituciones debilitadas las que se mantienen despiertas mientras dormimos sino las redes conectadas a internet, que \u2013lo hemos dicho\u2013 no son \u201chabitables\u201d.<\/p>\n<p>Un inciso. Si hay un paso de la casa a la polis y viceversa y est\u00e1 relacionado con el fuego y sus cuidados, ha hecho falta una notable violencia \u2013que podemos llamar patriarcado\u2013 para olvidar el papel civilizador de la mujer: para no ver, digamos, ninguna relaci\u00f3n entre el \u201cdesvelo\u201d que reconstruye cotidianamente la casa y el establecimiento de las instituciones que protegen la polis. La polis es anterior a la casa porque es el fuego com\u00fan el que garantiza el del hogar, pero es el fuego del hogar, que alguien debe mantener con vida, el que explica, como su extensi\u00f3n, el \u201cdesvelo\u201d confiado a las instituciones. Esta necesidad de resuturar o recoser la casa y la polis, separadas por el patriarcado, es lo que reivindica el feminismo m\u00e1s sensato en nuestros d\u00edas.<\/p>\n<p>Hasta hace pocas d\u00e9cadas, dec\u00eda, habit\u00e1bamos el cuerpo y sus alrededores, de los que, en todo caso, empezamos a huir hace \u2013quiz\u00e1s\u2013 treinta mil a\u00f1os. De esta huida del cuerpo me he ocupado en algunos de mis libros, donde la he inscrito en la consistencia ontol\u00f3gica del cuerpo mismo. Uno de los procedimientos de fuga es la Historia, concebida precisamente como la distancia que existe entre el lugar donde vivimos (o que habitamos) y el lugar donde se deciden nuestras vidas (que es inhabitable). Esa Historia \u2013esa distancia\u2013 ha aumentado a velocidad acelerada en los \u00faltimos siglos a trav\u00e9s tambi\u00e9n de una movilidad f\u00edsica aupada en formatos tecnol\u00f3gicos cada vez m\u00e1s \u201davanzados\u201d. No siempre estoy de acuerdo con Almudena Hernando y su obra <em>La fantas\u00eda de la individualidad<\/em>, pero s\u00ed creo con ella que si la Historia \u2013la distancia\u2013 es m\u00e1s masculina que femenina se debe a que la mujer se ha alejado menos del hogar y sus cuidados, condici\u00f3n presupuesta y olvidada de la movilidad de los hombres: Ulises puede viajar y correr aventuras y cambiar la historia \u2013digamos\u2013 porque Pen\u00e9lope mantiene su casa en pie. Podemos discutir sobre las razones de esta diferente movilidad y reivindicar sin duda el derecho de las mujeres a correr al lado del hombre, pero la pregunta m\u00e1s bien deber\u00eda ser si la emancipaci\u00f3n de la humanidad \u2013que es tambi\u00e9n lucha contra la Historia y sus distancias en favor del \u201chabitar\u201d y sus alrededores\u2013 pasa por que la mujer se vuelva m\u00e1s <em>hist\u00f3rica<\/em>\u00a0\u2013m\u00e1s distante\u2013 o por que el hombre se vuelva m\u00e1s \u201chogare\u00f1o\u201d; es decir, deje de huir \u2013a expensas de la mujer\u2013 y pase a habitar una casa y una polis comunes; y a alimentar y proteger un fuego com\u00fan.<\/p>\n<p>En todo caso, \u00bfd\u00f3nde habitamos hoy? Ya no en un \u201chogar\u201d, porque el fuego ha perdido su centralidad; y porque incluso la televisi\u00f3n, que en los a\u00f1os 70 hab\u00eda ocupado su lugar en el sal\u00f3n familiar, ha sido deslocalizada y dispersada, cuando no reemplazada por un crepitar de pantallas individuales. Ya no habitamos en una casa porque no tenemos cuerpo y no tenemos costumbres. Esta doble p\u00e9rdida de \u201chabitaci\u00f3n\u201d se corresponde con una aceleraci\u00f3n que, en t\u00e9rminos econ\u00f3micos, llamamos capitalismo neoliberal y, en t\u00e9rminos tecnol\u00f3gicos, era digital.<\/p>\n<p>Hablaba m\u00e1s arriba de la diferencia entre medir y calcular y de su correspondencia con la diferencia paralela entre imaginar y fantasear. El capitalismo es una fantas\u00eda porque es incapaz de medir, es decir, de reconocer los l\u00edmites del mundo; ni de contemplar los cuerpos, por tanto, como otra cosa que residuos u obst\u00e1culos para sus operaciones de c\u00e1lculo. La mirada neoliberal no puede ya censar los cuerpos por el n\u00famero de fuegos encendidos en un hogar y, si necesita localizarlos e identificarlos, como potencial fuente de amenaza que son (de contagio y de terrorismo), ya no lo hace dentro de las casas. Hasta finales del siglo XIX las casas habitaban a su modo la polis, amontondas y libres; tras las sucesivas barricadas del Par\u00eds revolucionario la polic\u00eda francesa \u2013nos cuenta Foucault\u2013 comenz\u00f3 a numerar las viviendas calle por calle, anclando su deriva en un padr\u00f3n, pr\u00e1ctica hoy familiar que el fil\u00f3sofo franc\u00e9s consideraba, junto a las sanitarios, un procedimiento novedos\u00edsimo de disciplinizaci\u00f3n e individualizaci\u00f3n de los cuerpos. Pues bien, bajo el capitalismo neoliberal altamente tecnologizado, los cuerpos, ya separados de la Historia, se han escindido tambi\u00e9n de la individualidad, de manera que el poder pol\u00edtico tiene que controlarlos y disciplinarlos al margen de las costumbres y de las casas. Por un lado es ya imposible saber d\u00f3nde est\u00e1n los cuerpos porque ya no hacen esa cosa antigua y a veces reaccionaria que llam\u00e1bamos \u201chabitar\u201d. Hasta la generaci\u00f3n de mis padres, en tiempos de paz, los europeos sol\u00edan vivir toda su vida en la misma ciudad y en solo dos casas \u2013que por eso lo eran\u2013: la de sus padres y la de la familia que formaban al casarse. No pido que eso se repute ni bueno ni divertido. S\u00f3lo que se tome constancia del hecho. Hoy un europeo de 50 a\u00f1os se ha \u201cmudado\u201d de media al menos cinco veces; m\u00e1s veces a\u00fan los que viven en una casa de alquiler. Si a eso a\u00f1adimos la irrupci\u00f3n de los fondos buitre en el mercado, el aumento de los precios y el creciente n\u00famero de desahucios \u2013consecuentes al pinchazo de la burbuja inmobiliaria\u2013 podemos decir que el concepto \u201ccasa\u201d ha sufrido una erosi\u00f3n notable en las \u00faltimas d\u00e9cadas.<\/p>\n<p>Pero a esto hay que a\u00f1adir las dificultades tecnol\u00f3gicas. Sin cuerpos ni costumbres el verbo \u201chabitar\u201d se vuelve irrealizable. Pensemos, por ejemplo, en c\u00f3mo el tel\u00e9fono m\u00f3vil ha consumado del modo m\u00e1s banal esa escisi\u00f3n entre cuerpo e individualidad: no s\u00f3lo porque ya no sabemos d\u00f3nde est\u00e1n los cuerpos con los que hablamos (\u201c\u00bfd\u00f3nde est\u00e1s?\u201d y no ya \u201c\u00bfc\u00f3mo est\u00e1s?\u201d es la primera pregunta dirigida a nuestro interlocutor) sino porque el tel\u00e9fono m\u00f3vil, y no el n\u00famero en el dintel de la vivienda ni el DNI, se ha convertido en el objeto y en el veh\u00edculo de todo control (pol\u00edtico y econ\u00f3mico); y porque subroga adem\u00e1s nuestra condici\u00f3n ciudadana frente a la administraci\u00f3n, a la que ya s\u00f3lo podemos acceder \u2013o casi\u2013 a trav\u00e9s de un dispositivo telef\u00f3nico, con las consecuencias previsibles, en t\u00e9rminos de incuria y abandono, para la poblaci\u00f3n ya vulnerable de mayor edad.<\/p>\n<p>Hoy un europeo de 50 a\u00f1os se ha \u201cmudado\u201d de media al menos cinco veces; m\u00e1s veces a\u00fan los que viven en una casa de alquiler.<\/p>\n<p>Esta escisi\u00f3n entre el cuerpo y la individualidad se hace a\u00fan mayor en las llamadas redes sociales. Dec\u00eda m\u00e1s arriba que internet es \u201cinhabitable\u201d y lo es porque, como recordaba la escritora italo\u2013estadounidense Silvia Federici, no permite la reproducci\u00f3n ni los cuidados: \u201cDurante demasiado tiempo se ha pensado lo com\u00fan en una forma t\u00edpicamente masculina\u201d, escribe, \u201cpor ejemplo la mirada que plantean Negri y Hardt, sobre todo en su primera obra, donde lo com\u00fan se piensa a trav\u00e9s del trabajo digital y de internet como espacio comunitario. Esta concepci\u00f3n del com\u00fan tiene problemas muy grandes, porque internet no nos permite reproducirnos\u201d. La \u201ccasa\u201d, dec\u00edamos al principio, es el lugar f\u00edsico donde se re\u00fanen el cuerpo y sus costumbres; y toda verdadera \u201chabitaci\u00f3n\u201d es, en este sentido, repetici\u00f3n. Desde los a\u00f1os 50 del siglo pasado, pero sobre todo con el aceler\u00f3n tecnol\u00f3gico de las tres \u00faltimas d\u00e9cadas, se ha producido un viraje hist\u00f3rico decisivo en las entra\u00f1as del capitalismo; me refiero al desplazamiento de la explotaci\u00f3n del \u00e1mbito de la producci\u00f3n al \u00e1mbito del ocio. Digamos que la explotaci\u00f3n dur\u00edsima de los cuerpos en lugares f\u00edsicos (f\u00e1bricas y talleres) en el per\u00edodo llamado fordista iba acompa\u00f1ada de una sombra o espectro de \u201chabitaci\u00f3n\u201d: el trabajador \u201chabitaba\u201d la f\u00e1brica en la medida en que repet\u00eda gestos alienantes, s\u00ed, pero la \u201chabitaba\u201d sobre todo porque en ella se constru\u00eda una experiencia y una biograf\u00eda, as\u00ed como una comunidad solidaria de cuidados rec\u00edprocos (que a veces se denominaba sindicato). Pues bien, la deslocalizaci\u00f3n de las f\u00e1bricas y los cuerpos coincide con la financiarizaci\u00f3n de la econom\u00eda y estos dos fen\u00f3menos a su vez con la explotaci\u00f3n masiva, por v\u00eda tecnol\u00f3gica, del tiempo libre. Es lo que el fil\u00f3sofo franc\u00e9s Bernard Stiegler ha calificado con acierto de \u201cproletarizaci\u00f3n del ocio\u201d, que define como una extensi\u00f3n de la proletarizaci\u00f3n del trabajo: del mismo modo \u2013dice\u2013 que el trabajador proletarizado no es due\u00f1o de sus medios de producci\u00f3n, el consumidor proletarizado no es due\u00f1o de sus medios de re\u2013creaci\u00f3n. No es due\u00f1o, en definitiva, de su tiempo libre, que se traslada del espacio y sus objetos a esos flujos tecnol\u00f3gicos sincr\u00f3nicos que atraviesan y parasitan el tiempo mismo de nuestra conciencia. De manera mucho menos filos\u00f3fica podemos decir que el capitalismo neoliberal altamente tecnologizado ha prohibido el aburrimiento, foco de resistencia corporal no rentable y no controlable. La sedicente \u201cindustria del entretenimiento\u201d mueve m\u00e1s beneficios que las drogas y casi tantos como las armas; y es a trav\u00e9s de ella que se obtiene adem\u00e1s informaci\u00f3n sobre los cuerpos y sus deseos.<\/p>\n<p>Esta \u201cproletarizaci\u00f3n del ocio\u201d, volcada en las redes sociales, es de alg\u00fan modo incompatible con el concepto de \u201ccasa\u201d. Antes habl\u00e1bamos de la descentralizaci\u00f3n del fuego en pantallas individuales perif\u00e9ricas como de una dispersi\u00f3n y volatilizaci\u00f3n de los cuerpos reunidos; y asociada a su vez a la erosi\u00f3n de la frontera entre una polis virtual inhabitable y un \u201chogar\u201d ahora deshabitado. Pero es que el formato tecnol\u00f3gico mismo \u2013que, por cierto, rechazan para sus hijos y para s\u00ed mismos los art\u00edfices de la revoluci\u00f3n digital de Sillicon Valley\u2013 impide de una manera a\u00fan m\u00e1s radical la construcci\u00f3n de una \u201ccasa\u201d.<\/p>\n<p>\u00daltimamente me he ocupado a menudo \u2013en escritos y conferencias\u2013 de la facultad de la \u201catenci\u00f3n\u201d a partir de un concepto teol\u00f3gico, la <em>hypomon\u00e9<\/em>, que la fil\u00f3sofa, m\u00edstica y militante francesa Simone Weil (1909\u20131943) traduce como una combinaci\u00f3n de atenci\u00f3n y de espera; es decir, como una situaci\u00f3n existencial de \u201cespera atenta\u201d. Hay cosas a las que no se puede prestar atenci\u00f3n: las que van demasiado deprisa, las que van demasiado despacio, las que est\u00e1n demasiado lejos, las que est\u00e1n detr\u00e1s de nosotros, las que son demasiado grandes, las que son demasiado peque\u00f1as. Los humanos podemos prestar atenci\u00f3n tan solo a las cosas que comparecen a escala antropom\u00e9trica o, lo que es lo mismo, a la medida de nuestros cuerpos. La escala antropom\u00e9trica \u2013la escala de la atenci\u00f3n\u2013 ha sido socialmente abolida por un capitalismo altamente tecnologizado que deshace los cuerpos y sus v\u00ednculos por dos v\u00edas simult\u00e1neas: convirti\u00e9ndo los cuerpos en \u201cim\u00e1genes\u201d y convirti\u00e9ndolos en \u201csistemas\u201d (como dir\u00eda Ivan Illich). Las redes y la publicidad, por ejemplo, convierten nuestros cuerpos en im\u00e1genes; el deporte profesional y la medicina especializada, por su parte, en sistemas. Lo que estamos perdiendo, en definitiva, es la \u201chypomon\u00e9\u201d weiliana: esa idea de que mientras esperamos (el metro, a nuestro novio o la salvaci\u00f3n) podemos prestar atenci\u00f3n al mundo y sus objetos. El capitalismo hiperindustrial ha prohibido materialmente la hipomon\u00e9, no permite las esperas y nos coloca siempre, por tanto, fuera del umbral de la atenci\u00f3n. Ha prohibido \u2013como dec\u00eda antes\u2013 el aburrimiento, que es (parafraseando a un gran autor barbudo) \u201cla verdadera fuente de toda riqueza\u201d.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 est\u00e9 prohibida la hypomon\u00e9 quiere decir que ahora est\u00e1 prohibido esperar. Y quiere decir que ahora est\u00e1 prohibida la distancia.<\/p>\n<p>Deteng\u00e1monos aqu\u00ed un instante para acabar. La atenci\u00f3n es la decisi\u00f3n de poner el objeto all\u00ed donde no puedo com\u00e9rmelo: lejos en el tiempo y en el espacio. La decisi\u00f3n \u2013es decir\u2013 de esperar el objeto si a\u00fan no ha llegado y de renunciar a com\u00e9rmelo si ha llegado ya. La hipomon\u00e9 tiene que ver, por tanto, con una ontolog\u00eda del \u201ca\u00fan\u201d o del \u201ctodav\u00eda\u201d. En la espera decimos: a\u00fan no ha llegado. En la mirada decimos: a\u00fan dura. Lo contrario de esta ontolog\u00eda del \u201ca\u00fan\u201d es una necrolog\u00eda del \u201cya\u201d. Siempre comemos en un <em>ya<\/em>. Siempre nos comemos un <em>ya<\/em>. Lo que \u2013reparemos en ello\u2013 nos devuelve a esa diferencia enunciada m\u00e1s arriba entre la deuda y el ahorro o entre el presente de la destrucci\u00f3n y el futuro de la conservaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cA\u00fan no ha llegado\u201d es la espera. \u00bfY Marta? \u00bfY el amor? \u00bfY la revoluci\u00f3n? \u00bfY las jacarand\u00e1s en flor? A\u00fan no han llegado. Este \u201ca\u00fan\u201d de la espera atenta tiene que ver tambi\u00e9n, por eso, con la \u201csorpresa\u201d. No es s\u00f3lo ya que de ciertas cosas no podemos saber cu\u00e1ndo o si llegar\u00e1n sino que de otras, muy decisivas, s\u00f3lo podemos decir que las est\u00e1bamos esperando una vez han llegado y comparecen ante nuestra vista. No sab\u00edamos que esper\u00e1bamos esa mujer o ese hombre o ese crep\u00fasculo o ese bosque de hayas (y de ah\u00ed la cursi y convencional declaraci\u00f3n de amor: \u201cllevaba esper\u00e1ndote toda la vida\u201d). Su llegada nombra y cierra una espera. La contingencia, en efecto, es la ley de la espera, entendida \u2013si fu\u00e9semos te\u00f3logos\u2013 al modo de Simone Weil o Ivan Illich: como el reconocimiento de un mundo que no est\u00e1 en nuestras manos, que no podemos repetir a voluntad, que est\u00e1 \u2013por as\u00ed decirlo\u2013 en manos de un dios.<\/p>\n<p>\u201cA\u00fan no ha llegado\u201d es la espera. \u201cA\u00fan dura\u201d es la atenci\u00f3n. \u00bfY Marta? \u00bfY el amor? \u00bfY la monta\u00f1a? \u00bfY la casa? A\u00fan duran. Duran porque hemos renunciado a com\u00e9rnoslas, porque las miramos, porque las cuidamos. La relaci\u00f3n entre el amor y la belleza es este cuidado en la duraci\u00f3n, imposible all\u00ed donde la regla de vida es lo \u201cincompiuto\u201d: \u201dbasta mirar un objeto largamente para que se vuelva interesante\u201d, dec\u00eda Flaubert. De esta duraci\u00f3n de la mirada (en sentido lato), de este cuidado en el espacio procede el \u201cvalor\u201d de cada criatura en particular y del mundo en su conjunto. \u00bfCu\u00e1nto vale una vida humana?, me preguntaba en uno de mis libros. Y respond\u00eda siguiendo y rebasando al autor barbudo reci\u00e9n mencionado: si una mercanc\u00eda vale tanto como tiempo es necesario para su producci\u00f3n, un cuerpo humano vale tanto como tiempo se invierte en mirarlo (con los ojos y con las manos). Por eso, en esticto paralelismo, todo proceso de mercantilizaci\u00f3n es un proceso de desvalorizaci\u00f3n. En cuanto al trabajo de \u201cvalorizaci\u00f3n\u201d, lo apunt\u00e1bamos m\u00e1s arriba, lo han hecho siempre las mujeres \u2013mientras los hombres hu\u00edan Historia arriba o Historia abajo\u2013 y ahora que todos podr\u00edamos ser un poco mujeres, al menos en este sentido, todo proceso de valorizaci\u00f3n est\u00e1 amenazado por la falta de \u201ccasa\u201d asociada a la p\u00e9rdida de atenci\u00f3n, consecuencia a su vez de la \u201cmercantilizaci\u00f3n\u201d tecnol\u00f3gica de la existencia misma. En cierta forma, todos hemos sido v\u00edctimas de un desahucio: algunos material, otros mental. Pero todos nos hemos quedado sin \u201chabitaci\u00f3n\u201d donde reunir los cuerpos y sus costumbres.<\/p>\n<p>En definitiva, las cosas \u2013los cuerpos\u2013 tienen valor porque las esperamos y las cuidamos. As\u00ed que hablar de un mundo sin tiempo de espera y sin atenci\u00f3n (sin hypomon\u00e9 weiliana) es hablar de un mundo sin \u201ca\u00fan\u201d, un mundo sin \u201cvalor\u201d, un mundo enteramente comestible. Un mundo de incuria, descuidado, desatento, que pasa por encima de los cuerpos, descompuestos en im\u00e1genes o en sistemas, para parasitar la abstracci\u00f3n del presente y sus ruinas desahabitadas. Un mundo \u201cinhabitable\u201d en el que es imposible construir una verdadera \u201ccasa\u201d. Un mundo, en suma, del que hemos desalojado a los humanos, clave y condici\u00f3n de toda arquitectura, y con ellos el mundo mismo.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/ctxt.es\/es\/20200108\/Firmas\/30456\/ruinas-capitalismo-alba-rico-inconsistente-incompleto-arquitectura-alquiler.htm#_ftnref1\"><sup>[1]<\/sup><\/a>\u00a0\u00a0\u00a0 Este texto es la elaboraci\u00f3n de dos intervenciones del autor en el IX seminario Arquitectura y Pensamiento que, con el t\u00edtulo \u201c(re)construir, (re)habitar, (re)pensar\u201d y organizado por el Grupo de Investigaci\u00f3n en Arquitectura y Pensamiento de la UPV, se celebr\u00f3 en Valencia el pasado 12 de diciembre de 2019.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/ctxt.es\/es\/20200108\/Firmas\/30456\/ruinas-capitalismo-alba-rico-inconsistente-incompleto-arquitectura-alquiler.htm\">https:\/\/ctxt.es\/es\/20200108\/Firmas\/30456\/ruinas-capitalismo-alba-rico-inconsistente-incompleto-arquitectura-alquiler.htm<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las cosas \u2013los cuerpos\u2013 tienen valor porque las esperamos y las cuidamos. As\u00ed que hablar de un mundo sin tiempo de espera y sin atenci\u00f3n es hablar de un mundo sin \u201cvalor\u201d El capitalismo neoliberal, altamente tecnologizado y radicalmente especulativo, sin materia y sin fronteras, se mueve entre lo inconsistente y lo incompleto[1]. Por un [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":39091,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[82],"tags":[],"class_list":["post-45181","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-munduanbarna"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.6 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Sobre lo inconsistente y lo incompleto - Nabarralde<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/nabarralde.eus\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Sobre lo inconsistente y lo incompleto - Nabarralde\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Las cosas \u2013los cuerpos\u2013 tienen valor porque las esperamos y las cuidamos. As\u00ed que hablar de un mundo sin tiempo de espera y sin atenci\u00f3n es hablar de un mundo sin \u201cvalor\u201d El capitalismo neoliberal, altamente tecnologizado y radicalmente especulativo, sin materia y sin fronteras, se mueve entre lo inconsistente y lo incompleto[1]. Por un [&hellip;]\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/nabarralde.eus\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"Nabarralde\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/nabarraldefundazioa\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2020-01-17T09:35:55+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/Santiago-Alba-Rico.jpg\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"536\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"452\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/jpeg\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Nabarralde\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:creator\" content=\"@Nabarralde\" \/>\n<meta name=\"twitter:site\" content=\"@Nabarralde\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Escrito por\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Santiago Alba Rico\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"33 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\\\/\\\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"Article\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\\\/#article\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\\\/\"},\"author\":{\"name\":\"Nabarralde\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56\"},\"headline\":\"Sobre lo inconsistente y lo incompleto\",\"datePublished\":\"2020-01-17T09:35:55+00:00\",\"mainEntityOfPage\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\\\/\"},\"wordCount\":6680,\"commentCount\":0,\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\\\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2018\\\/04\\\/Santiago-Alba-Rico.jpg\",\"articleSection\":[\"Munduan Barna\"],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\\\/\",\"name\":\"Sobre lo inconsistente y lo incompleto - Nabarralde\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/#website\"},\"primaryImageOfPage\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\\\/#primaryimage\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\\\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2018\\\/04\\\/Santiago-Alba-Rico.jpg\",\"datePublished\":\"2020-01-17T09:35:55+00:00\",\"author\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56\"},\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\\\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\\\/\"]}]},{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\\\/#primaryimage\",\"url\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2018\\\/04\\\/Santiago-Alba-Rico.jpg\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2018\\\/04\\\/Santiago-Alba-Rico.jpg\",\"width\":536,\"height\":452},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\\\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/es\\\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"Sobre lo inconsistente y lo incompleto\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/#website\",\"url\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/\",\"name\":\"Nabarralde\",\"description\":\"Kultur Ekimenak eta Sustapenak\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56\",\"name\":\"Nabarralde\",\"image\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g\",\"url\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g\",\"caption\":\"Nabarralde\"},\"url\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/es\\\/author\\\/nagusia\\\/\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"Sobre lo inconsistente y lo incompleto - Nabarralde","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/nabarralde.eus\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"Sobre lo inconsistente y lo incompleto - Nabarralde","og_description":"Las cosas \u2013los cuerpos\u2013 tienen valor porque las esperamos y las cuidamos. As\u00ed que hablar de un mundo sin tiempo de espera y sin atenci\u00f3n es hablar de un mundo sin \u201cvalor\u201d El capitalismo neoliberal, altamente tecnologizado y radicalmente especulativo, sin materia y sin fronteras, se mueve entre lo inconsistente y lo incompleto[1]. Por un [&hellip;]","og_url":"https:\/\/nabarralde.eus\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\/","og_site_name":"Nabarralde","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/nabarraldefundazioa","article_published_time":"2020-01-17T09:35:55+00:00","og_image":[{"width":536,"height":452,"url":"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/Santiago-Alba-Rico.jpg","type":"image\/jpeg"}],"author":"Nabarralde","twitter_card":"summary_large_image","twitter_creator":"@Nabarralde","twitter_site":"@Nabarralde","twitter_misc":{"Escrito por":"Santiago Alba Rico","Tiempo de lectura":"33 minutos"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"Article","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\/#article","isPartOf":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\/"},"author":{"name":"Nabarralde","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#\/schema\/person\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56"},"headline":"Sobre lo inconsistente y lo incompleto","datePublished":"2020-01-17T09:35:55+00:00","mainEntityOfPage":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\/"},"wordCount":6680,"commentCount":0,"image":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/Santiago-Alba-Rico.jpg","articleSection":["Munduan Barna"],"inLanguage":"es"},{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\/","url":"https:\/\/nabarralde.eus\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\/","name":"Sobre lo inconsistente y lo incompleto - Nabarralde","isPartOf":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#website"},"primaryImageOfPage":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\/#primaryimage"},"image":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/Santiago-Alba-Rico.jpg","datePublished":"2020-01-17T09:35:55+00:00","author":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#\/schema\/person\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56"},"breadcrumb":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/nabarralde.eus\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\/"]}]},{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\/#primaryimage","url":"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/Santiago-Alba-Rico.jpg","contentUrl":"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/Santiago-Alba-Rico.jpg","width":536,"height":452},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/sobre-lo-inconsistente-y-lo-incompleto\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"Sobre lo inconsistente y lo incompleto"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#website","url":"https:\/\/nabarralde.eus\/","name":"Nabarralde","description":"Kultur Ekimenak eta Sustapenak","potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/nabarralde.eus\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#\/schema\/person\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56","name":"Nabarralde","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g","url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g","contentUrl":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g","caption":"Nabarralde"},"url":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/author\/nagusia\/"}]}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/45181","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=45181"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/45181\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":45182,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/45181\/revisions\/45182"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/39091"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=45181"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=45181"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=45181"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}