{"id":44286,"date":"2019-10-18T10:17:38","date_gmt":"2019-10-18T09:17:38","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=44286"},"modified":"2019-10-18T10:17:38","modified_gmt":"2019-10-18T09:17:38","slug":"la-ladrona-de-fruta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-ladrona-de-fruta\/","title":{"rendered":"La ladrona de fruta"},"content":{"rendered":"<p>Esta historia comenz\u00f3 en uno de aquellos d\u00edas de pleno verano en que uno anda descalzo por la hierba y por primera vez en el a\u00f1o es picado por una abeja. Al menos eso es lo que siempre me ha pasado a m\u00ed. Y ahora s\u00e9 que esos d\u00edas de la primera y a menudo \u00fanica picadura del a\u00f1o, por lo general, coinciden con el abrirse de las flores blancas del tr\u00e9bol, del que crece a ras del suelo, en el que las abejas retozan medio escondidas.<\/p>\n<p>Era un d\u00eda soleado, tambi\u00e9n eso como siempre, de principios de agosto, pero, en todo caso bien entrada la ma\u00f1ana, a\u00fan no hac\u00eda calor, y en lo alto, y cada vez m\u00e1s en lo alto, el cielo azuleaba constante. Apenas hab\u00eda una nube, y si se formaba alguna: se disolv\u00eda de nuevo. Una brisa suave, que daba alas, soplaba, como suele ocurrir en verano, desde el oeste \u2013en la imaginaci\u00f3n desde el Atl\u00e1ntico\u2013 refrescando la bah\u00eda de nadie. No hab\u00eda roc\u00edo que secar. Igual que desde hac\u00eda ya m\u00e1s de una semana, al vagar temprano por el jard\u00edn, tampoco se hab\u00eda notado humedad bajo las plantas desnudas de los pies y, menos a\u00fan, entre los dedos.<\/p>\n<p>Se dice que las abejas, a diferencia de las avispas, al picar, pierden el aguij\u00f3n y que, por eso, a causa de la picadura, tienen que morir. En todos los a\u00f1os anteriores, pocas veces me hab\u00edan picado \u2013casi siempre en el pie desnudo\u2013 sin que yo mismo lo presenciara, por lo menos si ten\u00eda en cuenta el arp\u00f3n de tres puntas, tan diminuto como poderoso, que parec\u00eda desgarrado de la carne interior de la abeja y alrededor del cual se hinchaba algo inconsistente y gelatinoso, las entra\u00f1as del insecto; a la vista estaba, adem\u00e1s, un ser comb\u00e1ndose, temblando, tiritando, cuyas alas perd\u00edan fuerza.<\/p>\n<p>Pero aquel d\u00eda de la picadura en el que la historia de la ladrona de fruta tom\u00f3 forma, la abeja que me pic\u00f3 a m\u00ed, el descalzo, no sucumbi\u00f3. Aunque se trataba de una abeja del tama\u00f1o de un guisante, peluda, lanosa, con los consabidos colores y franjas de las abejas, al picar, no perdi\u00f3 ning\u00fan aguij\u00f3n y, despu\u00e9s de la picadura, una picadura de abeja como pocas \u2013tan repentina como intensa\u2013, se elev\u00f3 zumbando, d\u00e1ndose un impulso, no solo como si no hubiese ocurrido nada, sino como si, adem\u00e1s, en virtud de su acci\u00f3n, hubiese recuperado nuevas fuerzas.<\/p>\n<p>A m\u00ed la picadura me pareci\u00f3 bien, y no \u00fanicamente porque la abeja hab\u00eda sobrevivido. Hubo adem\u00e1s otras razones. En primer lugar, se dec\u00eda que las picaduras de abeja, de nuevo supuestamente a diferencia de las de las avispas o de los avispones, eran buenas para la salud, para aliviar los dolores reum\u00e1ticos, para fortalecer la circulaci\u00f3n sangu\u00ednea o para lo que fuera, y, ahora, una picadura as\u00ed \u2013otra vez una de mis imaginaciones\u2013 me reanimar\u00eda al menos durante un rato los dedos de los pies, que de a\u00f1o en a\u00f1o ten\u00eda m\u00e1s d\u00e9biles e insensibles, pr\u00e1cticamente entumecidos; por una fantas\u00eda o imaginaci\u00f3n similar, arrancaba yo las ortigas con las manos descubiertas, a menudo ramos enteros, tanto del jard\u00edn de la bah\u00eda de nadie como de las terrazas de la lejana finca de la Picard\u00eda \u2014aqu\u00ed, suelo de loess; all\u00ed, calc\u00e1reo\u2014.<\/p>\n<p>Di la bienvenida a la picadura por una segunda raz\u00f3n. Me la tom\u00e9 como una se\u00f1al. \u00bfUna buena se\u00f1al?, \u00bfuna mala? Ni buena ni mala y en absoluto funesta, simplemente una se\u00f1al. La picadura dio la se\u00f1al de partida. Es hora de que te pongas en camino. Al\u00e9jate del jard\u00edn y de la regi\u00f3n. Vete. Ha llegado el momento de marchar.<\/p>\n<p>\u00bfPero necesitaba yo esta suerte de se\u00f1ales? Aquel d\u00eda, en aquel entonces: s\u00ed, y aunque de nuevo sea solo una imaginaci\u00f3n o una enso\u00f1aci\u00f3n de verano.<\/p>\n<p>Orden\u00e9 lo que se ten\u00eda que ordenar en la casa y el jard\u00edn, tambi\u00e9n dej\u00e9 expresamente esto y lo otro donde se hallara o reposara, planch\u00e9 las dos o tres camisas viejas a las que ten\u00eda m\u00e1s apego \u2013apenas se hab\u00edan secado en la hierba\u2013, hice el equipaje, met\u00ed dentro las llaves de la casa de campo, mucho m\u00e1s pesadas que las de la casa de las afueras de la ciudad. Y no era la primera vez que, poco antes de salir, al atarme los cordones de las botas de ca\u00f1a corta, se me romp\u00eda un cord\u00f3n, no encontraba de ninguna manera las parejas de los calcetines, me pasaban por las manos tres docenas de mapas detallados sin que apareciera el que me interesaba; la diferencia esta vez fue que se me rompieron los dos cordones de los zapatos \u2013durante el cuarto de hora previo que tard\u00e9 en desanudarlos se me rompi\u00f3 la u\u00f1a de un pulgar\u2013, que al final hice pares con los calcetines desaparejados \u2013pr\u00e1cticamente s\u00f3lo de esos\u2013, y que de repente me pareci\u00f3 bien ponerme en camino sin tener ni un mapa.<\/p>\n<p>De repente tambi\u00e9n me liber\u00e9 de la falta de tiempo en la que hab\u00eda quedado atrapado, una falta de tiempo infundada que me invad\u00eda siempre, no solo en las horas previas a la partida; por lo general, entonces, me cortaba sobre todo la respiraci\u00f3n y, en la hora antes de salir, era verdaderamente asfixiante. Ni una hora m\u00e1s all\u00ed. \u00bfLibro de la Vida? Libro en blanco. Se acab\u00f3 el sue\u00f1o. Se acab\u00f3 el juego.<\/p>\n<p>Pero ahora, de manera inesperada: la falta de tiempo se hab\u00eda esfumado, no ten\u00eda objeto. Todo el tiempo del mundo ten\u00eda yo de repente. Viejo como era: m\u00e1s tiempo que nunca. Y el Libro de la Vida: abierto y, a la vez, bien sujeto; las p\u00e1ginas, en especial las p\u00e1ginas en blanco, resplandeciendo al viento del mundo, de esta Tierra, del aqu\u00ed. S\u00ed, por fin conseguir\u00eda ver a mi ladrona de fruta; hoy no, ma\u00f1ana tampoco, pero pronto, muy pronto, y la ver\u00eda como una persona, entera, y no meramente en los quim\u00e9ricos fragmentos que, durante todos los a\u00f1os anteriores, por lo general, entre la multitud y, adem\u00e1s, siempre solo de lejos, hab\u00edan aparecido ante mis ojos envejecidos d\u00e1ndome otra vez nuevas alas. \u00bfUna \u00faltima vez?<\/p>\n<p>\u00bfEs que has olvidado que eso de hablar de una \u201c\u00faltima vez\u201d no se hace, tan poco como de una \u201c\u00faltima copa\u201d? O si se habla de ello, entonces como aquel ni\u00f1o que, despu\u00e9s de que le hayan dejado que juegue \u201c\u00a1una \u00faltima vez!\u201d (pongamos que con el columpio o el balanc\u00edn), grita: \u201c\u00a1una \u00faltima vez!\u201d, y luego: \u201c\u00a1una \u00faltima vez!\u201d. \u00bfGrita? \u00a1Vocea! \u00bfPero eso no lo has dicho t\u00fa a menudo? S\u00ed, pero en otro pa\u00eds. Y eso qu\u00e9 m\u00e1s da. (&#8230;)<\/p>\n<p>LA VANGUARDIA<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esta historia comenz\u00f3 en uno de aquellos d\u00edas de pleno verano en que uno anda descalzo por la hierba y por primera vez en el a\u00f1o es picado por una abeja. Al menos eso es lo que siempre me ha pasado a m\u00ed. 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