{"id":43897,"date":"2019-09-05T13:29:38","date_gmt":"2019-09-05T12:29:38","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=43897"},"modified":"2019-09-05T13:29:38","modified_gmt":"2019-09-05T12:29:38","slug":"sarajevo-la-ciudad-que-explica-el-siglo-xx","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/sarajevo-la-ciudad-que-explica-el-siglo-xx\/","title":{"rendered":"Sarajevo, la ciudad que explica el siglo XX"},"content":{"rendered":"<p>La primera vez que se llega a Sarajevo posiblemente uno se siente impresionado por la belleza del entorno: la ciudad rodeada de colinas. Qui\u00e9n iba a decir que acabar\u00eda siendo v\u00edctima de la orograf\u00eda&#8230; Porque es desde estos cerros desde donde las tropas serbo-bosnias del general Ratko Mladic bombardearon la ciudad en los 1.425 d\u00edas que la mantuvieron sitiada durante la guerra de Bosnia-Herzegovina (1992-1995). Casi cuatro a\u00f1os de asedio militar, el m\u00e1s largo de la historia moderna.<\/p>\n<p>No es extra\u00f1o, pues, que la guerra del 92 haya marcado profundamente la capital bosnia. El acceso por la avenida Mese Selimovi\u0107, tristemente conocida como &#8216;avenida de los francotiradores&#8217;, sirve para entender hasta qu\u00e9 punto estaba expuesta la poblaci\u00f3n civil a la artiller\u00eda y los disparos de los radicales chetniks. A\u00fan hoy los barrios m\u00e1s occidentales, de marcada arquitectura sovi\u00e9tica, testimonian los efectos brutales del asedio. Bien en las paredes de los edificios, donde se hace evidente el impacto de los obuses, de las balas y de la metralla, bien en el asfalto, donde las llamadas &#8216;rosas de Sarajevo&#8217; constatan las muertes civiles por morteros y proyectiles.<\/p>\n<p>Barrios como el de Grbavica, &#8216;l\u00ednea de frente&#8217;, ense\u00f1an todav\u00eda las cicatrices de la guerra. Sin embargo, para saber los traumas m\u00e1s \u00edntimos, los que no se evidencian a primera vista, hay que pasear y conversar con los vecinos. O recurrir al cine. El recuerdo omnipresente de los d\u00edas de agresi\u00f3n hace pensar que la ciudad necesita, al menos, una capa de pintura para sacudirse el ambiente de posguerra y pasar p\u00e1gina. Todo ello contrasta con las fastuosas mezquitas que se han erigido con dinero del Golfo P\u00e9rsico.<\/p>\n<p>A medida que el tranv\u00eda avanza por la avenida, seguimos topando con iconos de la guerra, como la sede del diario Oslobodenje. A pesar de que fue destruida, nunca dej\u00f3 de publicarse. Con todo, murieron cinco trabajadores y veinticinco fueron heridos. Tambi\u00e9n se hac\u00eda periodismo en el hotel Holiday Inn, sede de los corresponsales internacionales durante el conflicto, donde se escrib\u00edan y editaban algunas de las cr\u00f3nicas que testimoniaban el agotamiento del siglo XX.<\/p>\n<p>Delante, encontramos el parlamento. Las im\u00e1genes del edificio en llamas mostraron al mundo la magnitud de la barbarie.<\/p>\n<p>Pero el recorrido tambi\u00e9n nos ense\u00f1a que el pa\u00eds no quiere desvincularse de la modernidad. Grandes centros comerciales ponen de manifiesto que la capital quiere seguir el latido mundial. Sea con las grandes marcas comerciales o con medios de comunicaci\u00f3n, como la sede de Aljazeera. De hecho, cuando el tranv\u00eda -poco despu\u00e9s- llega al centro Skenderija, se recuerda o descubre que Sarajevo fue la sede de los juegos ol\u00edmpicos de invierno de 1984. Ocho a\u00f1os m\u00e1s tarde, cuando Bosnia se desangraba, Barcelona acog\u00eda los suyos. Un hecho que hermana a\u00fan m\u00e1s las dos ciudades. Cabe recordar que la capital catalana es una de las ciudades que m\u00e1s se solidariz\u00f3 con la capital sitiada: se enviaron numerosos convoyes humanitarios y Sarajevo lleg\u00f3 incluso a convertirse en el und\u00e9cimo distrito de Barcelona. Desde entonces se han financiado numerosos proyectos de cooperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>A partir de este punto, el tranv\u00eda ya bordea el r\u00edo Miljacka y se convierte en consciente del peso de la historia en Sarajevo. En esta parte m\u00e1s oriental de la ciudad, la arquitectura austroh\u00fangara recuerda el pasado imperial.<\/p>\n<p>Precisamente fue en el puente Latino donde empez\u00f3 el fin del imperio y donde el nombre de Sarajevo permaneci\u00f3 ligado para siempre al destino de Europa. El 14 de junio de 1914 un joven estudiante Serbio, Gavrilo Princip, asesin\u00f3 en este puente al archiduque Francisco Fernando, heredero de la corona austriaca. Sin saberlo, hab\u00eda pulsado el detonador de la Primera Guerra Mundial. Es en este punto donde vale la pena de bajar del tranv\u00eda y, tras observar la placa que constata el hecho hist\u00f3rico, adentrarse a pie en la Sarajevo m\u00e1s aut\u00e9ntica.<\/p>\n<p>La Jerusal\u00e9n de los Balcanes<\/p>\n<p>Bosnia y Herzegovina la constituyen tres grupos \u00e9tnicos: serbo-bosnios, croato-bosnios y bosn\u00edacos. Ortodoxos, cat\u00f3licos y musulmanes, respectivamente. Durante siglos los tres grupos, junto con los jud\u00edos sefard\u00edes, han convivido pac\u00edficamente en Sarajevo. Paseando por el centro hist\u00f3rico, se vislumbran en pocos minutos la catedral ortodoxa, la cat\u00f3lica, la sinagoga del siglo XVI y la mezquita m\u00e1s grande del pa\u00eds. Apenas un centenar de metros separan los templos, donde durante a\u00f1os se han practicado los diversos cultos en paz y armon\u00eda. De ah\u00ed que Sarajevo sea conocida popularmente como la peque\u00f1a Jerusal\u00e9n.<\/p>\n<p>El Museo Nacional de Bosnia y Herzegovina acredita el clima de convivencia y ayuda entre comunidades. Se expone la Hagad\u00e1 de Sarajevo, un manuscrito que contiene el tradicional texto hebreo que se lee por la pascua jud\u00eda y que narra la liberaci\u00f3n del pueblo de Israel y la salida de Egipto. Se calcula que el manuscrito fue hecho en Barcelona en 1350. \u00bfC\u00f3mo lleg\u00f3 a Bosnia? Pues cuando los reyes cat\u00f3licos expulsaron a los jud\u00edos sefard\u00edes de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica, el imperio Otomano -y Sarajevo particularmente- se convirti\u00f3 en un importante espacio de acogida. Despu\u00e9s de viajar por Italia, y v\u00eda Dubrovnik, esta joya lleg\u00f3 a la capital bosnia, donde fue custodiada por la comunidad sefard\u00ed que se hab\u00eda creado en 1556. En 1894 Josef Cohen la vendi\u00f3 al museo nacional.<\/p>\n<p>Pero la Hagad\u00e1 a\u00fan gan\u00f3 \u00e9pica con la historia reciente. El manuscrito sobrevivi\u00f3 al nazismo porque el bibliotecario del museo lo dio a escondidas a un cl\u00e9rigo musulm\u00e1n. El texto pas\u00f3 la Segunda Guerra Mundial bajo las maderas de una mezquita en la monta\u00f1a de Bjelasnica y retorn\u00f3 al museo terminado el conflicto. En 1992 volvi\u00f3 a ser escondida para salvarla de los obuses y las llamas de los chetniks. Esta vez termin\u00f3 en la c\u00e1mara acorazada subterr\u00e1nea del banco nacional. En ambos casos, unos musulmanes arriesgaron la vida para salvar el patrimonio cultural jud\u00edo.<\/p>\n<p>Hoy d\u00eda, la comunidad jud\u00eda es formada por unas quinientas personas -no todas practicantes-, de las cuales un 80% son de origen sefard\u00ed. Desgraciadamente, las guerras tambi\u00e9n pasaron factura y cada vez los hay menos. En 1945, 12.000 jud\u00edos hab\u00edan sido v\u00edctimas del Holocausto en todo el pa\u00eds. En la \u00faltima guerra, por suerte, la sinagoga se salv\u00f3 de los bombardeos. E incluso acogi\u00f3 piezas del museo de la ciudad, da\u00f1ado con fuerza. Aparte de la sinagoga, la otra gran huella de la comunidad sefard\u00ed en Sarajevo es el cementerio jud\u00edo, el segundo m\u00e1s grande de Europa despu\u00e9s del de Praga. Todav\u00eda hoy se leen l\u00e1pidas con apellidos e inscripciones hisp\u00e1nicas. Cabe decir que, durante el sitio, el cementerio marcaba la l\u00ednea de frente y varias tumbas dejan buen testimonio de ello.<\/p>\n<p>El encanto otomano<\/p>\n<p>Pasear por la calle de Ferhadija, una de las principales arterias de la ciudad, es un viaje en el tiempo y en las culturas. Se debe comenzar a caminar desde la llama eterna, que quema desde 1946 en homenaje a los muertos en la Segunda Guerra Mundial. A medimos que avanzamos hacemos un viaje hacia oriente. La est\u00e9tica europea, que mezcla rasgos de la \u00e9poca del socialismo yugoslavo con los de la etapa austroh\u00fangara, deja paso a la atm\u00f3sfera otomana al llegar a la gran mezquita de Gazi Husrev-Beg.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed comienza la Bacsarsija, el viejo bazar y centro hist\u00f3rico durante el imperio Otomano. Es imprescindible perderse por las callejuelas y curiosear entre tiendas y talleres de artesanos, mezquitas, olor de caf\u00e9, t\u00e9 y pipas de agua. Tambi\u00e9n es lugar obligado para comprar en ella recuerdos: dif\u00edcil de huir sin el equipamiento deportivo de la selecci\u00f3n nacional de f\u00fatbol. El paseo desemboca en la fuente del Sebilj, s\u00edmbolo de Sarajevo. Dicen que quien quiera volver ha de beber de la misma. Quienes hayan visitado Estambul encontrar\u00e1n en la Bacsarsija la huella otomana. Pero es de noche cuando la magia de las luces, la m\u00fasica y los olores de los caf\u00e9s escondidos entre minaretes nos transportan a un cuento de Las mil y una noches.<\/p>\n<p>Degustar la deliciosa gastronom\u00eda bosnia es la excusa perfecta para atravesar el Miljacka y admirar la biblioteca nacional, aut\u00e9ntica joya de Sarajevo. La Vijecnica se reabri\u00f3 en 2014, tras a\u00f1os de obras. Los chetniks la hab\u00edan destruida e incendiado a ca\u00f1onazos en el verano de 1992. El genocidio, para ser completo, tambi\u00e9n deb\u00eda ser cultural. Unose puede ensimismar mir\u00e1ndola tras hartarse de platos t\u00edpicos desde una ventana de la Casa del Despecho, un restaurante encantador al otro lado del r\u00edo. Se llama as\u00ed porque el due\u00f1o hizo trasladar la casa ladrillo a ladrillo desde un lado del r\u00edo al otro. Esta fue la condici\u00f3n para permitir que en su terreno hicieran la biblioteca.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n es t\u00edpico (\u00a1y delicioso!) el \u0107evap\u010di\u0107i, una especie de pita con morcillas de ternera, cebolla y queso. Los mejores los hacen en la Bacsarsija, pero, como resulta que los propietarios suelen ser musulmanes devotos, a menudo no se pueden acompa\u00f1ar con alcohol. No es ning\u00fan inconveniente porque cerca est\u00e1 la f\u00e1brica-restaurante de la Sarajevsko, la cerveza de la ciudad. Es sobre un manantial de donde la poblaci\u00f3n extra\u00eda agua durante el sitio, sin que los acosadores lo supieran. La sensaci\u00f3n es de estar en un lugar donde se re\u00fane una parte de la clase media de Sarajevo. Hay ambiente y la m\u00fasica en directo ayuda a bajar la cerveza deprisa.<\/p>\n<p>En este lugar tambi\u00e9n se encuentra el telef\u00e9rico hacia la monta\u00f1a de Trebevic. Fue destruido durante la guerra y se reabri\u00f3 el a\u00f1o pasado. Ofrece unas vistas privilegiadas de la ciudad y lleva a algunas de las instalaciones ol\u00edmpicas abandonadas a ra\u00edz del conflicto. Hoy son pisadas por los turistas como si fueran ruinas antiguas. Pasear por las pistas de &#8216;bobsleigh&#8217; ayuda a reflexionar sobre la fragilidad de los tiempos y de la vida. Desde Trebevic se hace evidente cu\u00e1n vulnerable era la ciudad a las piezas de artiller\u00eda serbia, que castigaban diariamente la poblaci\u00f3n civil desde sus posiciones privilegiadas. Todo bajo las \u00f3rdenes del general Mladic y de Radovan Karadzic, el dirigentes pol\u00edtico de los serbo-bosnios. Ambos cumplen cadena perpetua en La Haya por cr\u00edmenes de guerra. Entre los cuales el genocidio de Srebrenica, del que es recomendable visitar la galer\u00eda de homenaje que hay en la capital.<\/p>\n<p>La Sarajevo humana<\/p>\n<p>Desgraciadamente cuesta separar Sarajevo del sufrimiento sufrido por el asedio. Es f\u00e1cil de comprobar si se habla con los habitantes de la ciudad. Todo el mundo recuerda aquellos d\u00edas de infierno y de muerte, pero tambi\u00e9n de vida. Porque Sarajevo, incluso sitiada, fue capaz de seguir viviendo. Se organizaron conciertos, obras de teatro e, incluso, un concurso de Miss Sarajevo. &#8216;Do not let them kill us&#8217;, dec\u00edan al mundo las mujeres. Ellas fueron las que m\u00e1s resistieron mientras los hombres luchaban en el frente.<\/p>\n<p>En Sarajevo se pueden contar miles de historias humanas. La gente de aqu\u00ed es hospitalaria, \u00e1vida de explicar y compartir unos recuerdos que tiene muy vivos. De llenar y rellenar los vasos de cerveza para vaciar el buche. Tambi\u00e9n dejan adivinar las cicatrices y las heridas \u00edntimas, que a\u00fan se tienen que cerrar. &#8216;Mientras no nos disparen, todo va bien&#8217;, dice a menudo Ervin , un gu\u00eda entra\u00f1able que de ni\u00f1o se refugi\u00f3 en Valencia y que hace gala de ese humor negro tan caracter\u00edstico de los bosnios. Descubrir la ciudad con \u00e9l es un privilegio. O con cualquier otro vecino de Sarajevo, que amablemente os ense\u00f1ar\u00e1 los populares &#8216;kafanes&#8217;, locales donde degustar la &#8216;rakija&#8217;, un potente aguardiente que pone a prueba a los m\u00e1s valientes. Pero para vivir una aut\u00e9ntica experiencia balc\u00e1nica se debe visitar el Kino Bosna, el antiguo cine convertido en un magn\u00edfico espacio de m\u00fasica tradicional, charla y humo.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n vale la pena escaparse a las colinas que rodean la ciudad, o al famoso t\u00fanel que atravesaba secretamente el aeropuerto y permit\u00eda llegar a territorio libre. El tr\u00e1fico de personas, armamento, medicamentos, comida y m\u00e1s art\u00edculos de contrabando fue continuo. Se puede visitar un peque\u00f1o tramo en el museo que hay junto al aeropuerto de Dobrinja. Barrio donde perdi\u00f3 la vida el fotoperiodista del diario Avui Jordi Pujol, a ra\u00edz del impacto de un mortero, en mayo de 1992. Fue el primer periodista muerto en el conflicto.<\/p>\n<p>25 a\u00f1os de posguerra<\/p>\n<p>Si sale a la conversaci\u00f3n, tambi\u00e9n es habitual captar en los bosnios cierta &#8216;yugonostalgia&#8217;. El recuerdo dulce de los tiempos del mariscal Josip Broz &#8216;Tito&#8217;, el presidente yugoslavo que hizo de la fraternidad entre los diversos grupos nacionales una m\u00e1xima de Estado. A los bosn\u00edacos les trajo el reconocimiento nacional y a Bosnia cuotas de bienestar. Ninguna otra rep\u00fablica se resinti\u00f3 tanto de la desintegraci\u00f3n de Yugoslavia. Aparte de este recuerdo idealizado, de Tito en Sarajevo hoy d\u00eda queda una calle, un bar-museo y una nieta a quien la situaci\u00f3n del pa\u00eds ha dejado at\u00f3nita.<\/p>\n<p>Y no sin raz\u00f3n. Los acuerdos de Dayton de 1995 detuvieron la guerra, pero no trajeron la paz. El pa\u00eds vive dividido en dos entidades aut\u00f3nomas vueltas de espaldas la una a la otra. La rep\u00fablica Sprska, que re\u00fane a la mayor\u00eda de serbo-bosnios seg\u00fan las fronteras que dibujaron las l\u00edneas de frente, anhela integrarse en Serbia. Los partidos nacionalistas siguen atizando la desconfianza y el enfrentamiento entre etnias. Y el Estado, ahogado por la burocracia y la corrupci\u00f3n, no funciona. Se mantiene en una par\u00e1lisis pol\u00edtica forzada por una constituci\u00f3n que m\u00e1s de dos d\u00e9cadas despu\u00e9s se ha demostrado in\u00fatil para encarar los desaf\u00edos del pa\u00eds y resolver los graves problemas socioecon\u00f3micos. Por eso los j\u00f3venes, que tratan de esquivar los odios que les legan los padres, abandonan el pa\u00eds en busca de una vida mejor.<\/p>\n<p>Sarajevo no ha quedado al margen: la multiculturalidad ha salido da\u00f1ada y las heridas del pasado a\u00fan escuecen. Sin embargo, la ciudad mantiene su esp\u00edritu y a\u00fan cautiva. Basta con uno de esos m\u00e1gicos atardeceres de verano en el mirador de Kovaci. Contempl\u00e1ndola hasta el horizonte es f\u00e1cil pensar que posiblemente Sarajevo marca sola el comienzo y el fin del siglo XX. All\u00ed donde empez\u00f3 la Primera Guerra Mundial y donde se hizo m\u00e1s evidente que Europa hab\u00eda dimitido de sus responsabilidades ante la humanidad, a ra\u00edz de su triste papel en las guerras de desintegraci\u00f3n de Yugoslavia.<\/p>\n<p>Desde el mirador, se hace evidente la belleza de los entornos de la ciudad, con las incontables casas que trepan por las monta\u00f1as. Tambi\u00e9n se distinguen los rastros del conflicto, con la multitud de cementerios que pueblan los cerros. En invierno las tumbas se confunden con la nieve, que regala im\u00e1genes de postal. Como las que capt\u00f3 el fotoperiodista Gervasio S\u00e1nchez durante la guerra. Pero la poluci\u00f3n y el fr\u00edo tambi\u00e9n causan una triste sensaci\u00f3n de posguerra, veintid\u00f3s a\u00f1os despu\u00e9s. Que llega al tu\u00e9tano de los huesos y de las emociones. Y que hace dif\u00edcil vislumbrar tiempos mejores.<\/p>\n<p>Escrib\u00eda Juan Goytisolo: &#8216;Nadie puede salir indemne de un descenso al infierno de Sarajevo. La tragedia de la ciudad convierte el coraz\u00f3n, y quiz\u00e1s el cuerpo entero de quien la presencia, en una bomba preparada para estallar en las zonas de seguridad moral de quienes son directa o indirectamente culpables, all\u00ed donde pueda causar m\u00e1s da\u00f1o&#8217;. Creo que, por suerte hoy sucede que nadie sale indiferente. De hecho, muchos nos hemos quedado enamorados, como cantaba Kemal Monteno, y no hemos podido dejar de volver una y otra vez.<\/p>\n<p>https:\/\/www.vilaweb.cat\/noticies\/sarajevo-ciutat-explica-segle-xx\/<\/p>\n<p>VILAWEB<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La primera vez que se llega a Sarajevo posiblemente uno se siente impresionado por la belleza del entorno: la ciudad rodeada de colinas. 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