{"id":43769,"date":"2019-08-05T20:51:25","date_gmt":"2019-08-05T19:51:25","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=43769"},"modified":"2019-08-05T20:51:25","modified_gmt":"2019-08-05T19:51:25","slug":"los-retos-de-la-nueva-ruta-de-la-seda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/los-retos-de-la-nueva-ruta-de-la-seda\/","title":{"rendered":"Los retos de la nueva Ruta de la Seda"},"content":{"rendered":"<p>China miraba a Occidente cuando el mar era de cabotaje. El beneficio comercial y pol\u00edtico, la expansi\u00f3n del imperio, estaba m\u00e1s all\u00e1 de las estepas mongolas, el desierto de Taklamak\u00e1n y el Pamir. Las caravanas cruzaban estos mares interiores camino de Persia, Mesopotamia y el Mediterr\u00e1neo. Ruta de la seda. Alejandro Magno y Marco Polo. Invasiones y comercio. Exploraci\u00f3n. Una prosperidad antigua y violenta que sucumbi\u00f3 ante el declive mongol y el progreso mar\u00edtimo. Magallanes y Elcano, la circunnavegaci\u00f3n de \u00c1frica en el siglo XVI, anticip\u00f3 el declive de las rutas terrestres, entre Xian y Constantinopla. La seda dej\u00f3 de pasar por Asia Central. Se vaciaron los caravasares.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>China ha vuelto atr\u00e1s para recuperar el pulso comercial de los viejos mares interiores de Asia. Volvi\u00f3 hace nueve a\u00f1os, cuando puso en marcha uno de sus m\u00e1s ambiciosos proyectos, una ruta de la seda para el siglo XXI que ha bautizado Una Ruta, un Cintur\u00f3n. Setenta pa\u00edses de Eurasia quedar\u00e1n conectados mediante carreteras, trenes, puertos de aguas profundas y redes inform\u00e1ticas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un bill\u00f3n de d\u00f3lares<\/p>\n<p>Inversi\u00f3n aproximada que requieren las infraestructuras de la nueva ruta de la seda<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>China tiene previsto restaurar la preeminencia mundial del Celeste Imperio hacia el 2050 gracias al poder de su tecnolog\u00eda: inteligencia artificial, conexiones 5G y ciberseguridad que arrebatar\u00e1n a EE.UU. el t\u00edtulo de naci\u00f3n m\u00e1s imprescindible. Esta eclosi\u00f3n definitiva del sinocentrismo, sin embargo, depende, en gran medida, de lo que est\u00e1 pasando hoy en Pakist\u00e1n, y, de momento, lo que hemos visto entre el oasis de Kashgar, en el desierto de Taklamak\u00e1n, parada obligada en la ruta de la seda desde hace dos mil a\u00f1os, y Lahore, una ciudad donde el islam m\u00e1s radical se da de bruces con la modernidad secular, no es alentador para los intereses chinos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Este recorrido por la cuenca del Indo, desde las tierras altas de Xinjiang y el Karak\u00f3rum hasta las tierras bajas del Punjab, nos ha descubierto dos obst\u00e1culos temibles: la geograf\u00eda del terreno y la mentalidad de los pueblos que lo habitan.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>China est\u00e1 conectando Kashgar con el puerto de Guadar en el mar de Arabia, es decir, uniendo Pakist\u00e1n de norte a sur. Es un proyecto valorado en 61.000 millones de d\u00f3lares que se conoce como el Corredor Econ\u00f3mico China Pakist\u00e1n (CECP). El CEPC es el banco de pruebas de Una Ruta, un Cintur\u00f3n. Si funciona en Pakist\u00e1n, si Pakist\u00e1n se convierte, aunque sea tangencialmente, en un Chinajist\u00e1n, el cintur\u00f3n chino tensar\u00e1 los vientres de Eurasia. Para conseguirlo, sin embargo, deber\u00e1 superar las dificultades del terreno y la desconfianza de una sociedad conservadora, isl\u00e1mica y ajena por completo a la disciplina atea y marcial del Partido Comunista Chino, a la implacable eclosi\u00f3n del hombre nuevo chino, un individuo programado para la m\u00e1xima productividad y la m\u00e1xima obediencia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>70 pa\u00edses<\/p>\n<p>En Asia del sur, Asia central, \u00c1frica y Europa que pueden quedar conectados a China<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por si esto fuera poco, la violencia ya ha estallado. Hay atentados contra las infraestructuras chinas y los mausoleos suf\u00edes. Al terrorismo religioso de siempre se ha unido ahora el estrat\u00e9gico y nacionalista. El pasado 4 de mayo, durante nuestro viaje, seis obreros punyab\u00edes que trabajaban en el CECP murieron en un ataque del Ej\u00e9rcito de Liberaci\u00f3n de Beluchist\u00e1n. Cuatro d\u00edas despu\u00e9s, el 8 de mayo, una decena de personas perecieron en un ataque talib\u00e1n contra el mausoleo suf\u00ed m\u00e1s importante de Asia del sur, el de Data Darbar en Lahore. El 11 de mayo, los rebeldes beluchis atacaron el hotel de lujo en Guadar donde se alojan los ingenieros chinos que construyen el puerto. Se salvaron todos porque estaban de vacaciones. Pocos d\u00edas despu\u00e9s, la violencia dej\u00f3 de sorprendernos. Los muertos segu\u00edan subiendo a los titulares de la prensa local con la normalidad de un resultado deportivo mientras las obras en la Karakoram Highway (KKH) prosegu\u00edan a buen ritmo, protegidas por el ej\u00e9rcito pakistan\u00ed.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La KKH es la columna vertebral del CECP, la que articula las presas, las plantas de producci\u00f3n el\u00e9ctrica y los trenes de alta velocidad. Sale de Kashgar, cruza el paso de Junyerab (4.693 metros), la frontera m\u00e1s alta del mundo, y baja hacia Sost, Karimabad, Gilgit y Chilas, los valles cerrados del norte pakistan\u00ed, para seguir luego hasta Abotabad y cambiar de nombre antes de Islamabad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>China combate al islam en Xinjiang, la gran provincia oriental donde est\u00e1 Khasgar y donde viven los uigures, pieza b\u00e1sica en la arquitectura de Una Ruta, un Cintur\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>62.000 millones de d\u00f3lares<\/p>\n<p>Coste de los proyectos de transporte y energ\u00eda que China construye en Pakist\u00e1n<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El uigur ha perdido su vida privada, sometido a un sistema de vigilancia extrema que lo env\u00eda a centros de reeducaci\u00f3n cuando la polic\u00eda considera que su apego al islam es una amenaza al centralismo de Pek\u00edn. No hay justicia, s\u00f3lo represi\u00f3n para los entre uno y dos millones de uigures internados en estos complejos de adoctrinamiento. S\u00f3lo cuando dejen de creer en la vida eterna y abracen el patriotismo y el despotismo ilustrado del Partido Comunista podr\u00e1n volver a casa. El Gobierno chino asegura que estas c\u00e1rceles son centros de formaci\u00f3n voluntaria y que la mayor\u00eda de los internos ya se han \u201clicenciado\u201d, recibido su diploma y encontrado un trabajo que les ayudar\u00e1 a ser modernos. Las familias, sin embargo, dicen que nadie ha vuelto a casa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El Partido Comunista impone su moral atea, y los uigures no tiene m\u00e1s remedio que aceptarla. Pero luego se al\u00eda con Pakist\u00e1n, una rep\u00fablica isl\u00e1mica de 180 millones de habitantes cada d\u00eda m\u00e1s intolerante con los que no son musulmanes. Servidumbres de la geoestrategia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cLas religiones son muy malas\u201d, afirma un polic\u00eda chino en la aduana de Tashkurgan, otra ciudad clave en la vieja ruta de la seda, a medio camino entre Antioqu\u00eda y Xian. Hay bastante superioridad en este comentario simple, propio de un agente p\u00fablico en un Estado totalitario. Se trata de una superioridad tranquila, incluso amable, de quien est\u00e1 convencido de la bondad de un sistema pensado para conseguir la armon\u00eda confuciana.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>4.693 metros de altura<\/p>\n<p>En el paso de Junyerab entre China y Pakist\u00e1n, la frontera m\u00e1s alta el mundo<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esta actitud marca la expansi\u00f3n china. La vimos hace cuatro a\u00f1os en Kenia, donde el Gobierno chino constru\u00eda un ferrocarril entre Nairobi y el puerto de Mombasa. La financiaci\u00f3n era china y tambi\u00e9n la maquinaria y la ingenier\u00eda. S\u00f3lo la mano de obra menos cualificada era africana. Aqu\u00ed en Pakist\u00e1n sucede lo mismo. Los ingenieros chinos dirigen las obras y viven en campamentos fortificados, protegidos por un ej\u00e9rcito acostumbrado a combatir al enemigo interior.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pakist\u00e1n ha puesto su futuro en manos de China, y cuesta creer c\u00f3mo alg\u00fan d\u00eda podr\u00e1 devolver los cr\u00e9ditos y recuperar la soberan\u00eda cedida. China, por su parte, pese a haber comprado el futuro de una naci\u00f3n, est\u00e1 lejos de comprar tambi\u00e9n la voluntad de sus gentes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al polic\u00eda chino le ir\u00eda bien tener una charla con Zahid Karim, un ismail\u00ed de Karimabad, en el valle de Hunza, al que le duele que las autoridades en Islamabad se hayan entregado a Pek\u00edn.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Durante siglos, las relaciones entre China y Hunza fueron amistosas. La salida natural de los valles del norte de Pakist\u00e1n era con Xinjiang, que entonces no se llamaba as\u00ed sino Turkist\u00e1n chino, un territorio al que Pek\u00edn dejaba tranquilo. Los gobernantes de Hunza dec\u00edan descender de Alejandro Magno y se educaban en persa. Pagaban un tributo anual a Kashgar, y los dirigentes chinos enviaban regalos a Karimabad. Cuando los imperios brit\u00e1nico y ruso chocaron en el Pamir rompiendo el aislamiento de estos pueblos, China se mantuvo neutral.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De alguna manera, el agente de aduanas de Tashkurgan y Zahid Karim son herederos de aquella vieja relaci\u00f3n diplom\u00e1tica y comercial. China ya hab\u00eda estado en Pakist\u00e1n. S\u00f3lo que ahora la ambici\u00f3n es mucho mayor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>2.000 kil\u00f3metros<\/p>\n<p>De autopistas, carreteras y v\u00edas de tren que se est\u00e1n haciendo entre Guadar y Junyerab<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Karim le contar\u00eda al agente chino, como nos cont\u00f3 a nosotros, que \u201cel ate\u00edsmo empobrece los esp\u00edritus\u201d y que \u201cel islam no es terror\u201d. Le dir\u00eda que los talibanes y los wahab\u00edes \u201cno tiene religi\u00f3n, sino odio\u201d. Saltan desde Afganist\u00e1n, se rodean de chechenos y pagan con petrod\u00f3lares las tierras que venden las familias locales que prefieren buscarse la vida en Karachi y Lahore. Los nuevos musulmanes abren mezquitas y madrasas \u201cpara cambiar la mentalidad de la gente\u201d. Al hacerlo tambi\u00e9n cambian el paisaje, porque los ismail\u00edes no tienen mezquitas y, por tanto, tampoco tienen minaretes ni imanes que llamen al rezo de madrugada. El paisaje cambia. Las excavadoras chinas pugnan con la orograf\u00eda y los minaretes se iluminan. Equipadas ellas con potentes motores di\u00e9sel y ellos con potentes sistemas de megafon\u00eda, imponen carreteras internacionales a quien no las necesita y la palabra de Dios a quien no quiere escucharla.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Junto a los carteles que publicitan la amistad chino-pakistan\u00ed se alzan las banderas negras del chi\u00edsmo y las verdes del sunismo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>China se a\u00edsla de las guerras de religi\u00f3n, del terror talib\u00e1n que desde el 2002 ha desplazado a m\u00e1s de cinco millones de personas de las zonas tribales del norte de Pakist\u00e1n. No quiere saber nada de lo que piensa la gente de Wazirist\u00e1n o de Gilgit-Baltist\u00e1n, como se llama esta parte de Cachemira en disputa con India desde hace 70 a\u00f1os.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>China no pregunta, hace, construye su propia KKH, una carretera privada y segregada, paralela a la vieja KKH, que se reserva para la circulaci\u00f3n exclusiva de los camiones chinos que ir\u00e1n de Guadar a Tashkurgan por el paso de Junyerab. Son 2.727 kil\u00f3metros, una cesi\u00f3n de soberan\u00eda sin precedentes de la que deber\u00edan tomar nota los pa\u00edses interesados en el cintur\u00f3n chino.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A los pakistan\u00edes les queda la vieja KKH, ahora remozada en varios tramos pero impracticable en otros, v\u00edctima de los desprendimientos y el tr\u00e1fico excesivo de los camiones pintados de colores y los peque\u00f1os autobuses Toyota que cosen los valles con la anarqu\u00eda de quien s\u00f3lo respeta las leyes de su propia supervivencia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mientras la dinamita rompe la monta\u00f1a para acomodar la nueva KKH, sobre la calzada de la vieja, los neum\u00e1ticos compactan los excrementos del ganado y pisan las banderas pintadas de Israel y Estados Unidos, s\u00edmbolos de todo lo que un talib\u00e1n cree que debe ser pisoteado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Como veremos ma\u00f1ana, en la pugna por doblegar a EE.UU., China y el islam radical se dan la mano.<\/p>\n<p>LA VANGUARDIA<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>China miraba a Occidente cuando el mar era de cabotaje. 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