{"id":43005,"date":"2019-05-14T15:07:33","date_gmt":"2019-05-14T14:07:33","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=43005"},"modified":"2019-05-14T15:07:58","modified_gmt":"2019-05-14T14:07:58","slug":"la-catedral-de-la-muerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-catedral-de-la-muerte\/","title":{"rendered":"La catedral de la muerte"},"content":{"rendered":"<p>EL mausoleo de Franco en el Valle de los Ca\u00eddos, oficialmente bas\u00edlica, es en realidad una catedral de la muerte. La Guerra Civil espa\u00f1ola hab\u00eda supuesto la \u00faltima b\u00fasqueda de la Ciudad Justa de la historia, pero Dios hab\u00eda abdicado. La mayor\u00eda de los curas, excepci\u00f3n hecha de bastantes vascos y alg\u00fan que otro catal\u00e1n, parec\u00edan gente satisfecha con el r\u00e9gimen franquista, serenos funcionarios de una acreditada compa\u00f1\u00eda de seguros de vida y muerte. As\u00ed que Franco, con el visto bueno de la Iglesia, construy\u00f3 su particular G\u00f3lgota, Calvario, lugar de la calavera. Un monumento nacido de un hombre y no de un pueblo, pues un decreto de Franco orden\u00f3 su construcci\u00f3n el mismo d\u00eda en que acab\u00f3 la guerra, el 1 de abril de 1939. Un esfuerzo prodigioso solamente al alcance de un r\u00e9gimen de monopsonio, como llaman los economistas a aquel donde el estado es el \u00fanico comprador.<\/p>\n<p>Campamento de granito En el a\u00f1o 1940, cuando se comenzaron las obras, y hasta el a\u00f1o 1958, cuando finalizaron, el Estado espa\u00f1ol viv\u00eda un r\u00e9gimen econ\u00f3mico de autarqu\u00eda. La enorme obra se hizo a base del dinero sobrante de las \u201caportaciones voluntarias\u201d exigidas durante la guerra, exprimiendo a un pueblo exhausto; tambi\u00e9n con loter\u00edas; y con los vencidos en la contienda como mano de obra forzosa.<\/p>\n<p>El resultado fue un campamento de granito, pleno de sentido pues Franco ten\u00eda un concepto militarista de la sociedad: la disciplina de campamento que sustituye al orden urbano, el estado de sitio convertido en el estado normal para la gente.<\/p>\n<p>Un cierto orden contra natura preside el monumental sepulcro, los \u00e1ngulos rectos predominantes en la construcci\u00f3n son uno de los atributos de la arquitectura desp\u00f3tica. En una dictadura -ahora me dirijo a los lectores por debajo de los cincuenta a\u00f1os-, la vida se divide en dos cosas: por un lado, est\u00e1 lo que no se puede hacer, porque est\u00e1 prohibido; por otro, lo que se debe hacer, porque te obligan a ello. Los trabajadores que levantaron el monumental catafalco estaban obligados a hacerlo por orden de aquella gente que -como escribi\u00f3 la rumano-alemana Herta M\u00fcller, premio Nobel de literatura 2009- construye la patria oficial sobre los cimientos del desprecio humano, planifica el miedo y siembra cementerios. As\u00ed que el dictador y sus secuaces sembraron un cementerio como ning\u00fan otro, repleto de cad\u00e1veres todos propios: los de los suyos y los de los muertos por los suyos, 33.872 republicanos de los que 12.400 son an\u00f3nimos, entre ellos, al parecer, el sacerdote vasco Jos\u00e9 Aristimu\u00f1o <em>Aitzol<\/em>; lo que convierte a la catedral de la muerte en la mayor fosa com\u00fan de Espa\u00f1a. La tiran\u00eda y la resistencia enterradas conjuntamente, hueso a hueso.<\/p>\n<p>El mo\u00f1o y la locura<\/p>\n<p>Franco ve\u00eda la vida como si se tratara de un desfile en el que \u00e9l abr\u00eda la marcha. El gusto por los desfiles, sean militares o procesiones religiosas, llega en Espa\u00f1a hasta la man\u00eda. Y una mani\u00e1tica de primera era Carmen Polo, la esposa del dictador. Provista de una sonrisa g\u00e9lida, el cuello envuelto en collares de enormes perlas, con un mo\u00f1o como un ladrillo, era empalagosa en su presunto sentido de las buenas formas y pringosa en su falta de principios y aceptaci\u00f3n de la realidad. Franco y su esposa representaban la perfecta familia integrista cat\u00f3lica. Frecuentaban el Valle de los Ca\u00eddos (en la imagen, una visita a las obras del mausoleo), el pante\u00f3n destinado a su marido y el ya ocupado por Primo de Rivera, precisamente aquel objeto de sus desvelos mientras estuvo vivo por ser el \u00fanico que aparentemente pod\u00eda desplazarlos del poder y la gloria. Cosa imposible, pues solo su esposo sab\u00eda lo que era bueno para los espa\u00f1oles. El fusilamiento de Primo por la Rep\u00fablica despej\u00f3 el \u00faltimo obst\u00e1culo y desat\u00f3 la locura de Franco. Esa locura resid\u00eda en su coraz\u00f3n, no en su cabeza: era un alma maligna pero estaba dotado de una mente l\u00facida. Dispuesto a todo por su ambici\u00f3n, su larga carrera como dictador fue un compendio de acciones brutales y leyes no carentes de l\u00f3gica para perpetuarse en el poder. Los polic\u00edas y guardias civiles a su servicio cre\u00edan que los antifranquistas eran gente muy malvada que solo mejorar\u00eda a base de palizas. El despotismo nunca es m\u00e1s temible que cuando pretende hacer el bien, porque entonces est\u00e1 convencido de justificar con las intenciones los actos m\u00e1s terribles, y el mal que se hace pasar por remedio ya no tiene l\u00edmites. Y as\u00ed de equivocado falleci\u00f3 Franco con una muerte conveniente para muchos y una agon\u00eda inconveniente para \u00e9l.<\/p>\n<p>Una fuente de angustia<\/p>\n<p>La vida social bajo la dictadura era una conspiraci\u00f3n permanente contra la verdad. El peligro com\u00fan apaciguaba la conciencia y favorec\u00eda la inercia. La sociedad en la \u00e9poca franquista estaba tan ocupada en s\u00ed misma que los sufrimientos de unos desconocidos no la conmov\u00edan mucho. Se viv\u00eda una paz sin justicia. Ya nos hab\u00eda prevenido el escritor romano T\u00e1cito contra los que provocan la desolaci\u00f3n y lo llaman paz. Esos desconocidos, familiares de desaparecidos, enterrados en las cunetas o amontonados en la catedral de la muerte se fueron haciendo, poco a poco, visibles y audibles. Al mecanismo consistente en la reticencia a abordar un problema enconado que demanda una soluci\u00f3n urgente le llaman los especialistas \u201cevitaci\u00f3n psicol\u00f3gica\u201d. Declarar muertos a los que no regresan es un acto doloroso, pero ps\u00edquicamente indispensable: un desaparecido es un fantasma, una fuente de angustia sin fondo. Devolver los cad\u00e1veres a los suyos, una obligaci\u00f3n del Estado. La izquierda espa\u00f1ola durante demasiado tiempo se mostr\u00f3 tan predispuesto al olvido de los muertos en su nombre como la derecha a aceptar la mentira de que todos los ca\u00eddos eran acogidos por igual, sin distinci\u00f3n, en el G\u00f3lgota franquista.<\/p>\n<p>Franco debe ser exhumado de su catedral. Si sus aguerridos seguidores protestan, a nadie con fundamento democr\u00e1tico deber\u00eda importar. Y menos que a nadie al presidente S\u00e1nchez, que tiene el imperativo \u00e9tico de exhumar, ya, el cad\u00e1ver del dictador e inhumarlo junto al de su esposa. Porque quienes sienten admiraci\u00f3n por el dictador que fue incapaz de humanizar una guerra, que sembr\u00f3 de cad\u00e1veres la postguerra y acab\u00f3 amonton\u00e1ndolos como trofeo en un santuario de m\u00e1rtires a los que se les neg\u00f3 la gloria, van a pie en busca de su tumba pol\u00edtica, como los reba\u00f1os dejan sus pastos para encaminarse al matadero, pues \u201ctodo lo que viene de la tierra, a la tierra vuelve\u201d (<em>Libro del Eclesi\u00e1stico<\/em>, Sirac 40.II).<\/p>\n<p>Deia<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL mausoleo de Franco en el Valle de los Ca\u00eddos, oficialmente bas\u00edlica, es en realidad una catedral de la muerte. La Guerra Civil espa\u00f1ola hab\u00eda supuesto la \u00faltima b\u00fasqueda de la Ciudad Justa de la historia, pero Dios hab\u00eda abdicado. 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