{"id":42938,"date":"2019-05-10T11:00:55","date_gmt":"2019-05-10T10:00:55","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=42938"},"modified":"2019-05-10T11:00:55","modified_gmt":"2019-05-10T10:00:55","slug":"los-bielski-en-la-guerra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/los-bielski-en-la-guerra\/","title":{"rendered":"Los Bielski en la guerra"},"content":{"rendered":"<p>Que los Bielski eran tipos de cuidado, dec\u00edan en Stankiewicz, el pueblito de Polonia donde hab\u00edan nacido (usted pronuncie algo como estanquievich y est\u00e1 todo bien). Tambi\u00e9n lo murmuraban en Novogr\u00fadek, cuando algunos de los once hermanos fueron a estudiar y despu\u00e9s en el bosque de Naliboki, entre los propios jud\u00edos que se cobijaron a su vera.<\/p>\n<p>Ten\u00edan una granja y un molino y eran los \u00fanicos jud\u00edos entre las trece familias del pueblo. No queda claro si eran as\u00ed de bravucones porque se defend\u00edan del proverbial antisemitismo del este de Europa o si prefer\u00edan azuzarlo con su aire insolente y sus modos desafiantes.<\/p>\n<p>En el verano de 1941 los alemanes dieron inicio a la operaci\u00f3n Barbarossa, avanzando hacia lo que hoy es Bielorrusia. Ante el \u00edmpetu y la violencia de la invasi\u00f3n, las fuerzas rusas y polacas no alcanzaron a responder ni con un suspiro, de manera que tierras y gentes quedaron con las ra\u00edces al aire, al arbitrio de los vientos de la guerra. Los hermanos Bielski recogieron lo que se les iba perdiendo a los ej\u00e9rcitos en retirada y se largaron al bosque. All\u00ed les retumb\u00f3 el suelo cuando avanzaron los tanques, oyeron las \u00f3rdenes cortantes de los Einsatzgruppen \u2013digamos grupos m\u00f3viles para la eliminaci\u00f3n f\u00edsica de razas inferiores\u2013, distinguieron los leng\u00fcetazos sordos de los disparos y se asomaron expectantes a los l\u00edmites del bosque, atendiendo a los gritos y lloros que, indefectiblemente, pon\u00edan punto final a las escenas cuyos ecos se les filtraban entre los pinos.<\/p>\n<p>Los alemanes dispusieron un ghetto en Novogr\u00fadek y otro en Lida y all\u00ed amontonaron a todos los jud\u00edos. En Lida los separaron en dos hileras. Los de la fila de la derecha eran los que seguir\u00edan viviendo; a los de la izquierda los llevaron a las afueras de la ciudad, a la orilla de una fosa larga y profunda. Los ametrallaron y los empujaron dentro. Un coro de alaridos incr\u00e9dulos, de llantos chillones y ruegos ingenuos a un dios imp\u00e1vido arrullaron la masacre. Cuando acabaron con todos, los acomodaron con prolijidad y los taparon con una tierra que se retorci\u00f3 inquieta durante muchos d\u00edas, dicen los que lo vieron.<\/p>\n<p>Entre los hermanos Bielski, Tuvia, Zus y Asoil conoc\u00edan el bosque como usted conoce los cinco dedos de la propia mano, dec\u00edan. Que el bosque es muy amplio y extenso, pensaron, y que una vez equilibrados los afanes de la supervivencia, ten\u00edan que hacer lugar a tanto jud\u00edo que hab\u00eda quedado abandonado al garete de su angustia, de su incapacidad para comprender aquel prodigio aterrador jam\u00e1s presentido. Y los llamaron, presionaron al Judenrat \u2013el consejo jud\u00edo del ghetto que negociaba con la ocupaci\u00f3n\u2013 para que favoreciera la huida; filtraron mensajes avisando c\u00f3mo los esperaban, escribieron papeles secretos para dar indicaciones de qu\u00e9 hacer, a d\u00f3nde ir y c\u00f3mo llegar. Que buscaran a Konstantin Koslovski, un campesino gentil que los conducir\u00eda al lugar donde acampaba esa suerte de corte n\u00f3made que no pod\u00eda afrontar el peligro de mantenerse mucho tiempo en un mismo sitio.<\/p>\n<p>A Bella Stoll y a su hermano, por ejemplo, los hab\u00edan sacado de Lida para subirlos a un vag\u00f3n de ganado, camino del campo de exterminio de Maidaneck. Con un hacha que Bella hab\u00eda manoteado en el apuro de la deportaci\u00f3n, su hermano rompi\u00f3 los barrotes de un ventanuco, se colg\u00f3 hacia afuera, abri\u00f3 la puerta del vag\u00f3n y saltaron.\u00a0 Lisa Reibel estaba entre los 250 jud\u00edos que quedaron vivos en el ghetto de Novogr\u00fadek; a fines de mayo del cuarenta y dos empezaron a cavar un t\u00fanel. Cavaban con cucharas, con tenedores, con las manos y guardaban la tierra en el hueco entre la doble pared. En septiembre estuvo terminado y una noche tormentosa salieron por el hueco finalmente abierto. Los alemanes los vieron brotar por la boca del t\u00fanel y dispararon; apenas la mitad llegaron al bosque.<\/p>\n<p>Tuvia era como su Mois\u00e9s y tras \u00e9l vagaban su destino incierto, con el pesimismo de la inteligencia y el optimismo esperanzado de la voluntad. Zus recorr\u00eda el bosque y los poblados avizorando peligros, localizando a los escapados como Lisa Reibel y Bella Stoll y olisqueando el sustento. Con su peque\u00f1o grupo de choque robaban en las granjas, mendigaban en el pueblo, presionaban a los campesinos por trigo y papas, por carne y repollos. Averiguaban qu\u00e9 onda en el ambiente, descubr\u00edan a los delatores y m\u00e1s de un colaboracionista pag\u00f3 con su vida y la de su familia el mal gusto de andar denunciando d\u00f3nde se escond\u00edan los perseguidos. A Batia Kuschel, por ejemplo, lo fueron a buscar, lo llevaron al bosque y el menos glamoroso del grupo le cort\u00f3 la cabeza de un hachazo, por buch\u00f3n, dijo. As\u00ed dividido en dos partes, lo colgaron de un puente incendiado con un cartel admonitorio. Asoil llevaba las relaciones con los partisanos sovi\u00e9ticos que comandaba el general Plat\u00f3n. Con ellos estallaron rieles, descarrilaron trenes, urdieron emboscadas, atacaron instalaciones alemanas, robaron armas, colapsaron puentes. Pero entre los m\u00e1s de mil trescientos jud\u00edos que se les unieron hasta el final de la guerra, solo unos ciento cincuenta entraban en acci\u00f3n. Porque los Bielski no quisieron limitarse a reunir gente joven y guerrera como la generalidad de los grupos de la resistencia. Tuvia aclaraba que no le interesaba matar a diez alemanes si no era capaz de rescatar a cualquier vieja jud\u00eda y bichoca que no hubiera tenido otra posibilidad de sobrevivir. Estaban en guerra ante un enemigo impiadoso y solo quer\u00edan seguir enteros hasta que esa guerra terminara.<\/p>\n<p>Cuando los alemanes iniciaron la operaci\u00f3n Hermann para cazar partisanos, el grupo Bielski sufri\u00f3 muchas bajas, as\u00ed que decidieron internarse hacia el este, cruzando los pantanos del r\u00edo Niemen. Sab\u00edan que las aguas no se separar\u00edan para dejarles paso como hab\u00eda sucedido ante el Mar Rojo algunos miles de a\u00f1os antes y los que tuvieron esa esperanza no se atrevieron a confesarlo. Se subieron los cr\u00edos y los enfermos sobre los hombros y atravesaron la ci\u00e9naga con el agua hasta ac\u00e1. Y dicen que, cuando necesitaron descansar, se ataron a los \u00e1rboles para no caer dormidos y ahogarse. As\u00ed caminaron a los bosques de Naliboki, al oeste de Minsk, donde fundaron una base estable que llamaron Peque\u00f1a Jerusal\u00e9n del bosque. Por las noches, sentados alrededor de un fuego discreto, cantaban en \u00eddish o en polaco o en ruso para apuntalar el alma, para recordar que segu\u00edan siendo humanos, que ten\u00edan memoria e intuici\u00f3n de futuro y tambi\u00e9n un nudo duro e impenetrable en el pecho, reacio a echar ese tiempo en el olvido y, mucho menos, a perdonar como si no hubiera pasado nada.<\/p>\n<p>Un d\u00eda del mes de julio de 1944, sonaron ruidos distintos cuando la artiller\u00eda del Ej\u00e9rcito Rojo irrumpi\u00f3 en el bosque. Son libres, les dijeron, la guerra termin\u00f3.<\/p>\n<p>Apuran el final de esta nota los labios temblorosos y los ojos secos de Lisa Reibel, cuando se atrevi\u00f3 a volver a Novogr\u00fadek, sesenta a\u00f1os despu\u00e9s, invitada a la inauguraci\u00f3n del museo del ghetto. Llor\u00f3 ante su propia foto y frente a la entrada del t\u00fanel por el que se hab\u00eda escapado aquella noche tormentosa de septiembre.<\/p>\n<p>Ojos de Lisa Reibel que se parecer\u00e1n a otros m\u00e1s cercanos a nosotros en el tiempo, en el espacio y en la vivencia personal, tambi\u00e9n violados por los tantos espeluznes que debieron ver y padecer, ojos que un d\u00eda se atrevieron a regresar \u2013invitados por el primer presidente de la democaracia que les pidi\u00f3 perd\u00f3n en nombre del Estado argentino\u2013 para hollar los resabios de la tortura y el asesinato masivo, para revivir y dar fe de las irreverencias a que los someti\u00f3 la dictadura. Porque han pasado setenta y tres precarios a\u00f1os desde el 8 de mayo en que termin\u00f3 formalmente la Segunda Guerra y pocos m\u00e1s de cuarenta desde que la autocracia absoluta desapareci\u00f3 a treinta mil, dos barbaries que, si recorremos hacia atr\u00e1s los miles de a\u00f1os de la Humanidad, no est\u00e1n ni a un suspiro de distancia. Lo que nos separa de ellas es apenas un parpadeo de la Historia.<\/p>\n<p>PAGINA 12<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Que los Bielski eran tipos de cuidado, dec\u00edan en Stankiewicz, el pueblito de Polonia donde hab\u00edan nacido (usted pronuncie algo como estanquievich y est\u00e1 todo bien). 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