{"id":41975,"date":"2018-12-26T16:48:20","date_gmt":"2018-12-26T15:48:20","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=41975"},"modified":"2018-12-26T16:48:20","modified_gmt":"2018-12-26T15:48:20","slug":"homo-sapiens-homo-demens-50-anos-de-el-planeta-de-los-simios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/homo-sapiens-homo-demens-50-anos-de-el-planeta-de-los-simios\/","title":{"rendered":"Homo sapiens, homo demens (50 a\u00f1os de El planeta de los simios)"},"content":{"rendered":"<p>\u00abEl hombre no es un reino dentro de otro reino\u00bb.<\/p>\n<p>(B. Spinoza)<\/p>\n<p>\u00abNuestro planeta es una mota solitaria en la inmensa oscuridad c\u00f3smica. En toda esta extensa oscuridad no hay ning\u00fan indicio de que la ayuda vendr\u00e1 de otra parte para salvarnos de nosotros mismos\u00bb.<\/p>\n<p>(Carl Sagan)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No quiero dejar escapar el a\u00f1o 2018 sin dedicarle algunos pensamientos a esa excelente pel\u00edcula que es El planeta de los simios, la primera, la cl\u00e1sica, la dirigida por Franklin J. Schaffner, que este a\u00f1o ha cumplido el medio siglo de su estreno. As\u00ed \u2013sin que responda a ning\u00fan plan premeditado\u2013 cierro una trilog\u00eda en la que incluyo mis ya publicadas reflexiones sobre el Frankenstein de Mary Shelley, que este mismo a\u00f1o cumpli\u00f3 su doscientos aniversario desde su publicaci\u00f3n por primera vez, y las que tuvieron por objeto el filme de Stanley Kubrick, 2001: una odisea del espacio. \u00c9ste \u00faltimo comparte fecha de estreno con la obra cinematogr\u00e1fica de Schaffner y ambas pel\u00edculas son muestras inmejorables del contexto hist\u00f3rico en el que fueron concebidas al tiempo que expresi\u00f3n de las preocupaciones escatol\u00f3gicas del g\u00e9nero humano. Llama la atenci\u00f3n, sin embargo, el contraste que salta a la vista de la mera plasmaci\u00f3n visual de las historias que cuentan. Mientras que 2001 nos narra el viaje de la humanidad hacia el infinito y m\u00e1s all\u00e1 a trav\u00e9s de im\u00e1genes que transmiten un alto grado de abstracci\u00f3n y sugieren la evoluci\u00f3n de nuestra especie con una direcci\u00f3n, con un fin o telos (en este sentido se puede reconocer un cierto halo de religiosidad o trascendencia), en definitiva, hacia un horizonte c\u00f3smico al que nos aproximamos conforme nos desligamos de nuestra corporeidad, en el caso de El planeta de los simios la historia nos conduce a la valoraci\u00f3n de lo terrenal, de la inmanencia como sentido tel\u00farico de la existencia humana. Aqu\u00ed la evoluci\u00f3n de nuestra especie tiene su alfa en la Tierra, as\u00ed como su omega. El tiempo en la obra de Kubrick es una flecha disparada a la eternidad. En la de Schaffner es un bucle que insiste en el hecho de que la vida es terrenal, que no es un poder humano, sino una gracia natural que a nuestra especie s\u00f3lo le cabe cuidar, no dominar ni reproducir a escala c\u00f3smica, pues tal empresa est\u00e1 abocada al fracaso fuera del \u00fatero materno de nuestro planeta. Es significativo que los personajes de ambos filmes se muestren de forma tan dispar: el astronauta de la odisea espacial, enfundado casi permanentemente en su escafandra, rodeado de artificio tecnol\u00f3gico; Taylor, sin embargo, interpretado por Charlton Heston, semidesnudo durante la mayor parte del metraje, desvalido e incluso despose\u00eddo del primer artificio simb\u00f3lico \u2013debido a una herida causada por el disparo de un simio\u2013 que nos hace sentirnos distintos a los animales, el lenguaje. Ya dijo hace d\u00e9cadas Ernst Cassirer que somos los humanes (como le gustaba escribir al difunto Jes\u00fas Moster\u00edn) animales simb\u00f3licos. El famoso neurocient\u00edfico y escritor brit\u00e1nico Oliver Sacks reconoc\u00eda en el lenguaje no s\u00f3lo una facultad o una t\u00e9cnica m\u00e1s, sino lo que posibilita el pensamiento; lo que en definitiva diferencia lo humano de lo no humano. Un par de a\u00f1os despu\u00e9s del estreno de El planeta de los simios, Fran\u00e7ois Truffaut mostrar\u00e1 en su pel\u00edcula El peque\u00f1o salvaje (L&#8217;enfant sauvage) la historia real del ni\u00f1o V\u00edctor de Aveyron, p\u00faber hallado en un bosque franc\u00e9s en el a\u00f1o 1790 aparentemente mudo; precisamente por su incapacidad de hablar, debido a su aislamiento social, fue considerado deficiente mental. No cabe duda de que si la evoluci\u00f3n biol\u00f3gica nos ha hominizado a lo largo de millones de a\u00f1os de selecci\u00f3n natural, el lenguaje nos humaniza. Por eso, en el filme que nos ocupa, los simios aparecen humanizados al ser capaces de hablar; igual que los animales de las f\u00e1bulas cl\u00e1sicas, por lo que El planeta de los simios puede ser tenido \u00e9l mismo por una f\u00e1bula, que tiene como todas su moraleja; sobre la naturaleza humana en su caso y su condici\u00f3n moral. A este respecto subyace a lo largo de la historia que cuenta el cl\u00e1sico dilema filos\u00f3fico representado por las posturas contrapuestas de Thomas Hobbes y Jean-Jacques Rousseau y que se pueden expresar mediante las nociones respectivas del hombre lobo para el hombre y del buen salvaje.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n de qu\u00e9 es lo que define al ser humano se aborda desde una perspectiva naturalista. Es verdad \u2013como ya se ha dicho\u2013 que hay rasgos que se apuntan como esenciales, y que podr\u00edan adscribirse al orden cultural, como el lenguaje. Pero hay un supuesto que todo lo naturaliza, y es el hecho irrefutable de la evoluci\u00f3n, la cual no tiene preferencia por ninguna especie. En este sentido, no cabe duda de que la pel\u00edcula es una refutaci\u00f3n del antropocentrismo y, por ende, de sus ramificaciones ideol\u00f3gicas como el creacionismo y el fijismo.<\/p>\n<p>Desde esa perspectiva naturalista apuntada, la cuesti\u00f3n de la definici\u00f3n de lo que es ser humano se libera de tesis que el fil\u00f3sofo franc\u00e9s Andr\u00e9 Comte-Sponville denomina funcionales. En su delicioso libro titulado Invitaci\u00f3n a la filosof\u00eda dedica todo un cap\u00edtulo titulado \u00abel hombre\u00bb al tema de la naturaleza humana. En \u00e9l demuestra lo insatisfactorio de las distintas propuestas que a lo largo de la historia de la filosof\u00eda han basado su noci\u00f3n de la humanidad en la elecci\u00f3n de un rasgo funcional que se ha tomado como el definitorio. Si, en efecto, decimos que el humano es el ser que r\u00ede, o el animal simb\u00f3lico, o el que razona, o el moral, estamos ofreciendo definiciones demasiado amplias y, al mismo tiempo, demasiado estrechas. Pues \u2013como se ha demostrado desde la etolog\u00eda (muy recomendable el libro Bien natural de Frans De Haal)\u2013 ni las emociones, ni la comunicaci\u00f3n, ni la inteligencia, ni el inter\u00e9s por el bienestar de los semejantes son atributos exclusivos de nuestra especie. Y por ello tendr\u00edamos que incluir dentro de la clase humanidad a individuos que cumplen con las exigencias funcionales \u2013que no dejan de ser de car\u00e1cter normativo\u2013, pero que en la pr\u00e1ctica no reconocemos como humanos. En efecto, dado que los chimpanc\u00e9s y gorilas de El planeta de los simios hablan y piensan y se rigen por una moral, \u00bfhemos de admitir que son personas? Y puesto que un ni\u00f1o salvaje como los antes mencionados, o un deficiente mental, no son capaces de alguna de las funciones consideradas esenciales para el ser humano, \u00bfquedar\u00edan fuera del mundo de los hombres? Por eso concluye Comte-Sponville en el libro citado: \u00abnuestras definiciones funcionales o normativas no son las adecuadas: un hombre sigue siendo un hombre, incluso cuando ha dejado de funcionar normalmente. Lo que equivale a decir que ni las funciones ni las normas pueden valer como definici\u00f3n. La humanidad no se define por lo que hace o sabe hacer. \u00bfSe define por lo que es? Sin duda\u00bb.<\/p>\n<p>Este problema radical \u2013en el sentido de que apunta a la ra\u00edz de la cuesti\u00f3n\u2013 se aborda en El planeta de los simios a trav\u00e9s de la secuencia del juicio al que los chimpanc\u00e9s encargados de la salvaguarda de las leyes y valores de su civilizaci\u00f3n someten al comandante Taylor, el astronauta cuya nave se precipit\u00f3 a su planeta y que por fin ha recuperado el habla, hecho extraordinario en un lugar en el que los humanos como \u00e9l no hablan y se comportan como los que nosotros tenemos en nuestro mundo por animales (irracionales). Es una de las m\u00faltiples situaciones mediante las que la pel\u00edcula nos coloca ante el espejo por as\u00ed decir inverso de nuestro antropocentrismo. La ficci\u00f3n denuncia de esta forma el desprecio que los humanos mostramos por el mundo animal.<\/p>\n<p>Nada m\u00e1s iniciarse el juicio aludido, el hombre es desnudado ante el tribunal, quedando expuesto en su corporeidad, lo que se ve por su expresi\u00f3n que le causa verg\u00fcenza. El hombre, el animal que se tiene a s\u00ed mismo por superior, es humillado por aquel al que llam\u00f3 en la secuencia anterior del filme \u00abmono asqueroso\u00bb. Y como hombre que es queda claro desde el principio que carece de derechos de acuerdo con la ley simia. En seguida surge la pregunta formulada por un joven chimpanc\u00e9 arque\u00f3logo que intuye la verdad de la evoluci\u00f3n, pero que no se atreve a enunciarla por ser tab\u00fa en su cultura, sometida a un estricto control institucional en lo que a la investigaci\u00f3n cient\u00edfica respecta: \u00ab\u00bfes un hombre, una variante o una aberraci\u00f3n de la naturaleza?\u00bb. La respuesta del tribunal es que es un \u00abanimal\u00bb, es decir, un ser carente de derechos. Seg\u00fan el fiscal, hay que partir de la verdad recogida en sus art\u00edculos de fe, el primero de los cuales reza como sigue: \u00abEl Se\u00f1or cre\u00f3 a los simios a su imagen y semejanza. Les otorg\u00f3 un alma y una mente. Los distingui\u00f3 de las bestias de la selva y los hizo se\u00f1ores del planeta. Estas verdades sagradas son evidentes\u00bb. Y como lo son, el hombre que habla es calificado de monstruo parlante, igual que la chimpanc\u00e9 llamada Lucy con la que se experiment\u00f3 y luego se abandon\u00f3 cuando hab\u00eda sido humanizada mediante la ense\u00f1anza del lenguaje de signos, siendo entregada a un zool\u00f3gico, donde desde el interior de su jaula clamaba en silencio que la dejaran salir expres\u00e1ndose pat\u00e9ticamente mediante los signos que hab\u00eda aprendido para comunicarse con los humanos (historia tan cierta como conmovedora plasmada por la escritora Rosa Montero en un art\u00edculo titulado precisamente Lucy).<\/p>\n<p>El fiscal afirma en el grotesco juicio de la pel\u00edcula que la diferencia entre simios y hombres (animales) reside en que los primeros tienen alma, mente, una especie de \u00abchispa divina en el cerebro simiesco\u00bb que abre un abismo entre especies que esa teor\u00eda her\u00e9tica de la evoluci\u00f3n pretende salvar. En este punto la carga aleg\u00f3rica de lo que se narra es evidente y sigue vigente, con muy interesantes conexiones en todos los frentes de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica que afectan a nuestro concepto de lo humano, especialmente la neurociencia cognitiva, y que ponen en jaque las viejas creencias de origen religioso que pretenden salvaguardar un estatuto ontol\u00f3gico exclusivo para el ser humano insistiendo en su dimensi\u00f3n trascendental como elemento primordial. En el alma quiso Ren\u00e9 Descartes fijar el reino singular de lo humano, en los albores de la modernidad, cuando la ciencia adquir\u00eda entidad propia y se enfrentaba al control intelectual de la religi\u00f3n. En sus dominios quedaban a salvo de la incisiva indagaci\u00f3n de la ciencia moderna todo aquello que nos permit\u00eda vernos como especiales a las personas, a saber, nuestra libertad, nuestra moral, nuestra salvaci\u00f3n eterna, nuestra identidad. Pero ese territorio ha ido menguando con el paso de las d\u00e9cadas, a una velocidad de v\u00e9rtigo en t\u00e9rminos hist\u00f3ricos. Hoy por hoy, la mente (o el alma) no supone un misterio sobrenatural, sino un desaf\u00edo para nuestro conocimiento que exige lo mejor de nuestras capacidades intelectuales para vencerlo. Seguramente cuesti\u00f3n de tiempo.<\/p>\n<p>As\u00ed, plenamente justificada la pertenencia del ser humano a la naturaleza, hay que reconocer que la definici\u00f3n que del mismo ofrece Comte-Sponville tiene el valor de la universalidad que ofrece la identificaci\u00f3n de una semejanza fundamental; cit\u00e9mosla: \u00abEs un ser humano todo ser nacido de dos seres humanos\u00bb. O sea que \u2013como sigue discurriendo el fil\u00f3sofo franc\u00e9s\u2013 \u00abla humanidad es un hecho antes que un valor, una especie antes que una virtud. (&#8230;) No es una esencia, es una filiaci\u00f3n: hombre en tanto que hijo del hombre\u00bb. Dicho de otro modo: ser humano es lo que queda de una persona cuando se le abstrae de su territorio, bandera, pasaporte, dinero, gobierno. Este planteamiento naturalista no ha de confundirse con un reduccionismo que simplifique hasta el punto de soslayar el alto grado de complejidad de lo que significa la condici\u00f3n humana. Nada de eso; todo lo contrario: es abrirse precisamente a las maravillosas posibilidades de un estudio riguroso de la multitud de variables de diversa \u00edndole que componen el rompecabezas de nuestra especie. El personaje de Taylor, en esa fr\u00eda sala del tribunal simio, despojado de los andrajos que cubren su cuerpo, as\u00ed, en su desvalida desnudez, es la visi\u00f3n de la humanidad en toda su pureza.<\/p>\n<p>Pero lo hemos olvidado. Es la advertencia que late en el mon\u00f3logo inicial del personaje interpretado por Charton Heston, cuando en la soledad de la nave espacial que surca el vasto oc\u00e9ano espaciotemporal filosofa en voz alta sobre el destino de nuestra especie una vez ha alcanzado las m\u00e1s altas cotas de desarrollo tecnol\u00f3gico, pero no as\u00ed de progreso moral. Dice el comandante Taylor, antes de ir a parar al planeta de los simios: \u00abVisto desde aqu\u00ed fuera, todo parece muy distinto. El tiempo cambia, el espacio es infinito. Aplasta el ego del hombre. Me siento solo (&#8230;). El hombre, esa maravilla del universo, esa gloriosa paradoja que me ha enviado a las estrellas, \u00bfsigue haci\u00e9ndole la guerra a su hermano y dejando morir de hambre a los hijos de sus vecinos?\u00bb.<\/p>\n<p>Como ocurre con tantas otras pel\u00edculas de este fascinante g\u00e9nero de la ciencia ficci\u00f3n, que tanto juego filos\u00f3fico da, en este discurso del comienzo de El planeta de los simios se nos da idea de cu\u00e1les son las preocupaciones y temores que inspiran el relato, y tambi\u00e9n se especula sobre el rumbo que sigue nuestra historia real y el lugar al que nos conduce. En ese momento de soledad absoluta (es decir, de plena consciencia), en medio del vac\u00edo interestelar, Taylor se coloca en la perspectiva que evidencia la rid\u00edcula soberbia en la que seguramente vive instalada una parte muy importante de los miembros de nuestra especie como consecuencia de lo que Nietzsche ten\u00eda por un enga\u00f1o del intelecto, que les hace creer que el universo tiene sus ojos puestos en ellos. Por eso el personaje r\u00ede a mand\u00edbula batiente cuando uno de sus compa\u00f1eros, una vez ya sobre la superficie del ignoto planeta, coloca una banderita de su pa\u00eds como tomando posesi\u00f3n seg\u00fan la inveterada tradici\u00f3n de los exploradores. Un rid\u00edculo s\u00edmbolo en medio de ninguna parte, que, sin embargo, adquiere toda la importancia en nuestro mundo. En el de finales de los a\u00f1os sesenta, cuando el filme se produjo, as\u00ed tambi\u00e9n era. Recu\u00e9rdese: el recientemente surgido orden de la devastadora Segunda Guerra Mundial, el de la Guerra Fr\u00eda, el del miedo al apocalipsis nuclear; pero asimismo se percibe en sus palabras la enso\u00f1aci\u00f3n ut\u00f3pica del pacifismo y del humanismo cosmopolita y fraternal.<\/p>\n<p>El comandante Taylor es visto por sus compa\u00f1eros \u2013que m\u00e1s tarde perecer\u00e1n\u2013 como un mis\u00e1ntropo y un c\u00ednico, rasgos que son la expresi\u00f3n de la decepci\u00f3n que el g\u00e9nero humano ha causado en tantos momentos a lo largo de la historia. El saber es un arma de doble filo que nos desvela las poderosas fuerzas que pueden escapar al control de nuestra consciencia, que malamente se dejan someter a la norma de la racionalidad y que cuando se convierten en due\u00f1as y se\u00f1oras de una determinada coyuntura hist\u00f3rica resultan pavorosamente destructivas. \u00bfPuede el conocimiento algo contra ellas?<\/p>\n<p>Esta visi\u00f3n pesimista, hobbesiana incluso, del ser humano es la que representa el personaje de Zaius, el viejo simio guardi\u00e1n de la verdad, el encargado de poner l\u00edmites a la ciencia, para que su civilizaci\u00f3n no cometa los mismos errores que el homo sapiens, que lleg\u00f3 a estar tan borracho de saber y poder tecnol\u00f3gico que termin\u00f3 instal\u00e1ndose en la demencia autodestructiva. En la conversaci\u00f3n que al final de la pel\u00edcula mantiene con Taylor, las palabras de Zaius expresan la desconfianza hacia los seres humanos, que los propios humanos compartimos. Hela aqu\u00ed recogida en el texto de la ancestral tradici\u00f3n simia, el pergamino 29: \u00abGuardaos de la bestia humana, porque es el demonio quien le gu\u00eda. Est\u00e1 solo entre los primates de Dios, mata por deporte, placer y codicia. S\u00ed, matar\u00eda a su hermano para poseer sus tierras. Evitemos que se multiplique, porque convertir\u00e1 en desierto su hogar y el vuestro. Rehuy\u00e1mosle. Devolvedle a la guarida de su selva. Porque \u00e9l es el precursor de la muerte\u00bb. Escalofriantes palabras que forman parte de un mensaje coincidente con la idea sobre el ser humano que Edagar Morin resumi\u00f3 en la f\u00f3rmula \u00abhomo sapiens, homo demens\u00bb, y que el propio Zaius completar\u00e1 poco despu\u00e9s en el di\u00e1logo final que mantiene con Taylor. Cuando \u00e9ste le pregunta al viejo simio por qu\u00e9 le teme y le odia, responde: \u00ab\u00a1Porque eres un hombre!&#8230; Y tienes raz\u00f3n; s\u00e9 mucho sobre el hombre. Por las pruebas creo que su sabidur\u00eda va de la mano de su demencia. Las emociones rigen su cerebro. Un guerrero que lucha sin piedad contra todo lo que le rodea, incluso contra \u00e9l mismo\u00bb. No se puede negar que a Zaius no le falta raz\u00f3n, que con sus palabras (en realidad escritas por hombres mismos, que fueron los guionistas Rod Serling y Michael Wilson) plasma un rasgo innegablemente real de nuestra naturaleza y que sin duda la historia as\u00ed lo demuestra.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de escuchar estas palabras, el antes mis\u00e1ntropo Taylor, convertido tras sus peripecias en el extra\u00f1o planeta en un orgulloso defensor de nuestra especie y de su superioridad (tambi\u00e9n moral) frente al resto de primates, parte en busca de una respuesta al misterio que representa esa chocante evoluci\u00f3n al rev\u00e9s que en ese lugar ha colocado a los simios por encima de los humanos. No marcha solo; le acompa\u00f1a Nova, la mujer con la que ha establecido una relaci\u00f3n, el \u00fanico de los humanos \u00abanimalizados\u00bb aut\u00f3ctonos con los que ha empatizado, pero con la que no puede hablar, pues es incapaz de articular palabra. Hermosa y compasiva, pero ignorante y primitiva, no se separar\u00e1 del astronauta desde que lo conoce cuando son cazados juntos por una partida de gorilas en la primera parte de la pel\u00edcula. \u00bfNova representa el bon sauvage de Rousseau? Si es as\u00ed, significa que no est\u00e1 en la naturaleza humana que el progreso moral deba acompa\u00f1ar al del conocimiento, como insin\u00faa Zaius con sus palabras citadas anteriormente. Con otras palabras: el mero hecho de pertenecer a la especie (hecho natural) no nos otorga sin m\u00e1s la virtud de la humanidad (ideal \u00e9tico).<\/p>\n<p>El final de El planeta de los simios impacta a todos quienes hemos visto esta excelente pel\u00edcula. En un momento, hace medio siglo, cuando la Tierra estaba bajo un riesgo cierto de sufrir los efectos de un apocalipsis nuclear, ese plano final de Taylor arrodillado en la orilla de la playa maldiciendo a su especie frente a una estatua de la libertad semidestruida, lo dice todo del ser humano, una criatura capaz de lo mejor y de lo peor. El hombre lanzado a las estrellas para hallar una inteligencia superior tiene que aceptar la evidencia de que nuestra especie s\u00f3lo puede contar consigo misma para salvarse.<\/p>\n<p>REBELION<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abEl hombre no es un reino dentro de otro reino\u00bb. (B. Spinoza) \u00abNuestro planeta es una mota solitaria en la inmensa oscuridad c\u00f3smica. En toda esta extensa oscuridad no hay ning\u00fan indicio de que la ayuda vendr\u00e1 de otra parte para salvarnos de nosotros mismos\u00bb. 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