{"id":41789,"date":"2018-12-11T10:50:27","date_gmt":"2018-12-11T09:50:27","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=41789"},"modified":"2018-12-11T10:50:27","modified_gmt":"2018-12-11T09:50:27","slug":"lucia-y-el-paraiso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/lucia-y-el-paraiso\/","title":{"rendered":"Lucia y el para\u00edso"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-41790\" src=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2018\/12\/PARAISO.jpg\" alt=\"\" width=\"536\" height=\"452\" srcset=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2018\/12\/PARAISO.jpg 536w, https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2018\/12\/PARAISO-300x253.jpg 300w, https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2018\/12\/PARAISO-498x420.jpg 498w\" sizes=\"auto, (max-width: 536px) 100vw, 536px\" \/><\/p>\n<p>Lucia Berlin est\u00e1 en el para\u00edso. El a\u00f1o es 1965 y el para\u00edso es un pueblo de veinte casas junto al mar en una playa de M\u00e9xico. Lucia Berlin vive en ese pueblo con su tercer marido y sus hijos. Los hijos son de sus matrimonios anteriores: en cuatro a\u00f1os tuvo tres hijos y acaba de descubrir que est\u00e1 embarazada de nuevo. Llegaron a esa playa mexicana hace dos a\u00f1os, escapando: el marido de Lucia quer\u00eda dejar la hero\u00edna. El plan funcion\u00f3. Viven en una choza con piso de arena, duermen en hamacas, comen el pescado que pescan, se ayudan entre todos con las dem\u00e1s familias del pueblo, crian en manada a los hijos. Cada seis meses tienen que cruzar la frontera, para renovar su residencia. Van y vienen en el d\u00eda, en avi\u00f3n. Van en fechas diferentes: ella y los chicos por un lado, \u00e9l por otro.<\/p>\n<p>Al volver de uno de esos vuelos, Lucia tiene la maldita suerte de cruzarse en el aeropuerto con el dealer de su marido. El tipo la sigue hasta el para\u00edso. A ella casi se le para el coraz\u00f3n cuando la ve llegar por la playa, sudoroso, jadeante, sonriente, con los mocasines blancos cubiertos de barro seco. Su marido, en cambio, lo recibe con un abrazo y hace una fogata en la playa para asarle un pescado. En cuanto terminan de comer ella arrea a los hijos a la choza y prefiere no volver, porque no hay nada que deteste m\u00e1s que la mirada asquerosamente er\u00f3tica del yonqui en el momento de picarse. Pero el morbo es m\u00e1s fuerte que ella: esp\u00eda por la ventana, ve a su marido inyectarse y dejarse caer para atr\u00e1s en la arena, con una sonrisa idiota en la cara. Ve al dealer inyectarse y encogerse para adelante muy despacio, hasta que su cara cae contra la fogata. Lucia huele la carne quemada. Nadie reacciona, ni su marido ni el dealer, ni el resto del pueblo, que est\u00e1 durmiendo. Nadie ve a Lucia arrastrar el cad\u00e1ver del dealer a una canoa, pasar la rompiente y arrojarlo mar adentro. Cuando llega a la orilla est\u00e1 amaneciendo. Una vecina la encuentra temblando y le pregunta qu\u00e9 le pasa. \u201cYa tuve suficiente para\u00edso. Quiero volver al mundo real\u201d.<\/p>\n<p>PUBLICIDAD<\/p>\n<p>Lucia Berlin cont\u00f3 en 77 cuentos prodigiosos su relaci\u00f3n con el mundo real. Despu\u00e9s se muri\u00f3, y quince a\u00f1os m\u00e1s tarde el mundo la descubri\u00f3. Fue hace poquito, cuando sus amigos publicaron una selecci\u00f3n de 43 de esos cuentos, con el t\u00edtulo Manual para mujeres de limpieza: el libro se tradujo a todos los idiomas, personas de la m\u00e1s variada diversidad en todas partes del planeta sintieron que los cuentos de Lucia Berlin eran la experiencia m\u00e1s intensa de lectura que hab\u00edan tenido en mucho tiempo, fue tal el \u00e9xito que acaba de publicarse simult\u00e1neamente en todo el mundo otro tomo con los cuentos restantes (le pusieron de t\u00edtulo Una noche en el para\u00edso). Se la puso a la altura de Chejov, de Cheever, de Carson McCullers, de Flannery O\u2019Connor, y tienen raz\u00f3n. Todos los cuentos de Lucia Berlin tienen protagonistas femeninas, una misma protagonista en realidad, que es ella, aunque le vaya cambiando el nombre en los distintos cuentos. \u201cTodo lo que escribo es autobiogr\u00e1fico. No s\u00e9 por qu\u00e9 no pongo mi nombre, realmente, porque igual soy yo\u201d, confes\u00f3 una vez. Es que hab\u00eda vivido tantas cosas, tan diferentes, que ponerle el mismo nombre a la protagonista de todas ellas habr\u00eda atentado contra toda verosimilitud.<\/p>\n<p>Imaginen la hija de un ge\u00f3logo y una belleza texana nacida en un campamento minero en Alaska y criada en la casa de su terrible abuelo alcoh\u00f3lico en Texas, porque el pap\u00e1 se fue la guerra. De ah\u00ed pasen a Chile porque la guerra ha terminado y pap\u00e1 vuelve y acepta un trabajo en una multinacional minera que lo manda para all\u00e1, como ejecutivo. Mam\u00e1 bebe encerrada en su cuarto, igual que en Texas y en Alaska. Pap\u00e1 lleva de acompa\u00f1ante a Lucia a los eventos sociales. Lucia tiene catorce pero ya mide un metro ochenta y, maquillada y vestida con ropa de la madre, parece de veintid\u00f3s. El pr\u00edncipe Al\u00ed Khan le encendi\u00f3 el primer cigarrillo que fum\u00f3 en su vida, en una fiesta en un yacht en Zapallar. Cuando hizo perder la cabeza a varias amistades de su padre, la mandaron de urgencia a la universidad, en Texas. Menos de dos a\u00f1os despu\u00e9s ya estaba casada, separada, con un beb\u00e9 reci\u00e9n nacido y desheredada por la familia. Conoci\u00f3 a un m\u00fasico de jazz que se la llev\u00f3 a Nueva York, tuvo dos hijos con \u00e9l, viv\u00edan en el Village, eran hipsters, Angie Dickinson se la cruz\u00f3 una noche en una fiesta y le dijo que adoraba la sombra de ojos que ten\u00eda puesta. \u201cEs tiza de taco de billar\u201d, le contest\u00f3 Lucia. No dur\u00f3 mucho como hipster neoyorquina. Se enamor\u00f3 del mejor amigo de su marido m\u00fasico y huy\u00f3 con \u00e9l a M\u00e9xico, donde encontr\u00f3 el para\u00edso, qued\u00f3 embarazada y descubri\u00f3 que ese encanto de hombre que hac\u00eda de padre para sus hijos era, adem\u00e1s, heroin\u00f3mano.<\/p>\n<p>As\u00ed comienza el prolongado per\u00edodo alcoh\u00f3lico de Lucia, en la Am\u00e9rica pobre de Raymond Carver, criando sola a sus cuatro hijos con botellas de Jim Beam escondidas en el lavarropas, trabajando como mucama o enfermera o telefonista o empleada de supermercado cuando no ca\u00eda presa con alguno de sus novios o era internada para una nueva cura de desintoxicaci\u00f3n. Sus pacientes favoritos cuando trabajaba de enfermera eran los jockeys que llegaban en ambulancia desde el hip\u00f3dromo cercano, despu\u00e9s de una rodada de sus caballos. Le gustaba alzarlos (recuerden que med\u00eda m\u00e1s de uno ochenta). Le gustaba tambi\u00e9n hacer el amor en el techo. Le gustaban las cosas que le dec\u00edan las casas, cuando trabajaba de mucama. No pod\u00eda borrar de su cabeza la imagen de su madre dici\u00e9ndole: \u201cEl amor te hace infeliz. Tus sollozos hacen aullar al perro, empapas la almohada, empa\u00f1as los vidrios, fumas dos cigarrillos a la vez\u201d. Y la de su adorado t\u00edo John cuando, para protegerla de su abuelo, se la llevaba con \u00e9l a las trastiendas de las lavander\u00edas chinas adonde jugaba a las cartas por dinero, y a veces se la dejaba olvidada sobre una pila de manteles doblados.<\/p>\n<p>Lucia Berlin cri\u00f3 a sus hijos cont\u00e1ndoles historias de su vida. Los usaba de tester y despu\u00e9s se sentaba ante la m\u00e1quina de escribir y los tipeaba. Cuando logr\u00f3 dejar el alcohol, a los cuarenta y ocho, empez\u00f3 a ense\u00f1ar, primero en escuelas secundarias, despu\u00e9s en la universidad y al final en un taller literario que daba en la c\u00e1rcel. Cada tanto publicaba alg\u00fan cuento en una revista, o le ped\u00edan que juntara varios y le publicaban un librito breve. Los \u00faltimos a\u00f1os andaba con tanque de ox\u00edgeno. Viv\u00eda en un garaje reconvertido en la casa de su hijo en Sacramento. Ten\u00eda un porche adonde sal\u00eda a fumar (pitaba por los agujeros de la mascarilla de ox\u00edgeno). Sus ex alumnos la iban a visitar. Los presos que sal\u00edan en libertad la iban a visitar. Los \u00fanicos dos reportajes que dio en su vida se los hicieron estudiantes de los lugares donde ense\u00f1\u00f3; es una maravilla la naturalidad con la que contesta y les cuenta cosas. Cuando los chicos le preguntan c\u00e1ndidamente si le gustar\u00eda ser m\u00e1s famosa dice que, con el precario equilibrio que ha logrado despu\u00e9s de tanto maremoto, lo mejor ser\u00eda que no. \u201cPero me gusta la idea de que, cada tanto, en alg\u00fan lado, una chica entre en una biblioteca y descubra mis libros. As\u00ed que, como ver\u00e1n, s\u00ed me gustar\u00eda ser m\u00e1s famosa\u201d.<\/p>\n<p>Muri\u00f3 el mismo d\u00eda en que hab\u00eda nacido, asombrosamente. Llevaba veinte a\u00f1os sobria cuando muri\u00f3. Como dijo su hijo mayor: \u201cSobrevivi\u00f3 a tres maridos y qui\u00e9n sabe a cu\u00e1ntos amantes. Los m\u00e9dicos le diagnosticaron a los catorce que no podr\u00eda tener hijos y que iba a morir antes de llegar a los treinta. Pero nos cri\u00f3 ella sola, a m\u00ed y a mis tres hermanos (puedo dar fe de que fuimos un incordio los cuatro) y adem\u00e1s escribi\u00f3 sus cuentos. Yo ya no s\u00e9 cu\u00e1nto de lo que recuerdo es cierto y cu\u00e1nto lo invent\u00f3o deform\u00f3 o exager\u00f3 ella. Cada vez que alguno de nosotros la interrump\u00eda para preguntar si de verdad hab\u00eda pasado eso, ella contestaba invariablemente: No importa si pas\u00f3 en verdad, lo que importa es el cuento\u201d.<\/p>\n<p>PAGINA 12<\/p>\n<p>https:\/\/www.pagina12.com.ar\/160889-lucia-y-el-paraiso<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lucia Berlin est\u00e1 en el para\u00edso. El a\u00f1o es 1965 y el para\u00edso es un pueblo de veinte casas junto al mar en una playa de M\u00e9xico. Lucia Berlin vive en ese pueblo con su tercer marido y sus hijos. 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