{"id":41596,"date":"2018-11-20T18:59:01","date_gmt":"2018-11-20T17:59:01","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=41596"},"modified":"2018-11-20T18:59:01","modified_gmt":"2018-11-20T17:59:01","slug":"patriotismo-y-nacionalismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/patriotismo-y-nacionalismo\/","title":{"rendered":"Patriotismo y nacionalismo"},"content":{"rendered":"<p>Poco despu\u00e9s de la reunificaci\u00f3n de Alemania, una cadena de televisi\u00f3n de ese pa\u00eds preguntaba a pie de calle si los alemanes se sent\u00edan un poco orgullosos de serlo. La pregunta tanteaba los l\u00edmites de la autocensura, y las respuestas, cautelosas, mostraban una poblaci\u00f3n adiestrada a disimular cualquier autocomplacencia nacional. La presi\u00f3n hab\u00eda sido tan sublimadora -el supery\u00f3 freudiano tan s\u00e1dico- que hab\u00eda llegado a producir un nacionalismo invertido y el narcisismo hab\u00eda tomado aspecto de autoodio. Durante d\u00e9cadas muchos alemanes cifraron su superioridad moral en denostar el nazismo de los dem\u00e1s y denigrar, a menudo con la intolerancia irredenta de los justos, las aspiraciones de las naciones sin Estado. M\u00e1s de uno aspiraba a redimirse de la m\u00e1cula de la propia identidad identific\u00e1ndose con alguna naci\u00f3n &#8216;inocente&#8217;, a veces hasta el fanatismo. En el ej\u00e9rcito israel\u00ed, hay alemanes que sirven como voluntarios, no para pagar personalmente la deuda hist\u00f3rica con el pueblo jud\u00edo, lo que ser\u00eda monstruoso, sino por un deseo irrealizable de convertirse en jud\u00edo y estar del lado bueno de la historia.<\/p>\n<p>Escaldados por la experiencia de sus padres y abuelos en los dos grandes experimentos totalitarios del siglo XX, los alemanes han buscado la cuadratura del c\u00edrculo, intentando mantener la cohesi\u00f3n necesaria para continuar siendo sociedad sin basarse en la continuidad hist\u00f3rica. Dicho en otras palabras, para ser alem\u00e1n sin pertenecer a una naci\u00f3n alemana. Una manera de enfocar esta pretensi\u00f3n era suponer que el Tercer Reich hab\u00eda sido un accidente hist\u00f3rico. Elevar (o rebajar) a Hitler a la categor\u00eda de mal metaf\u00edsico dejaba el resto en la zona gris de las v\u00edctimas de una seducci\u00f3n o un sortilegio desmoralizante. Hermann Broch recrea una versi\u00f3n nigrom\u00e1nticos del nazismo en su novela aleg\u00f3rica &#8216;Die Verzauberung&#8217; (&#8216;El maleficio&#8217;). Otra forma de resolver el rompecabezas era extraer el ap\u00e9ndice cultural del cuerpo social, eliminando quir\u00fargicamente los detritus del nacionalismo y aplicando una lealtad as\u00e9ptica y puramente formal mediante el &#8216;patriotismo constitucional&#8217;, como propon\u00eda Habermas en &#8216;Die postnationale Konstellation&#8217;.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n hab\u00eda quien ve\u00eda m\u00e1s peligrosa la reunificaci\u00f3n pol\u00edtica que la herencia cultural, y propon\u00eda, al contrario de Habermas, conservar la unidad nacional pero dividida en dos estados. Era el caso de G\u00fcnter Grass. No era la cultura alemana lo que presentaba un peligro para Europa, sino un Estado alem\u00e1n demasiado grande y sin fronteras &#8216;naturales&#8217; en el centro del continente. La cultura no hab\u00eda sido la causa de la cat\u00e1strofe, ni el nacionalismo estrictamente hablando, que m\u00e1s bien tiende a cerrarse en un territorio, sino el internacionalismo fanatizado por la idea racial. Hitler pensaba en t\u00e9rminos continentales y de hecho despreciaba la cultura alemana; lo que le empujaba era el dominio mundial de los pueblos arios y su expansi\u00f3n imperial en virtud de una supuesta superioridad biol\u00f3gica. Al final, las dos tesis, el puro constitucionalismo y la divisi\u00f3n pol\u00edtica de la naci\u00f3n, quedaron falsados por la historia en el cambio de siglo. Desde la reunificaci\u00f3n al grito de &#8216;Wir sind ein Volk&#8217; (&#8216;Somos un solo pueblo&#8217;), los alemanes han demostrado querer ser naci\u00f3n sin las hipotecas del nacionalismo. Han reconstruido el Estado nacional mientras reorganizaban Europa con una idea transnacional, creativa pero insuficiente para superar el modelo pol\u00edtico de la modernidad. Por ello, el pasado d\u00eda 9, el presidente de la Rep\u00fablica Federal, Frank-Walter Steinmeier, en el aniversario de Kristallnacht y de la ca\u00edda del muro de Berl\u00edn sesenta y un a\u00f1os despu\u00e9s, o sea, en la fecha de la ruptura violenta y de la reconstituci\u00f3n pac\u00edfica de la naci\u00f3n alemana, advert\u00eda contra los peligros del nacionalismo agresivo y ped\u00eda un patriotismo discreto, de bajo perfil. La distinci\u00f3n entre patriotismo y nacionalismo es importante, a pesar de no resultar nunca clara en la pr\u00e1ctica. Ya la hab\u00eda explicado el gran historiador holand\u00e9s Johan Huizinga en tres conferencias realizadas en febrero de 1940, despu\u00e9s de su internamiento en un campo nazi y s\u00f3lo un par de a\u00f1os antes de su muerte. Hac\u00eda pocos d\u00edas que los alemanes hab\u00edan creado el gueto de Lodz en Polonia, el primero de los grandes guetos de internamiento de jud\u00edos durante la guerra.<\/p>\n<p>En su discurso, Huizinga recordaba que el patriotismo ya estaba muy arraigado entre los griegos cl\u00e1sicos, aunque no tuvieran casi conciencia nacional. En la versi\u00f3n latina de ese patriotismo, que era espacialmente muy restringido y ten\u00eda un sentido esencialmente pol\u00edtico, Cicer\u00f3n dec\u00eda que todo el mundo tiene dos patrias, una natural y otra civil, la del lugar y la de la ley. Pero los patriotas constitucionales del siglo XXI reprueban el &#8216;localismo&#8217; y todo lo que haga referencia a los v\u00ednculos de proximidad: lengua, familia, costumbres. Ellos se llaman patriotas de una jurisdicci\u00f3n, y en definitiva de un Estado. Ahora bien, los estados se forman en la esfera abstracta e indefinida de la teor\u00eda pol\u00edtica, pero existen concretamente en espacios delimitados por una legislaci\u00f3n. Estos patriotas de la ley enga\u00f1an cuando consideran que su legislaci\u00f3n particular goza del privilegio de la universalidad, ya sea por revelaci\u00f3n divina, por el hecho de encarnar la idea de progreso, el destino manifiesto de la humanidad, o las leyes eternas de la raz\u00f3n. Un ejemplo de este malabarismo conceptual y falsificaci\u00f3n de la historia la ofreci\u00f3 Emmanuel Macron el d\u00eda 11, en el discurso pronunciado en el Arco de Triunfo para conmemorar la finalizaci\u00f3n de la Primera Guerra Mundial. Macron alab\u00f3 el sacrificio de los combatientes franceses, que hab\u00edan ofrecido su vida para defender unos ideales universales, como un ejemplo de generosidad y de moralidad, sin mencionar en ning\u00fan momento que la Gran Guerra fue la guerra nacionalista por excelencia, aunque ninguno de los pa\u00edses beligerantes tuvo el monopolio del idealismo. Francia particip\u00f3 en la matanza no por razones edificantes sino como aliada de Rusia, que entraba para defender el nacionalismo serbio por razones de afinidad religiosa. Todos luchaban por los imperios respectivos. Macron -quien, dicho sea de paso, es el jefe de Estado occidental m\u00e1s ideologizado y ser\u00eda el m\u00e1s peligroso si Francia todav\u00eda fuera una potencia- se a\u00f1ad\u00eda imp\u00fadicamente a la mentira que un siglo antes hab\u00eda enviado diecisiete millones de hombres al matadero en la guerra civil que hundi\u00f3 Europa.<\/p>\n<p>Es curioso c\u00f3mo los estados europeos, preocupados por el retorno de lo nacional reprimido en una Uni\u00f3n atascada econ\u00f3micamente e incapaz de vivir a la altura de los ideales proclamados, recuperan t\u00e9rminos desacreditados para conjurar homeop\u00e1ticamente el peligro. Recurren al &#8216;patriotismo&#8217; como freno de mano pero tambi\u00e9n para instar a los ciudadanos a cerrar filas en torno al Estado. Si Steinmeier, advirtiendo contra el nacionalismo agresivo, apela a un patriotismo discreto y digno, Macron tensa la sem\u00e1ntica con radicalidad jacobina cuando dice que &#8216;el patriotismo es exactamente lo contrario del nacionalismo&#8217;. Lo dice intencionadamente para provocar al presidente de Estados Unidos, presente en esa ocasi\u00f3n, el cual, junto con muchos defectos, tiene la virtud, o la torpeza, de la sinceridad cuando se declara nacionalista. Pues los Estados Unidos es un pa\u00eds extremadamente nacionalista, que desde la Segunda Guerra Mundial ha vivido en la contradicci\u00f3n de un internacionalismo practicado, con grandes errores y un endeudamiento insostenible, desde una concepci\u00f3n nacionalista de la historia.<\/p>\n<p>Sin disimular, Macron ven\u00eda a decir a Trump que representa la cara oscura de Europa. Pero con aquella inconsciencia de los soberbios, hac\u00eda a la vez una alabanza arrebatada de la Gran Naci\u00f3n como promotora de universalidad, o sea, de los principios jacobinos que acompa\u00f1aron la eclosi\u00f3n del nacionalismo y que Napole\u00f3n extendi\u00f3 por toda Europa con la Grande Arm\u00e9e.<\/p>\n<p>Muy lejos de la altura de Charles De Gaulle, capaz de sostener la ilusi\u00f3n de una Francia-potencia ante la Casa Blanca, Macron se presenta como el palad\u00edn del patriotismo homologado por Bruselas, porque ve la \u00faltima oportunidad de reconquistar el liderazgo franc\u00e9s en la desmembrada fraternidad europea. Su discurso autocomplaciente e ignorante del coste en vidas humanas del fanatismo de &#8216;la raison&#8217; est\u00e1 perfectamente representado en otra novela de Broch, justamente titulada &#8216;Die Schuldlosen&#8217; (&#8216;Los inocentes&#8217;) y oportunamente ambientada al final de la Primera Guerra Mundial. Habiendo llegado al poder tras el armisticio, la socialdemocracia, dice Broch, mantuvo intacta la forma de vida de la Alemania imperial. El protagonista de una de las historias que componen la novela es un maestro de matem\u00e1ticas llamado Zacharias, patriota condecorado con la cruz de hierro. Acostumbrado, como mucha gente, a que sus opiniones coincidan con las de los poderosos, Zacharias ingresa en el Partido Socialdem\u00f3crata. Y un d\u00eda, comiendo una salchicha, mientras conversa con un alumno sobre la idoneidad de regarla con vino, \u00e9ste le dice que la cocina es internacional y principio de la fraternidad mundial. Zacharias tambi\u00e9n sabe hacer distinciones sem\u00e1nticas: &#8216;Internacional es no-alem\u00e1n; fraternidad es alem\u00e1n&#8217;, dice. &#8216;Pensaba que era socialdem\u00f3crata&#8217;, objeta el alumno. &#8216;Y lo soy, un leal socialdem\u00f3crata alem\u00e1n&#8217;, responde Zacharias. &#8216;Entonces deber\u00eda tener una actitud internacional&#8217;, que le excit\u00f3. La r\u00e9plica es para alquilar sillas y la traduzco sin m\u00e1s comentario. Que el lector saque las consecuencias que mejor le parezcan:<\/p>\n<p>\u00abLa tengo. Soy un internacional de ra\u00edz y muy leal. Pero nosotros, alemanes, tendremos que liderar el internacionalismo; los rusos no lo har\u00e1n ni tampoco los franceses, y ya no hablemos de los dem\u00e1s. La internacionalidad democr\u00e1tica radica en la fraternidad, no en una vacua federaci\u00f3n de pueblos, y nuestra tarea consiste en inculcarlo al mundo, especialmente a las democracias occidentales supuestamente victoriosas\u00bb.<\/p>\n<p>VILAWEB<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Poco despu\u00e9s de la reunificaci\u00f3n de Alemania, una cadena de televisi\u00f3n de ese pa\u00eds preguntaba a pie de calle si los alemanes se sent\u00edan un poco orgullosos de serlo. La pregunta tanteaba los l\u00edmites de la autocensura, y las respuestas, cautelosas, mostraban una poblaci\u00f3n adiestrada a disimular cualquier autocomplacencia nacional. 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