{"id":40573,"date":"2018-09-05T11:59:50","date_gmt":"2018-09-05T10:59:50","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=40573"},"modified":"2018-09-05T11:59:50","modified_gmt":"2018-09-05T10:59:50","slug":"el-reaccionario-este-desconocido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-reaccionario-este-desconocido\/","title":{"rendered":"El reaccionario, este desconocido"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-40576\" src=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/Alfons-C.-SalellasNOTICIA.jpg\" alt=\"\" width=\"446\" height=\"251\" srcset=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/Alfons-C.-SalellasNOTICIA.jpg 446w, https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/Alfons-C.-SalellasNOTICIA-300x169.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 446px) 100vw, 446px\" \/><\/p>\n<p>Dos d\u00edas antes de los atentados de Al Qaeda en Washington y Nueva York, el 9 de septiembre de 2001, se public\u00f3 &#8216;The Reckless Mind: intelectual in Politics&#8217; (&#8216;Pensadores temerarios&#8217;, Ed. Debate), un libro de Mark Lilla en el que el profesor de la Universidad de Columbia analiza la relaci\u00f3n de una serie de pensadores con las ideolog\u00edas de la \u00e9poca, que los llevaron a mirar hacia otro lado cuando enfrente ten\u00edan el autoritarismo y el terrorismo de Estado, con las consecuencias pol\u00edticas e intelectuales que la relativizaci\u00f3n de las atrocidades generadas gener\u00f3. Los reg\u00edmenes eran la Alemania nazi, el comunismo de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, la China de Mao y la rep\u00fablica teocr\u00e1tica de Ir\u00e1n. Los pensadores: Martin Heidegger, Carl Schmitt, Walter Benjamin, Alexandre Koj\u00e8ve, Michel Foucault y Jacques Derrida. No todos salen malparados, por lo menos unos m\u00e1s que otros.<\/p>\n<p>Quince a\u00f1os despu\u00e9s, Lille public\u00f3 &#8216;The Shipwrecked Mind: On Political Reaction&#8217; (&#8216;La mente naufragada&#8217;, Ed. Debate), que con la anterior forman un d\u00edptico. Lille hace aqu\u00ed el an\u00e1lisis de tres pensadores del siglo XX -Franz Rosenzweig, Eric Voegelin y Leo Strauss- que atribuyeron los problemas de la sociedad moderna a una ruptura en la evoluci\u00f3n de las ideas y promovieron un retorno a formas premodernas del pensar. Posteriormente, examina el uso de relatos hist\u00f3ricos por parte de la derecha y la izquierda europea y se adentra en la determinaci\u00f3n de neoconservadores norteamericanos e islamistas radicales, que defienden la supuesta armon\u00eda de la sociedad cat\u00f3lica medieval, unos, y el rescate del califato musulm\u00e1n, los otros, con parada y fonda en los atentados de Par\u00eds de 2015.<\/p>\n<p>En una introducci\u00f3n de antolog\u00eda, primer p\u00e1rrafo para enmarcar, Lille constata ante el lector la gran cantidad de informaci\u00f3n que tenemos al alcance sobre la idea de revoluci\u00f3n y de la poca que disfrutamos de la de reacci\u00f3n, \u00abtan s\u00f3lo la presuntuosa convicci\u00f3n de que est\u00e1 enraizada en la ignorancia y la intransigencia, si no en motivos a\u00fan m\u00e1s inconfesables\u00bb. El esp\u00edritu revolucionario que durante siglos inspir\u00f3 movimientos pol\u00edticos en todo el mundo, sigue Lilla, puede haber desaparecido, pero el esp\u00edritu de reacci\u00f3n que surgi\u00f3 para confrontarlo ha sobrevivido y est\u00e1 probando ser una fuerza hist\u00f3rica tanto o m\u00e1s potente, que va de Oriente medio hasta la clase media de Estados Unidos. En vez de inspirar curiosidad, se lamenta, esta realidad no provoca m\u00e1s que soberbia, una mirada de arriba abajo, e indignaci\u00f3n, que enseguida cede el paso a la desesperaci\u00f3n, pero en ning\u00fan caso a la comprensi\u00f3n: \u00abEl reaccionario es el \u00faltimo &#8216;otro&#8217; relegado a los m\u00e1rgenes de la investigaci\u00f3n intelectual respetable. No lo conocemos\u00bb.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Lilla, el reaccionario se siente m\u00e1s fuerte y legitimado que el revolucionario porque se percibe como guardi\u00e1n del pasado, de lo que de hecho sucedi\u00f3, y no como profeta de un hipot\u00e9tico y err\u00e1tico futuro. Para el reaccionario, la historia comienza con el mito de un Estado feliz, en el que todo el mundo sab\u00eda cu\u00e1l era su lugar, prevalec\u00eda el orden y la armon\u00eda, mandaba la tradici\u00f3n y el sometimiento a un Dios \u00fanico y verdadero. El revolucionario s\u00f3lo viene a romper esta paz, infligiendo a los hombres una falsa conciencia que los llevar\u00e1 en \u00faltimo t\u00e9rmino a la destrucci\u00f3n de la sociedad. S\u00f3lo aquellos que recuerdan como eran las cosas antes son capaces de ver claro y tienen la misi\u00f3n de hacer volver las cosas hacia aquel tiempo del que no deber\u00edamos haber salido nunca. Un tiempo glorioso que el reaccionario cree tan real como el presente que hoy tiene ante los ojos. \u00abHoy -dice Lilla-, los islamistas pol\u00edticos, los nacionalistas europeos y la derecha americana explican b\u00e1sicamente la misma historia a sus hijos ideol\u00f3gicos\u00bb.<\/p>\n<p>Si nos tomamos en serio que de lo que se trata es de volver a un estado ideal de cosas que sucedieron no se sabe cuando, pero que para el reaccionario es una verdad como un templo -que a la vez es el templo de la verdad- deberemos &#8216;darnos cuenta de que, en contra de la voz popular, el reaccionario no es de ninguna manera un ap\u00e1tico, un quietista, un desganado, sino m\u00e1s bien un combatiente, un soldado que hace de su nostalgia un objetivo a perseguir. El reaccionario, pues, como figura moderna activa y no como caricatura tradicional del indolente. Citando a Lilla nuevamente: \u00abToda gran transformaci\u00f3n social deja atr\u00e1s la frescura de un Para\u00edso que puede servir de objeto para la nostalgia de alguien. Y los reaccionarios de nuestra \u00e9poca han descubierto que la nostalgia puede ser una fuerte motivaci\u00f3n pol\u00edtica, tal vez m\u00e1s poderosa incluso que la esperanza. Las esperanzas pueden decepcionar. La nostalgia es irrefutable\u00bb.<\/p>\n<p>La figura del reaccionario como alma inquieta es lo que enlaza el libro de Mark Lilla con el de otro autor norteamericano, Corey Robin, &#8216;The Reactionary Mind: From Edmund Burke to Donald Trump&#8217; (&#8216;La mente reaccionaria: De Edmund Burke a Donald Trump&#8217;, sin traducci\u00f3n). Robin, profesor de ciencia pol\u00edtica en el Brooklyn College, no hace distinci\u00f3n en su texto entre reaccionarios y conservadores (tratando de evidenciar una contradicci\u00f3n interna de los \u00faltimos) y define el conservadurismo como meditaci\u00f3n y teor\u00eda de la experiencia de posesi\u00f3n del poder, de verlo amenazado y el intento de recuperarlo. Seg\u00fan este autor, la teor\u00eda pol\u00edtica conservadora lucha contra la voz p\u00fablica y la acci\u00f3n colectiva de las clases subordinadas y ofrece argumentos del por qu\u00e9 a los estamentos m\u00e1s bajos no se les deber\u00eda permitir el ejercicio de su voluntad aut\u00f3noma, por qu\u00e9 no deber\u00edan gobernarse a s\u00ed mismos o influir en la pol\u00edtica nacional e internacional. Por qu\u00e9, en suma, la acci\u00f3n es la prerrogativa de la \u00e9lite y el deber de la plebe la sumisi\u00f3n. Con independencia del grado de democracia oficial que pueda existir, para la reacci\u00f3n es imperativo que la sociedad se vea y entienda como un agregado de espacios privados donde el hombre domina a la mujer, el patr\u00f3n est\u00e1 por encima de los trabajadores, y cada uno sabe el lugar que le corresponde. En contrapartida, para el progreso el debate no se ve como el sacrificio de la libertad en nombre de la igualdad, como a veces se ha entendido, sino como la extensi\u00f3n de los derechos y libertades de una minor\u00eda hacia la mayor\u00eda. M\u00e1s libres, m\u00e1s iguales.<\/p>\n<p>Corey Robin escribe sobre Edmund Burke, el gran te\u00f3rico de la contrarrevoluci\u00f3n, sobre Hobbes, que sent\u00f3 las bases para el Estado burgu\u00e9s, sobre Nietzsche y la teor\u00eda de los valores, hasta el actual inquilino de la Casa Blanca, pasando por Antonin Scalia y Ayn Rand, entre otros. Para el autor, la reconstrucci\u00f3n del antiguo r\u00e9gimen en el contexto hist\u00f3rico de una fe cada vez m\u00e1s d\u00e9bil en la necesidad y permanencia de las jerarqu\u00edas sociales ha brindado algunas de las obras m\u00e1s importantes del pensamiento moderno. Si de alguna manera los conservadores han dado a entender, y yo dir\u00eda que en demasiados casos han llegado a convencer, que el poder es suyo por naturaleza (la derecha cuando pierde el gobierno se siente y se muestra hu\u00e9rfana de su propiedad), esto no significa que no sean plenamente conscientes de que su pol\u00edtica y su pensamiento son de circunstancia. Seg\u00fan Robin, &#8216;The Reactionary Mind&#8217; es un intento de hacer entender, sobre todo a la progres\u00eda, que el conservadurismo se adapta m\u00e1s que afirma, se insin\u00faa m\u00e1s que declama, porque se da cuenta de lo que ocurre antes de que los dem\u00e1s se hagan cargo de lo que se est\u00e1 produciendo. Para Robin, el conservador es un virtuoso del tactismo que pocos pueden igualar. De hecho, a\u00f1ado, si la captaci\u00f3n de votos y apoyo obrero por parte de la derecha internacional ha sido \u00faltimamente su gran \u00e9xito (que en Espa\u00f1a se remonta a Aznar), \u00bfno ser\u00e1 que los conservadores se han apresurado a aprender algo de la izquierda mientras que \u00e9sta contin\u00faa sentada en el sill\u00f3n de una superioridad moral que la ha dejado inm\u00f3vil por m\u00e1s de dos d\u00e9cadas? \u00bfEs verdad que no haya nada que aprender de la derecha?<\/p>\n<p>Parece que en los \u00faltimos decenios se ha sentido muy segura hablando de la diversidad, pero entonces, \u00bfqui\u00e9n es el \u00abotro\u00bb realmente para la izquierda? \u00bfLa mujer, el negro, el gitano, el pobre? Si la izquierda se encuentra a s\u00ed misma cuando defiende el feminismo, la pluralidad, el combate contra la pobreza y la justicia social, no ser\u00e1 que le har\u00eda falta buscar \u00abel otro\u00bb en otra parte? \u00bfA su derecha, tal vez? Seg\u00fan Josep Fontana, buena parte de la sociedad est\u00e1 m\u00e1s dispuesta a dar marcha atr\u00e1s que a caminar hacia delante. \u00bfQu\u00e9 horizonte de sentido com\u00fan podemos esperar si renunciamos a dialogar, si nos negamos a comprender su tradici\u00f3n, sus motivos?<\/p>\n<p>La bibliograf\u00eda de un n\u00famero demasiado largo de art\u00edculos y tesis universitarias es f\u00e1cil de adivinar. Habr\u00eda que pensar que si todas nuestras referencias intelectuales las vamos a buscar y nos llegan de una misma fuente, de un mismo lado, del mismo espectro ideol\u00f3gico, es probable que sin darnos cuenta de ello, acabemos convirti\u00e9ndonos en lo que seguramente no reconoceremos nunca: sectarios. En la madurez intelectual (signifique lo que signifique la palabra madurez) deber\u00eda contarse la capacidad de extraer y utilizar lo mejor de tradiciones de pensamiento contrarias entre s\u00ed. Esto implica haber tenido el valor y la paciencia de haber frecuentado obras y autores con los que, ya antes de entrar, hab\u00edamos marcado una distancia. Cuando Mark Lilla escribe que no lo conocemos, que \u00abel reaccionario es el \u00faltimo &#8216;otro&#8217; relegado a los m\u00e1rgenes de la investigaci\u00f3n intelectual respetable\u00bb, toca una tecla muy sensible que pocos han osado escuchar. La simple menci\u00f3n en positivo de un autor liberal o conservador pone nerviosos a demasiados acad\u00e9micos de tradici\u00f3n progresista. Reconocer los puntos fuertes de una teor\u00eda, de un sistema o, muy simplemente, de una manera de pensar diferente a la nuestra, no significa la adhesi\u00f3n, sino una demostraci\u00f3n de honestidad intelectual. Pero este es otro muerto que nos hemos dejado por el camino. Si la universidad abriga prejuicios de todo tipo, cuando deber\u00eda ser la instituci\u00f3n conocida por luchar en su contra, \u00bfqu\u00e9 diremos de la calle?<\/p>\n<p>En los \u00faltimos meses, la red se ha ido llena de independentistas que aseguran gratuitamente que el nacionalismo espa\u00f1ol no abre un libro. No tengo mucho miedo a equivocarme si afirmo que estas personas que desprecian intelectualmente a su adversario pol\u00edtico leen s\u00f3lo los art\u00edculos de periodistas que apenas escriben para convencidos, un gremio desgraciadamente al alza. Buscando argumentos que apuntalen nuestras posiciones, nos hemos acostumbrado demasiado a leer s\u00f3lo lo que ya sabemos que nos dar\u00e1 la raz\u00f3n, y as\u00ed es f\u00e1cil acabar creyendo que, como las calles, la raz\u00f3n ser\u00e1 siempre nuestra.<\/p>\n<p>Del mismo modo que la derecha piensa que el poder es suyo, la izquierda tiende a creer que el pensamiento es una exclusividad suya. El naufragio de la mente del t\u00edtulo de Mark Lilla tiene que ver con esta incapacidad de ver en el otro un ser tan racional como yo con un bagaje cultural tanto o m\u00e1s importante que el m\u00edo. Tratar al otro de inculto o de necio tambi\u00e9n es deshumanizar, porque como escribe Lilla \u00abes puro prejuicio considerar que los revolucionarios piensan mientras que los reaccionarios s\u00f3lo reaccionan\u00bb. De este modo, \u00bfqu\u00e9 nombre poner al miedo y a la resistencia de tantos progresistas a romper con el r\u00e9gimen de 1978? La comprensi\u00f3n de la historia moderna es incompleta si no tenemos en cuenta de qu\u00e9 manera el miedo y la nostalgia pol\u00edtica tambi\u00e9n le ha dado forma, o conseguir entender el presente sin intentar apreciar la esperanza y la lucidez de aquellos que no se sienten en \u00e9l como en casa. Pensamos que en una Europa donde la socialdemocracia ha desaparecido y el Estado del Bienestar Social est\u00e1 en v\u00edas de extinci\u00f3n, la nostalgia ya hace tiempo que ha incrementado su campo de influencia. Visiten a Tony Judt en &#8216;El refugio de la memoria&#8217;.<\/p>\n<p>N\u00daVOL<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dos d\u00edas antes de los atentados de Al Qaeda en Washington y Nueva York, el 9 de septiembre de 2001, se public\u00f3 &#8216;The Reckless Mind: intelectual in Politics&#8217; (&#8216;Pensadores temerarios&#8217;, Ed. 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