{"id":40261,"date":"2018-08-09T11:53:46","date_gmt":"2018-08-09T10:53:46","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=40261"},"modified":"2018-08-09T11:53:46","modified_gmt":"2018-08-09T10:53:46","slug":"el-nazi-y-la-judia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-nazi-y-la-judia\/","title":{"rendered":"El nazi y la jud\u00eda"},"content":{"rendered":"<p>Los amores prohibidos hacen que los amantes se enfrenten a sus propias contradicciones. Martin Heidegger, uno de los fil\u00f3sofos m\u00e1s importantes de la historia, dec\u00eda que quer\u00eda Alemania y Hitler por encima de todo. Pero el gran amor de su vida fue Hannah Arendt, la gran fil\u00f3sofa jud\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ella tambi\u00e9n se debat\u00eda internamente, sab\u00eda perfectamente que su maestro, que su gran amor era o, al menos lo hab\u00eda sido, un nazi, un ultraderechista espantoso, un enemigo mortal de su pueblo, un colaborador necesario de los grandes cr\u00edmenes que se produjeron en Alemania desde la llegada al poder de Adolf Hitler en 1933. Hac\u00eda diecisiete a\u00f1os que no lo ve\u00eda, que no se hab\u00edan escrito, hac\u00eda demasiado tiempo que todo se hab\u00eda derrumbado, que el tiempo y los estragos de la guerra hab\u00edan borrado para siempre el mundo que hab\u00edan conocido y disfrutado muy juntos. S\u00ed, la corriente del tiempo hab\u00eda destruido lo que hab\u00edan sido. Pocos d\u00edas antes de su viaje, Hannah Arendt hab\u00eda le\u00eddo con repugnancia las cartas que Martin Heidegger hab\u00eda enviado recientemente a Karl Jaspers, amigo com\u00fan de ambos. Era una insufrible mezcla de autenticidad y de tendencia a las mentiras, a la cobard\u00eda, indigna de un hombre como es debido. Se hab\u00eda indignado. No sab\u00eda si cuando fuera a Friburgo, Despu\u00e9s de tanto tiempo caer\u00eda en la tentaci\u00f3n de ir a verlo, pero el 7 de enero de 1950, reci\u00e9n llegada a la ciudad, no pierde el tiempo y le hace saber en qu\u00e9 hotel est\u00e1. \u00c9l la va a ver sin perder un instante. Entonces Arendt se da cuenta, y se lo explica con estas palabras en una carta que dos d\u00edas despu\u00e9s le hace llegar: \u00abCuando el camarero pronunci\u00f3 tu nombre&#8230; fue como si de pronto el tiempo se hubiera parado. Como si fuera un rel\u00e1mpago, fui consciente de lo que antes no me hab\u00eda confesado ni a m\u00ed misma, ni a ti, ni a nadie: que la fuerza de un impulso espont\u00e1neo&#8230; me protegi\u00f3, indulgentemente, de cometer la \u00fanica infidelidad realmente imperdonable y de malbaratar mi vida. Pero debes saber algo (ya que no hemos estado en contacto muy frecuentemente ni ha sido un contacto muy abierto): que si lo hubiera hecho, habr\u00eda sido \u00fanicamente por orgullo, es decir, por pura y por loca estupidez. No por ning\u00fan motivo concreto. \u00abO dicho de otro modo, que Hannah Arendt hab\u00eda estado a punto de elegir no volver a verlo nunca m\u00e1s, pero que si lo hubiera hecho no habr\u00eda sido por el pasado nazi de Heidegger (el hiriente \u00abmotivo concreto\u00bb que menciona), sino por el miedo que tiene de volver a quedar cautivada, una vez m\u00e1s, fascinada por quien es y a quien reconoce como su maestro, el hombre que sigue amando.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Vivieron una gran pasi\u00f3n amorosa, eso es cierto. Con dieciocho a\u00f1os, cuando lleg\u00f3 a la Universidad de Marburg en 1924, atra\u00edda por el enorme prestigio que ya ten\u00eda Martin Heidegger, tan inteligente, tan bella como si fuera la hero\u00edna de un cuento, Hannah Arendt deslumbr\u00f3 a todos pero ella s\u00f3lo tuvo ojos para su profesor. Un genio filos\u00f3fico, es indudable, pero tambi\u00e9n un erudito de escritorio sin mucha experiencia vital m\u00e1s all\u00e1 de las lecturas. Lecturas que le quemaban. Tambi\u00e9n era un chulo, un machote que intimidaba por su enorme erudici\u00f3n, rodeado de una aureola de misterio y de contundencia pensadora. Sus alumnos lo ve\u00edan como un \u00e1guila fastuosa que aleteaba en el aire, como un capit\u00e1n de barco en medio de una tormenta, pero en realidad era m\u00e1s bien un hombre carcomido por una rabia interior. Ten\u00eda diecisiete a\u00f1os m\u00e1s que ella, era padre de dos hijos y estaba casado con Elfride, una mujer ambiciosa y antisemita, convencida de las supercher\u00edas grandilocuentes de los nazis.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Heidegger era m\u00e1s complejo y profundo, m\u00e1s intenso y torturado. Por un lado, se sent\u00eda distanciado de valores burgueses y, por otro, estaba abocado, como un rom\u00e1ntico intuitivo, a buscar la autenticidad, los principios esenciales, la naturaleza. Ten\u00eda un refugio de alta monta\u00f1a, en Todtnauberg , y durante aquella \u00e9poca comenz\u00f3 a llevar el famoso traje tirol\u00e9s, con pantalones abrochados en la rodilla, tan tradicional y \u00e9tnico, que a \u00e9l le parec\u00eda tan elegante y genuino como a nosotros perfectamente rid\u00edculo. En todo aquel ambiente en busca de emociones fuertes y masculinas, de ideas revolucionarias de derechas y de exaltaciones patri\u00f3ticas, hab\u00eda una inercia peligrosa que conduc\u00eda inexorablemente a la invocaci\u00f3n del diablo, a lo que Thomas Mann describi\u00f3 perfectamente en su novela &#8216;Doktor Faustus&#8217;. La fascinaci\u00f3n por el mal que comenz\u00f3 con las procesiones nocturnas de antorchas, las quemas de libros y, m\u00e1s adelante, durante la guerra, concluy\u00f3 con la Sho\u00e1, las llamas de los hornos crematorios y las ruinas humeantes de la naci\u00f3n alemana. Heidegger fue definido como una especie de Arist\u00f3teles enloquecido, que vuelve la grandeza de su pensamiento contra su pensamiento, que afirma que el pensamiento no piensa, que s\u00f3lo es existencia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El enamoramiento comenz\u00f3 en febrero de 1924. Heidegger se sinti\u00f3 inmediatamente atra\u00eddo por su nueva estudiante durante los dos semestres anteriores y el a\u00f1o siguiente decidi\u00f3 invitarla a su despacho para hablar. Hannah llevaba ese d\u00eda un impermeable y un sombrero que le tapaba mucho la cara. Apenas pod\u00eda dejar la timidez que la ten\u00eda atrapada, la voz no le sal\u00eda de la garganta y s\u00f3lo consegu\u00eda emitir muy flojito las palabras \u00abs\u00ed\u00bb y \u00abno\u00bb. Era una mujer bell\u00edsima, jud\u00eda, y enormemente inteligente, retra\u00edda pero a la vez segura de s\u00ed misma, era la chica que durante las clases no le quitaba los ojos de encima y que \u00e9l miraba tambi\u00e9n con admiraci\u00f3n y sorpresa. El 10 de febrero de 1925 Heidegger le escribe la primera carta, formal pero cari\u00f1osa, de un extra\u00f1o lirismo. En el papel alaba sus cualidades intelectuales y espirituales y le recomienda que se mantenga fiel a s\u00ed misma. Cuatro d\u00edas m\u00e1s tarde, en la siguiente carta ya no le llama \u00abquerida se\u00f1orita Arendt\u00bb sino \u00abquerida Hannah\u00bb. Por fin, dos semanas m\u00e1s tarde le env\u00eda dos simples l\u00edneas que dejan entender que han llegado a una determinada intimidad. Se convierten en amantes furtivos y ella se somete a todas las exigencias de su profesor. El secreto debe ser absoluto. Su mujer no debe saber nada, es celosa e inquisitiva, y no ve con buenos ojos la bandada de j\u00f3venes estudiantes femeninas que rodean a su hombre en la facultad. Tampoco se ha de enterar ning\u00fan miembro de la universidad ni ninguna persona de Marburg. Se integran la una al otro de manera completa, llevando una doble vida llena de emociones exaltadas. Se intercambian mensajes cifrados por los conductos m\u00e1s inveros\u00edmiles, preparan minuciosamente sus encuentros amorosos y se comunican a distancia por un ingenioso sistema de luces encendidas y apagadas, de ventanas y puertas que se abren o se cierran para advertir del peligro, de la ocasi\u00f3n, de la posibilidad, del cambio de planes. Naturalmente, Heidegger no tiene intenci\u00f3n alguna de poner fin a su matrimonio, s\u00f3lo disfruta de la relaci\u00f3n tanto como puede sin hacerse m\u00e1s preguntas. Hannah se muestra comprensiva porque no puede hacer otra cosa y nunca se atreve pedirle nada a su campe\u00f3n de la inteligencia filos\u00f3fica. S\u00f3lo tiene dieciocho a\u00f1os y quiere vivir el amor inici\u00e1tico con \u00e9l. De hecho lo protege y se muestra en todo momento c\u00f3mplice, obediente porque no quiere que \u00abpor culpa del amor que te tengo todo sea mucho m\u00e1s pesado para ti, mucho m\u00e1s pesado de lo necesario\u00bb. Se entrega completamente porque sabe que es la \u00fanica manera de tener la experiencia que est\u00e1 teniendo como mujer adulta. Es un amor prohibido porque Heidegger est\u00e1 casado y porque ella es jud\u00eda y \u00e9l es uno de los pensadores de la Alemania ultraconservadora. Un amor prohibido pero que ambos sienten que es a la vez inevitable. Se ven durante las sesiones de discusi\u00f3n filos\u00f3fica y durante algunos eventos especiales, como durante la recepci\u00f3n ofrecida al maestro de Heidegger, Edmund Husserl, en la universidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Podemos ver c\u00f3mo el fil\u00f3sofo est\u00e1 completamente trastornado por el amor inapropiado que siente por Hannah en una carta del 27 de febrero de 1925. Tambi\u00e9n podemos ver c\u00f3mo no sabe lo que es realmente demon\u00edaco, c\u00f3mo a\u00fan no ha visto lo que conllevar\u00e1 el nazismo, c\u00f3mo a\u00fan no ha aprendido lo que le conviene y lo que no:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00abQuerida Hannah,<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El demon\u00edaco me ha golpeado con fuerza. La oraci\u00f3n calmante de tus queridas manos juntas y de tu frente resplandeciente son las almas tutelares, en la transfiguraci\u00f3n que ha conseguido tu feminidad. Nunca me hab\u00eda pasado nada parecido\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El semestre terminar\u00e1 pronto y Heidegger decide establecer distancias con su amada Hannah; quiere dejarla de ver, probablemente porque ya no soporta la tensi\u00f3n y la exaltaci\u00f3n de una doble vida. Porque se da cuenta de que realmente est\u00e1 enamorado y se convence a s\u00ed mismo que no se lo puede permitir m\u00e1s tiempo. Le env\u00eda un librito como regalo y le ruega que antes de que se vaya le env\u00ede cuatro l\u00edneas. \u00bfSabe el fil\u00f3sofo que la madre de Hannah es una socialdem\u00f3crata y feminista combativa que admira la figura de Rosa Luxemburgo, que la chica ha sido educada en la igualdad? Cuanto m\u00e1s se analiza la relaci\u00f3n entre los dos m\u00e1s nos damos cuenta de que todo son inconvenientes, que todo son peligros y fuerzas poderosas que trabajan para separar a los dos amantes. Heidegger se siente rejuvenecido y pleno de fuerza, encantado y concentrado al mismo tiempo, l\u00facido y confundido, y se da cuenta de la importancia del efecto ben\u00e9fico del factor humano que es Hannah sobre su biograf\u00eda. El est\u00edmulo no s\u00f3lo ha sido ven\u00e9reo, sino tambi\u00e9n profundamente intelectual, porque se da cuenta que s\u00f3lo ella comprende el alcance de su pensamiento metaf\u00edsico, la complejidad de sus preguntas filos\u00f3ficas, s\u00f3lo ella entiende la aventura intelectual que se trae entre manos. Los libros de pensamiento que Hannah Arendt escribir\u00e1, a\u00f1os despu\u00e9s, confirman esta apreciaci\u00f3n, aunque su maestro no los lea o s\u00f3lo los hojee de paso. Una vez consumado el quebrantamiento, Heidegger se refugia en el trabajo, se sumerge en el mismo incansablemente y consigue terminar la primera versi\u00f3n de &#8216;Ser y tiempo&#8217;, el gran libro, el poderoso libro que lo consagrar\u00e1 para siempre en la historia de la filosof\u00eda. Sin ella no habr\u00eda podido escribirlo, le confiesa, su papel ha sido fundamental, es su musa, efectivamente, pero no intenta retenerla. No la quiere a su lado. Se vuelven a encontrar algunas otras veces, espor\u00e1dicas, en secreto, pero finalmente dejan de verse. \u00c9l quiere mantener la relaci\u00f3n fuera de la ciudad donde vive y Hannah se da cuenta de que su tiempo junto al maestro se ha acabado definitivamente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No volver\u00e1n a verse hasta el 1950, en el hotel donde est\u00e1 Hannah Arendt, Que ha conseguido escapar de la persecuci\u00f3n de los nazis y ahora es una ciudadana norteamericana, una prestigiosa profesora y fil\u00f3sofa, una de las grandes pensadoras del siglo pasado, reconocida. Despu\u00e9s del primer reencuentro, ahora simplemente como buenos y entra\u00f1ables amigos, como amantes con m\u00e1s pasado que presente, Arendt escribe a un confidente suyo que \u00aben el fondo me siento feliz simplemente por la confirmaci\u00f3n de que yo ten\u00eda raz\u00f3n en no olvidar\u00bb. Heidegger se ha revelado como un hombre d\u00e9bil detr\u00e1s de su m\u00e1scara de dureza y de arrogancia, como un est\u00fapido que se dej\u00f3 arrastrar por el nazismo con una ingenuidad imperdonable, que posee una sensibilidad que no est\u00e1 a la altura de la grandeza de su pensamiento te\u00f3rico, de su trabajo intelectual. Y Hannah Arendt, que tiene muchas y poderosas razones, personales y pol\u00edticas, por no volver a mirarle a la cara, para rechazarlo y odiarlo para siempre, se siente con la suficiente fortaleza humana como para no abandonar a su viejo maestro que ahora vive en una situaci\u00f3n muy precaria en la Alemania de la posguerra. Admira su talento como cuando era una joven estudiante, quiz\u00e1s a\u00fan m\u00e1s porque se ha hecho mayor, es m\u00e1s madura y ha conocido otros hombres y ha estudiado otros fil\u00f3sofos, y la figura de Martin Heidegger sigue siendo fundamental para ella. Le ayuda a traducir y promocionar su obra en Estados Unidos, donde entre en contacto con editoriales internacionales que le puedan aportar recursos econ\u00f3micos. La primera noche del reencuentro la pasan juntos, solos. \u00abMe parece que es la primera vez en nuestra vida que hemos hablado de verdad entre nosotros\u00bb explica por carta a un confidente. La alumna ya ha dejado de serlo y la joven t\u00edmida se ha convertido en una mujer adulta y experimentada que le mira directamente a los ojos, con sentimientos contrapuestos. Se siente lo bastante endurecida, castigada por la vida como para ser comprensiva y amistosa. No acepta reproches y, por esta raz\u00f3n, no los dirige tampoco a Martin Heidegger. Al fin y al cabo am\u00f3 mucho a aquel hombre que ahora se encuentra desconcertado tanto por la derrota nazi como por la visita de su vieja amiga. Al fin y al cabo lo sigue queriendo, de otro modo, sin duda, pero con suficiente intensidad, libremente.<\/p>\n<p>EL TEMPS<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los amores prohibidos hacen que los amantes se enfrenten a sus propias contradicciones. Martin Heidegger, uno de los fil\u00f3sofos m\u00e1s importantes de la historia, dec\u00eda que quer\u00eda Alemania y Hitler por encima de todo. 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