{"id":40208,"date":"2018-08-03T15:11:14","date_gmt":"2018-08-03T14:11:14","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=40208"},"modified":"2018-08-03T15:11:14","modified_gmt":"2018-08-03T14:11:14","slug":"un-desorden-global-sin-alternativas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/un-desorden-global-sin-alternativas\/","title":{"rendered":"\u00bfUn \u00abdesorden global\u00bb sin alternativas?"},"content":{"rendered":"<p>El nuevo \u00abdesorden global\u00bb adopta la forma de una confrontaci\u00f3n muy parecida a la del per\u00edodo de entreguerras del siglo XX, salvo por una diferencia crucial. Antes, el conflicto enfrentaba a dos revoluciones: una fascista y otra comunista, que el capitalismo amenazado trataba de cooptar o frenar a su favor. Ahora, en cambio, no hay ninguna alternativa real al capitalismo. Los l\u00edmites de la imaginaci\u00f3n son el mercado o la propia comunidad identitaria.<\/p>\n<p>En la d\u00e9cada de 1990, el conocido paleont\u00f3logo Stephen Jay Gould formul\u00f3 la teor\u00eda del \u00abequilibrio puntuado\u00bb que se ajusta a los registros f\u00f3siles mejor que el ortodoxo gradualismo darwiniano. Este modelo describe largos periodos de estasis o estabilidad de las especies biol\u00f3gicas bruscamente \u00abpuntuada\u00bb por breves per\u00edodos de cambios r\u00e1pidos, intensos y decisivos a escala geol\u00f3gica. Los per\u00edodos de estabilidad duran millones de a\u00f1os mientras que los de cambio abarcan decenas de miles, cifras en cualquier caso inasibles para la imaginaci\u00f3n humana. La vida evoluciona a trompicones, alternando las largas siestas (compuestas, eso s\u00ed, de luchas y tumultos) con los acelerones tr\u00e1gicos y las cat\u00e1strofes vertiginosas. En este modelo ni la estabilidad ni el cambio concentran mayor verdad, justicia o progreso natural que su contrario.<\/p>\n<p>Si se nos permite la licencia de extrapolar este modelo a la escala antropom\u00e9trica, podr\u00edamos decir que la historia humana se comporta de la misma manera. La \u00faltima siesta de la historia se llam\u00f3 Guerra Fr\u00eda y, como para confirmar que estabilidad y paz no son sin\u00f3nimos, produjo cien guerras y millones de muertos. Conten\u00eda, en todo caso, una regla geopol\u00edtica y social que, a partir de 1990, se ha ido descomponiendo muy deprisa. Algunas veces lo he contado de esta manera: el r\u00e1pido deshielo de la Guerra Fr\u00eda, puntuado de reivindicaciones democr\u00e1ticas a escala mundial (las \u00abrevoluciones de colores\u00bb, s\u00ed, pero tambi\u00e9n el ciclo progresista latinoamericano) tuvo su \u00faltima expresi\u00f3n en el \u00abmundo \u00e1rabe\u00bb, congelado desde la Segunda Guerra Mundial, donde se hab\u00edan atrincherado las \u00faltimas dictaduras del planeta. En respuesta a la larga sacudida popular de 2011 -de Marruecos a Bahr\u00e9in- distintas \u00abcontrarrevoluciones\u00bb enfrentadas entre s\u00ed acabaron chocando en Siria, con un enfrentamiento multinacional por v\u00eda interpuesta que revel\u00f3 la debilidad de Estados Unidos como potencia hegem\u00f3nica y abri\u00f3 paso a un \u00abnuevo desorden global\u00bb. Tiene raz\u00f3n el intelectual sirio Yassin Al-Haj Saleh cuando insiste en la centralidad de Siria en este aceler\u00f3n y desplazamiento del marco geopol\u00edtico, y no solo por los cambios que ha introducido sino por los que ha iluminado: de alg\u00fan modo \u00abhac\u00eda falta\u00bb la \u00abguerra siria\u00bb para que tom\u00e1ramos nota de las esperanzas fallidas y de las transformaciones ya acaecidas.<\/p>\n<p>Este nuevo \u00abdesorden global\u00bb que, en el mundo \u00e1rabe, ha restablecido bajo nuevas formas el viejo c\u00edrculo vicioso y sin salida de dictaduras, intervenciones y yihadismo ha revelado, asimismo, la crisis pol\u00edtica y civilizacional de Europa y EEUU y ha invertido el impulso popular democr\u00e1tico de 2011 en un proceso de \u00abdesdemocratizaci\u00f3n\u00bb general que, con la elecci\u00f3n de Donald Trump, parece cerrar definitivamente un ciclo e inaugurar otro dominado ahora por el autoritarismo, la contracci\u00f3n identitaria y la erosi\u00f3n dram\u00e1tica de los Estados de Derecho. La r\u00e1pida transici\u00f3n, pre\u00f1ada de otros mundos posibles y fallidos, ha desembocado -tambi\u00e9n muy deprisa- en un marco nuevo en el que todo lo que a\u00fan nos resulta familiar es peligroso y todo lo que nos resulta desconocido es, por eso mismo, amenazador.<\/p>\n<p>La tentativa de aplicar los viejos esquemas de la Guerra Fr\u00eda a un estallido cuya l\u00f3gica era puramente interna da\u00f1\u00f3 al mismo tiempo las esperanzas populares y la fortaleza de las potencias implicadas. Todas ellas reaccionaron con los atavismos reflejos de la pol\u00edtica de bloques y, si echaron por tierra los cambios democr\u00e1ticos en la regi\u00f3n \u00ab\u00e1rabe\u00bb, lo hicieron a costa de la propia estabilidad interna y externa en un mundo privado de pronto de verdadero hegem\u00f3n. El caso, por ejemplo, de la Am\u00e9rica Latina progresista es ejemplar: en la periferia de un conflicto en el que siempre fue a remolque, abandon\u00f3 a los pueblos en rebeld\u00eda para alinearse de manera instintiva en un bloque que ya no exist\u00eda y que esa misma rebeld\u00eda cuestionaba. El posicionamiento de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Cuba al lado de los dictadores \u00abantiimperialistas\u00bb, no solo facilit\u00f3 en Medio Oriente la respuesta contrarrevolucionaria de los \u00abimperialistas\u00bb sino que aceler\u00f3 en el continente americano el fin del llamado \u00abciclo progresista\u00bb. El nuevo marco en el que hoy celebran sus cumbres Vlad\u00edmir Putin y Trump o Nicol\u00e1s Maduro y Recep Tayyip Erdo\u011fan es un mundo fluido y casi subat\u00f3mico en lo que ata\u00f1e a las alianzas y muy p\u00e9treo, uniforme y sombr\u00edo en su calidad democr\u00e1tica. En lugar de bloques hay cristales caleidosc\u00f3picos muy provisionales; en lugar de \u00absocialismo del siglo XXI\u00bb tenemos reto\u00f1os inquietantes del siglo XIX. Como he escrito en otras oportunidades, estamos retrocediendo a los comienzos de la centuria pasada: nos enfrentamos a un Weimar global de conflictos inter-imperialistas no ideol\u00f3gicos, como en la Primera Guerra Mundial, pero ahora con armas de destrucci\u00f3n masiva, crisis ecol\u00f3gica y nuevas tecnolog\u00edas que aceleran los cambios al mismo tiempo que promueven la ilusi\u00f3n de cambio como motor a su vez de nuevos cambios.<\/p>\n<p>Si dejamos a un lado los pueblos, el gran perdedor de este \u00abaceler\u00f3n\u00bb es Europa. Tanto la desdemocratizaci\u00f3n como la reconfiguraci\u00f3n caleidosc\u00f3pica de las alianzas debilitan la posici\u00f3n \u00absemihegem\u00f3nica\u00bb de Europa. El Brexit, la guerra comercial promovida desde EEUU, la rusofobia institucional y el \u00abdestropopulismo\u00bb neofascista amenazan la existencia misma de la Uni\u00f3n Europea y condenan a Europa a un papel cada vez m\u00e1s perif\u00e9rico. La respuesta, estrictamente neoliberal y crecientemente autoritaria acelera esta disoluci\u00f3n entr\u00f3pica. Habr\u00eda que detenerse en un minucioso an\u00e1lisis econ\u00f3mico y antropol\u00f3gico, pero la cuesti\u00f3n decisiva es esta: en alg\u00fan sentido, la \u00abregla de cambio\u00bb gouldiana que reg\u00eda la historia de Europa desde 1789 se ha quebrado. Por contarlo de una manera sencilla y banal, podemos decir que desde hace doscientos a\u00f1os la juventud europea transformaba -o intentaba transformar- la sociedad cada treinta a\u00f1os a trav\u00e9s de una triple experiencia: una guerra, una revoluci\u00f3n y un movimiento po\u00e9tico. Los movimientos po\u00e9ticos han desaparecido en el seno de las nuevas tecnolog\u00edas, cuyo proceso constituyente ininterrumpido hace imposible la m\u00ednima estabilidad que necesita todo estilo y toda ruptura est\u00e9tica con el pasado. En cuanto a las guerras, que vuelven a lamer la periferia (primero los Balcanes, ahora Ucrania), el esfuerzo que se ha hecho por mantenerlas \u00abfuera\u00bb es inseparable de la experiencia misma de la UE, pero tambi\u00e9n ahora de su quiebra. Por fin y respecto de la revoluci\u00f3n, el modelo \u00abfranc\u00e9s\u00bb dominante durante dos siglos muri\u00f3 precisamente en Francia en 1968. Quiz\u00e1s esta muerte sea buena adem\u00e1s de inevitable -la discusi\u00f3n ser\u00eda larga y no nos pondr\u00edamos de acuerdo- pero lo cierto es que la \u00abregla de cambio\u00bb no es ya la hist\u00f3rica que asociaba juventud a revoluci\u00f3n. En los \u00faltimos cincuenta a\u00f1os la juventud europea ha quedado absorbida en el imaginario del mercado al mismo tiempo que expulsada del mercado laboral, contradicci\u00f3n que hace tan necesaria como imposible la revoluci\u00f3n y que -por cierto- deja fuera de juego a la izquierda (al menos a la realmente existente) en la construcci\u00f3n de cualquier nuevo marco de transformaci\u00f3n que excogitemos.<\/p>\n<p>En ausencia de la \u00abregla de cambio\u00bb que haga efectivo el cambio social que la crisis demanda, la desdemocratizaci\u00f3n de Europa -y de buena parte del mundo- adopta la forma de una confrontaci\u00f3n muy parecida a la del per\u00edodo de entreguerras del siglo XX, salvo por una diferencia crucial. Hace noventa a\u00f1os el conflicto enfrentaba a dos revoluciones, una fascista y otra comunista, que el capitalismo amenazado trataba de cooptar o frenar a su favor. Hoy no hay ninguna alternativa real -ni buena ni mala ni regular- al capitalismo. Tampoco hay ninguna revoluci\u00f3n en marcha. O, mejor dicho: la \u00fanica revoluci\u00f3n real es precisamente la del neoliberalismo, con la devastaci\u00f3n de los territorios -colectivos e \u00edntimos- que acompa\u00f1a su ininterrumpido proceso constituyente. La \u00fanica alternativa real al capitalismo es la de una demanda de seguridad, muy conservadora e identitaria, de la que se han apropiado los \u00abdestropopulismos\u00bb y los neofascismos. Frente al capitalismo y sus horrores, los europeos no quieren democracia ni Estado de Derecho. Los europeos no quieren tampoco Europa. No quieren, desde luego, una revoluci\u00f3n socialista o un \u00abhombre nuevo\u00bb; quieren seguridad y bienestar en los l\u00edmites de su imaginaci\u00f3n. \u00bfY cu\u00e1les son los l\u00edmites de su imaginaci\u00f3n? El mercado y la propia comunidad identitaria (naci\u00f3n, barrio o militancia especializada).<\/p>\n<p>Desde un punto de vista geopol\u00edtico, a los bloques ha sucedido un desorden global caleidosc\u00f3pico de conflictos interimperialistas sin ideolog\u00eda. En t\u00e9rminos pol\u00edticos se trata de una confrontaci\u00f3n entre revoluci\u00f3n capitalista y comunitarismo destropopulista que alimenta, cualquiera que sea el resultado, la \u00abdesdemocratizaci\u00f3n global\u00bb y deja fuera de juego a la izquierda, tentada unas veces por el progresismo neoliberal y otras por el comunitarismo autoritario. La batalla que se ha perdido es la de los l\u00edmites -materiales- de la imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/nuso.org\/articulo\/un-desorden-global-sin-alternativas\/\">http:\/\/nuso.org\/articulo\/un-desorden-global-sin-alternativas\/<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El nuevo \u00abdesorden global\u00bb adopta la forma de una confrontaci\u00f3n muy parecida a la del per\u00edodo de entreguerras del siglo XX, salvo por una diferencia crucial. Antes, el conflicto enfrentaba a dos revoluciones: una fascista y otra comunista, que el capitalismo amenazado trataba de cooptar o frenar a su favor. 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