{"id":40002,"date":"2018-07-09T16:16:23","date_gmt":"2018-07-09T15:16:23","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=40002"},"modified":"2018-07-09T16:16:23","modified_gmt":"2018-07-09T15:16:23","slug":"ultima-carga-de-los-cosacos-del-don","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/ultima-carga-de-los-cosacos-del-don\/","title":{"rendered":"\u00daltima carga de los cosacos del Don"},"content":{"rendered":"<p>No hab\u00eda cosa que m\u00e1s temieran los jud\u00edos y los mujiks de Rusia y Ucrania que los ataques cosacos. Sin embargo, la ultima carga de los cosacos no fue ni en Rusia ni en Ucrania: fue, aunque suene inveros\u00edmil, en la frontera entre Italia y Austria, m\u00e1s precisamente en las monta\u00f1as que separan a Trieste de Austria, una tierra de nadie que, durante unas pocas semanas de 1945, fue la Rep\u00fablica Aut\u00f3noma de Cosakia por decreto de las SS del Reich, casi p\u00f3stumas para entonces. En esas monta\u00f1as, conocidas como el paso del Carnia, hay unos pocos pueblos perdidos de monta\u00f1eses, y en cada uno de esos pueblos hay un bar donde, generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n, los parroquianos viejos repiten a los m\u00e1s j\u00f3venes la historia que les voy a contar.<\/p>\n<p>Cuando los nazis encararon la invasi\u00f3n de Rusia, reclutaron al general Piotr Krasnov, gran atam\u00e1n de los cosacos del Don, para que sumara su legi\u00f3n a las fuerzas del Tercer Reich. Krasnov, que hab\u00eda tomado el camino del exilio luego de la derrota del Ej\u00e9rcito Blanco contra los bolcheviques, llevaba veinte a\u00f1os escribiendo con moderado \u00e9xito novelitas t\u00e1rtaras de caballer\u00eda, pero parti\u00f3 en el acto a convencer a sus huestes, que estaban bastante desmembradas: habl\u00f3 con obreros de la Renault en Billancourt, porteros de hotel en Berl\u00edn, choferes en Zurich y acr\u00f3batas de a caballo en circos transhumantes, a toda esa variopinta fauna visit\u00f3 el atam\u00e1n Krasnov para convencerlos de que s\u00f3lo ellos, los viejos cosacos del Don, pod\u00edan derrotar a los ej\u00e9rcitos de Stalin. Lleg\u00f3 a juntar cincuenta mil hombres, que aceptaron a Hitler como comandante supremo de las fuerzas cosacas y partieron al frente oriental, a cambio de la promesa del Reich de que se les otorgar\u00eda un territorio en Ucrania, para crear all\u00ed su patria, terminadas las hostilidades.<\/p>\n<p>Los cosacos hab\u00edan defendido hist\u00f3ricamente de los t\u00e1rtaros los territorios del Zar, aunque ten\u00edan mucha m\u00e1s afinidad con los t\u00e1rtaros que con el Zar (de hecho, se jactaban de ser los \u00fanicos en Rusia que lo desobedec\u00edan cuando quer\u00edan). Algunos de aquellos cosacos llegaron a pelear junto a Lenin en el 17, creyendo que, sin zares, volver\u00edan los buenos tiempos de la autonom\u00eda an\u00e1rquica. Pero en cuanto comprendieron que los bolcheviques no los ve\u00edan como otra cosa que perros de guerra, se pasaron sin prurito al Ej\u00e9rcito Blanco, y cuando los blancos fueron derrotados ofrecieron a Lenin crear un \u201cestado cosaco-bolchevique\u201d donde no mandaran los sovi\u00e9ticos. Desde entonces vegetaban en el exilio, esperando cualquier oportunidad que les permitiera volver a Rusia, o al menos volver a guerrear. As\u00ed que recibieron con los brazos abiertos aquel llamado a filas de su atam\u00e1n, el general Krasnov.<\/p>\n<p>Los regimientos cosacos sufrieron una derrota tras otra junto al ej\u00e9rcito nazi en el frente oriental, pero no les import\u00f3: por primera vez no peleaban hasta la muerte; peleaban para tener por fin una patria propia. La retirada los fue empujando, junto con las tropas alemanas, desde Bielorrusia hacia el sur, pero no se desbandaron porque la promesa del Reich se manten\u00eda, s\u00f3lo que el territorio ofrecido iba cambiando a medida que los nazis perd\u00edan dominios. A fines de 1944, lo \u00fanico que les quedaba para ofrecer a los cosacos eran esas monta\u00f1as perdidas donde Austria y Eslovenia desembocan en Italia. As\u00ed que hacia esas monta\u00f1as convergieron, en la nieve, los regimientos de Krasnov. Los monta\u00f1eses de Carnia los vieron llegar: diecisiete grupos lingu\u00edsticos diferentes, llegados a caballo o en camello o en carromatos indescriptibles, rebalsando de mujeres y ni\u00f1os tan salvajes como sus due\u00f1os. Hab\u00eda tantos generales como soldados (se dec\u00eda que en aquella tropa era m\u00e1s f\u00e1cil ponerse galones que ensillar un caballo robado). S\u00f3lo el atam\u00e1n Krasnov se privaba de su montura, por sufrir de gota: se mov\u00eda en un peque\u00f1o Fiat con chofer, custodiado por una guardia de veinticuatro cosacos a caballo armados hasta los dientes.<\/p>\n<p>En ese mismo Fiat emprendi\u00f3 la retirada con sus huestes cuando las fuerzas aliadas y los partisanos de la Brigada Garibaldi ocuparon Trieste y avanzaron hacia las monta\u00f1as. Krasnov y sus cosacos retrocedieron hasta la frontera austr\u00edaca con el prop\u00f3sito de hacerse fuertes all\u00ed y recuperar su territorio (se dec\u00eda que hab\u00edan dejado enterrado un tesoro en aquellas monta\u00f1as: el fruto de sus saqueos por Europa). Pero al llegar a la frontera se toparon con la noticia de la rendici\u00f3n nazi y supieron que su aventura hab\u00eda terminado. Krasnov negoci\u00f3 con los ingleses que se rendir\u00edan con una sola condici\u00f3n: no ser entregados a los sovi\u00e9ticos. Los ingleses incumplieron famosamente su promesa. Ten\u00edan a los cosacos en un campo de detenci\u00f3n rodeado en tres de sus lados por alambre de p\u00faas y en el lado restante por las aguas heladas del r\u00edo Drau. Una madrugada, cumpliendo los pactos secretos de Yalta entre Churchill y Stalin, los ingleses entraron en el campo con camiones, para cargar a los prisioneros y entregarlos al Ej\u00e9rcito Rojo. Los cosacos no lo permitieron. Ataron a sus monturas bolsas llenas de piedras y, con sus mujeres y beb\u00e9s en brazos, se fueron arrojando en masa a las turbulentas aguas del r\u00edo Drau.<\/p>\n<p>Unos pocos hac\u00edan frente a los brit\u00e1nicos mientras el resto se inmolaba de esa manera. Los ingleses s\u00f3lo lograron entregar a los sovi\u00e9ticos una d\u00e9cima parte de aquellos cincuenta mil (que terminaron ejecutados o en Siberia); el resto dej\u00f3 su vida aquella madrugada en las aguas del r\u00edo Drau. Ese tr\u00e1gico suicidio colectivo sell\u00f3 para siempre lo que piensan los monta\u00f1eses de Carnia acerca de los cosacos de Krasnov. Cada noche, cuando hablan de ellos en el \u00fanico bar de su pueblo, en cada pueblo de las monta\u00f1as de Carnia, no rememoran las hambrunas que pasaron en esos tiempos ni el p\u00e1nico que los embarg\u00f3 al enterarse de que los nazis les hab\u00edan dado derecho a saqueo a los cosacos y que eso ven\u00edan de hacer por aldeas de media Europa. S\u00f3lo recuerdan aquel gigantesco campamento en la nieve donde conviv\u00edan caballos, camellos y humanos que hablaban diecisiete lenguas diferentes. Y son capaces de describir como si la hubieran visto con sus propios ojos aquella \u00faltima carga desesperada, suicida, a las aguas negras del r\u00edo Drau.<\/p>\n<p>Claudio Magris recorri\u00f3 esos pueblos de monta\u00f1a, pas\u00f3 largas horas en aquellos bares de mala muerte escuchando a sus parroquianos y escribi\u00f3 una novela emocionante con esa historia, que titul\u00f3 Conjeturas sobre un sable. Pero no logr\u00f3 convencer a los parroquianos de que el atam\u00e1n Krasnov no se suicid\u00f3 junto a sus hombres sino que fue entregado por los ingleses a Mosc\u00fa, donde se lo juzg\u00f3 por alta traici\u00f3n y fue ahorcado en 1947. Los monta\u00f1eses de Carnia descreen de todo lo que llega de las grandes ciudades. Eso incluye a Magris, a los historiadores y tambi\u00e9n a los oportunistas que aparecen cada tanto, buscando el tesoro perdido de los cosacos. Para los parroquianos de esos bares solitarios en las monta\u00f1as Carnia, Krasnov y sus huestes y el tesoro enterrado y nunca hallado pertenecen a un mismo orden. As\u00ed como pasaron por este mundo lo abandonaron despu\u00e9s, con el mismo estruendo y furor, dejando detr\u00e1s lo \u00fanico que eran capaces de dejar, lo \u00fanico que supieron tener en vida, lo \u00fanico en lo que eran capaces de creer: su leyenda, su sorda y ciega y espeluznante leyenda.<\/p>\n<p>PAGINA 12<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No hab\u00eda cosa que m\u00e1s temieran los jud\u00edos y los mujiks de Rusia y Ucrania que los ataques cosacos. 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