{"id":39930,"date":"2018-07-02T11:51:32","date_gmt":"2018-07-02T10:51:32","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=39930"},"modified":"2018-07-02T11:51:32","modified_gmt":"2018-07-02T10:51:32","slug":"antropoceno-cuando-el-futuro-nos-alcanza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/antropoceno-cuando-el-futuro-nos-alcanza\/","title":{"rendered":"Antropoceno: cuando el futuro nos alcanza"},"content":{"rendered":"<p>Algunos cient\u00edficos est\u00e1n anunciando una nueva \u00e9poca geol\u00f3gica que, por primera vez en la historia de la Tierra, vendr\u00eda determinada por la influencia directa de los humanos en los equilibrios del planeta. Un debate abierto que, en cualquier caso, supone una alerta sobre temas trascendentales como el cambio clim\u00e1tico<\/p>\n<p>En el curso de un congreso cient\u00edfico celebrado en M\u00e9xico en el a\u00f1o 2000, el premio Nobel de Qu\u00edmica Paul Crutzen se dirigi\u00f3 a sus colegas y dijo que, en realidad, ya no vivimos en el holoceno: \u201c\u00a1Estamos en el antropoceno!\u201d. Por una raz\u00f3n muy sencilla: los seres humanos han transformado en tal grado el planeta desde el comienzo de la revoluci\u00f3n neol\u00edtica \u2013propiciada a su vez por el fin de la \u00faltima edad de hielo\u2013 que no podemos seguir usando el mismo vocabulario. De ah\u00ed la nueva palabra: ese antropoceno que, desde ese momento inaugural, se ha abierto paso con vigor en los laboratorios y fuera de ellos.<\/p>\n<p>Disciplinas tan variadas como la arqueolog\u00eda, la geograf\u00eda, la teor\u00eda pol\u00edtica, la filosof\u00eda, el derecho, la ingenier\u00eda, la historia y la antropolog\u00eda est\u00e1n acompa\u00f1ando a las ciencias naturales en la exploraci\u00f3n de este poderoso concepto. As\u00ed que poco a poco va cundiendo la impresi\u00f3n de que el futuro ha terminado por alcanzarnos y nos encontramos en el gozne que separa dos \u00e9pocas: entre el confort relativo del holoceno y la incertidumbre planetaria del antropoceno. Un cambio de paradigma que pone sobre la mesa preguntas nada ligeras sobre el modo en que organizamos las relaciones sociona\u00adturales.<\/p>\n<p>Puede que el episodio original, relatado por testigos presenciales, se haya embellecido. Pero Paul Crutzen sabe de lo que habla: fueron sus investigaciones sobre la atm\u00f3sfera las que permitieron identificar el agujero de la capa de ozono y atribuir su existencia a la acci\u00f3n humana. A sus ojos, seguir hablando de los sistemas naturales sin referencia a la influencia humana no tiene ya sentido. Es esa intuici\u00f3n, asentada en un abrumador cuerpo de datos, la que se encuentra en la base de la hip\u00f3tesis del antropoceno. De hecho, el t\u00e9rmino lo ven\u00eda empleando informalmente el bi\u00f3logo Eugene Stoermer, con quien Crutzen public\u00f3 la primera pieza sobre el tema. Y hubo otras prefiguraciones: el periodista Andy Revkin habl\u00f3 del antroceno en su libro sobre el cambio clim\u00e1tico de 1992 y el cantante Nick Cave ha titulado as\u00ed una de sus canciones. No es de extra\u00f1ar: los soci\u00f3logos del riesgo, as\u00ed como algunos ecologistas, llevan un tiempo hablando del fin de la naturaleza. La vieja preocupaci\u00f3n por el impacto humano sobre el mundo natural, presente en nuestra cultura desde el romanticismo, ha adoptado as\u00ed una forma nueva y se expresa en la idea de que la humanidad es ya un agente de cambio medioambiental a escala planetaria y quiz\u00e1 geol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Esta proposici\u00f3n cient\u00edfica tiene dos vertientes que conviene separar cuidadosamente: una es geol\u00f3gica y la otra corresponde a las llamadas ciencias del sistema terrestre. Es esta \u00faltima una disciplina de conformaci\u00f3n todav\u00eda reciente: la hip\u00f3tesis Gaia, formulada por James Lovelock y Lynn Margulis a comienzos de los a\u00f1os setenta, postul\u00f3 que el planeta es un organismo autorregulado y que los organismos vivos \u2013cuyo conjunto forma la biosfera\u2013 regulan el clima del planeta como si fuera un termostato, asegurando las condiciones necesarias para la vida. Y aunque hoy se considera que ese mecanismo de regulaci\u00f3n clim\u00e1tica es geoqu\u00edmico y no biosf\u00e9rico, la idea de que la Tierra funciona como un sistema complejo y din\u00e1mico ha estimulado el desarrollo de una comunidad disciplinar que se ocupa de estudiar esos sistemas y procesos. Entre ellos, decisivamente, el clima: la alteraci\u00f3n antropog\u00e9nica del sistema clim\u00e1tico causada por la liberaci\u00f3n de ingentes cantidades de CO2desde que se inventase el motor de combusti\u00f3n act\u00faa ya de suyo sobre otros sistemas planetarios, desde la capa de ozono hasta la circulaci\u00f3n oce\u00e1nica.<\/p>\n<p>Sin embargo, el impacto humano no se limita al clima. Tres cuartas partes de los caladeros marinos est\u00e1n sobreexplotados o cerca del l\u00edmite, mientras que en la superficie terrestre la masa de los seres humanos (32%) y de los animales domesticados (65%) apenas deja espacio al resto de la vida animal, lo que explica el descenso de la biodiversidad. Por otro lado, el 15% del flujo fluvial se ha visto alterado por las 45.000 presas de m\u00e1s de 15 metros existentes en el mundo, con el efecto correspondiente en la erosi\u00f3n y la sedimentaci\u00f3n. Y s\u00f3lo un cuarto de la superficie terrestre no helada es virgen, de la cual apenas un 20% son bosques y el 36% es est\u00e9ril: el resto estar\u00eda constituido por ecosistemas formados por antropomas (o biomas humanizados) que resultan de la alteraci\u00f3n antropog\u00e9nica de las formas y procesos naturales. Sumemos a eso los residuos derivados de la actividad humana, de una variedad casi obscena. El resultado es un planeta cuyos sistemas naturales est\u00e1n ahora acoplados a los sistemas sociales. A consecuencia de ello, el planeta est\u00e1 empezando a operar en una modalidad \u2013advierten Paul Crutzen y Will Steffen\u2013 para la que no tenemos analog\u00eda: rumbo a un equilibrio cuya benignidad para la especie no puede darse por descontada.<\/p>\n<p>No obstante, han sido los ge\u00f3logos quienes con m\u00e1s ah\u00ednco han defendido el antropoceno, elev\u00e1ndolo a la categor\u00eda de era geol\u00f3gica que vendr\u00eda a suceder al holoceno: ser\u00eda la tercera del periodo cuaternario y cierre de una era cenozoica que pertenece al e\u00f3n fanerozoico, iniciado hace 541 millones de a\u00f1os. Aunque ser\u00eda m\u00e1s exacto decir algunos ge\u00f3logos, concretamente los agrupados en el Anthropocene Working Group, el lobby informal que defiende la candidatura geol\u00f3gica del antropoceno ante la Comisi\u00f3n Internacional de Estratigraf\u00eda; este organismo y no otro es el que decide sobre la Escala del Tiempo Geol\u00f3gico. Que no todos los ge\u00f3logos apoyen esta propuesta, e incluso algunos vean el antropoceno como una manifestaci\u00f3n de la cultura pop, obedece menos a la rotundidad de los datos arriba expuestos que a las singularidades probatorias de la ciencia estratigr\u00e1fica. Esta requiere de un marcador f\u00f3sil a la vez global y sincr\u00f3nico que pudiera ser observado dentro de, pongamos, un mill\u00f3n de a\u00f1os. Para el paleoec\u00f3logo espa\u00f1ol Valent\u00ed Rull, las manifestaciones geol\u00f3gicas de la influencia humana propuestas con arreglo a estos criterios \u2013desde la revoluci\u00f3n industrial hasta las primeras pruebas nucleares\u2013 no acaban de tener la fijeza material que ser\u00eda deseable para dar prueba inequ\u00edvoca de la nueva \u00e9poca; el t\u00e9rmino ser\u00eda por ello m\u00e1s pol\u00edtico que cient\u00edfico. Pero no es una cuesti\u00f3n cerrada: el grupo de trabajo creado a tal fin est\u00e1 elaborando su propuesta formal y tardaremos todav\u00eda unos a\u00f1os en saber si el antropoceno ser\u00e1 oficialmente una nueva \u00e9poca geol\u00f3gica o, m\u00e1s bien, se limitar\u00e1 a dar nombre a un momento planetario o \u00e9poca his\u00adt\u00f3rica.<\/p>\n<p>Sea como fuere, en la b\u00fasqueda de ese momento inaugural del antropoceno podemos comprobar de qu\u00e9 modo operan las ciencias sociales y las humanidades cuando procesan conceptos cient\u00edficos con arreglo a sus propias l\u00f3gicas. Y es que las distintas alternativas son sopesadas en funci\u00f3n de sus cualidades simb\u00f3licas y explicativas: la revoluci\u00f3n neol\u00edtica permitir\u00eda se\u00f1alar el momento en que comienza la transformaci\u00f3n humana del planeta; el intercambio colombino, iniciado en 1492, pondr\u00eda el acento en la cualidad global del fen\u00f3meno; los inicios del industrialismo resaltar\u00edan el papel del capitalismo; los ensayos nucleares de los a\u00f1os cincuenta traer\u00edan al frente el papel de la tecnolog\u00eda; y la llamada Gran Aceleraci\u00f3n, que se extiende desde la segunda posguerra hasta la actualidad, enfatizar\u00eda los efectos del proceso iniciado con el neol\u00edtico. Pero la estratigraf\u00eda, claro est\u00e1, piensa en otros t\u00e9rminos.<\/p>\n<p>Algo parecido sucede con la propia palabra. O sea, con ese antropoceno que nos habla de un antropos cuya concreta identidad queda abierta. Porque el antropos es la especie humana en su conjunto, o sea, la suma de todos sus miembros, vivos y muertos, cuyo efecto agregado en el tiempo y el espacio es causa de la disrupci\u00f3n de los sistemas naturales. Pero el consumidor norteamericano tiene m\u00e1s influencia que el angole\u00f1o, lo que abre la puerta a una cr\u00edtica de la universalidad subyacente al t\u00e9rmino. M\u00e1s a\u00fan, no todos los grupos humanos tienen la misma responsabilidad a la hora de poner en marcha la econom\u00eda f\u00f3sil: quiz\u00e1 podr\u00edamos hablar del oligopoceno para se\u00f1alar a la \u00e9lite europea de los siglos XVIII y XIX. No es la \u00fanica denominaci\u00f3n alternativa: Jason Moore habla de capitaloceno, para individualizar la responsabilidad de este sistema de organizaci\u00f3n econ\u00f3mica, y Peter Sloterdijk se inclina por el tecnoceno con objeto de destacar el decisivo papel de la tecnolog\u00eda. Por su parte, la cr\u00edtica ecofeminista sospecha que detr\u00e1s del antropos se esconde un var\u00f3n que proyecta sobre el planeta valores t\u00edpicamente masculinos de control y dominio. Hay, como puede verse, para todos: la ciencia propone, pero no dispone.<\/p>\n<p>En buena medida, la preferencia por una explicaci\u00f3n u otra depende del modo en que se conceptualice a la humanidad y su relaci\u00f3n con el mundo natural. Para el ecologismo cl\u00e1sico, la historia de la cultura es toda ella la historia de un tr\u00e1gico desv\u00edo que lleva a la humanidad a alienarse del medio con el que viv\u00eda en armon\u00eda, hasta acabar \u2013mecanicismo filos\u00f3fico y econom\u00eda capitalista mediante\u2013 matando al mundo natural al que pertenece. Otra posibilidad es entender que aquello que Marx llamaba el modo de ser de la especie pasa por una adaptaci\u00f3n agresiva al entorno que implica forzosamente su transformaci\u00f3n: esa construcci\u00f3n del nicho ecol\u00f3gico mediante la cultura y la t\u00e9cnica de la que hablan algunos te\u00f3ricos de la evoluci\u00f3n. Desde este punto de vista, el ser humano no puede elegir: dominar el medio no es una elecci\u00f3n, sino una necesidad. Y s\u00f3lo cuando el medio est\u00e1 relativamente dominado puede el ser humano empezar a preocuparse por las consecuencias de ese dominio. Hablar del antropoceno y de sus implicaciones, a fin de cuentas, no deja de ser un formidable acto de reflexividad sin parang\u00f3n en el mundo natural.<\/p>\n<p>Ahora bien, el antropoceno no s\u00f3lo pone de manifiesto el protagonismo de la especie humana en el cambio planetario, sino que nos recuerda que tambi\u00e9n puede predicarse lo contrario: por m\u00e1s que podamos bautizar una era geol\u00f3gica con nuestro nombre, somos una an\u00e9cdota en la historia de la Tierra. Tal como ha se\u00f1alado el historiador Dipesh Chakrabarty, la transici\u00f3n del holoceno al antropoceno es el momento en que convergen tres temporalidades distintas: la terrestre, la humana, la industrial. Y recordemos que en el calendario c\u00f3smico popularizado por Carl Sagan, el Homo sapiens aparece a las 23.48 horas del \u00faltimo d\u00eda del a\u00f1o: apenas hace un instante si adoptamos una perspectiva de tiempo profundo. Si bien el templado holoceno nos ha permitido crear los derechos humanos y las orquestas sinf\u00f3nicas, la historia del planeta est\u00e1 llena de episodios de violencia tel\u00farica: extinciones masivas, glaciaciones inapelables, resquebrajamientos tect\u00f3nicos. As\u00ed que el antropoceno nos convierte en protagonistas mientras simult\u00e1neamente nos descentra, record\u00e1ndonos un brutal pasado geol\u00f3gico que podr\u00eda reproducirse en el futuro.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed se deduce que la especie no puede cruzarse de brazos ante las noticias que nos trae la ciencia: hay que hacer algo, aunque no sepamos exactamente qu\u00e9 hacer ni podamos hacer una sola cosa. En \u00faltimo t\u00e9rmino, el antropoceno nos recuerda que somos criaturas terrenales cuya supervivencia y bienestar depende de las condiciones de habitabilidad del planeta; por esas condiciones, en consecuencia, habremos de preocuparnos. \u00bfSignifica eso que debemos desmantelar la civilizaci\u00f3n industrial y retirarnos a los cuarteles de invierno de la vida comunitaria? No exactamente: significa que debemos tomarnos el problema clim\u00e1tico en serio y deliberar colectivamente acerca de la reorganizaci\u00f3n del entramado socionatural. Si es posible, evitando que los extremistas se apropien del debate: ni el catastrofismo ni el negacionismo son las mejores gu\u00edas para la reforma socioecol\u00f3gica. Ya que se trata de hacer lo posible dentro de lo razonable, ligando la sostenibilidad a la modernizaci\u00f3n y estimulando la reflexi\u00f3n moral sobre el modo en que nos vinculamos con \u2013o desvinculamos de\u2013 los dem\u00e1s seres vivos. El antropoceno podr\u00eda funcionar as\u00ed como una suerte de apocalipsis did\u00e1ctico, poniendo en marcha un proceso de ilustraci\u00f3n ecol\u00f3gica capaz de reintroducir al mundo no humano en el contrato social moderno.<\/p>\n<p>\u00bfPueden las democracias liberales lograr este objetivo? A decir verdad, tanto los elementos liberales como los democr\u00e1ticos plantean problemas a este respecto. Por un lado, el ejercicio de las libertades privadas produce efectos sist\u00e9micos cuando sumamos la totalidad de las acciones individuales diarias: cada coche, cada ducha, cada hijo. Por otro, las pol\u00edticas clim\u00e1ticas habr\u00e1n de contar con el apoyo de las clases medias globales y de quienes, en los pa\u00edses en desarrollo, aspiran a engrosar sus filas: una utop\u00eda austera dif\u00edcilmente marcar\u00e1 el camino del Manuel Arias Maldonado(M\u00e1laga, 1974) es profesor de Ciencia Pol\u00edtica en la Universidad de M\u00e1laga, autor de diversas obras sobre teor\u00eda pol\u00edtica, medio ambiente y movimientos sociales. Su \u00faltimo libro publicado es \u2018 Antropoceno. La pol\u00edtica en la era humana\u2019 (Taurus, 2018)<\/p>\n<p>LA VANGUARDIA<\/p>\n<p>http:\/\/www.lavanguardia.com\/cultura\/culturas\/20180701\/45483290004\/antropoceno-cuando-el-futuro-nos-alcanza.html<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algunos cient\u00edficos est\u00e1n anunciando una nueva \u00e9poca geol\u00f3gica que, por primera vez en la historia de la Tierra, vendr\u00eda determinada por la influencia directa de los humanos en los equilibrios del planeta. 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