{"id":39763,"date":"2018-06-15T16:33:16","date_gmt":"2018-06-15T15:33:16","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=39763"},"modified":"2018-06-15T16:33:16","modified_gmt":"2018-06-15T15:33:16","slug":"nuestra-antigona","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/nuestra-antigona\/","title":{"rendered":"Nuestra Ant\u00edgona"},"content":{"rendered":"<p>Nuestros Polinices y Palinuros, asi\u00e1ticos o africanos, mueren ahogados lejos de casa. Nuestras Ant\u00edgonas, de todas las naciones, reclaman el derecho de los vivos y de los muertos a un cuerpo y a una polis<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En su enorme e imprescindible <em>Ant\u00edgonas<\/em>, de 1991, el cr\u00edtico estadounidense George Steiner trataba de explicar la vitalidad de la obra de S\u00f3focles, cuyas met\u00e1stasis cubren por completo, y renuevan sin cesar, la historia de la cultura occidental. La conclusi\u00f3n de Steiner es que el enfrentamiento entre la hija de Edipo y su t\u00edo Creonte integra los cinco conflictos que definen la \u201ccondici\u00f3n humana\u201d. Hay otras grandes obras \u2013no s\u00e9, Hamlet, Fausto, Medea, D. Quijote\u2013 que dramatizan dos o tres, o incluso cuatro, de estos conflictos, pero s\u00f3lo <em>Ant\u00edgona<\/em> los trenza todos y, sin resolverlos, los pone una y otra vez en escena. \u00bfCu\u00e1les son? Estos cinco: entre hombre y mujer, entre j\u00f3venes y viejos, entre individuo y sociedad, entre vivos y muertos, entre humanos y dioses.<\/p>\n<p>Alguien dir\u00e1 \u2013apuntemos de paso\u2013 que Steiner se olvida del conflicto que para un marxista da sentido a todos los dem\u00e1s: el conflicto de clase. Un marxista heterodoxo podr\u00eda justificar este olvido de una de estas dos maneras. La primera incluyendo el conflicto de clase, sin olvidar su desbordante permeabilidad, en el conflicto entre el individuo y la sociedad. La otra, m\u00e1s dr\u00e1stica y quiz\u00e1s m\u00e1s atinada, recordando que el \u201cconflicto de clase\u201d no preside ni determina la \u201ccondici\u00f3n humana\u201d sino s\u00f3lo la \u201chistoria humana\u201d y que el riesgo de confundir ambas puede afectar radicalmente a nuestra relaci\u00f3n con la literatura. No es que la opacidad conflictiva de la condici\u00f3n humana en su versi\u00f3n \u201cdramatizada\u201d no tamice, e ilumine al trasluz, los avatares y contratiempos de la lucha de clases, pero conocemos sobradamente los peligros de querer volcar literariamente la una en la otra. Si podemos conocer algo de la \u201chistoria humana\u201d a trav\u00e9s de Balzac, de Dostoievski o de Dickens (no digamos de la poes\u00eda de Pound o de Lorca) es porque no se ocuparon directamente de ella; cada vez que el marxismo (o cualquier otra doctrina explicativa general a partir de una sedicente \u201ccontradicci\u00f3n principal\u201d) ha querido imponer la \u201chistoria humana\u201d a sus escritores y artistas, no s\u00f3lo ha empobrecido la literatura y el arte sino que, por eso mismo, nos ha dejado sin un recurso imprescindible para conocer la propia \u201chistoria humana\u201d. Nos puede cabrear que S\u00f3focles no nos hablara de la oligarqu\u00eda ateniense que explotaba precisamente el teatro para legitimar su dominio, pero que haya que buscarla \u2013y se la encuentre tambi\u00e9n\u2013 en el relato de una joven que se enfrenta a un rey para poder enterrar a su hermano revela hasta qu\u00e9 punto \u201ccondici\u00f3n humana\u201d e \u201chistoria humana\u201d no coinciden; hasta qu\u00e9 punto mantienen y mantendr\u00e1n siempre su proximidad as\u00edntota, sin disolverse jam\u00e1s la una en la otra, al menos \u2013justamente\u2013 mientras sigamos siendo \u201chist\u00f3ricos\u201d; mientras no seamos \u00e1ngeles desnudos o razones puras sin calcetines ni zapatos ni pies de barro. O por decirlo de otro modo: no podemos conocer \u201cde verdad\u201d el mundo sino a trav\u00e9s de la belleza \u2013que es b\u00e1sicamente \u201copacidad\u201d y, por lo tanto, tragedia. Y no podemos transformarlo para mejor \u2013el mundo\u2013 sin \u201cconocimiento\u201d y sin \u201cverdad\u201d.<\/p>\n<p>Volvamos, en todo caso, a Steiner y a sus cinco conflictos, fuente de la actualidad permanente de Ant\u00edgona, y <em>metr\u00f3n <\/em>tambi\u00e9n, a\u00f1adir\u00eda yo, del estado del mundo. \u00bfC\u00f3mo saber si progresa o retrocede la civilizaci\u00f3n? Por la respuesta que, en cada momento de la historia, cada sociedad concreta da a cada uno de estos conflictos, para los que, de cualquier manera, nunca habr\u00e1 una soluci\u00f3n definitiva. No deber\u00edamos so\u00f1ar siquiera con resolver la \u201ccondici\u00f3n humana\u201d, y no s\u00f3lo porque nos importa conservar el arte y la poes\u00eda sino para conservar asimismo nuestras ganas de compartir la mesa, la cama y la hierba con otros humanos; nuestras ganas de trabajar en la historia; nuestras ganas de rebelarnos, al mismo tiempo, contra toda injusticia y contra toda soluci\u00f3n definitiva; para conservar, en suma, junto al derecho a las condiciones materiales y colectivas de la felicidad, nuestro inalienable derecho a la infelicidad individual. No deber\u00edamos so\u00f1ar con resolver estos cinco conflictos nucleares, apenas rebajables, en el mejor de los casos, al antagonismo de una negociaci\u00f3n permanente. Lo que a trav\u00e9s de ellos s\u00ed podemos hacer es medir \u201cel estado de la civilizaci\u00f3n\u201d; la mayor o menor proximidad \u2013es decir\u2013 al incierto y provisional armisticio al que cabe modestamente aspirar.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es el estado del mundo hoy?<\/p>\n<p>No me centrar\u00e9 sino en uno de estos conflictos porque es el menos evidente: la relaci\u00f3n entre los vivos y los muertos. La cuesti\u00f3n de g\u00e9nero, las libertades p\u00fablicas, el conflicto generacional, revelan un mundo m\u00e1s bien maltrecho; en cuanto a los dioses, hace tiempo que abandonaron la polis a merced de \u201cestructuras\u201d, \u201cprocesos\u201d y \u201cprotocolos\u201d. Pero, \u00bfqu\u00e9 pasa con los muertos? \u00bfQu\u00e9 dicen nuestros muertos?<\/p>\n<p>Ant\u00edgona, se recordar\u00e1, quer\u00eda enterrar el cad\u00e1ver de su hermano Polinice, pasto de las bestias en virtud de un decreto del tirano Creonte; y para ello invocaba leyes \u201cm\u00e1s antiguas y m\u00e1s universales\u201d que las de los gobiernos. Como sabemos los muertos, en su extra\u00f1a, ambigua y desazonante condici\u00f3n de ex-vivos, se sit\u00faan en el l\u00edmite de la experiencia social, desde donde reclaman atenci\u00f3n. El descubrimiento del fuego \u2013con la cocina y la cer\u00e1mica como umbrales de la cultura humana\u2013 asoci\u00f3 la humanizaci\u00f3n misma, y la cuesti\u00f3n de la civilizaci\u00f3n, a la pregunta: \u00bfqu\u00e9 hacemos con los muertos? Inhumados o incinerados, la preocupaci\u00f3n era, sobre todo, la de prolongar su humanidad pasiva salv\u00e1ndolos de la voracidad de los depredadores. El cuerpo abandonado y desatendido, ya incapaz de defenderse por s\u00ed mismo, era un cuerpo superviviente, devuelto a la naturaleza en inferioridad de condiciones \u2013como presa y no como cazador\u2013, en una vuelta al pasado pre-prometeico de todo punto imperdonable. Un muerto s\u00f3lo sigue siendo humano si est\u00e1 realmente muerto; si los vivos pueden asegurarse de que, ya sin vida, al ex-vivo no le sobrevive un cuerpo inerme que se pueden comer los perros, como ocurr\u00eda antes del descubrimiento del fuego. Completamente muerto y a salvo de fauces y garras, el difunto mantiene as\u00ed su \u201cestado civil\u201d en una nueva polis subterr\u00e1nea, desde la que se comunica serenamente con los vivos. Un cad\u00e1ver es literalmente un cuerpo superviviente sin patria y sin amigos, privado de comunidad, que no puede transmitir \u2013tradici\u00f3n\u2013 nada a los vivos, salvo angustia y culpabilidad: un fantasma. En el mundo antiguo \u2013pensemos en las negociaciones para recuperar los cad\u00e1veres de Patroclo y de H\u00e9ctor en la <em>Iliada<\/em>\u2013 la obsesi\u00f3n por localizar, reapropiarse y proteger los cuerpos de los muertos es inseparable de la estabilidad del orden social; y del derecho a seguir viviendo \u2013y comiendo y gozando\u2013 sin necesidad de pedir perd\u00f3n. La impiedad con los vivos puede llevar a la guerra, es verdad, pero si la guerra no muestra al menos piedad con los muertos no hay ninguna posibilidad luego de restaurar la paz y con ella la civilizaci\u00f3n. Esta es una ley \u201cm\u00e1s antigua y m\u00e1s universal\u201d que las de los gobiernos; y los gobiernos que no la cumplen se sit\u00faan sin m\u00e1s fuera del \u00e1mbito civilizado.<\/p>\n<p>Espa\u00f1a, lo sabemos, es desde hace 80 a\u00f1os un pa\u00eds poblado de fantasmas y a\u00fan por civilizar: miles de muertos, privados de \u201cestado civil\u201d en las cunetas, se mantienen extramuros de la polis com\u00fan. Pero el mundo entero es una Espa\u00f1a a gran escala. Pensemos en la historia de Palinuro, piloto de la nave de Eneas, el fundador m\u00edtico de Italia, seg\u00fan el relato de Virgilio. En cumplimiento de una profec\u00eda \u2013\u201cyacer\u00e1s en olvidada arena\u201d\u2013, mientras navegaba de \u00c1frica a Europa, Palinuro fue arrebatado del tim\u00f3n por una ola y arrojado al mar, cuyas corrientes lo arrastaron, ya muerto, a una playa solitaria. All\u00ed qued\u00f3, perdido para siempre, indefenso e incivil, hasta el punto de que, ilocalizable su cuerpo, su alma permaneci\u00f3 castigada en el Hades sin que la intercesi\u00f3n del propio Eneas, de visita a los infiernos, sirviera para aliviar su dolor. Pues bien, el infeliz Palinuro se ha convertido hoy en el patr\u00f3n oficioso \u2013y ominoso\u2013 del Mediterr\u00e1neo.<\/p>\n<p>Hace quince a\u00f1os, en el pr\u00f3logo a uno de mis libros, relataba yo la historia de Portopalo, un pueblecito pesquero de Sicilia frente a cuyas costas se hab\u00eda producido en 1996 el \u201cmayor naufragio\u201d en Europa desde 1945: 283 inmigrantes, procedentes de Sri Lanka y Pakist\u00e1n, murieron ahogados la v\u00edspera de Navidad sin que nadie les prestara socorro. El caso es que luego, durante meses, los pescadores de Portopalo estuvieron sacando en sus redes, junto a los sargos y las sardinas, despojos y restos humanos, org\u00e1nicos o indumentarios, que devolv\u00edan a las aguas sin decir nada, temerosos de perder una jornada laboral, en un momento de crisis, con tr\u00e1mites administrativos y protocolos policiales. Recog\u00edan, por as\u00ed decirlo, el cad\u00e1ver ahogado de Palinuro \u2013que se llamaba, por ejemplo, Apalagan Ganeshu\u2013 y lo devolv\u00edan una y otra vez al mar (a su \u201colvidada arena\u201d). Una y otra vez. Yo entonces me serv\u00eda de la historia de Portopalo y sus pescadores imp\u00edos \u2013buena gente achuchada por un oficio muy duro\u2013 como met\u00e1fora precisa e implacable de \u201cun r\u00e9gimen que produce cad\u00e1veres y de una sociedad que los devuelve ininterrumpidamente al mar\u201d.<\/p>\n<p>Esa es la respuesta que da nuestra sociedad al conflicto ancestral entre los vivos y los muertos. Desde 1992 se ha repetido muchas veces en el Mediterr\u00e1neo, ampliado y agravado, el mayor naufragio de Europa desde la segunda Guerra Mundial: el 3 de octubre de 2013, por ejemplo, frente a Lampedusa, murieron 336 inmigrantes, el 4 de abril de 2015 m\u00e1s de 700 a doscientas millas de las costas de Libia. Entre 1993 y 2013 se ahogaron 20.000 palinuros, con sus propios nombres, cruzando de \u00c1frica a Europa. S\u00f3lo en 2016 fueron 5.000. En 2017 fueron 3.000; y 400 en los dos primeros meses de 2018. \u00bfCu\u00e1ntos m\u00e1s yacer\u00e1n en olvidado abismo, en olvidadiza arena, sin nombre ni registro? Desde la Segunda Guerra Mundial nunca hab\u00eda habido en Europa tantos cad\u00e1veres insepultos. Esa es la respuesta que da nuestra sociedad, s\u00ed, al conflicto ancestral entre los vivos y los muertos. Y cabr\u00eda preguntarse: la atracci\u00f3n fatal del g\u00e9nero zombi en nuestros cines, \u00bfno ser\u00e1 una expresi\u00f3n de culpabilidad xen\u00f3foba? \u00bfNo revelar\u00e1 nuestro temor a que esos miles de muertos, expuestos a los depredadores marinos, indefensos e inciviles, salgan del agua y vengan a pedirnos cuentas? \u00bfVengan a reclamarnos una polis?<\/p>\n<p>Nuestros Polinices y Palinuros, asi\u00e1ticos o africanos, mueren ahogados lejos de casa. Nuestras Ant\u00edgonas, de todas las naciones, reclaman el derecho de los vivos y de los muertos a un cuerpo y\u00a0 a una polis. Nuestros Creontes, europeos o aliados, impiden su salvamento o persiguen a los socorristas. Este conflicto entre vivos y muertos cubre en realidad todos los otros conflictos: entre cuidadores y descuidados, entre j\u00f3venes b\u00e1rbaros y griegos seniles, entre individuos aventureros y sociedades fosilizadas, entre el imperio de la ley universal y la servidumbre a los intereses y temores particulares. Tambi\u00e9n \u2013c\u00f3mo no\u2013 el conflicto \u201chist\u00f3rico\u201d entre pobres y ricos.<\/p>\n<p>Desde la Segunda Guerra Mundial nunca hab\u00eda habido, no, tantos cad\u00e1veres insepultos en Europa. Ese es el estado del mundo. Ese es el estado de nuestra civilizaci\u00f3n. Los fantasmas siempre regresan.<\/p>\n<h4>Santiago Alba Rico: Es fil\u00f3sofo y escritor. Nacido en 1960 en Madrid, vive desde hace cerca de dos d\u00e9cadas en T\u00fanez, donde ha desarrollado gran parte de su obra. El \u00faltimo de sus libros se titula\u00a0<em>Ser o no ser (un cuerpo).<\/em><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nuestros Polinices y Palinuros, asi\u00e1ticos o africanos, mueren ahogados lejos de casa. 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