{"id":39164,"date":"2018-04-25T09:03:17","date_gmt":"2018-04-25T08:03:17","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=39164"},"modified":"2018-04-25T09:03:17","modified_gmt":"2018-04-25T08:03:17","slug":"siria-yassin-al-haj-saleh-y-la-revolucion-imposible","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/siria-yassin-al-haj-saleh-y-la-revolucion-imposible\/","title":{"rendered":"Siria Yassin Al-Haj Saleh y La revoluci\u00f3n imposible"},"content":{"rendered":"<p>Pr\u00f3logo del libro <em>La revoluci\u00f3n imposible<\/em>, de Yassin Al-Haj Saleh (Agapea, 2018)<\/p>\n<p>En un libro de reciente publicaci\u00f3n, <em>El fin del intelectual franc\u00e9s<\/em>, el historiador israel\u00ed disidente Shlomo Sand repasa desde su nacimiento la tradici\u00f3n muy francesa del <em>intelectual comprometido<\/em>. Tras relativizar el compromiso hist\u00f3rico general de los intelectuales p\u00fablicos y se\u00f1alar tambi\u00e9n las sombras de los que, de Zola a Sartre, Europa ha reconocido como figuras <em>engag\u00e9s, <\/em>Sand explica con notable brillantez las razones de su extinci\u00f3n: \u201cLa aflictiva desaparici\u00f3n del proletariado, los efectos devastadores del maoismo derrotado en China, las consecuencias decepcionantes y a veces horribles de la descolonizaci\u00f3n y, en una etapa posterior, el hundimiento final de los reg\u00edmenes comunistas de la Europa del Este y de Rusia engendraron un clima de ideas que prepar\u00f3 el terreno para la llegada de intelectuales portadores de ideolog\u00edas que se cuidaban bien de formular proyectos sobre el futuro. Quienes est\u00e1n ahora en el candelero son los hombres de letras que temen y repudian toda evocaci\u00f3n de un nuevo horizonte, m\u00e1s all\u00e1 del momento presente\u201d. Si a esto a\u00f1adimos el v\u00ednculo org\u00e1nico entre el discurso y la academia y el desplazamiento de la <em>autoridad<\/em> p\u00fablica, incluida la acad\u00e9mica, a la actualidad sin tiempo del mercado (y, por lo tanto, del periodismo comercial) no es extra\u00f1o que el viejo intelectual comprometido, a veces inmodesto pero abierto al mundo, haya dejado su lugar a dos figuras irreconciliables e igualmente est\u00e9riles: el activista aislado en su militancia especializada y la estrella o <em>celebridad<\/em>, enfermizamente visible, no importa en qu\u00e9 esfera: el f\u00fatbol, la m\u00fasica o la televisi\u00f3n. Obviamente Henri-Levy o Houellebech, que no son activistas, se parecen mucho m\u00e1s a Cristiano Ronaldo o a Bel\u00e9n Esteban que a Sartre, Foucault o Camus.<\/p>\n<p>El \u00faltimo intelectual que pretendi\u00f3 aportar vigencia universal a las luchas multiconcretas no fue franc\u00e9s y s\u00f3lo fue a medias occidental. Me refiero al palestino y estadounidense Edward Said que, decepcionado de la ceguera parcial de Sartre, se tom\u00f3 sin embargo muy en serio su imperativo de \u201cdar voz a los que no tienen voz\u201d en un \u00e1mbito p\u00fablico dominado ya por las diferentes <em>hasbaras<\/em> y por el beneficio comercial inmediato. Desde su muerte en 2003 ese espacio p\u00fablico, cada vez m\u00e1s ce\u00f1ido a la <em>autoridad<\/em> del mercado, se ha vuelto crecientemente restringido para las voces subalternas o no funcionales en general. Al mismo tiempo una cierta ilusi\u00f3n de transparencia, asociada a la tecnolog\u00eda, ha hecho concebir a los disfuncionales la esperanza de un cambio sin sujeto a trav\u00e9s de la difusi\u00f3n de mensajes auto-enunciados, evidentes por s\u00ed mismos y no necesitados de esos mensajeros <em>intelectuales<\/em> privilegiados que, por otra parte, han sucumbido, al menos en Europa, a la tentaci\u00f3n televisiva. El caso de las <em>revoluciones \u00e1rabes<\/em> es tr\u00e1gicamente ejemplar: en ausencia de organizaciones pol\u00edticas democr\u00e1ticas y de l\u00edderes intelectuales investidos de autoridad p\u00fablica, se confi\u00f3 en que las im\u00e1genes mismas difundidas en las redes servir\u00edan para derrocar reg\u00edmenes injustos y, a\u00fan m\u00e1s, para construir reg\u00edmenes nuevos. Si algo han demostrado las <em>revoluciones \u00e1rabes<\/em>, finalmente derrotadas, es (primero) que los viejos partidos y los viejos discursos, aunque sigan gobernando, est\u00e1n muertos; pero tambi\u00e9n (segundo) que la transparencia no existe, y a\u00fan menos la tecnol\u00f3gica, y que la \u00fanica manera de enterrar esos partidos y esos discursos muertos es sustituy\u00e9ndolos por organizaciones y discursos vivos.<\/p>\n<p>El caso de Siria es ejemplar porque es tambi\u00e9n parad\u00f3jico. Es ejemplar porque demuestra hasta qu\u00e9 punto, m\u00e1s all\u00e1 del periodismo ciudadano y las denuncias transparentes de consumo y olvido inmediato, un proceso transformador, y m\u00e1s si queda abortado por la violencia extrema, necesita siempre \u201cvoces que den voz a los que no tienen voz\u201d (en muchos casos porque la han perdido junto con el cuerpo mismo). Necesitamos activistas del pensamiento, intelectuales comprometidos que no s\u00f3lo fotograf\u00eden los cr\u00edmenes sino que traten de explicarlos; que no se limiten a documentar el horror, cosa sin duda imprescindible, sino que exploren las relaciones entre los cuerpos vivos y entre los cuerpos vivos y los cuerpos muertos, es decir, que exploren los marcos sociales, econ\u00f3micos, antropol\u00f3gicos, hist\u00f3ricos en los que ese horror se ha gestado poco a poco y se transforma d\u00eda a d\u00eda, transformando a su vez a sus protagonistas activos o pasivos; necesitamos mediadores mentales, en definitiva, que no s\u00f3lo organicen sobre el terreno comunidades de supervivencia y resistencia sino que anticipen, a partir de ese horror, sin optimismo mercantil ni desesperaci\u00f3n derrotista, soluciones \u00e9ticas y realistas.<\/p>\n<p>Pero el caso de Siria, si ejemplar, es tambi\u00e9n parad\u00f3jico: porque lo cierto es que Siria s\u00ed tiene a su Zola, a su Camus, a su Sartre, a su Edward Said y no es franc\u00e9s sino sirio. Se llama Yassin Al-Haj Saleh y es autor de este libro preciso y terrible, <em>La revoluci\u00f3n imposible<\/em>, que explica, entre otras cosas, por qu\u00e9 su voz, junto con la de sus compatriotas, es inaudible en Europa: precisamente porque es sirio. Hay que acudir al \u00faltimo cap\u00edtulo para entender que no se trata de una cuesti\u00f3n personal. Se trata de que los sirios no son importantes, ni a derecha ni a izquierda, para ninguno de los que, de palabra o de obra, se ocupan de Siria. Hay que decirlo claramente: tambi\u00e9n para librarse de un objeto de conocimiento hace falta un discurso; tambi\u00e9n para ignorar, olvidar, rodear o explotar una tragedia ajena hace falta nombrarla. No sin raz\u00f3n -y un punto de irritaci\u00f3n contenida- denuncia Yassin Al-Haj Saleh esta forma de nombrar Siria y a los sirios como una prolongaci\u00f3n colonial perfectamente coherente, por lo dem\u00e1s, con las pr\u00e1cticas del r\u00e9gimen asadista: \u201cSe nos niega la potestad del conocimiento; es decir, nuestra capacidad para proporcionar datos y an\u00e1lisis m\u00e1s informados sobre lo que sucede en nuestro pa\u00eds. O bien lo que decimos sobre nuestra causa carece de valor, o bien se nos limita a los \u00e1mbitos m\u00e1s bajos del conocimiento, como fuente de citas que el periodista o el investigador occidental a\u00f1adir\u00e1n al conocimiento que ellos mismos producir\u00e1n. Sin embargo, pocas veces se apoyan en nuestros an\u00e1lisis, difundidos sin restricciones en Occidente\u201d. Este silenciamiento interesado de los protagonistas vivos se llama dictadura en el caso del gobierno de Damasco; se llama imperialismo en el caso de las potencias que intervienen en Siria desde hace a\u00f1os para evitar una transformaci\u00f3n desde abajo; y se llama elitismo colonial en el caso de las izquierdas occidentales que, desde la ignorancia m\u00e1s supina y la arrogancia m\u00e1s euroc\u00e9ntrica, declararon improcedente o sospechosa la revoluci\u00f3n de 2011, hoy derrotada, y siguen nombrando palad\u00edn de la justicia universal -del socialismo, el humanismo y el anti-imperialismo- al responsable primero y principal de la muerte, tortura, violaci\u00f3n, desaparici\u00f3n y desplazamiento de millones de sirios.<\/p>\n<p>Recuerdo que en una ocasi\u00f3n preguntaron a Yassin Al-Haj Saleh, militante marxista desde su juventud, si segu\u00eda siendo comunista. Su respuesta ser\u00eda un poco la m\u00eda. Respondi\u00f3 que \u201csegu\u00eda creyendo en los mismos principios y los mismos valores\u201d, pero que se hab\u00eda dado cuenta de que esos principios y valores no son los que defienden los que se llaman hoy a s\u00ed mismos comunistas. El diagn\u00f3stico del autor es duro y desgraciadamente atinado: \u201cMi estimaci\u00f3n es que la base de esas posturas patriarcales retr\u00f3gradas por parte de nuestros amigos antiimperialistas, es doble. En primer lugar, la transformaci\u00f3n de la izquierda comunista y sus herederos hacia posturas t\u00edpicas de la clase media educada, separada del sufrimiento humano, e incapaz de innovar. Esto se relaciona con las transformaciones de la econom\u00eda en los pa\u00edses capitalistas centrales, la desindustrializaci\u00f3n, el retroceso del peso de la clase trabajadora industrial y la aparici\u00f3n de la izquierda del <em>campus<\/em>, que no hace nada y sabe poco, a pesar de su posici\u00f3n en la academia. Ya no hay nada revolucionario ni liberador en su formaci\u00f3n y no libran ning\u00fan verdadero conflicto. En segundo lugar, est\u00e1n los esquemas ideol\u00f3gicos de la guerra fr\u00eda; es decir, el conocimiento por reminiscencia, al estilo plat\u00f3nico, y tambi\u00e9n, la esterilidad intelectual y la escasez de innovaci\u00f3n\u201d. Todos estos l\u00edmites de la izquierda occidental, que dificultan la intervenci\u00f3n tambi\u00e9n en sus propios pa\u00edses y que son aplicables a la muy europea tradici\u00f3n izquierdista \u00e1rabe, quedaron expuestos a la luz cuando los pueblos de la regi\u00f3n, sin preguntar, se alzaron contra sus dictadores. \u00bfQu\u00e9 descubrimos entonces? Que, sorprendidos todos un poco a contrapi\u00e9, los islamistas ten\u00edan recursos para reaccionar, los imperialistas ten\u00edan recursos para reaccionar y los propios dictadores ten\u00edan recursos para reaccionar. La izquierda no. Y, porque no los ten\u00eda, desde su posici\u00f3n un poco marginal, en lugar de solidarizarse con los que se jugaban y perd\u00edan la vida luchando contra los dictadores, los islamistas y los imperialistas, cedi\u00f3 el terreno a los islamistas, los imperialistas y los dictadores, identific\u00e1ndose adem\u00e1s con la ultraderecha europea y su barbarie elitista e islam\u00f3foba. Las <em>revoluciones \u00e1rabes<\/em> han dejado a la izquierda tradicional en la cuneta de la historia; a\u00fan m\u00e1s, han vuelto <em>tradicional<\/em> a la izquierda en Am\u00e9rica Latina, que se quer\u00eda innovadora y democr\u00e1tica. Siria, s\u00ed, ha sido y es la tumba de miles de sirios ignorados; pero ha sido y es tambi\u00e9n la tumba de la izquierda. En el cap\u00edtulo 12, sin falsas esperanzas ni falsas desesperaciones, Yassin Al-Haj Saleh, al tiempo que describe la \u00fanica \u201csoluci\u00f3n realista\u201d para Siria, enuncia tambi\u00e9n los valores y principios -comunistas o no- para un impostergable rearme discursivo y organizativo de la izquierda.<\/p>\n<p>Digo todo esto para se\u00f1alar a un tiempo los obst\u00e1culos y las virtudes de este libro: las virtudes que, por eso mismo, constituyen un obst\u00e1culo. Este libro explica lo que ha ocurrido y est\u00e1 ocurriendo en Siria, cosa que casi nadie quiere saber; este libro analiza la historia reciente de Siria, las entra\u00f1as de la dinast\u00eda asadiana, las causas de la revoluci\u00f3n de 2011 y las de su derrota a partir de 2013, cosa que a casi nadie le importa. Ahora bien, si aceptamos el supuesto contrario (el de que todo el mundo quiere saber lo que ocurre en Siria y colaborar en una paz justa y democr\u00e1tica para los sirios), este libro es sencillamente irrenunciable. El lector espa\u00f1ol tiene ya acceso a una breve pero s\u00f3lida bibliograf\u00eda sobre la <em>Siria convulsa<\/em>, tanto narrativa como ensay\u00edstica y documental: <em>Cuando la revoluci\u00f3n termine<\/em>, de Leila Nachawati, <em>El caparaz\u00f3n<\/em>, de Mustafa Khalifa, el terrible Diario del asedio a Duma, de la desaparecida compa\u00f1era de Yassin, Samira Khalil; o el complet\u00edsimo relato activista de Leila Al Shami y Yassin Kassab <em>Pa\u00eds en llamas<\/em>; o tambi\u00e9n -de especialistas espa\u00f1oles- el m\u00e1s acad\u00e9mico, <em>Siria: revoluci\u00f3n, sectarismo y yihad<\/em> de \u00c1lvarez Osorio o el m\u00e1s period\u00edstico, <em>Siria, el pa\u00eds de las almas rotas<\/em> de Javier Espinosa y M\u00f3nica G. Prieto. Pero <em>La revoluci\u00f3n imposible<\/em> est\u00e1 investido, a mis ojos, de una <em>autoridad<\/em> adicional. No me refiero -y casi me disgusta mencionarlo- al sufrimiento de su autor: sus 16 a\u00f1os de prisi\u00f3n, la vida en la clandestinidad, la p\u00e9rdida de amigos, compa\u00f1eros y familiares, incluida su mujer (que era las tres cosas) o su exilio ahora en Estambul. Todo estos padecimientos son s\u00f3lo la consecuencia de un compromiso pol\u00edtico que, en el caso de Al-Haj Saleh, ha adoptado tambi\u00e9n, o sobre todo, la forma de un -digamos- compromiso de distancia: acercar el cuerpo, alejar la mente. Quiero decir que, si Al-Haj Saleh es el Camus, el Sartre y el Edward Said de Siria no es porque sea sirio o haya estado en la c\u00e1rcel, pues no era \u00e9se el caso ni de Camus ni de Sartre ni de Said, sino porque, como ellos, entiende que, sin mediaci\u00f3n intelectual, sin palabras p\u00fablicas ordenadas en un discurso honesto y preciso, sin conocimiento abierto y conflictivo de la historia, no hay ninguna posibilidad de intervenir en ella de manera liberadora. Ese es el trabajo de Al-Haj Saleh: comprender. Lo hizo en el calor de la revoluci\u00f3n primera y en el fragor de la explosi\u00f3n sucesiva; y lo hace ahora desde Estambul, donde colabora con la publicaci\u00f3n en \u00e1rabe Al-yumhuriya (de la que es responsable, por cierto, otro imprescindible Yassin, Yassin Swehat, mitad sirio y mitad gallego, que lleva a\u00f1os tratando de contarnos en espa\u00f1ol lo que su tocayo cuenta en \u00e1rabe y sin cuya intervenci\u00f3n este libro, magn\u00edficamente traducido por Naom\u00ed Ram\u00edrez, no habr\u00eda sido posible).<\/p>\n<p>Si acercarse con el cuerpo y alejarse dos pasos con la mente (para orientar en p\u00fablico a los que est\u00e1n demasiado cerca o demasiado lejos) es lo que define a un <em>intelectual<\/em>, nunca han sido los <em>intelectuales<\/em> m\u00e1s necesarios. Desde 2011 algunos tuvimos la suerte de seguir los avatares sirios a trav\u00e9s de los trabajos de Yassin Al-Haj Saleh (y de otros sirios o casi-sirios a los que traduc\u00eda precisamente Naom\u00ed Ram\u00edrez: Salame Keile, Elias Khouri, Subhi Hadidi). Pues bien, <em>La revoluci\u00f3n imposible<\/em> recorre de nuevo todo ese largo y sangriento septenio en el que el eslogan \u201cAsad o nadie\u201d -cuyo nihilismo analiza Al-Haj Saleh en el cap\u00edtulo 4- se va haciendo realidad de la manera m\u00e1s tr\u00e1gica: Asad y nadie. Lo hab\u00eda explicado muy bien el propio autor en un art\u00edculo de mayo o junio de 2011 a trav\u00e9s de una met\u00e1fora sint\u00e9tica y brutal: la de esa \u201csociedad-bomba\u201d construida durante cuarenta a\u00f1os por la dinast\u00eda asadiana a fin de que cualquier tentativa de liberaci\u00f3n, por peque\u00f1a o parcial que fuera, desencadenase un gran estallido nacional, regional e internacional: <em>Asad o quemamos el pa\u00eds<\/em> era, m\u00e1s que una consigna, un efecto mec\u00e1nico del propio entramado dictatorial. Lo que Al-Haj Saleh describe en detalle es ese <em>efecto mec\u00e1nico<\/em>, su saturaci\u00f3n del espacio y su despliegue en el tiempo, antes y despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n, frente a la voluntad subterr\u00e1nea de los sirios que, privados de esfera pol\u00edtica, han tratado de sobrevivir y combatir la dictadura.<\/p>\n<p>Hay que aclarar que Yassin Al Haj Saleh no escribe cr\u00f3nicas o testimonios personales. No es un periodista ni un <em>analista<\/em>. Es un intelectual; un intelectual con el cuerpo dentro. Le interesan precisamente los v\u00ednculos te\u00f3ricos entre los mecanismos de poder y los cuerpos concretos que los transmiten o los sufren. En <em>La revoluci\u00f3n imposible <\/em>el autor nos cuenta c\u00f3mo la revoluci\u00f3n de 2011 ha quedado sepultada bajo tres capas sucesivas que son cronol\u00f3gicas pero tambi\u00e9n acumulativas y performativas: la guerra civil desde octubre de 2011, la sectarizaci\u00f3n a partir de 2012 (con el enfrentamiento sun\u00ed-chi\u00ed alimentado por el r\u00e9gimen y enseguida por Ir\u00e1n y por el yihadismo) y la internacionalizaci\u00f3n posterior con la intervenci\u00f3n concertada entre EEUU y Rusia contra Daech (ver el cap\u00edtulo 11). Para entender este proceso Al Haj Saleh tiene que atender a lo m\u00e1s menudo y a lo m\u00e1s general: detallarnos la composici\u00f3n interna del r\u00e9gimen, la connivencia org\u00e1nica entre familias mafiosas, ej\u00e9rcito y <em>secta<\/em>, la oposici\u00f3n rural\/urbano y su relaci\u00f3n con las clases y las corrientes religiosas, las tensiones geopol\u00edticas y sus repercusiones locales; pero tiene tambi\u00e9n que penetrar en profundidad las cristalizaciones propiamente sirias de <em>temas<\/em>, por as\u00ed decirlo, <em>universales<\/em>: los s\u00edmbolos en disputa, la degradaci\u00f3n del lenguaje y, sobre todo, el nihilismo de la violencia, esa violencia que por s\u00ed misma ha ido seleccionando -darwinismo al rev\u00e9s- a los m\u00e1s duros y fan\u00e1ticos y concediendo el protagonismo a minor\u00edas hasta hace poco aisladas de la mayor\u00eda social y cuyos componentes, enfrentados a muerte entre s\u00ed, acaban por disolverse, sin diferencias, en las penumbras del r\u00e9gimen. En la guerra civil espa\u00f1ola, la anarquista y fil\u00f3sofa francesa Simone Weil tuvo esta misma experiencia: la de que, en un conflicto armado cada vez m\u00e1s feroz, s\u00f3lo hay dos clases sociales, los que tienen armas y los que no tienen armas, y que \u201cun abismo separa a los hombres armados de la poblaci\u00f3n desarmada, un abismo en todo semejante al que separa a los pobres de los ricos\u201d. La tesis de que, a trav\u00e9s de la violencia, todo es r\u00e9gimen, es muy dura de aceptar, y no debe ser f\u00e1cil de enunciar, para un intelectual con el cuerpo dentro que puso tantas esperanzas y se expuso a tantos peligros apoyando la revoluci\u00f3n; y que, cuando \u00e9sta se arm\u00f3 a trav\u00e9s del Ej\u00e9rcito Sirio Libre, advirti\u00f3 de los peligros pero confi\u00f3 en la posibilidad de gestionar la defensa militar desde los sectores civiles organizados. Ahora bien, Yassin Al Haj Saleh -lo hemos dicho- ni se hace ilusiones ni sucumbe a desesperaciones. Sabe que la revoluci\u00f3n ha quedado sepultada (que no muerta) bajo esas capas -guerra civil, guerra sectaria, guerra inter-imperialista- que dificultan todo optimismo: \u201cSiria ofrece hoy un ejemplo de Estado horadado como geograf\u00eda, desmembrado como entidad, desamparado como sociedad y bestializado como r\u00e9gimen: un ideal de no-patria, lo que la hace candidata a infiltraciones de todo tipo\u201d.<\/p>\n<p>\u00bfHay alguna soluci\u00f3n? Al Haj Saleh sabe que, all\u00ed donde \u201cla justicia no tiene fuerza y la fuerza no es justa\u201d y donde los tres enemigos que hay que combatir de manera simult\u00e1nea son radicalmente injustos (la dictadura <em>fascista<\/em>, el yihadismo igualmente <em>fascista<\/em> y el imperialismo multinacional) hay motivos para sentirse descorazonado. Pero sabe tambi\u00e9n lo importante que es, en medio de la violencia cegadora e <em>igualitaria<\/em>, mantener un programa y un objetivo. Al Haj Saleh lo tiene: \u201cuna soluci\u00f3n justa para Siria se basa en la conformaci\u00f3n de una nueva mayor\u00eda pol\u00edtica en el pa\u00eds, en la que una amplia mayor\u00eda de los sirios reconozcan a sus representantes pol\u00edticos, que rompa con el gobierno minoritario (olig\u00e1rquico), y que funde una nueva Siria con un sistema de gobierno inclusivo. Ello exige liberarse del gobierno asadiano, de Daesh, y de los grupos salafistas yihadistas, una igualdad pol\u00edtica y cultural para los kurdos, sin dominio nacionalista, y la fundaci\u00f3n de una Siria democr\u00e1tica basada en la ciudadan\u00eda\u201d. El lector que llegue hasta el final del libro comprender\u00e1 cu\u00e1nta paciencia, conocimiento y realismo fundamentan esta propuesta.<\/p>\n<p>Alguien podr\u00e1 pensar que este libro habla de Siria y su revoluci\u00f3n derrotada, de la dictadura asadiana y de Oriente Pr\u00f3ximo, del imperialismo y de la cuesti\u00f3n kurda (muy interesantes y pol\u00e9micos los cap\u00edtulos 10, 11 y 13), del yihadismo y de la violencia. No. Este libro habla de todos nosotros. Una de las tesis que ha sostenido Al-Saleh en los \u00faltimos a\u00f1os es la de que Siria revela y representa un derrotero universal y que, por tanto, no se puede pensar en Siria, y a\u00fan menos en un mundo globalizado, sin pensar en el destino com\u00fan. Por esa raz\u00f3n, cada vez que elaboramos un discurso para olvidar, negar o evitar Siria nos hacemos da\u00f1o a nosotros mismos. Es una advertencia clara a los europeos, de derechas y de izquierdas, que no deber\u00edamos desatender. Nos lo dice uno de los pocos intelectuales vivos, junto al camerun\u00e9s Achille Mbembe, que sigue pensando en t\u00e9rminos <em>universales<\/em>. Ninguno de los dos es franc\u00e9s y eso es una buena noticia. Porque, al menos desde Franz Fanon, el mundo lleva muchos a\u00f1os esperando a que, frente a relativismos y multiculturalismos elitistas occidentales, sean los no europeos, tantas veces v\u00edctimas suyas, los que se hagan cargo de la <em>universalidad<\/em> que los europeos traicionaron y siguen traicionando. En Siria es m\u00e1s f\u00e1cil morir que en Francia o Espa\u00f1a, pero Siria -como demuestra Yassin Al-Haj Saleh- es un sitio mejor para pensar. Y para pensar en el destino de todos.<\/p>\n<p>T\u00fanez, 2 de febrero de 2018, cumplea\u00f1os de Samira Khalil.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-39165\" src=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/SIRIA.jpg\" alt=\"\" width=\"297\" height=\"505\" srcset=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/SIRIA.jpg 297w, https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/SIRIA-176x300.jpg 176w, https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/SIRIA-247x420.jpg 247w\" sizes=\"auto, (max-width: 297px) 100vw, 297px\" \/><\/p>\n<p>Viento Sur<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/vientosur.info\/spip.php?article13723\">http:\/\/vientosur.info\/spip.php?article13723<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pr\u00f3logo del libro La revoluci\u00f3n imposible, de Yassin Al-Haj Saleh (Agapea, 2018) En un libro de reciente publicaci\u00f3n, El fin del intelectual franc\u00e9s, el historiador israel\u00ed disidente Shlomo Sand repasa desde su nacimiento la tradici\u00f3n muy francesa del intelectual comprometido. 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