{"id":37873,"date":"2018-01-12T13:00:08","date_gmt":"2018-01-12T11:00:08","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-discreto-encanto-del-proletariado\/"},"modified":"2018-02-21T13:13:29","modified_gmt":"2018-02-21T12:13:29","slug":"el-discreto-encanto-del-proletariado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-discreto-encanto-del-proletariado\/","title":{"rendered":"El discreto encanto del proletariado"},"content":{"rendered":"<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">En &#8216;Elisabeth Costello&#8217;, uno de los libros m\u00e1s interesantes del escritor sudafricano J.M. Coetzee, la protagonista, una prestigiosa intelectual que hace un ciclo de conferencias en todo el mundo, mientras prepara el discurso de aceptaci\u00f3n de un premio internacional, rememora un episodio negro y doloroso de su juventud nunca revelado a nadie. Cuando ten\u00eda diecinueve a\u00f1os, era una joven rebelde y con inquietudes sociales que rechazaba su vida peque\u00f1oburguesa y que pensaba que s\u00f3lo los valores de la clase trabajadora eran puros y aut\u00e9nticos. Un d\u00eda, mientras paseaba por el poco recomendable barrio portuario de Melbourne, conoce a un estibador en la treintena. La atracci\u00f3n f\u00edsica por aquel hombre que parec\u00eda simbolizar su imaginario, era inferior a lo que parec\u00eda representar, y sin embargo, la protagonista parec\u00eda dispuesta a la experimentaci\u00f3n. Al cabo de muy poco tiempo, \u00e9l se la lleva a la pensi\u00f3n maloliente donde vive, y poco antes de iniciar los proleg\u00f3menos, ella se lo piensa. Tom, que ya llevaba muchas copas encima, no se detuvo. Mientras trata de violarla, la narradora se resiste desesperadamente. Al principio, el hombre se toma esta actitud como un juego, sin embargo, cuando ve que realmente ella no quiere, comienza a golpearla de manera sistem\u00e1tica, le rompe el maxilar, le llena todo el cuerpo de moratones, y cuando ya est\u00e1 a punto de perder la conciencia, le arranca la ropa y la quema. Cuando el maltratador baja la guardia, ella se encierra en el lavabo. Cuando cree que la borrachera de su agresor hace que se acabe durmiendo, recupera lo que queda del vestido, coge un taxi y se refugia durante una semana en casa de una amiga. Nunca dir\u00e1 nada sobre aquella primera experiencia sobre el mal, en la que el placer de ocasionar dolor parece m\u00e1s atractivo a muchos hombres que el propio sexo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando escucho determinados discursos de la izquierda sobre los resultados de las pasadas elecciones y los relativamente buenos resultados obtenidos por Ciudadanos, una fuerza pol\u00edtica que en Catalu\u00f1a est\u00e1 claramente emparentada con el franquismo sociol\u00f3gico que anida de manera discreta en nuestros barrios, no puedo dejar de pensar en Elisabeth Costello. Como la protagonista del libro de Coetzee, hay cierta izquierda que se rebela contra los valores presuntamente peque\u00f1oburgueses de sus or\u00edgenes y que ve en las clases trabajadoras pureza y autenticidad. A partir de la d\u00e9cada de 1960, paralelamente con la eclosi\u00f3n del mundo hippy el LSD, buena parte de la izquierda europea empieza a consumir vulgarizaciones marxistas y relecturas de aquellos te\u00f3ricos heterodoxos como Trotsky, Althusser, (lo que Tony Judt llama \u00abmarxismo de perdedores\u00bb), o a\u00fan peor, \u00abEl libro rojo de Mao\u00bb y empiezan a elaborar simplificaciones te\u00f3ricas del estilo \u00abel nacionalismo es burgu\u00e9s\u00bb y a aceptar aquellas narraciones chapuceras del realismo socialista que habla del proletariado como referente moral. En cierta medida, en vez de hacer un intento de leer la realidad con elementos anal\u00edticos s\u00f3lidos, cae en la trampa de los mitos, unos mitos tan poderosos que a\u00fan hoy empa\u00f1an la capacidad de entender la sociedad actual. Los discursos izquierdistas vigentes consideran que las clases trabajadoras (que ya no tienen nada que ver con la l\u00f3gica de trabajadores fabriles, organizados en sindicatos y con conciencia de clase) deber\u00edan votarles a ellos por la magnificencia de sus discursos. Y, como ha ocurrido el pasado 21 de diciembre, se encuentran como la propia Elisabeth Costello, golpeada y humillada por aquel a quien quer\u00edan redimir. Si tir\u00e1ramos de Bu\u00f1uel, se puede decir que los barrios han hecho un \u00abViridiana\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una constataci\u00f3n emp\u00edrica, tan evidente que a muchos se les pasa desapercibida, es que clase social y altura moral concreta no tienen nada que ver. En otros t\u00e9rminos, la malparidez est\u00e1 muy bien repartida, por sexo, por edad, por nacionalidad, y tambi\u00e9n por condici\u00f3n social. Quien escribe estas l\u00edneas sabe de qu\u00e9 va la pel\u00edcula: soy originario de Nou Barris (donde viv\u00ed hasta los diecinueve a\u00f1os, y a\u00fan mantengo v\u00ednculos), trabaj\u00e9 en una cadena de montaje de inyectados pl\u00e1sticos, hice de maestro durante la d\u00e9cada de los noventa, y he hecho investigaci\u00f3n hist\u00f3rica sobre el mundo anarcosindicalista del primer tercio del siglo XX. Y&#8230; primera certeza: los barrios, lo que los mitos dibujaban como cintur\u00f3n rojo de las d\u00e9cadas de 1960 y posteriores (el cintur\u00f3n rojo-y-negro seg\u00fan el historiador Jos\u00e9 Luis Oy\u00f3n para las d\u00e9cadas anteriores a 1939) son, fundamentalmente, un espacio heterog\u00e9neo. Caben desde el dandy culto y sofisticado de mi vecino Antonio Ba\u00f1os, hasta los yonquis que mor\u00edan con una jeringuilla en el brazo durante los a\u00f1os ochenta; desde el novelista y enigmista M\u00e0rius Serra (que, por cierto, viv\u00eda justo en el piso de abajo) hasta el tertuliano integrista cat\u00f3lico Padre Apeles (que viv\u00eda frente a mi bloque); desde el estrafalario Mago F\u00e9lix hasta uno de los corruptos polic\u00edas asiduos al prost\u00edbulo del barrio; desde el editor, traductor, fundador de Virus y uno de los l\u00edderes de los insumisos (y amigo personal) Patric de San Pedro, hasta el camello de la Plaza Garrig\u00f3 que (\u00a1oh! &#8216;\u00a1Sorpresa!, lo reencontr\u00e9 de apoderado del PP en el mi colegio electoral en algunas elecciones de los a\u00f1os noventa). Con todo esto, algo que deber\u00eda quedar claro: las personas tienen unos condicionantes familiares, de barrio, de clase,&#8230; y sin embargo, construyen su identidad mediante elecciones individuales. De mi grupo de amigos, el \u00fanico en pisotear la modelo fue el m\u00e1s acomodado de todos, hijo de un dentista, que pasaba drogas en la estaci\u00f3n de Fabra i Puig. En otras palabras: quien quiera redimir a la clase obrera, que se prepare a ser apaleado. No han entendido nada. La mayor\u00eda de la gente, como consideraba Carlo Maria Cipolla, suele situarse en el grupo de los est\u00fapidos, aquel colectivo caracterizado por tomar las decisiones que perjudican a los dem\u00e1s y a s\u00ed mismos. Y la estupidez no suele tener cura: ni la estupidez \u00abburguesa\u00bb, ni la \u00abproletaria\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora bien, ser est\u00fapido no implica ser inconsciente. El hecho de que haya entre una cuarta y una tercera parte del censo de Nou Barris (u otros lugares equivalentes, donde tambi\u00e9n he estado, he tenido amigos o he hecho de profe) hayan apoyado a un partido pol\u00edtico que perjudica objetivamente sus intereses individuales y colectivos, no significa que no haya sido una opci\u00f3n deliberada. En las fallas tect\u00f3nicas de la conflictiva sociedad catalana, muy bien retratada por Marc Andreu en &#8216;Las ciudades invisibles&#8217; o en los \u00faltimos libros de Francesc Ser\u00e9s, la fractura social, m\u00e1s que monstruos, engendra resentimientos o reaccionarismo. No es casual que el racismo haya sido una expresi\u00f3n de cierto malestar fundamentado en hechos concretos y que resulta un fen\u00f3meno universal. Tambi\u00e9n es cierto que los estrategas pol\u00edticos han sabido explotar el sentimiento del miedo o fraguado los bajos instintos de una masa que ya conten\u00eda elementos potenciales. El soci\u00f3logo ingl\u00e9s Owen Jones ya nos ha hablado sobre la demonizaci\u00f3n de la clase trabajadora a \u00abChavs\u00bb, para combatirla, aunque ha sido incapaz de evitar transmitir cierto relato donde estratos sociales de los barrios empobrecidos en que el fracaso escolar, el alcohol, la desestructuraci\u00f3n familiar y el tribalismo de larga duraci\u00f3n est\u00e1 bien fundamentado. Basta haber visto c\u00f3mo se comportan algunos \u00abChavs\u00bb descontrolados en sus vacaciones en el bar de Salou o Lloret. La novedad local es que aqu\u00ed se les ha dotado de una bandera y un grito de guerra del \u00abYo soy espa\u00f1ol\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Porque, efectivamente, asistimos a un ejercicio de un nacionalismo banal que no tiene traducci\u00f3n banal, y s\u00ed de agresividad. Un nacionalismo espa\u00f1ol que tiene sus componentes hist\u00f3ricos que lo diferencian de otros movimientos hom\u00f3logos. Debemos recordar que la identidad espa\u00f1ola se fundamenta en un sentimiento de intransigencia e intolerancia, que se fund\u00f3 sobre la expulsi\u00f3n de la disidencia religiosa y desde un supremacismo castellanista. Que, abocada a la irrelevancia geopol\u00edtica desde 1898, ha hecho de la catalanofobia una herramienta de cohesi\u00f3n nacional, que mantiene una aversi\u00f3n a la diversidad, que posee unos elementos de autoritarismo expresado en la presencia m\u00e1gica de un caudillo (el franquismo o la monarqu\u00eda) y que tiene tendencia a aquel tribalismo que, freudianamente denota un complejo de inferioridad tan bien expresado cinematogr\u00e1ficamente en el landismo. El proceso independentista ha tensionado de manera insoportable la identidad espa\u00f1ola y ha expulsado del armario a los viejos fantasmas del autoritarismo, la intolerancia, el reaccionarismo, el desprecio a la alta cultura y al unanimismo. Este \u00faltimo fen\u00f3meno es lo que explica la autocensura de la Espa\u00f1a moderna y sofisticada. Hay un miedo tribal a ser se\u00f1alado como traidor a todo aquel que apueste por la soluci\u00f3n m\u00e1s razonable ante un conflicto de naturaleza pol\u00edtica como el actual: un pacto o negociaci\u00f3n que permita construir un nuevo &#8216;statu quo&#8217;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La presencia de cientos de miles de residentes en los barrios o las segundas periferias catalanes (y tambi\u00e9n en muchas peque\u00f1as y medianas poblaciones) adheridas al proyecto excluyente y calanof\u00f3bico de Ciudadanos a\u00f1ade un ingrediente especial. M\u00e1s que \u00abulsterizar\u00bb, como promet\u00eda Jordi Ca\u00f1as, lo que hay es una voluntad de convertir a mucha gente en una especie de \u00abpied-noirs\u00bb, aquellos franceses trasladados a la Argelia colonial que observaban con desprecio a la poblaci\u00f3n aut\u00f3ctona, y que al final se convirtieron en un verdadero dolor de cabeza para la metr\u00f3poli. Los intelectuales de &#8216;buena casa&#8217; fundadores del partido, dopado con el dinero del Ibex 35 y la FAES (que sue\u00f1an con un thatcherismo espa\u00f1ol), junto con la organizaci\u00f3n de una aristocracia econ\u00f3mica y funcionarial (C&#8217;s empieza a ser hegem\u00f3nico entre los profesionales de las grandes empresas espa\u00f1olas, polic\u00edas y militares desplazados aqu\u00ed) ha enlazado con el sustrato de la ultraderecha aut\u00f3ctona (muchos de los cuales son los descendientes de los antiguos ordenanzas de los ocupantes de 1939) que han convencido a buena parte de los sectores m\u00e1s desprotegidos y desarraigados de los barrios a canalizar su frustraci\u00f3n en un movimiento pol\u00edtico. El \u00abA por ellos\u00bb, se\u00f1alaron desde la c\u00fapula del Estado ha sido la consigna y la prueba de impunidad de poder ejercer como inquisici\u00f3n (las denuncias contra los maestros) o como paramilitares (con patrullas destinadas a intimidar y agredir a aquel con aspecto de independentista, m\u00e1s o menos como ya ocurr\u00eda en Barcelona durante los primeros a\u00f1os de la Transici\u00f3n). Buena muestra de la altura moral de esta gente se ha expresado en las manifestaciones organizadas por Sociedad Civil Catalana (el aparato civil del Vichy Catal\u00e1n) donde se ha agredido a extranjeros o se ha aplaudido el cuartel de la Polic\u00eda Nacional de Via Laietana, uno de los lugares donde m\u00e1s se ha torturado de toda Europa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora bien, no nos enga\u00f1emos. Como dec\u00edamos al principio, los barrios son heterog\u00e9neos, y esta gente se ha unido a la fiesta para canalizar la ira contra la evoluci\u00f3n de la sociedad catalana que choca contra su imaginario espa\u00f1ol. Tambi\u00e9n hay un componente de impotencia y frustraci\u00f3n respecto al estancamiento personal y la movilidad social descendente de las \u00faltimas d\u00e9cadas, relacionadas en algunos casos con la evoluci\u00f3n de los nichos laborales, aunque tambi\u00e9n respecto a las pr\u00e1cticas y creencias de una sociedad moderna. Sin embargo, no debemos menospreciar las elecciones personales. Cuando ten\u00eda quince a\u00f1os, hab\u00eda gente que iba al bar, y otros \u00edbamos a la biblioteca. Cuando hac\u00eda de maestro, algunos eran capaces de memorizar Salvat Papasseit (o Garc\u00eda Lorca, o Bob Dylan, \u00a1tanto daba!) Y otros, no s\u00f3lo expresaban su desprecio por la escuela, sino que acosaban a aquellos del barrio que sent\u00edan inclinaciones culturales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Votar Ciudadanos en el barrio ha sido una elecci\u00f3n est\u00fapida (al fin y al cabo, su programa es letal para los intereses de sus votantes), aunque consciente. Ha sido un voto destructivo: responde a la voluntad de destruir una naci\u00f3n, m\u00e1s que a construir otra; de silenciar una lengua, antes que preocuparse por usar cuidadosamente la que consideran suya; de destruir v\u00ednculos con la sociedad de acogida antes de que de construir puentes con la diferencia. Quiz\u00e1s porque saben lo que hacen, y como quien esto escribe proviene de su mismo punto de partida, no se lo perdonar\u00e9 nunca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente, unas \u00faltimas reflexiones. Se ha criticado mucho a la CUP, a los Comunes, o incluso a S\u00famate (presidido por mi exvecino y postnacional amigo Antonio Ba\u00f1os) de no haber hecho suficiente trabajo en los barrios. Discrepo. La cultura, la Rep\u00fablica, el inter\u00e9s personal y colectivo es una opci\u00f3n voluntaria, que conlleva cierto esfuerzo individual. No se puede ir por la vida como Elisabeth Costello, con esta actitud de mitificar una clase obrera inexistente (hace falta un replanteamiento sociol\u00f3gico de c\u00f3mo funcionan los grupos sociales, y no se puede analizar la realidad actual con categor\u00edas caducas), porque es probable que se acabe como la protagonista. La Rep\u00fablica ser\u00e1 postnacional o no ser\u00e1. La monarqu\u00eda, en cambio, es un retorno a Alfredo Landa, un hundimiento en el fango violento y reaccionario del r\u00e9gimen del 78.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BLOG DE XAVIER DIEZ<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"0rxUZp8dpL\"><p><a href=\"https:\/\/blocs.mesvilaweb.cat\/xavierdiez\/?p=270144\">El discret encant del proletariat<\/a><\/p><\/blockquote>\n<p><iframe loading=\"lazy\" class=\"wp-embedded-content\" sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" style=\"position: absolute; clip: rect(1px, 1px, 1px, 1px);\" src=\"https:\/\/blocs.mesvilaweb.cat\/xavierdiez\/?p=270144&#038;embed=true#?secret=0rxUZp8dpL\" data-secret=\"0rxUZp8dpL\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"&#8220;El discret encant del proletariat&#8221; &#8212; Espai de dissid\u00e8ncia\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\"><\/iframe><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En &#8216;Elisabeth Costello&#8217;, uno de los libros m\u00e1s interesantes del escritor sudafricano J.M. 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Tom, que ya llevaba muchas copas encima, no se detuvo. Mientras trata de violarla, la narradora se resiste desesperadamente. Al principio, el hombre se toma esta actitud como un juego, sin embargo, cuando ve que realmente ella no quiere, comienza a golpearla de manera sistem\u00e1tica, le rompe el maxilar, le llena todo el cuerpo de moratones, y cuando ya est\u00e1 a punto de perder la conciencia, le arranca la ropa y la quema. Cuando el maltratador baja la guardia, ella se encierra en el lavabo. Cuando cree que la borrachera de su agresor hace que se acabe durmiendo, recupera lo que queda del vestido, coge un taxi y se refugia durante una semana en casa de una amiga. 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Tom, que ya llevaba muchas copas encima, no se detuvo. Mientras trata de violarla, la narradora se resiste desesperadamente. Al principio, el hombre se toma esta actitud como un juego, sin embargo, cuando ve que realmente ella no quiere, comienza a golpearla de manera sistem\u00e1tica, le rompe el maxilar, le llena todo el cuerpo de moratones, y cuando ya est\u00e1 a punto de perder la conciencia, le arranca la ropa y la quema. Cuando el maltratador baja la guardia, ella se encierra en el lavabo. Cuando cree que la borrachera de su agresor hace que se acabe durmiendo, recupera lo que queda del vestido, coge un taxi y se refugia durante una semana en casa de una amiga. 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