{"id":37853,"date":"2018-01-08T12:40:03","date_gmt":"2018-01-08T10:40:03","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/la-violencia-como-identidad\/"},"modified":"2018-01-08T12:40:03","modified_gmt":"2018-01-08T10:40:03","slug":"la-violencia-como-identidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-violencia-como-identidad\/","title":{"rendered":"La violencia como identidad"},"content":{"rendered":"\n<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sab\u00edamos que si Catalu\u00f1a fracasaba en el intento de independizarse, la reacci\u00f3n del Estado ser\u00eda demoledora. La invocaci\u00f3n del art\u00edculo 155 no ha sido m\u00e1s que la hoja de parra, un legalismo muy leve para justificar la agresi\u00f3n sin matices. Por ello la suspensi\u00f3n a partir del d\u00eda 17 no cambiar\u00e1 nada. Catalu\u00f1a ya era la pieza a abatir antes del 1 de octubre, pero una vez se ha levantado la veda, la &#8216;a-por-ellos&#8217; se ha convertido en consigna de un cierto patriotismo espa\u00f1ol. No pod\u00eda ser de otra manera. Las sociedades necesitan un enemigo para cohesionarse y la violencia suele ser el cemento. Esto es cierto sobre todo en \u00e9pocas de crisis, cuando los miedos se apoderan de la ciudadan\u00eda y cuesta encarar el futuro. Espa\u00f1a hace d\u00e9cadas que inici\u00f3 una involuci\u00f3n, disimulada durante alg\u00fan tiempo por la bonanza econ\u00f3mica, que se basaba en una ficci\u00f3n. Desde que estall\u00f3 la crisis (no s\u00f3lo econ\u00f3mica sino tambi\u00e9n constitucional, cultural, de valores) Espa\u00f1a se qued\u00f3 sin horizonte y ahora es un pa\u00eds condenado a una existencia performativa, en la inacabable, por absurda, reconstrucci\u00f3n de una identidad que ya s\u00f3lo se expresa por medio del espejismo de una unidad inalcanzable. Catalu\u00f1a, dicho sea de paso, tambi\u00e9n parece condenada a una existencia de holand\u00e9s errante, siempre al borde de disolver su identidad en una aspiraci\u00f3n que se le escurre cuando m\u00e1s cerca la tiene.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace m\u00e1s de un siglo que Espa\u00f1a no se embarca en guerras exteriores, y ya hace siglos que no tiene ninguna victoria militar verdadera, si se pondera el papel del ej\u00e9rcito de Wellington en la guerra del franc\u00e9s. Desde el siglo XVII, casi desde Rocroi, ha sido derrotada en todos los frentes excepto el interior. Se comprende que el resentimiento sea enorme y busque v\u00e1lvulas compensadoras. La &#8216;chuler\u00eda&#8217; que estos d\u00edas aflora en todos los niveles del Estado es la otra cara de la impotencia ante el fracaso de la operaci\u00f3n modernizadora iniciada en los a\u00f1os ochenta y que ahora se revela cosm\u00e9tica y superficial. Ahora bien, un Estado no es sino la organizaci\u00f3n social de la violencia, y la soberan\u00eda, el poder de definir el enemigo. De c\u00f3mo administrar ese poder depende la estabilidad y el prestigio del Estado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es un s\u00edntoma de la fragilidad de la democracia espa\u00f1ola que, mientras la violencia del 1 de octubre escandalizaba al mundo, all\u00ed se utilizara para legitimar la represi\u00f3n posterior. Quiz\u00e1s nada define mejor la diferencia espa\u00f1ola. Cuando alguna vez he dicho que el conflicto hispano-catal\u00e1n era fundamentalmente un choque de identidades, siempre ha habido alguien dispuesto a negarlo. La correcci\u00f3n pol\u00edtica, por un lado, y el idealismo, por otro, esconden el problema bajo una alfombra de lugares comunes. Pero he aqu\u00ed que una gran parte de los espa\u00f1oles, comprendidos los que viven en Catalu\u00f1a, se identifican con la violencia del Estado, la hacen suya, la aplauden y la alientan. Piden sangre. Y c\u00e1rceles. Y linchamientos medi\u00e1ticos. Toda circunstancia, por peque\u00f1a que sea, es ocasi\u00f3n de castigo, se trate de unas piezas de arte en las que nadie se habr\u00eda fijado si hubieran estado en cualquier museo fuera de Catalu\u00f1a, o de que en una escuela de Terrassa un maestro haga un &#8216;refer\u00e9ndum&#8217; para escoger los delegados de clase (ya se persiguen las palabras, como siempre ocurre en las dictaduras), por no hablar de la persecuci\u00f3n de la misma cr\u00edtica de la violencia, o, en fin, de las denuncias de la ense\u00f1anza, un cl\u00e1sico del asalto a la autonom\u00eda, intentado una y otra vez, como en la toma de Jeric\u00f3, a fuerza de dar vueltas a las murallas con la trompeter\u00eda dando toda su potencia de esc\u00e1ndalo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quienes saludan la violencia no son espectadores sino actores por instituci\u00f3n interpuesta. Para muchos, el 1 de octubre fue la se\u00f1al para ajustar cuentas. En pocos a\u00f1os se ha transitado de &#8216;echar una firma contra los catalanes&#8217; a la humillaci\u00f3n sangrienta y la impunidad absoluta. En el independentismo Espa\u00f1a ha redescubierto el chivo expiatorio al que trasladar los propios pecados y sacrificarlo en una ceremonia cat\u00e1rtica de reconciliaci\u00f3n consigo misma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay quien se pregunta c\u00f3mo ha sido posible un fracaso tan estrepitoso de la democracia. Como es habitual, la respuesta ordinaria no explica nada. Se ha dicho, para normalizar la excepcionalidad, que ning\u00fan pa\u00eds tolera la escisi\u00f3n de una parte del territorio. Esta explicaci\u00f3n es patentemente falsa, como lo demuestran las diversas escisiones de baja conflictividad acaecidas a lo largo del siglo XX, y los refer\u00e9ndums de independencia organizados en democracias avanzadas como el Reino Unido y Canad\u00e1. Pregunten a cualquiera de los que hoy truenan contra todo lo que huela a catalanidad en que el perjudicar\u00eda una rep\u00fablica catalana dentro del espacio europeo compartido. Dif\u00edcilmente les responder\u00e1 que le preocupa mantener la capacidad extractiva del Estado. O que teme la limitaci\u00f3n de la movilidad de las personas. Hoy la independencia, incluso fuera del espacio Schengen, no implica poner fronteras obstructivas. Lo demuestra la negociaci\u00f3n de un Brexit suave, o m\u00e1s cerca, el ejemplo de Andorra, pa\u00eds extracomunitario pr\u00e1cticamente espa\u00f1olizado. \u00bfQu\u00e9 significan, pues, los que dicen que sentir\u00edan la independencia de Catalu\u00f1a como una amputaci\u00f3n? Ya sorprende que el \u00f3rgano elegido por quienes se sirven de esta analog\u00eda no sea nunca la cabeza, que es, para seguir con la met\u00e1fora, el lugar donde reside la &#8216;cabeza&#8217; (el &#8216;jefe&#8217;) del Estado; ni mucho menos el coraz\u00f3n, reservado por derecho natural a Castilla (Machado &#8216;dixit&#8217;) pero ni siquiera el h\u00edgado o el est\u00f3mago, ni ning\u00fan otro \u00f3rgano vital. La parte con la que se compara a Catalu\u00f1a suele ser un brazo, esto es, una extremidad \u00fatil pero no central ni indispensable a la personalidad. Es como si la misma met\u00e1fora relativizara la integridad del cuerpo constitucionalmente indivisible. Acordar a Catalu\u00f1a una funci\u00f3n puramente instrumental en el cuerpo espa\u00f1ol equivale a negarle las funciones rectora y afectiva; es devaluarla al nivel de simple pertenencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La independencia de Catalu\u00f1a repugna en la medida que es imaginable. Y lo es no por estar mejor organizada o ser econ\u00f3micamente m\u00e1s viable que la de otras comunidades con una pulsi\u00f3n nacional m\u00e1s d\u00e9bil, sino por avalarla una identidad imposible de negar y de mal trivializar. Por ello, la violencia no cesar\u00e1 con el fin del 155, que es meramente su articulaci\u00f3n procedimental. Una vez se ha desatado, tiene que hacer necesariamente su recorrido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El 22 de diciembre los catalanes se despertaron de una pesadilla. Un mill\u00f3n de vecinos (no se puede decir compatriotas y la palabra conciudadanos est\u00e1 definitivamente viciada por la apropiaci\u00f3n partidista) dijeron claro y fuerte que eran espa\u00f1oles, y que estaban dispuestos a serlo a remolque de la violencia, las mentiras, la censura y la persecuci\u00f3n de quienes reclaman el derecho a decidir democr\u00e1ticamente su futuro pol\u00edtico. El 1 de octubre fue la prueba de que Espa\u00f1a no puede controlar Catalu\u00f1a si no es con violencia. Esta violencia, unos la reprueban y otros lo esgrimen sin complejos. Al fin la fiscal\u00eda lo afina, culpabilizando a la v\u00edctima por el hecho de padecerla, como si la violencia emanara de un circuito cerrado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El 1 de octubre cristaliz\u00f3 dos identidades a ambos lados de las urnas, y las del 21 de diciembre terminaron de definirlas n\u00edtidamente. La divisi\u00f3n efectiva, independientemente de la distribuci\u00f3n partidista del voto, hoy est\u00e1 entre quienes emprendieron un viaje pac\u00edfico hacia la dignidad y los que se alinean con la brutalidad policial y la revancha judicial posterior. Existe la identidad de los que reclaman la libertad de los presos pol\u00edticos y la de quienes niegan la existencia de presos pol\u00edticos, los mismos que llaman a desinfectar las instituciones y los medios de comunicaci\u00f3n, quienes aprueban la arbitrariedad jur\u00eddica y amenazan con repetir el estado de excepci\u00f3n, quienes proponen indultos antes de que haya condenas y quienes ponen el grito en el cielo ante la &#8216;debilidad&#8217; de indultar, \u00bfpues de qu\u00e9 sirve un chivo expiatorio indultado? Estas son las identidades operativas a principios de 2018, las \u00fanicas pol\u00edticamente significativas en el sistema binario que dinamiza la estructura simb\u00f3lica del Estado espa\u00f1ol<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No nos enga\u00f1emos: la violencia forma parte de la esencia del Estado. Y Catalu\u00f1a no se puede enfrentar a ella con una propia, precisamente porque no es un Estado. Pero la violencia acaba agot\u00e1ndose cuando no tiene otro motor que ella misma. Cuando llega a su m\u00e1ximo grado, hace implosi\u00f3n, desmoralizando a sus partidarios. Porque no es posible respetar la violencia por s\u00ed misma, ni respetarse quien la practica al margen de toda justificaci\u00f3n moral. Este es el secreto de la resistencia pac\u00edfica: conservar las cotas m\u00e1s altas de la moralidad. Pero la resistencia no violenta s\u00f3lo es eficaz cuando la v\u00edctima la convierte en estrategia, cuando de su sufrimiento hace una identidad. Mientras los opresores esconden la violencia tanto como pueden, la estrategia no violenta intenta llevarla al paroxismo. Conviene que se perciba a fin de que se devore a s\u00ed misma. Esto es as\u00ed porque en la mayor\u00eda de personas la capacidad de identificarse con el mal es limitada, y llega un momento en que la indiferencia y la equidistancia se convierten en insoportables y uno se separa de ellas con el fin de salvar la autoestima.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">VILAWEB<\/p>\n<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sab\u00edamos que si Catalu\u00f1a fracasaba en el intento de independizarse, la reacci\u00f3n del Estado ser\u00eda demoledora. La invocaci\u00f3n del art\u00edculo 155 no ha sido m\u00e1s que la hoja de parra, un legalismo muy leve para justificar la agresi\u00f3n sin matices. Por ello la suspensi\u00f3n a partir del d\u00eda 17 no cambiar\u00e1 nada. 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Desde que estall\u00f3 la crisis (no s\u00f3lo econ\u00f3mica sino tambi\u00e9n constitucional, cultural, de valores) Espa\u00f1a se qued\u00f3 sin horizonte y ahora es un pa\u00eds condenado a una existencia performativa, en la inacabable, por absurda, reconstrucci\u00f3n de una identidad que ya s\u00f3lo se expresa por medio del espejismo de una unidad inalcanzable. Catalu\u00f1a, dicho sea de paso, tambi\u00e9n parece condenada a una existencia de holand\u00e9s errante, siempre al borde de disolver su identidad en una aspiraci\u00f3n que se le escurre cuando m\u00e1s cerca la tiene.","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-violencia-como-identidad\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"La violencia como identidad - Nabarralde","og_description":"Sab\u00edamos que si Catalu\u00f1a fracasaba en el intento de independizarse, la reacci\u00f3n del Estado ser\u00eda demoledora. La invocaci\u00f3n del art\u00edculo 155 no ha sido m\u00e1s que la hoja de parra, un legalismo muy leve para justificar la agresi\u00f3n sin matices. Por ello la suspensi\u00f3n a partir del d\u00eda 17 no cambiar\u00e1 nada. Catalu\u00f1a ya era la pieza a abatir antes del 1 de octubre, pero una vez se ha levantado la veda, la 'a-por-ellos' se ha convertido en consigna de un cierto patriotismo espa\u00f1ol. No pod\u00eda ser de otra manera. Las sociedades necesitan un enemigo para cohesionarse y la violencia suele ser el cemento. Esto es cierto sobre todo en \u00e9pocas de crisis, cuando los miedos se apoderan de la ciudadan\u00eda y cuesta encarar el futuro. Espa\u00f1a hace d\u00e9cadas que inici\u00f3 una involuci\u00f3n, disimulada durante alg\u00fan tiempo por la bonanza econ\u00f3mica, que se basaba en una ficci\u00f3n. Desde que estall\u00f3 la crisis (no s\u00f3lo econ\u00f3mica sino tambi\u00e9n constitucional, cultural, de valores) Espa\u00f1a se qued\u00f3 sin horizonte y ahora es un pa\u00eds condenado a una existencia performativa, en la inacabable, por absurda, reconstrucci\u00f3n de una identidad que ya s\u00f3lo se expresa por medio del espejismo de una unidad inalcanzable. 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