{"id":37852,"date":"2018-01-08T12:38:48","date_gmt":"2018-01-08T10:38:48","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/un-cuento-africano\/"},"modified":"2018-01-08T12:38:48","modified_gmt":"2018-01-08T10:38:48","slug":"un-cuento-africano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/un-cuento-africano\/","title":{"rendered":"Un cuento africano"},"content":{"rendered":"\n<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace ya muchos a\u00f1os, en \u00c1frica, un Estado quiso demostrar a todo un pueblo, a trav\u00e9s de la polic\u00eda, los jueces y el gobierno, que \u00e9l era el \u00fanico que ten\u00eda el monopolio de la violencia, la ley y el poder. Y lo hizo sin ninguna man\u00eda, ni el menor escr\u00fapulo, sin ninguna preocupaci\u00f3n por guardar las formas. Todo el mundo pudo ver o sufrir, entonces, la brutalidad uniformada, el vandalismo policial, la violencia con casco, cuando funcionarios de los llamados cuerpos de seguridad agredieron con ganas a gente pac\u00edfica e indefensa, que no se volvi\u00f3, pero que resisti\u00f3 con todo el coraje. Y repartieron estopa con ojos de rabia, llenos de odio, necesitados de que se les diera v\u00eda libre -a\u00fan m\u00e1s- al ejercicio indiscriminado de la violencia contra gente de todas las edades, sin ning\u00fan miramiento. Gritaban que les dejaran actuar, con un bramido salido de las gargantas de unos rostros llenos de ira, con el comportamiento tradicional de cualquier fuerza de ocupaci\u00f3n en un territorio que no era el suyo y contra unos ciudadanos que no eran sus compatriotas. No era, ni m\u00e1s ni menos, otra cosa que la actitud propia de alguien que act\u00faa en un territorio ocupado y contra un enemigo claramente identificable. Porque los dirigentes de ese Estado no ten\u00edan adversarios pol\u00edticos, sino enemigos nacionales, y actuaban desde un reprobable esp\u00edritu de revancha. Un enemigo que no se encontraba en igualdad de condiciones, porque no era ning\u00fan ej\u00e9rcito, ni ning\u00fan cuerpo uniformado, sino ciudadanos, hombres y mujeres de todas las edades y condici\u00f3n social, de or\u00edgenes muy diversos, es decir, todo un pueblo, que, a diferencia de ellos, iba desarmado y s\u00f3lo bland\u00eda urnas, papeletas de voto y un elevado sentido de la defensa de la democracia. Result\u00f3, sin embargo, que aquellos que hab\u00edan sido v\u00edctimas del odio oficial por su condici\u00f3n nacional y democr\u00e1tica, vieron c\u00f3mo una interpretaci\u00f3n burda de la ley les hab\u00eda convertidos en verdugos agresores y, en pobres v\u00edctimas, a aquellos que s\u00ed les hab\u00edan atacado. De hecho, mirando su historia, aquel Estado no admit\u00eda otra cosa que no fuera la derrota total, la sumisi\u00f3n absoluta o el genocidio cultural m\u00e1s o menos encubierto. Estas eran sus normas y sus h\u00e1bitos at\u00e1vicos. Y no ten\u00eda otros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ni entonces ni ahora, pero, en parte alguna nadie se comporta con este salvajismo tan inhumano si no sabe que cuenta, sintiendo su aliento de apoyo en la nuca, con la complicidad de autoridades pol\u00edticas que son, en definitiva, aquellas que les han dado las \u00f3rdenes de actuar y que no les sancionar\u00e1n por la dureza f\u00edsica de su intervenci\u00f3n. Al contrario, en aquella \u00e9poca los mandos fueron condecorados por el ministro de turno -y aplaudida la distinci\u00f3n por el partido m\u00e1s votado-, por los servicios prestados, violencia desmedida incluida. Y los agentes protagonistas del ataque feroz felicitados, por su infame proeza y su vil heroicidad, en los buques de la ignominia en que se alojaban, por el titular del ministerio correspondiente. Agentes que, despu\u00e9s, en la capital de su pa\u00eds, profirieron comentarios personales miserables sobre algunos de los ministros derribados por el golpe de estado, a los que trataron peor que a asesinos y violadores con las esposas por detr\u00e1s del cuerpo, que los hicieron desnudarse como puro ejercicio de humillaci\u00f3n y vejaci\u00f3n y que, como cuando golpearon a gente indefensa, encontraron placer en la agresi\u00f3n. Y les hicieron pasar, aunque fuera una sola noche, por la prisi\u00f3n. Y a otros les retuvieron bastante m\u00e1s tiempo, en fechas se\u00f1aladas y lejos de los suyos, porque quisieron recordar, en cada momento, qui\u00e9n mandaba y a qui\u00e9n se deb\u00eda obedecer, aunque fuera haciendo mal, innecesariamente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una jueza lleg\u00f3 a asegurar que ning\u00fan fiscal mov\u00eda ni un solo dedo sin que lo supiera antes el gobierno. El gobierno de un Estado que figuraba en la cola de la independencia judicial, pero que se jactaba de repetir que la ley era igual para todos, con un cinismo profesional imposible de superar y que, como mucho, llegaba a la categor\u00eda de broma de mal gusto. Era cuando jueces y fiscales no ocultaban su satisfacci\u00f3n a la hora de acusar a miembros de un gobierno elegido democr\u00e1ticamente, que los condenaban en declaraciones a los medios antes de haberlos o\u00eddo y juzgados, que forzaban leyes e inventaban delitos, por simple hecho de complacer al gobierno que los hab\u00eda nombrado, y que lo hac\u00edan, con toga o sin ella, con el mismo disfrute por el sufrimiento de los dem\u00e1s que la polic\u00eda que ya les hab\u00eda precedido con un comportamiento similar. A veces, no pod\u00edan ni ocultar aquel sonrisa c\u00ednica de quien sabe que todas le ponen, porque no ignoraban que la ley eran ellos y la hac\u00edan marchar tal y como m\u00e1s les conven\u00eda. Y aparec\u00edan posibles penas en los medios de comunicaci\u00f3n, cuando ni siquiera hab\u00edan tomado declaraci\u00f3n a los detenidos o citados a comparecer. Les ayud\u00f3 tambi\u00e9n y mucho, en aquella indignidad, el silencio c\u00f3mplice de la Organizaci\u00f3n para la Unidad Africana ante las medidas represivas promovidas por el partido gubernamental m\u00e1s corrupto de todo el continente africano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entonces, gente civil, cargos pol\u00edticos ministeriales del partido gobernante all\u00ed y que, en el pa\u00eds entonces sometido, s\u00f3lo obten\u00eda el 2,9% de los votos, eran los que dieron las \u00f3rdenes de actuar como lo hizo su polic\u00eda. El jefe de la otra polic\u00eda, en cambio, considerado un profesional responsable y eficiente en muchos pa\u00edses por la intervenci\u00f3n del cuerpo que dirig\u00eda durante los ataques terroristas ocurridos en el pa\u00eds, fue apartado del mando y acusado de delitos ficticios, quiz\u00e1 porque esta polic\u00eda fue mucho m\u00e1s profesional que la otra, la que vapule\u00f3 a la buena gente que s\u00f3lo quer\u00eda votar. Le acusaron de no haber enviado a sus subordinados a participar en el asalto armado a los colegios electorales y de no haber infringido ninguna baja entre la ciudadan\u00eda, dado que ninguno de los m\u00e1s de mil heridos lo fue por los agentes que \u00e9l comandaba. En resumen, le acusaron de no haber sido bestia como los dem\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En aquellos a\u00f1os, por m\u00e1s incre\u00edble que ahora nos pueda parecer, hab\u00eda ministros que ment\u00edan en televisiones internacionales, muy conscientes del enga\u00f1o, pero que, carentes de la m\u00e1s m\u00ednima conciencia \u00e9tica o moral, continuaban promoviendo la falsedad para desacreditar a otro pa\u00eds ante el mundo. Ministros que hablaban satisfechos de lo mal les ir\u00edan las cosas si los oprimidos no se comportaban, como pueblo, de la manera que ellos quer\u00edan. Eran ministros que radicalizaban la opini\u00f3n p\u00fablica y usaban palabras que encubr\u00edan conceptos referidos a realidades inexistentes, que romp\u00edan la sociedad, que la divid\u00edan, que creaban malestar all\u00ed donde, antes, s\u00f3lo hab\u00eda habido convivencia. Ministros que amenazaban, boicoteaban, recortaban, ment\u00edan y se comportaban como un verdadero mat\u00f3n de barrio, sabiendo como sab\u00edan que ellos ten\u00edan la fuerza y, por este motivo, ante tantos silencios clamorosos, interven\u00edan las finanzas de ese pa\u00eds y suprim\u00edan su autogobierno. Ministros que se alegraban de las penalidades, estrecheces y dificultades de los gobernantes encarcelados o exiliados, y que hac\u00edan burla siempre que pod\u00edan, sin ning\u00fan respeto por sus familiares y por aquellos que les hab\u00edan votado. Ministros que, antes de empezar a hablar, ya ofend\u00edan con la mirada o la pose, resguardados, cobardemente, tras la impunidad de su legalidad. Gente miserable que sab\u00eda que contaba con el apoyo y la complicidad de los otros partidos de su pa\u00eds, con los que compet\u00eda en nacionalismo, conociendo como conoc\u00eda que lo grueso de la herencia de su dictadura anterior hab\u00eda sido muy repartido, pol\u00edtica, social y territorialmente y, pues, que nadie les pasar\u00eda factura si las v\u00edctimas eran del pa\u00eds castigado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En aquellos a\u00f1os, contaban con periodistas al servicio del Estado, de las mentiras del Estado, de los abusos del Estado, de la infamia del Estado, de los intereses del Estado, dispuestos a enga\u00f1ar, tergiversar y manipular tanto como fuera necesario, a cambio de mantener su cuota de pantalla, de antena o de suscripciones. Jefes de Estado que, sin ni mover una ceja, se permit\u00edan el lujo de hablar de democracia, cuando resulta que ten\u00edan un cargo que no hab\u00eda sido avalado por el voto de ning\u00fan ciudadano, porque nadie les hab\u00eda votado y nunca hab\u00edan pasado por unas urnas que tanta alergia les provocaban. Fue aquella \u00e9poca, ya lejana, en que da\u00f1aron la pol\u00edtica, torpedearon la justicia, ensuciaron el periodismo e hicieron saltar por los aires el clima de civilidad social que se viv\u00eda en la naci\u00f3n oprimida. En fin, d\u00e9cadas despu\u00e9s se pudo ver c\u00f3mo hab\u00eda muy buena gente, bell\u00edsimas personas, pero los dirigentes mencionados eran mala gente, malas personas, gente que se crec\u00eda agrediendo a los dem\u00e1s, a golpes de ley, a porrazos, a golpes de portada de peri\u00f3dico o de informativo. Visto con la perspectiva que da el tiempo, ahora ya nadie se pregunta por qu\u00e9 se acabaron independizando de aquel Estado que les oprim\u00eda, persegu\u00eda y estrangulaba, porque la respuesta es muy f\u00e1cil de entender: no eran como ellos, ni quer\u00edan serlo. Felizmente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">EL M\u00d3N<\/p>\n<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace ya muchos a\u00f1os, en \u00c1frica, un Estado quiso demostrar a todo un pueblo, a trav\u00e9s de la polic\u00eda, los jueces y el gobierno, que \u00e9l era el \u00fanico que ten\u00eda el monopolio de la violencia, la ley y el poder. 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Gritaban que les dejaran actuar, con un bramido salido de las gargantas de unos rostros llenos de ira, con el comportamiento tradicional de cualquier fuerza de ocupaci\u00f3n en un territorio que no era el suyo y contra unos ciudadanos que no eran sus compatriotas.","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/un-cuento-africano\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/nabarralde.eus\/es\/un-cuento-africano\/"]}]},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/un-cuento-africano\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"Un cuento africano"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#website","url":"https:\/\/nabarralde.eus\/","name":"Nabarralde","description":"Kultur Ekimenak eta Sustapenak","potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/nabarralde.eus\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#\/schema\/person\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56","name":"Nabarralde","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g","url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g","contentUrl":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g","caption":"Nabarralde"},"url":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/author\/nagusia\/"}]}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/37852","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=37852"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/37852\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=37852"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=37852"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=37852"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}