{"id":37033,"date":"2017-06-21T14:31:41","date_gmt":"2017-06-21T12:31:41","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/morir-de-risa\/"},"modified":"2017-06-21T14:31:41","modified_gmt":"2017-06-21T12:31:41","slug":"morir-de-risa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/morir-de-risa\/","title":{"rendered":"Morir de risa"},"content":{"rendered":"\n<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">Comenzar\u00e9 con una declaraci\u00f3n contundente: no se deber\u00eda tomar nunca -jam\u00e1s- ninguna medida ni legal ni penal ni represiva para prohibir, limitar o encauzar las expresiones humor\u00edsticas. Por razones de supervivencia \u00e9tica y democr\u00e1tica, estamos obligados a permitir que manen y circulen todos los chistes, a la espera de que agoten la vida que llevan dentro, y esto incluye los chistes blancos y los negros y los verdes, los truculentos, los crueles, los escatol\u00f3gicos, los machistas, los racistas, los sacr\u00edlegos y, desde luego, los malos y los buenos. Si algo no puede ser nunca \u201cpol\u00edticamente correcto\u201d es el sentido del humor, y ello por razones que veremos enseguida. Podemos evitar que la gente haga lo que no debe, podemos evitar incluso que piense lo que no debe; pero es in\u00fatil intentar impedir que la gente se r\u00eda de lo que no debe. Es peligroso hasta propon\u00e9rselo. De hecho, se me antoja inquietante la tendencia creciente a censurar en las redes, en nombre de las luchas m\u00e1s honorables, el mal gusto de algunas pruebas de ingenio, chascarrillos fachas o chistes bellacos, pues tomarse en serio los chistes, como potenciales fuentes de mal, implica aceptar la l\u00f3gica de los reg\u00edmenes dictatoriales o autoritarios, seg\u00fan la cual hay temas que no se pueden tomar a broma. Todo se puede tomar a broma. Cada vez que nos escandalizamos desde la izquierda por un chiste machista o racista, y lo denunciamos como pidiendo amparo al Estado, estamos justificando sin quererlo intervenciones represivas como la Ley de Seguridad Ciudadana, umbral autoritario que permiti\u00f3 procesar a <strong>Guillermo Zapata<\/strong> o a los miembros de la compa\u00f1\u00eda T\u00edteres desde abajo y ahora condenar a <strong>Cassandra Vera<\/strong>. Defendamos incluso el mal gusto, incluso la miseria mental. Una persona que est\u00e1 a punto de morirse tiene derecho a re\u00edrse hasta de su propia madre. Todos estamos a punto de morirnos. El derecho sagrado a no considerar nada sagrado -desde el punto de vista de la risa- se llama sencillamente \u201cmortalidad\u201d. Los que vamos a morir, os contamos un chiste.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es verdad que, si la risa es universal, los objetos de hilaridad no lo son y que no hay un criterio definitivo para distinguir un buen chiste de uno malo. Por eso conviene empezar por lo que s\u00ed sabemos: que a las dictaduras no les gustan los chistes. Todas \u2013<strong>Hitler<\/strong>, <strong>Mussolini<\/strong>, <strong>Franco<\/strong>, <strong>Pinochet<\/strong>, <strong>Gadafi<\/strong>, <strong>Ben Ali<\/strong>\u2013 crearon redes de confidentes que cazaban el descontento o la disidencia en su \u00faltimo refugio: las conversaciones en los patios de vecinos y los caf\u00e9s, donde los ciudadanos se defend\u00edan del peligro con un cuento c\u00f3mico o un chascarrillo. Las dictaduras son serias y se toman a s\u00ed mismas tan en serio que, a fuerza de sensibilidad, acaban por considerar mal\u00e9volas todas las ocurrencias y perseguir sencillamente el sentido del humor. Terror\u00edfico y, al mismo tiempo, parad\u00f3jicamente humor\u00edstico es el testimonio de un preso -recogido por la escritora <strong>Svetlana Aleksievich<\/strong>\u2013 que comparti\u00f3 gulag en Bielorusia con algunas personas condenadas a prisi\u00f3n por haber contado chistes, pero tambi\u00e9n con tres pobres aldeanos de mediana edad que estaban all\u00ed, privados de libertad, por\u2026 parecerse a <strong>Stalin<\/strong>. Incluso los chistes que hace la naturaleza tienen que ser perseguidos, aunque sea a costa de convertir la realidad misma en un chiste atroz. \u201c\u00bfT\u00fa por qu\u00e9 est\u00e1s aqu\u00ed?\u201d, \u201cpor intentar matar a Stalin\u201d, \u201c\u00bfy t\u00fa?\u201d, \u201cpor burlarme del bigote de Stalin\u201d, \u201cy t\u00fa?, \u201cpor tener bigote, como Stalin\u201d. Seguro que este chiste, fruto del ingenio popular, exist\u00eda en 1938; lo contaban en voz baja los moscovitas en los caf\u00e9s -como denuncia hiperb\u00f3lica de las purgas stalinistas-, parti\u00e9ndose de risa ante el poder de la imaginaci\u00f3n y sin saber que Stalin estaba realmente llenando las c\u00e1rceles de tipos que se parec\u00edan a \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta an\u00e9cdota dice muchas cosas acerca de la relaci\u00f3n de las dictaduras con el humor y, por lo tanto, acerca de las dictaduras y acerca del humor mismo. La primera es que las dictaduras no entienden, y tienden a borrar, las fronteras entre la realidad y la ficci\u00f3n, que es justamente la que el humor afirma y defiende como propia de la condici\u00f3n mortal de los humanos. El chiste de Stalin era la realidad de sus v\u00edctimas. Un chiste t\u00edpico de dictadura es el de coger a un prisionero, ponerlo frente a un pared\u00f3n y fusilarlo con balas de fogueo. Al prisionero no lo han matado de verdad, pero s\u00ed que ha muerto realmente. Los chistes materiales, cuya ficci\u00f3n no es consciente y compartida por todas las partes, se llaman bromas y en general suelen tener poca gracia. Pensemos en las novatadas de los cuarteles o en esos programas televisivos de \u201cc\u00e1mara oculta\u201d en los que la risa unilateral se basa en la ignorancia de la v\u00edctima, a la que se exige luego, una vez desvelado el montaje, que celebre el ingenio de su verdugo. Durante el Ramadan de 2016 la dictadura egipcia emiti\u00f3 una serie, de t\u00edtulo <strong>Mini Daesh<\/strong>, consistente en grabar las reacciones de inadvertidos egipcios a las que se hac\u00eda creer que hab\u00edan sido capturados por el Estado Isl\u00e1mico y que estaban a punto de ser violados, asesinados o utilizados en un atentado suicida. Eso no es humor. El humor implica la aceptaci\u00f3n consciente del tablero por parte de todos los participantes: \u201cvoy a contar un chiste\u201d. Es como el juego: podemos jugar a indios y vaqueros y matarnos de mentiras con pistolas de juguete, pero ya no se trata de un juego -aunque al final el gesto se revele ficticio- si fingimos el fusilamiento de un prisionero o hacemos creer a una mujer que el Daesh est\u00e1 a punto de degollarla. Esa broma se llama tortura. Las dictaduras, que torturan y se r\u00eden de sus v\u00edctimas, no tienen sentido del humor -y lo persiguen- porque no distinguen entre realidad y ficci\u00f3n. Los militares, los machistas, los racistas son bromistas; los borrachos y los poetas son chistosos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora bien, no distinguir entre realidad y ficci\u00f3n implica tom\u00e1rselo todo en serio. Un chiste sobre <strong>Bachar Al-Asad<\/strong> o sobre <strong>Erdogan<\/strong> -ahora que el gobernante turco ha entrado en un precipicio autoritario- no es un enunciado indoloro o apotropaico que se disuelve en s\u00ed mismo y en el alivio que produce a sus oyentes: es ya un magnicidio. Para el dictador no hay ninguna palabra que no sea una acci\u00f3n; ninguna queja que no sea una pu\u00f1alada. Se toma igualmente en serio un chascarrillo y un disparo, un epigrama y una conspiraci\u00f3n, sin distinguir entre la consistencia ontol\u00f3gica de uno y de otra, y ello porque se toma demasiado en serio a s\u00ed mismo. \u00bfY de d\u00f3nde extrae tanta seriedad? El que cuenta o escucha un chiste se sabe y se declara mortal. El que se toma en serio a s\u00ed mismo se niega a aceptar esta condici\u00f3n. El que se quiere inmortal, y tiene los medios para matar a los otros, no puede escuchar un chiste sin sentir amenazada su inmortalidad. Los dictadores y las dictaduras creen que su poder absoluto, que decide sobre la vida ajena, decide tambi\u00e9n sobre la propia muerte. Todo poder absoluto se cree inmortal y, frente a \u00e9l, cualquier expresi\u00f3n alegre o jocosa, porque cuestiona su inmortalidad, cuestiona su poder. S\u00f3lo los que se saben mortales tienen derecho a contar chistes, incluso malos, incluso racistas, incluso sacr\u00edlegos; y por eso el chiste es siempre un imperativo de libertad frente a los que, ignorantes de su inmortalidad e incapaces de distinguir entre realidad y ficci\u00f3n, tratan de imponer por ley el juego mortal de la seriedad generalizada e ininterrumpida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero la an\u00e9cdota de Stalin sirve tambi\u00e9n para que reflexionemos sobre los g\u00e9neros y sus diferencias. \u00bfPor qu\u00e9 Stalin encarcelaba a inocentes que se le parec\u00edan f\u00edsicamente? Hay una explicaci\u00f3n psicop\u00e1tica: Stalin era \u00fanico e irrepetible y no pod\u00eda aceptar la existencia de ninguna r\u00e9plica suya suelta por el mundo. Hay otra explicaci\u00f3n paranoico-policial: su doble, en libertad, pod\u00eda suplantarlo en su propia ventaja o con el fin de amenazar la seguridad del Estado. Y est\u00e1, finalmente, la explicaci\u00f3n m\u00e1s sencilla. Los pobres aldeanos no eran id\u00e9nticos a Stalin; se le parec\u00edan. Eran, por tanto, caricaturas de Stalin. Estaba prohibido caricaturizar a Stalin y, si la Naturaleza produc\u00eda caricaturas de Stalin, hab\u00eda que retirarlas de la circulaci\u00f3n, como se hubiera hecho con un peri\u00f3dico o un panfleto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si hay que tener presente la diferencia entre un chiste y una broma, no menos la que distingue el chiste de la caricatura. El chiste verbal, lo dec\u00edamos, habla siempre de la mortalidad compartida: el narrador es tan mortal como el objeto del chiste, habitualmente fuera de la habitaci\u00f3n, y el oyente, mortal tambi\u00e9n, se reserva el derecho o no a re\u00edrse. El chiste, adem\u00e1s, al igual que la met\u00e1fora, relaciona dos mundos paralelos inconmensurables, pero lo hace contra toda l\u00f3gica y por eso hace re\u00edr: uno de los \u201cesquemas\u201d m\u00e1s conocidos es precisamente el que, a modo de adivinanza, inicia el chiste con un \u201c\u00bfen qu\u00e9 se parecen?\u201d (\u201c\u00bfEn qu\u00e9 se parecen un boxeador y un telescopio?\u201d, \u201cen que los dos hacen ver las estrellas\u201d). Otro esquema frecuente y fecundo es el de \u201cse abre el tel\u00f3n\u201d, que explota igualmente la aproximaci\u00f3n disparatada entre dos realidades inconmensurables: siempre me ha encantado -lo confieso- ese que describe a una mujer grande y gorda, de pie en una silla sobre el escenario, a la que da un calambrazo la bombilla que est\u00e1 intentando enroscar en el techo: \u201c\u00bfc\u00f3mo se llama la pel\u00edcula?\u201d, \u201cel amperio contra Paca\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La caricatura gr\u00e1fica, en cambio, explota el parecido y eso hace que el objeto de la misma se reconozca en la deformidad materializada. No es por justificar a Stalin, pero era comprensible que se sintiera m\u00e1s ofendido por una caricatura -incluso por una caricatura viva- que por un chiste. La caricatura no narra nada; est\u00e1 hecha para ridiculizar y de manera expansiva y par\u00e1sita, pues a ese parecido se le puede adherir cualquier accesorio ideol\u00f3gicamente degradante. Pensemos, por ejemplo, en la famosa caricatura publicada en el Charlie Hebdo en la que se representaba a <strong>Mahoma<\/strong>, narigudo y barbudo, con una bomba sobre el turbante. Eso no es un chiste. Lo explicaba muy bien el dibujante franco-argelino <strong>Halim Mahmoudi<\/strong>, amigo de muchas de las v\u00edctimas del atentado de enero de 2015, al establecer un paralelismo entre esas caricaturas y las que el antisemitismo populariz\u00f3 hace cien a\u00f1os en toda Europa: \u201cnada hay m\u00e1s expl\u00edcito y directo que una caricatura\u201d, dice; \u201cno est\u00e1n destinadas ni a hacer re\u00edr ni a hacer reflexionar\u201d. Naturalmente no hay que prohibirlas, pero s\u00ed diferenciarlas de una vi\u00f1eta chistosa y amarga, como las que -por ejemplo- dibuja <strong>El Roto<\/strong> en El Pa\u00eds. O esa que -hace unos meses- representaba a un blanco rico en el muelle de un puerto mientras contemplaba c\u00f3mo se ahogaban dos o tres refugiados en el agua: \u201c\u00bfpero por qu\u00e9 cre\u00e9is que venimos a robaros?\u201d, preguntan los n\u00e1ufragos. \u201c\u00bfPorque eso es lo que hacemos nosotros cuando vamos a vuestros pa\u00edses\u201d. Al contrario que estas vi\u00f1etas, la caricatura no hace re\u00edr; y no hace pensar; y por eso ser\u00eda bueno no utilizarla en ning\u00fan campo, salvo en el del retrato tur\u00edstico. Si no podemos prohibirla como recurso discursivo en los debates electorales, tampoco podemos prohibirla en el Charlie Hebdo, por mucho que algunos puedan sentirse ofendidos por ellas. A la espera de que aprendamos a ser graciosos y buenos, habr\u00e1 que aprender a ofenderse con raz\u00f3n y sin matar a nadie.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los chistes no hacen pensar, pero hacen re\u00edr; o al menos \u00e9se es su prop\u00f3sito. Siempre he estado de acuerdo con <strong>Kant <\/strong>y <strong>Bergson<\/strong> en el sentido de que son \u201cun placer del entendimiento\u201d asociado a una \u201ctensi\u00f3n intelectual que se resuelve en nada\u201d. Kant nunca vio ning\u00fan problema moral en ellos. Bergson, en cambio, s\u00ed. En su ensayo sobre la risa escribi\u00f3: \u201clo c\u00f3mico exige algo as\u00ed como una anestesia moment\u00e1nea del coraz\u00f3n\u201d, de manera que la hilaridad provocada por un chiste racista implica sacrificar toda empat\u00eda a esa disfrute inmediato de la \u201cinteligencia pura\u201d. S\u00e9 que no es \u201cpol\u00edticamente correcto\u201d, pero -volviendo al principio- creo en el derecho sagrado de los mortales a contar chistes buenos y malos al margen de un juicio \u00e9tico o moral. Los chistes constituyen un placer de la pura inteligencia, s\u00ed, y son, por lo tanto, potencialmente injustos en un mundo materialmente desigual. Su esquema necesita siempre un objeto humano -v\u00edctima de la risa- cuya completa idiotez disparatada a veces se vira, por compensaci\u00f3n \u201cclasista\u201d, en aguda inteligencia: pensemos, por ejemplo, en los chistes de nuestro Jaimito o en el Juha \u00e1rabe. \u00bfHay muchos chistes sobre jud\u00edos? Los hab\u00eda y no por casualidad; y sin duda su disminuci\u00f3n tiene que ver con la falta de sentido del humor de Hitler, que los caricaturiz\u00f3 y se los tom\u00f3 en serio. Pero, \u00bfun chiste sobre jud\u00edos empuja o justifica el Holocausto?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No es el esquema del chiste sino los hablantes, cuando dejan de re\u00edrse y por otros motivos, los que matan. Cada pueblo, de hecho, cuenta chistes sobre el pueblo vecino. Que el objeto del chiste es una funci\u00f3n abstracta y no la finalidad mal\u00e9vola del cuento lo demuestra, por ejemplo, la elecci\u00f3n de Lepe como objeto de una inagotable fertilidad chistosa en la Espa\u00f1a de los a\u00f1os 90. La mayor parte de los espa\u00f1oles no ha estado nunca en esa ciudad; y no ten\u00eda antes ni tiene ahora una mala opini\u00f3n de sus habitantes. Puede que la epidemia empezara en el pueblo de al lado por una rivalidad local, pero lo cierto es que todos, sin saber nada de los leperos, repetimos los chistes y, cuando son buenos, nos mondamos de risa con ellos. \u201cLepero\u201d es una funci\u00f3n, no un objeto de odio, y en su lugar, en efecto, se podr\u00eda poner cualquier otro nombre. De hecho, apenas viajas un poco, escuchas el mismo chiste -id\u00e9ntico en su forma y su desenlace- en Espa\u00f1a sobre los leperos, en T\u00fanez sobre los libios, en Egipto sobre los saidi, etc. Pensemos tambi\u00e9n en el esquema \u201cun ingl\u00e9s, un franc\u00e9s y un espa\u00f1ol\u201d que se repite en todas las lenguas intercambiando los papeles seg\u00fan la nacionalidad del narrador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es verdad: en un chiste siempre alguien de fuera \u201cqueda\u201d mal y el chistoso, al re\u00edrse, asume su superioridad y la de sus oyentes solidarios. Pero es una superioridad sin ventaja. No gano nada con ella, salvo -en el caso de contarlo bien- el reconocimiento social de \u201cchistoso\u201d, un papel exigente del que uno ya no puede librarse nunca m\u00e1s y en el que nos jugamos, cada vez que abrimos la boca, nuestro destino. Es mejor no contar bien chistes. Contar bien los chistes ha llevado a m\u00e1s gente a la c\u00e1rcel que a la gloria, al gulag que a la tiran\u00eda. No creo que los chistes introduzcan mucho mal en el mundo. No creo que ofendan, salvo a los dictadores y a los fan\u00e1ticos. O s\u00ed, porque la vida es muy jodida y ofenderse forma parte tambi\u00e9n de nuestra condici\u00f3n mortal. Pero la mejor defensa, individual y colectiva, frente a un chiste es otro chiste y, en efecto, los espa\u00f1oles cuentan chistes de los franceses, que a su vez cuentan chistes de nosotros. Hace tiempo que no hay guerras entre Francia y Espa\u00f1a y no parece que un chiste de gabachos ponga en peligro la paz con nuestro irritante, arrogante, chovinista y displicente pa\u00eds vecino. Hay chistes crueles, truculentos, sanguinarios, pero si tienen gracia -si cumplen el esquema de tensi\u00f3n inteligente y resoluci\u00f3n en nada- la risa misma ofusca o \u201ccensura\u201d el contenido. Si son malos es otra cosa. Un mal chiste sobre jud\u00edos o sobre negros o sobre \u201cmaricones\u201d es como una patada en los huevos, salvo que los cuente un jud\u00edo, un negro o un \u201cmaric\u00f3n\u201d. Cuando el chiste es malo y no hace re\u00edr, el esquema se convierte en caricatura y en broma y el contenido pasa a dominarlo todo. No tiene gracia, si no tiene gracia, hablar de jud\u00edos despu\u00e9s del holocausto ni de negros despu\u00e9s de siglos de esclavitud o de gitanos tras siglos de exclusi\u00f3n y rechazo. Pero si tiene gracia, los jud\u00edos, los negros y los gitanos son s\u00f3lo \u201coperadores\u201d o \u201cfunciones\u201d de la pura inteligencia hilarante. Nadie se r\u00ede de un jud\u00edo cuando se r\u00ede de un buen chiste; se r\u00ede de un buen chiste. Si el chiste no es bueno y, a pesar de todo, nos re\u00edmos, entonces es que somos racistas o machistas u hom\u00f3fobos y con racistas y machistas y hom\u00f3fobos no debemos compartir una mesa. En todo caso no son los chistes, ni siquiera los malos, los que matan; son los dictadores, los fan\u00e1ticos, los machistas y los racistas, cuya incapacidad para distinguir la ficci\u00f3n de la realidad, y por lo tanto para re\u00edrse, se fabrica en otro lado. Los chistes malos -los racistas y machistas- se acabar\u00e1n con el racismo y el machismo. Pero quiero creer que, cuando acabemos con el machismo y el racismo, seguiremos contando chistes, porque somos mortales, y habr\u00e1 en ellos jud\u00edos, negros, gitanos, mujeres, hombres, franceses y leperos, porque siempre necesitaremos apoyarnos en una diferencia discursiva y en una resistencia exterior para ser graciosos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las dictaduras, dec\u00edamos, no cuentan chistes; los hacen realidad y, por supuesto, sin gracia: como caricaturas o como bromas. Eso hac\u00eda Stalin y eso hace <strong>Al-Sisi<\/strong> en Egipto. Contemos chistes, aunque sean malos, aunque sean crueles. Cuando las tiran\u00edas -o la sensibilidad pol\u00edticamente correcta- empiezan a perseguir los chistes es que la realidad misma se est\u00e1 convirtiendo en una broma muy seria. Tenemos derecho a contar chistes y la obligaci\u00f3n de combatir las tiran\u00edas. Es la fragilidad com\u00fan la que autoriza esa \u201csuspensi\u00f3n de los afectos\u201d, como dec\u00eda Bergson, en favor de una inteligencia negra, fatalista, autista, que s\u00f3lo encuentra consuelo en re\u00edrse de s\u00ed misma. Es la fragilidad com\u00fan la que obliga tambi\u00e9n a hacer pol\u00edtica. Los supervivientes cuentan chistes. Los supervivientes se unen contra la injusticia. Todos lo somos -supervivientes- de manera provisional. Todos lo somos -supervivientes- hasta que nos muramos. O hasta que nos mate -no lo consintamos- el fan\u00e1tico, el marido, el invasor o el tirano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(Una versi\u00f3n m\u00e1s corta de este art\u00edculo fue publicada originalmente en la revista en papel <em>Bostezo<\/em>, \u00c9poca II, n\u00famero 0, enteramente dedicado al humor y cuyo contenido recomiendo).<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<div style=\"text-align: justify;\"><strong>Santiago Alba Rico es fil\u00f3sofo y columnista. Su \u00faltima obra es <em><a href=\"https:\/\/www.cuartopoder.es\/detrasdelsol\/europa-sufre-una-desdemocratizacion-radical-desde-presupuestos-de-extrema-derecha\/8813\">Ser o no ser (un cuerpo)<\/a><\/em>, publicada por Seix Barral.<\/strong><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.cuartopoder.es\/ideas\/2017\/04\/13\/morir-de-risa\/\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.cuartopoder.es\/ideas\/2017\/04\/13\/morir-de-risa\/\">http:\/\/www.cuartopoder.es\/ideas\/2017\/04\/13\/morir-de-risa\/<\/a><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">\n<p>CUARTO PODER<\/p>\n<div><\/div>\n<\/p><\/div>\n<p>\u00a0<\/p>\n<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comenzar\u00e9 con una declaraci\u00f3n contundente: no se deber\u00eda tomar nunca -jam\u00e1s- ninguna medida ni legal ni penal ni represiva para prohibir, limitar o encauzar las expresiones humor\u00edsticas. 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