{"id":36997,"date":"2017-06-12T11:32:45","date_gmt":"2017-06-12T09:32:45","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-coronel-dice-que-te-quiero\/"},"modified":"2017-06-12T11:32:45","modified_gmt":"2017-06-12T09:32:45","slug":"el-coronel-dice-que-te-quiero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-coronel-dice-que-te-quiero\/","title":{"rendered":"El coronel dice que te quiero"},"content":{"rendered":"\n<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando un escritor no puede publicar, cuando las editoriales le rechazan cada cosa que manda, \u00bfc\u00f3mo llama a lo que guarda en el caj\u00f3n? Solos de m\u00e1quina de escribir, les dec\u00eda Sergei Dovlatov, y ten\u00eda una buena cantidad de ellos en sus cajones, en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica de Brezhnev. Dovlatov fue disc\u00edpulo de Anna Ajm\u00e1tova y de Joseph Brodsky, aprendi\u00f3 de ellos a tener la guardia alta siempre, pero su \u00e9poca ya era herb\u00edvora: \u201cLos herederos de Stalin son decepcionantes. En tiempos de Stalin se publicaban libros, y luego se fusilaba a los autores. Ahora ni se fusila ni se publica\u201d. Por decir cosas como esta, el joven Dovlatov fue a parar a un campo en Siberia&#8230; pero como guardia: as\u00ed hab\u00edan cambiado los tiempos en la URSS, de Stalin a Kruschev y la gerontocracia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dovlatov quer\u00eda estudiar Letras pero le dieron a elegir: tractorista o servicio militar. Eligi\u00f3 servicio militar: lo mandaron de guardia a un penal de delincuentes comunes en Siberia, donde pas\u00f3 m\u00e1s tiempo castigado en una celda que como carcelero. Volvi\u00f3 tres a\u00f1os despu\u00e9s a Leningrado con un libro en la mochila. La novedad de aquel libro era que rebat\u00eda la representaci\u00f3n cl\u00e1sica de la literatura concentracionaria: el prisionero como v\u00edctima y el guardia como encarnaci\u00f3n del r\u00e9gimen. Dovlatov mostraba en cambio lo que ten\u00edan en com\u00fan, la influencia mutua: \u201cLos carceleros no se distinguen demasiado de los presos. Hablan la misma jerga, piensan las mismas cosas. Y el mundo exterior tampoco se distingue mucho del mundo carcelario. A ambos lados del alambre hay un mundo b\u00e1sicamente igual, poblado por habitantes mezquinos, ego\u00edstas, est\u00fapidos, perezosos y venales\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El joven Dovlatov volvi\u00f3 con ese libro en la mochila y, seg\u00fan sus propias palabras, aburri\u00f3 a todo el mundo. \u201cEntend\u00ed por qu\u00e9 Turgueniev se burlaba de Dostoievski reci\u00e9n salido de prisi\u00f3n. Quiz\u00e1 sea una ligera bravuconada demostrar familiaridad con un material de la vida tan inquietante para los dem\u00e1s\u201d. Desde que volvi\u00f3 de Siberia en 1964 hasta que fue expulsado por indeseable de la URSS en 1978, Dovlatov no logr\u00f3 publicar nada en su pa\u00eds. En los doce a\u00f1os siguientes, en Nueva York, public\u00f3 doce libros cortitos y fulgurantes y despu\u00e9s muri\u00f3 tal como hab\u00eda vivido: de un coma alcoh\u00f3lico. Ya cont\u00e9 su historia ac\u00e1, un viernes hace a\u00f1os (\u201cEl borracho de la casa toma la palabra\u201d), pero la muchachada platense del sello A\u00f1osluz acaba de editar otro de los libros de Dovlatov, con el hermoso t\u00edtulo de El Oficio, y no pude resistir la tentaci\u00f3n, porque la buena noticia es doble: no se trata en realidad de un libro sino de dos juntos, que hablan de lo mismo. El primero se llama \u201cEl libro invisible\u201d y cuenta las tribulaciones de Dovlatov para intentar publicar en la URSS aquel libro sobre su experiencia carcelaria. El segundo se llama \u201cEl diario invisible\u201d y cuenta la delirante experiencia de hacer un diario en ruso en Nueva York.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La gran diferencia entre Leningrado y Nueva York seg\u00fan Dovlatov era que, all\u00e1, la ausencia de oportunidades le daba el derecho a considerarse un genio no reconocido: \u201cPara mis amigos en Rusia, la falta de \u00e9xito oficial se ve\u00eda compensada con una morbosa satisfacci\u00f3n: fracasar era nuestra manera de derrotar la estupidez que nos rodeaba, lo \u00fanico que sab\u00edamos hacer bien\u201d. En Nueva York, en cambio, descubri\u00f3 que \u201cel sever\u00edsimo mandato de ser geniales\u201d era lo que le hab\u00eda impedido hasta entonces dominar el propio oficio. Ahora en Occidente podr\u00eda decir lo que quisiera y publicar cualquier cosa que escribiera, porque de golpe tuvieron, \u00e9l y tres amigos, un diario entero a su disposici\u00f3n. No sab\u00edan ingl\u00e9s, no ten\u00edan una moneda, desconoc\u00edan hasta lo m\u00e1s rudimentario de la rutina period\u00edstica, cuando un simp\u00e1tico mecenas les dio 16 mil d\u00f3lares y les pidi\u00f3 \u201cun diario ruso para jud\u00edos\u201d. En realidad sal\u00eda una vez por semana, igual que el otro diario en ruso que exist\u00eda en Nueva York, que llevaba sesenta a\u00f1os clavado en el tiempo, glorificando la monarqu\u00eda de los Romanov y el catolicismo ortodoxo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dovlatov y sus amigos aplicaron en su diario la teor\u00eda de la l\u00f3gica inversa: lo que no se pod\u00eda en la URSS s\u00ed se pod\u00eda en Occidente, pensaron, y dieron rienda suelta al sarcasmo que era moneda corriente pero rigurosamente clandestina en la URSS. Hicieron por escrito lo que se practicaba s\u00f3lo en forma oral en su pa\u00eds. Por un instante fueron un \u00e9xito entre la comunidad de emigrados rusos, hasta que el diario rival los acus\u00f3 de ser agitadores profesionales enviados por Mosc\u00fa, y no par\u00f3 hasta hundirlos. En un momento fabuloso de El Oficio, Dovlatov le contesta al geronte director del otro diario: \u201cSomos la tercera ola de la emigraci\u00f3n, tenemos una sensibilidad enfermiza a la demagogia y a la propaganda, y un rechazo instintivo a la ret\u00f3rica, tenemos una desorientaci\u00f3n moral y pol\u00edtica y una resistencia vital que se transforma f\u00e1cilmente en agresi\u00f3n. Odiamos el est\u00e9ril espiritismo de la segunda ola y nos hacen re\u00edr los delirios infantiles de ustedes, los de la primera ola. S\u00ed, nosotros tenemos lo sovi\u00e9tico adentro, es cierto. Nuestra tarea principal es vencernos a nosotros mismos. El r\u00e9gimen no es nuestro \u00fanico enemigo. Somos rusos: adem\u00e1s est\u00e1 nuestra estupidez y nuestra pereza y nuestro ego\u00edsmo y nuestro farise\u00edsmo y nuestra intolerancia y codicia y venalidad\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que m\u00e1s tem\u00eda Dovlatov en Occidente era transformarse en \u201cescritor occidental promedio\u201d. No hab\u00eda mucho riesgo de que eso sucediera. \u201cEl encanto, como se sabe, equilibra toda clase de defectos\u201d, dijo una vez. Cierto; cien por ciento cierto en su caso. \u201cEl talento es como la lujuria. Dif\u00edcil de disimular. Y m\u00e1s dif\u00edcil todav\u00eda de simular\u201d, dijo tambi\u00e9n. \u201cLas cartas en las que ofrezco un texto a una revista o a una editorial las hago siempre en papel de lija, para que no se las puedan pasar por el culo\u201d. Podr\u00eda seguir citando dagas voladoras como \u00e9sta hasta el final de la p\u00e1gina, pero prefiero terminar con mi momento Dovlatov favorito. Ocurre cuando su mujer emigra, con la hijita de ambos, a Estados Unidos. \u00c9l no quiere saber nada con irse, le firma los papeles de divorcio y sale a festejar con los amigos, en un raid et\u00edlico que culmina dieciocho meses despu\u00e9s, frente a un coronel de la KGB, que le dice, desde el otro lado del escritorio: \u201cEsc\u00facheme, Dovlatov, mire las cartas que le escribe a esta mujer, \u00bfno se da cuenta de que la quiere? H\u00e1game el favor, ac\u00e1 tiene el pasaporte. Deje de hacer papelones y v\u00e1yase de una vez\u201d. Dovlatov llama por tel\u00e9fono a su mujer desde Leningrado para anunciarle que va para all\u00e1. Su esposa le pregunta por qu\u00e9. \u201cPorque el coronel dice que te quiero\u201d, le contesta \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(En el per\u00edodo entre que su esposa se fue y \u00e9l parti\u00f3 de la URSS, esos meses que pas\u00f3 mayormente alcoholizado, Dovlatov era gu\u00eda en un museo Pushkin. Despu\u00e9s escribi\u00f3 un libro sensacional sobre la experiencia, los muchachos de A\u00f1osluz lo tradujeron el a\u00f1o pasado: La Reserva Nacional Pushkin. La foto que acompa\u00f1a estas l\u00edneas es de esa \u00e9poca. Dovlatov es, por supuesto, el gigante de camper\u00f3n de cuero que mira fiero.)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-36996\" alt=\"coronelforn1\" height=\"302\" width=\"539\" src=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/coronelforn1.jpg\" srcset=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/coronelforn1.jpg 539w, https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/coronelforn1-300x168.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 539px) 100vw, 539px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">IMAGEN: https:\/\/images.pagina12.com.ar\/styles\/focal_16_9_960x540\/public\/2017-06\/na40fo01_4.jpg?itok=SacM5pKb<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PAGINA 12<\/p>\n<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando un escritor no puede publicar, cuando las editoriales le rechazan cada cosa que manda, \u00bfc\u00f3mo llama a lo que guarda en el caj\u00f3n? 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Dovlatov fue disc\u00edpulo de Anna Ajm\u00e1tova y de Joseph Brodsky, aprendi\u00f3 de ellos a tener la guardia alta siempre, pero su \u00e9poca ya era herb\u00edvora: \u201cLos herederos de Stalin son decepcionantes. En tiempos de Stalin se publicaban libros, y luego se fusilaba a los autores. Ahora ni se fusila ni se publica\u201d. 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Por decir cosas como esta, el joven Dovlatov fue a parar a un campo en Siberia... pero como guardia: as\u00ed hab\u00edan cambiado los tiempos en la URSS, de Stalin a Kruschev y la gerontocracia.","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-coronel-dice-que-te-quiero\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/nabarralde.eus\/el-coronel-dice-que-te-quiero\/"]}]},{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-coronel-dice-que-te-quiero\/#primaryimage","url":"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/coronelforn1.jpg","contentUrl":"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/coronelforn1.jpg","width":539,"height":302,"caption":"coronelforn1"},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-coronel-dice-que-te-quiero\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"El coronel dice que te quiero"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#website","url":"https:\/\/nabarralde.eus\/","name":"Nabarralde","description":"Kultur Ekimenak eta Sustapenak","potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/nabarralde.eus\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#\/schema\/person\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56","name":"Nabarralde","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g","url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g","contentUrl":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g","caption":"Nabarralde"},"url":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/author\/nagusia\/"}]}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/36997","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=36997"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/36997\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/36996"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=36997"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=36997"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=36997"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}