{"id":36652,"date":"2017-03-30T18:33:00","date_gmt":"2017-03-30T16:33:00","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/quien-ame-a-shakespeare-que-le-pierda-el-respeto\/"},"modified":"2017-03-30T18:33:00","modified_gmt":"2017-03-30T16:33:00","slug":"quien-ame-a-shakespeare-que-le-pierda-el-respeto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/quien-ame-a-shakespeare-que-le-pierda-el-respeto\/","title":{"rendered":"Quien ame a Shakespeare, que le pierda el respeto"},"content":{"rendered":"\n<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">Julio C\u00e9sar, de Donmar Warehouse, dirigida por Phyllida Lloyd. Foto: Helen Maybanks.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se abre el tel\u00f3n y aparece un grupo de mujeres en una prisi\u00f3n inglesa conspirando en pent\u00e1metros y\u00e1mbicos para matar al tirano que est\u00e1 en el poder. \u00bfC\u00f3mo se llama la obra?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No es necesario que le busquen la gracia porque no es un chiste, aunque hay gente a quien hoy en d\u00eda le sigue pareciendo una broma de mal gusto que los textos del autor ingl\u00e9s puedan ser adaptados a otra \u00e9poca o, incluso peor, que sus personajes masculinos sean representados por mujeres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 2012, en efecto, la directora Phyllida Lloyd llev\u00f3 a la escena londinense un Julio C\u00e9sar ambientado en una prisi\u00f3n de mujeres. El montaje recibi\u00f3 buenas cr\u00edticas por la contundencia de su relectura y la fuerza expresiva de sus int\u00e9rpretes, pero sin duda lo m\u00e1s comentado fue que el reparto fuera enteramente femenino. Ya Sarah Bernhardt interpret\u00f3 a Hamlet en 1899 y en 1921 la actriz danesa Asta Nielsen protagoniz\u00f3 una versi\u00f3n cinematogr\u00e1fica del mismo texto en la que el pr\u00edncipe de Dinamarca era una mujer que hab\u00eda sido criada desde ni\u00f1a como un hombre. Nada nuevo bajo el sol, por tanto, pero hubo quien se escandaliz\u00f3 cuando Lloyd reinterpret\u00f3 exclusivamente con actrices un texto como ese, repleto de temas tan tradicionalmente masculinos como el poder, la pol\u00edtica, la ambici\u00f3n, la tiran\u00eda, la conspiraci\u00f3n, o el magnicidio. Afortunadamente aquello no se qued\u00f3 en un ejercicio de estilo y el p\u00fablico pudo repetir la experiencia con otros dos montajes similares de Lloyd: Enrique IV, en un espect\u00e1culo que fusionaba las dos obras de Shakespeare sobre el rey ingl\u00e9s, y La tempestad. Adem\u00e1s de continuar contando solo con actrices sobre la escena, la directora fue m\u00e1s all\u00e1 en su b\u00fasqueda de la diversidad al contar con actrices de diferentes razas y acentos, siempre en el mismo entorno carcelario del primer montaje para resaltar as\u00ed la opresi\u00f3n a la que se ven sometidos los personajes de esas cuatro obras shakesperianas. Por supuesto, no fue necesario a\u00f1adir ninguna frase al texto explicando esto porque el p\u00fablico es suficientemente listo como para comprenderlo y, sobre todo, porque las tramas de las obras elegidas as\u00ed lo permiten.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfPero por qu\u00e9 es necesario hacer estas cosas con los cl\u00e1sicos? \u00bfNo ser\u00eda mejor representarlos como siempre se ha hecho? Pues mire, no. Por su propia naturaleza, un buen texto teatral siempre da pie a diversas relecturas seg\u00fan va pasando el tiempo. De ah\u00ed que sean cl\u00e1sicos y no solo obras antiguas testimoniales de c\u00f3mo se viv\u00eda en tiempos pasados. Alg\u00fan purista habr\u00e1 que argumente que estas actualizaciones son anacronismos que traicionan lo escrito por Shakespeare, pero la verdad es que sus obras est\u00e1n llenos de ellos: en la ya mencionada Julio C\u00e9sar aparece un reloj, en Antonio y Cleopatra a la reina de Egipto le gusta jugar al billar, y El sue\u00f1o de una noche de verano est\u00e1 ambientada en una Grecia cl\u00e1sica en la que aparecen duques medievales junto a hadas y duendes de la mitolog\u00eda celta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aparte, y esta es una de las claves del asunto, el gran hallazgo de Shakespeare fue el saber adoptar una tradici\u00f3n anterior a los gustos de un p\u00fablico contempor\u00e1neo. En sus obras, el bardo mezcla las tramas novelescas medievales y renacentistas con el teatro cl\u00e1sico de Grecia y Roma y la commedia dell\u2019arte italiana para crear algo antiguo y nuevo al mismo tiempo que se adapte al gusto de la Inglaterra del siglo XVI. No olvidemos, adem\u00e1s, que otro tanto hicieron Lope de Vega en Espa\u00f1a y Moli\u00e8re en Francia. Estos tres dramaturgos suelan ser la sant\u00edsima trinidad para quienes predican que el teatro tiene que ser interpretado tal y como marca la tradici\u00f3n, lo cual no deja de ser curioso ya que los tres crearon c\u00f3digos teatrales espec\u00edficos en sus respectivos pa\u00edses a partir de una tradici\u00f3n anterior que, a partir de ellos, ya no se entiende como un dogma sino como un punto de partida. Por supuesto, los puristas de entonces tambi\u00e9n pusieron el grito en el cielo ante esta supuesta algarab\u00eda, pero los mismos autores se encargaron de poner las cosas en su sitio. En 1609, por ejemplo, Lope public\u00f3 su Arte nuevo de hacer comedias para defenderse de los gendarmes de la tradici\u00f3n dejando clara su postura con dos versos tan ir\u00f3nicos como eficaces:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2026 y cuando he de escribir una comedia<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">encierro los preceptos con seis llaves.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De ah\u00ed la paradoja de que el mayor respeto que se pude mostrar a estos autores es, precisamente, perderles el respeto y situar sus obras en una discoteca, en Chicago o en el espacio intergal\u00e1ctico. Lo contrario es querer hacer pasar por beato de doce al iconoclasta llenando los escenarios de golas y miri\u00f1aques. Sobre esto ha escrito Alesandro Baricco en su ensayo El alma de Hegel y las vacas de Wisconsin cuando reflexiona sobre el hecho de que Beethoven, que revolucion\u00f3 no solo la historia de la m\u00fasica sino el concepto mismo de artista, sea hoy esgrimido como argumento por quienes piensan que la m\u00fasica cl\u00e1sica es algo sagrado que no admite cambio alguno:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En obras como esas late una fuerza capaz de \u00abagujerear\u00bb el velo de lo real, dando voz a la leg\u00edtima pretensi\u00f3n de que aquello que es no lo es todo. Pero hacerlas r\u00edgidos iconos de una mitolog\u00eda rancia equivale a domarlas y confinarlas en el parque natural de una espiritualidad dominguera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La idea de m\u00fasica culta agoniza en la praxis que la asume como valor absoluto y la transmite recalcitrantemente como privilegio de un complacido c\u00f3nclave de muertos vivientes. Pero la m\u00fasica que en un tiempo pretendi\u00f3 esa idea, como nombre de su propio enigma, sigue estando all\u00ed y sigue pretendiendo que todo tiempo vuelva sobre ella y libere su fuerza innovadora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay muchos modos de adaptar cl\u00e1sicos, por supuesto, pero por simplificar diremos que hay dos. El primero es crear nuevas piezas basadas en mayor o menor medida en textos anteriores, llegando si fuera necesario a hacer que el p\u00fablico no vea la fuente original por ninguna parte. Cualquier hijo de vecino sabe, por ejemplo, que West Side Story es un remake de Romeo y Julieta en el NY de los a\u00f1os cincuenta. Pero seg\u00fan los creadores comienzan a alejarse de la literalidad nos podremos encontrar con un Rey Lear entre samur\u00e1is (Ran), un Enrique IV con chaperos (Mi Idaho privado), un Hamlet de dibujos animados con animales cantando en el Serengeti (El rey le\u00f3n) o incluso a Jim Carrey convirtiendo al pr\u00edncipe de Dinamarca en el rey de un reality show (El show de Truman).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con la otra forma de abordar un cl\u00e1sico teatral no se pretende crear una nueva trama sino dar vida a esos personajes que llevan siglos con nosotros, para que salgan por un rato del papel y puedan mirar a la cara al p\u00fablico para compartir sus conflictos con \u00e9l. De lo que se trata es de usar esa misma obra y esos mismos di\u00e1logos con los que ya vibraron nuestros antepasados y quitarles el polvo y el olor a naftalina para que puedan presumir de lo que siguen siendo y no solo de lo que fueron. Al sacar un cl\u00e1sico de la estanter\u00eda para llevarlo de nuevo a escena o a la pantalla le estamos haciendo un gran favor porque el teatro es un g\u00e9nero literario que no se conforma con ser exclusivamente literario y necesita ser representado para brillar con luz propia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es posible que esto \u00faltimo parezca muy obvio, pero por si acaso adentr\u00e9monos un tanto en la teor\u00eda volviendo a las clases de Lengua y Literatura del instituto en que aprendimos aquello del esquema de la comunicaci\u00f3n de Jakobson. A saber, que en todo acto comunicativo hay un emisor que env\u00eda un mensaje a un receptor vali\u00e9ndose de un canal, un contexto y un c\u00f3digo determinados. Un texto literario, como cualquier otra obra art\u00edstica, es un mensaje que contin\u00faa vigente aunque el emisor haya muerto y el resto de elementos del esquema var\u00eden. Los pazos de Ulloa sigue siendo una novela excelente, y da lo mismo que hoy la leamos en una pantalla (es decir, en un canal que no exist\u00eda en el siglo XIX), con nuestra mentalidad de ciento treinta a\u00f1os despu\u00e9s (un contexto diferente) o incluso traducida a otro idioma (un c\u00f3digo diferente). Y por muchos a\u00f1os que pasen siempre habr\u00e1 quien se conmueva con la historia de Sabela y Perucho gracias a Emilia Pardo Baz\u00e1n, emisora \u00fanica de ese mensaje literario tan oscuro y desgarrador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfSucede lo mismo con el teatro? S\u00ed, si nos conformamos con leerlo. Pero cu\u00e1nto nos perdemos al hacerlo, porque eso a lo que algunos llaman la magia del directo se puede resumir en que el emisor es m\u00faltiple aunque el mensaje siga siendo el mismo. Shakespeare sigue mand\u00e1ndonos su mensaje, pero ya no se trata solo de \u00e9l porque cada uno de los responsables de lo que el p\u00fablico tiene delante se convierte en un nuevo emisor: los actores, el director, el dise\u00f1ador de vestuario y el de iluminaci\u00f3n\u2026 Todos ellos est\u00e1n contribuyendo en mayor o menor medida para que ese mensaje nos llegue del mejor modo posible, y si para ello es necesario eliminar algunos fragmentos del texto original porque el c\u00f3digo o el contexto han cambiado, pues se hace y santas pascuas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuidado, que ahora es cuando los puristas se descuelgan con argumentos del tipo \u00ab\u00a1Oh, no, sacrilegio! \u00bfQui\u00e9n es tan atrevido como para mutilar un texto creado por una pluma tan brillante como la de los grandes autores de la tradici\u00f3n teatral?\u00bb. Pues cualquiera con dos dedos de frente que entienda lo que ya hemos dicho antes: que la mejor forma de respetar un cl\u00e1sico es perderle el respeto. Un ejemplo: casi al final de la primera jornada de El burlador de Sevilla, y justo despu\u00e9s de un t\u00f3rrido cliffhanger, Tirso de Molina (o quien fuera el escritor de la obra) introduce una escena en la que un personaje se marca un mon\u00f3logo de ciento treinta versos que empieza diciendo que Lisboa es la mayor ciudad de Espa\u00f1a. Lo que en el siglo XVII ser\u00eda un instrumento de propaganda pol\u00edtica castellana mientras Portugal quer\u00eda independizarse de Espa\u00f1a, hoy es un anacronismo largo que invita al director de escena a coger las tijeras de podar. En la misma l\u00ednea pero con m\u00e1s dificultad a la hora de representarlas hoy en d\u00eda tenemos las obras de Arist\u00f3fanes, plagadas de chistes con alusiones a personajes contempor\u00e1neos. El mejor modo de continuar ese deseo de ser actual es usar referencias de hoy en d\u00eda, por muy chocante que pueda parecernos que en un texto de la Grecia cl\u00e1sica se hable de, por decir algo, Beyonc\u00e9 y el Peque\u00f1o Nicol\u00e1s. Siempre ser\u00e1 mejor eso que esperar a que el p\u00fablico siga sabiendo, casi dos mil quinientos a\u00f1os despu\u00e9s, qui\u00e9nes eran, por ejemplo, Escelio, Melantio y Opuncio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay otros casos en que el contexto ha cambiado tanto desde que la obra fue estrenada que no es suficiente con eliminar un texto o hacer unos peque\u00f1os cambios. Pensemos en Casa de mu\u00f1ecas, de Ibsen: ese portazo final con el que Nora se march\u00f3 de casa abandonando a su marido y a sus hijos hizo que, junto al c\u00f3digo de vestimenta, las invitaciones a algunas fiestas de alto copete aristocr\u00e1tico especificaran que no se permit\u00eda hablar de la obra. Pero que una mujer pida el divorcio hoy en d\u00eda no supone esc\u00e1ndalo alguno, y una puesta en escena actual que pretenda estar a la altura del texto original necesita apoyarse (al menos visualmente sin a\u00f1adir texto nuevo, como hace Phyllida Lloyd en sus montajes carcelarios) en un contexto diferente para ser algo m\u00e1s que un mero culebr\u00f3n de telefilme de sobremesa. Por supuesto que en todos estos ejemplos el resultado puede dejar mucho que desear, pero tambi\u00e9n es posible que nos encontremos con hallazgos excelentes que abran la puerta a otras relecturas. Lo que es seguro es que representar esos textos sin adaptaci\u00f3n alguna har\u00e1 que el p\u00fablico mire el reloj para ver cu\u00e1nto queda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y dejemos ya la teor\u00eda (hay que ver lo que da de s\u00ed el esquema de Jakobson, \u00bfverdad?) para volver a la fuente original a la que todo profesional del teatro termina regresando alguna vez. No solo se trata de que las historias del bardo lleven siglos arrancando aplausos, sino que durante todo ese tiempo actores y directores han encontrado en las palabras de Shakespeare la inspiraci\u00f3n necesaria para los desaf\u00edos que iban apareciendo. Cuando el invento de los hermanos Lumi\u00e8re amenaz\u00f3 con dejar vac\u00edos para siempre los teatros, autores y directores se dieron cuenta de que su arte se hab\u00eda quedado obsoleto. \u00bfDe qu\u00e9 serv\u00eda ya usar un tel\u00f3n pintado simulando un bosque si rodar con una c\u00e1mara en el exterior permit\u00eda que los actores se movieran entre \u00e1rboles de verdad? Necesitaban ofrecer algo diferente al p\u00fablico para seguir sobreviviendo, y la respuesta la encontraron en textos como el coro con el que el bardo da comienzo a su Enrique V.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero todos vosotros, nobles espectadores, perdonad el genio sin llama que ha osado llevar a estos indignos tablados un tema tan grande. Este circo de gallos, \u00bfpuede contener los vastos campos de Francia? \u00bfO podr\u00edamos en esta O de madera hacer entrar solamente los cascos que asustaron los cielos de Agincourt? \u00a1Oh!, perd\u00f3n, ya que una reducida figura ha de representaros un mill\u00f3n en tan peque\u00f1o espacio, y permitidme que contemos como cifras de ese gran n\u00famero las que forje la fuerza de vuestra imaginaci\u00f3n (\u2026) Suplid mi insuficiencia con vuestros pensamientos. Multiplicad un hombre por mil y cread un ej\u00e9rcito imaginario. Cuando os hablemos de caballos, pensad que los veis hollando con sus soberbios cascos la blandura del suelo, porque es vuestra imaginaci\u00f3n la que debe hoy vestir a los reyes, transportarlos de aqu\u00ed para all\u00e1\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Imaginar o no imaginar, he ah\u00ed la cuesti\u00f3n. El teatro es el arte de la imaginaci\u00f3n. El cine invita al espectador a creer que lo que ve \u2014sea un crucero espacial o una estampida de dinosaurios\u2014 es verdad, pero el teatro es un pacto seg\u00fan el cual autor, director, actores y cualquier otro emisor del mensaje le piden al espectador que imagine algo que no est\u00e1 viendo. Que esa escoba y esas dos tejas son un palacio renacentista o esos dos medios cocos una estampida de caballos, igual que el ni\u00f1o que con un bol\u00edgrafo en la mano nos dice \u00ab\u00bfVale que esto es un barco y t\u00fa eres un tibur\u00f3n y yo el capit\u00e1n pirata?\u00bb. Algunos, por supuesto, no querr\u00e1n aceptar ese pacto porque son adultos muy serios que no quieren que su coraz\u00f3n se sobresalte. Pero habr\u00e1 tambi\u00e9n quien recuerde que hay muchos idiomas en los que actuar y jugar se dice igual, (to play, giocare, jouer\u2026) y disfrute con el juego, sin pararse a pensar si la obra es l\u00f3gica o anacr\u00f3nica o veros\u00edmil o si una mujer representa a un hombre o viceversa. A fin de cuentas, si ya hemos conseguido creer que ese se\u00f1or que tenemos delante es un pr\u00edncipe de Dinamarca del siglo XIII que ve fantasmas nos deber\u00eda ser m\u00e1s sencillo imaginar que una mujer es un hombre. Aunque a lo mejor se trata de eso y el problema que tienen algunos al ver a una mujer interpretando un personaje masculino no es una cuesti\u00f3n de verosimilitud sino otra cosa distinta que habr\u00eda que hacerse mirar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Perder el respeto a los cl\u00e1sicos es, nunca lo diremos lo suficiente, el mejor modo de acercarse a ellos. Que los lectores se acerquen sin miedo, que los directores ambienten las obras en una c\u00e1rcel o en los vestuarios de una pista de baloncesto. Qu\u00e9 m\u00e1s da, si al final todo se reduce a cuatro tableros, dos actores, una pasi\u00f3n y un p\u00fablico radiante gracias a unos textos \u2014o mensajes, si lo prefieren\u2014 que llevan muchos siglos jugando a responder nuestras preguntas mientras nos descubren otras nuevas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">EL PAIS<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"5nOupU6kfF\"><p><a href=\"http:\/\/www.jotdown.es\/2017\/03\/quien-ame-shakespeare-le-pierda-respeto\/\">Quien ame a Shakespeare, que le pierda el respeto<\/a><\/p><\/blockquote>\n<p><iframe loading=\"lazy\" class=\"wp-embedded-content\" sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" style=\"position: absolute; clip: rect(1px, 1px, 1px, 1px);\" src=\"http:\/\/www.jotdown.es\/2017\/03\/quien-ame-shakespeare-le-pierda-respeto\/embed\/#?secret=5nOupU6kfF\" data-secret=\"5nOupU6kfF\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"&#8220;Quien ame a Shakespeare, que le pierda el respeto&#8221; &#8212; Jot Down Cultural Magazine\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\"><\/iframe><\/p>\n<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Julio C\u00e9sar, de Donmar Warehouse, dirigida por Phyllida Lloyd. 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