{"id":36524,"date":"2017-03-13T17:34:02","date_gmt":"2017-03-13T15:34:02","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-arte-entre-el-placer-y-el-conocimiento\/"},"modified":"2017-03-13T17:34:02","modified_gmt":"2017-03-13T15:34:02","slug":"el-arte-entre-el-placer-y-el-conocimiento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-arte-entre-el-placer-y-el-conocimiento\/","title":{"rendered":"El arte, entre el placer y el conocimiento"},"content":{"rendered":"\n<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una extra\u00f1a convicci\u00f3n relaciona el arte y la experiencia que tenemos, como receptores, con el placer y el gusto. Pero esto, en realidad, es un fen\u00f3meno reciente, que bien podr\u00eda ubicarse en el siglo XVIII, que algunos, como George Dickie, han llamado el siglo del gusto, debido a la irrupci\u00f3n, en la experiencia est\u00e9tica, de una nueva dimensi\u00f3n: la experiencia subjetiva del gusto, capaz de determinar el valor de una obra en funci\u00f3n de si nos gusta o no. Agust\u00edn de Hipona se formul\u00f3, en el siglo IV, una pregunta fundamental: \u00bflas cosas son bellas porque nos gustan o nos gustan porque son bellas? \u00c9l, como cualquiera de los antiguos, no ten\u00eda duda: las cosas nos gustan, subjetivamente, porque objetivamente son bellas. El placer que somos capaces de sentir cuando contemplamos una obra es, seg\u00fan piensa, secundario y derivado de las propiedades objetivas de la obra. En el siglo XVIII, sin embargo, y a partir de entonces de manera generalizada, el placer que podemos sentir ante una obra es lo que determina su belleza. Por ello, a partir de entonces, el gusto tendr\u00e1 tanta importancia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La experiencia de H\u00e4ndel en Londres es un ejemplo magn\u00edfico para descubrir el terremoto que sacudi\u00f3 la cultura europea. S\u00f3lo hay que comparar, por poner dos ejemplos, su partitura de &#8216;Partenope&#8217;, estrenada en Kings Theater de Londres en 1730, y la del &#8216;Mes\u00edas&#8217;, estrenado en Dubl\u00edn el 1742. Partenope es una \u00f3pera de tema hist\u00f3rico-mitol\u00f3gico y cantada en italiano. El Mes\u00edas, sin embargo, es un oratorio, de tema religioso y cantado en ingl\u00e9s, con un texto de Charles Jennens. Desde el punto de vista estrictamente objetivo, es dif\u00edcil para un oyente com\u00fan distinguir musicalmente las p\u00e1ginas de las dos obras: hay arias que podr\u00edan ser intercambiables, ya que tienen caracter\u00edsticas que las hacen muy parecidas. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1, pues, fundamentalmente, su diferencia? No en lo que objetivamente son, sino en c\u00f3mo fueron escuchadas y recibidas en su d\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Porque H\u00e4ndel, a partir del 1735, fue abandonando progresivamente el italiano, como texto de sus partituras, en beneficio del ingl\u00e9s, de forma paralela al abandono correlativo de la \u00f3pera por el oratorio y los temas hist\u00f3ricos y mitol\u00f3gicos por los de inspiraci\u00f3n b\u00edblica. Y es que el r\u00edgido puritanismo del p\u00fablico ingl\u00e9s, en la d\u00e9cada de los a\u00f1os treinta, comenz\u00f3 a oponerse a los temas laicos en m\u00fasica y al uso de las lenguas extranjeras para los dramas musicales. Cuando se estren\u00f3 el &#8216;Mes\u00edas&#8217;, el obispo de Elphin hizo un elogio que golpe\u00f3 a H\u00e4ndel: le vaticin\u00f3 que esta obra \u00abagradar\u00e1 a todos aquellos que tengan o\u00eddos para escuchar, tanto sean entendidos como si no\u00bb. Gustar\u00e1 a los que la escuchen, les producir\u00e1 placer: esta es la novedad. Y el gusto y el placer, a partir de entonces, ser\u00e1 un criterio distintivo, casi en exclusiva, del valor de una obra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero el arte, desde sus or\u00edgenes, como hoy ya se nos vuelve a revelar de forma muy clara, no tiene que ver s\u00f3lo con el placer y con el gusto, sino tambi\u00e9n con el conocimiento. Quiz\u00e1s el arte de nuestro tiempo, sobre todo despu\u00e9s de 1945, ha tomado una muy profunda conciencia de que no es, ni puede ser, s\u00f3lo un instrumento del placer y del gusto, sino tambi\u00e9n una forma, me atrever\u00eda a decir que privilegiada, de conocimiento: porque nos permite conocer algo sobre nosotros y sobre el mundo de una manera que s\u00f3lo al arte le es permitida, y con una extra\u00f1a intensidad que puede producirnos placer pero tambi\u00e9n, a veces, estremecernos. Por eso, hoy, ante las obras de nuestros artistas, la cuesti\u00f3n fundamental ya no es si nos gustan o no, como si se tratara de un plato de cocina, sino, m\u00e1s bien, qu\u00e9 nos permiten conocer y sobre qu\u00e9 nos hacen pensar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">ARA<\/p>\n<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una extra\u00f1a convicci\u00f3n relaciona el arte y la experiencia que tenemos, como receptores, con el placer y el gusto. 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