{"id":35784,"date":"2016-11-16T13:03:27","date_gmt":"2016-11-16T11:03:27","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/no-eres-como-nosotros\/"},"modified":"2016-11-16T13:03:27","modified_gmt":"2016-11-16T11:03:27","slug":"no-eres-como-nosotros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/no-eres-como-nosotros\/","title":{"rendered":"No eres como nosotros"},"content":{"rendered":"\n<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">En uno de los tantos campos de detenidos en tr\u00e1nsito en la Francia ocupada, esperando que se decida su suerte, cagados de fr\u00edo en el fondo de uno de los barracones, en cuclillas y con las cabezas juntas, en el peor invierno del siglo (1941), dos jud\u00edos j\u00f3venes dialogan en febriles susurros. El mayor guarda contra su pecho una carta del mism\u00edsimo Albert Einstein y otra de la New School de Nueva York ofreci\u00e9ndole una c\u00e1tedra (tambi\u00e9n recibe, de tanto en tanto, peque\u00f1as cantidades de dinero que le hace llegar la instituci\u00f3n hasta aquel campo). Todo indica que su situaci\u00f3n se resolver\u00e1 de un d\u00eda para otro y, en se\u00f1al de gratitud, quiere llevar a sus nuevos patrones un libro peque\u00f1o, fluido y de f\u00e1cil lectura sobre la historia de la l\u00f3gica. Pero su manera de escribir es tediosa y rebuscada. El m\u00e1s joven, que carece de papeles protectores, tiene en cambio una endiablada facilidad para las frases precisas, elegantes, expresivas. El mayor le ofrece al menor cinco francos por d\u00eda de trabajo. De eso cuchichean, en cuclillas, al fondo de aquel barrac\u00f3n: de la propensi\u00f3n de Wittgenstein a la m\u00edstica, del empirismo algo ins\u00edpido de Neurath. Una noche, en uno de los traslados, se da la oportunidad y el m\u00e1s joven huye sin pensarlo dos veces. Ni le avisa a su compa\u00f1ero, sabe que no querr\u00e1 tomar el riesgo, el l\u00f3gico-matem\u00e1tico que da la espalda a la l\u00f3gica de la historia. D\u00edas despu\u00e9s, los que se quedaron ser\u00e1n enviados al este en trenes y morir\u00e1n todos en Auschwitz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo cuento as\u00ed porque as\u00ed lo cuenta el propio Jean Am\u00e9ry, protagonista de esta historia, nacido en Austria con el nombre Hans Mayer, hijo de madre viuda y cristiana, estudiante de filosof\u00eda y convencido austr\u00edaco de pura cepa hasta que, con el advenimiento de las leyes raciales, descubri\u00f3 que su padre muerto como un h\u00e9roe en la Guerra del 14 era jud\u00edo, y que eso lo hac\u00eda jud\u00edo a \u00e9l tambi\u00e9n. Cuando los nazis entraron en Austria el joven Mayer escap\u00f3 a B\u00e9lgica, y cuando tomaron B\u00e9lgica se fue clandestino a Francia, donde cay\u00f3 preso despu\u00e9s de la Ocupaci\u00f3n, y logr\u00f3 fugarse tal como acabo de contar. Entr\u00f3 entonces en la Resistencia (\u201cUsurpaste el franc\u00e9s porque te hab\u00edan robado el alem\u00e1n. Descubriste Francia en el naufragio de Francia\u201d), volvi\u00f3 a caer preso un a\u00f1o despu\u00e9s, lo torturaron para que entregara a sus c\u00f3mplices, le descoyuntaron los hombros y lo dejaron colgando as\u00ed tres d\u00edas, hasta que decidieron que no les serv\u00eda para nada, lo degradaron de prisionero pol\u00edtico a jud\u00edo y lo mandaron a Auschwitz a fines de 1943.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lleg\u00f3 el fin de la guerra, se abrieron las puertas de los campos y el joven Mayer resucit\u00f3 de entre los muertos: no era nada, no ten\u00eda nada, no representaba m\u00e1s que ese cuerpo consumido, del que colgaba holgada y sin gracia la ropa que le daban entidades caritativas. B\u00e9lgica le dio cobijo porque era su \u00faltimo domicilio legal. En B\u00e9lgica y en franc\u00e9s descubri\u00f3 el joven Mayer el existencialismo y por fin encontr\u00f3 un traje a medida: s\u00f3lo el existencialismo contemplaba los alcances de la pesadilla que \u00e9l y millones como \u00e9l hab\u00edan padecido. El joven Mayer abandon\u00f3 su nombre alem\u00e1n, se rebautiz\u00f3 Jean Am\u00e9ry y se convirti\u00f3 en un existencialista privado, en funci\u00f3n continua, que se ganaba el pan escribiendo banalidades para la prensa suiza franc\u00f3fona. No quer\u00eda trato con la lengua alemana, se negaba a pisar suelo alem\u00e1n, viv\u00eda de espaldas a la patria que lo hab\u00eda repudiado. \u201cSer alem\u00e1n: la disposici\u00f3n fervorosa a recibir una patada en el culo y a transmitirla\u201d, escribi\u00f3 privadamente en un cuaderno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n privadamente se interpel\u00f3 a s\u00ed mismo: \u201c\u00bfPero cu\u00e1nto miedo jud\u00edo al progrom, disfrazado de angustia existencialista, cu\u00e1ntas contradicciones germano-francesas explican tu comportamiento?\u201d Se refiere a la decisi\u00f3n de tomar la palabra: al juicio sobre Auschwitz, en diciembre de 1963. Los acusados eran 22 miembros de las SS. Por primera vez en veinte a\u00f1os, los supervivientes del campo se encontraban cara a cara con sus verdugos. Am\u00e9ry asisti\u00f3 al juicio y partir de ah\u00ed empez\u00f3 a viajar por Alemania. \u201cConfi\u00e9sate que no eres un explorador, tampoco un turista, no viajas por diversi\u00f3n cuando atraviesas el Rhin y vas por esas rutas hechas por Hitler\u201d. En la nueva Alemania, Am\u00e9ry le oy\u00f3 decir a un franc\u00e9s asombrado, en un hotel: \u201cLes vali\u00f3 la pena perder la guerra, son m\u00e1s ricos que nunca\u201d. En la nueva Alemania lo hac\u00edan todo mejor y m\u00e1s de prisa: autos, televisores, lavarropas, autopistas. En la nueva Alemania se hab\u00edan librado de la vieja Alemania con mucha m\u00e1s facilidad que \u00e9l: \u201cNuestros exorcismos funcionan igual de bien que nuestros autos\u201d. En la Nueva Alemania no necesitaban a los emigrados: si se presentaba alguno de ellos lo trataban con paciente indulgencia pero ten\u00edan la mirada apuntando hacia adelante, no pod\u00edan detenerse por aquellos que segu\u00edan con la mirada fija en el pasado. Am\u00e9ry fue tomando notas en un cuaderno de aquellas expediciones al otro lado del Rhin (\u201cHe deambulado por toda Alemania, me he roto la cabeza hablando con alemanes. Quiz\u00e1 las cabezas rotas trabajan mal, \u00bfpero d\u00f3nde est\u00e1 el duelo aqu\u00ed?\u201d), lim\u00f3 y puli\u00f3 esa inmersi\u00f3n que hac\u00eda en s\u00ed mismo y en su vieja patria en sucesivos cuadernos, siempre breves, envi\u00f3 ese material al poeta Heissenbuttel en la radio p\u00fablica alemana, quien le ofreci\u00f3 una emisi\u00f3n radiof\u00f3nica entera para cada cuaderno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los cuadernos se convirtieron en libros por la potencia que tuvo aquella lectura por radio. Tienen t\u00edtulos como \u201cSobre la necesidad y la imposibilidad de ser jud\u00edo\u201d, o \u201cLevantar la mano sobre uno mismo, la muerte voluntaria\u201d, o \u201cM\u00e1s all\u00e1 de la culpa y la expiaci\u00f3n\u201d, o \u201cA\u00f1os de andanzas nada magistrales\u201d. Son cortos, siempre, y tienen una prosa asombrosa: tan precisa como envolvente, urgente y serena a la vez, \u00edntima y panor\u00e1mica, tan segura de s\u00ed como vaciada de ego. Am\u00e9ry dec\u00eda que esos libros eran su autobiograf\u00eda, una autobiograf\u00eda por demolici\u00f3n. En sus p\u00e1ginas pasa de la primera persona a la segunda y a la tercera de un p\u00e1rrafo a otro, seg\u00fan est\u00e9 confesando, interpel\u00e1ndose o dejando hablar a los hechos haci\u00e9ndose invisible. Es imposible leer esos libros sin que se materialice ante nuestros ojos la imagen de aquellos dos j\u00f3venes discutiendo en susurros en el fondo de un barrac\u00f3n para detenidos en tr\u00e1nsito, en el invierno m\u00e1s duro del siglo, el contenido de un librito que ser\u00eda una ofrenda de gratitud. S\u00f3lo que ahora quedaba uno solo de esos j\u00f3venes y el contenido de la ofrenda iba mucho m\u00e1s all\u00e1: \u201cHe tratado de no dejarme atontar por el lema El Hombre Ha Muerto. Hemos aprendido que el infierno son los otros, ahora debemos aprender que el infierno es el mundo sin los otros\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1978, en una gira de charlas por Austria, Am\u00e9ry cruz\u00f3 a Suiza, se registr\u00f3 en un hotel y se suicid\u00f3 con pastillas. Dej\u00f3 cuatro cartas: una para la polic\u00eda suiza anunciando que era por decisi\u00f3n voluntaria, otra para el hotel pidiendo perd\u00f3n por las molestias, una tercera para un amigo pidi\u00e9ndole que fuera \u00e9l quien diera la noticia a su exmujer, y una cuarta para su exmujer donde dec\u00eda: \u201cTe agradezco por todo, por tanto, por Jean Am\u00e9ry, que s\u00f3lo existi\u00f3 a tu lado y gracias a ti\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PAGINA 12<\/p>\n<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En uno de los tantos campos de detenidos en tr\u00e1nsito en la Francia ocupada, esperando que se decida su suerte, cagados de fr\u00edo en el fondo de uno de los barracones, en cuclillas y con las cabezas juntas, en el peor invierno del siglo (1941), dos jud\u00edos j\u00f3venes dialogan en febriles susurros. 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