{"id":35569,"date":"2016-10-10T16:37:33","date_gmt":"2016-10-10T14:37:33","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/que-se-sepa-para-que-nunca-se-repita\/"},"modified":"2016-10-10T16:37:33","modified_gmt":"2016-10-10T14:37:33","slug":"que-se-sepa-para-que-nunca-se-repita","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/que-se-sepa-para-que-nunca-se-repita\/","title":{"rendered":"Que se sepa para que nunca se repita"},"content":{"rendered":"\n<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1977, en la estrenada revista <em>Garaia<\/em>, tuve el honor de entrevistar a Elvira Ariztizabal. Romp\u00eda 41 a\u00f1os de silencio desde el asesinato de su esposo Fortunato Aguirre, alcalde de Lizarra. Era una mujer derecha, con un hermoso pelo gris ondulado demarcando un rostro delicado y unos ojos expresivos e inteligentes. Supe, al besar su mejilla tersa y al apretar sus manos, que ten\u00eda ante m\u00ed una mujer labrada en el sacrificio, dedicada a la entrega y superada en el tes\u00f3n. Nada en Elvira era tan dulce como parec\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me confi\u00f3, y confi\u00f3 a los lectores que agotaron aquel primer n\u00famero de <em>Garaia<\/em>, su terrible historia. Que cuando Fortunato, viudo y con una hija, comenz\u00f3 a cortejarla, sinti\u00f3 zozobra. No pod\u00eda creer que un hombre de tantos m\u00e9ritos, tan guapo, alto, moreno, de pelo rizado, iluminado el rostro con una sonrisa que derret\u00eda cualquier resistencia, lo dec\u00eda como vi\u00e9ndolo ante ella, pudiera fijarse en una jovencita opacada. A esa humildad inicial con la que empezaron sus relaciones habr\u00eda de seguirle, tras unos pocos a\u00f1os de felicidad, un calvario que ella recorri\u00f3 sola pero a paso fijo. Los delgados hilos de seda que formaban su personalidad se convirtieron, por el peso de la tragedia, en cables de acero. En eso estribaba su poder\u00edo. Y fue m\u00e1s fuerte que los asesinos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fortunato ejerc\u00eda sus funciones de alcalde como un servicio a la comunidad y era notoria su ideolog\u00eda nacionalista vasca. En la alborada de la Rep\u00fablica, Eusko Ikaskuntza elabor\u00f3 un texto de Estatuto Vasco Navarro, present\u00e1ndolo a la Comisi\u00f3n de Alcaldes reunidos el 14 de junio de 1931 en Lizarra, presididos por el alcalde Agirre que recib\u00eda al de Getxo, Jos\u00e9 Antonio Agirre, futuro lehendakari, y a otros 425 alcaldes y, tras ardua deliberaci\u00f3n, lo aprobaron. El 89,93% de la poblaci\u00f3n navarra, representada en sus regidores, lo ratific\u00f3. D\u00eda de gloria para la vieja aspiraci\u00f3n vasca de reunificaci\u00f3n, aunque hab\u00edan de llegar las p\u00e9rfidas noches de la separaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La hora que marc\u00f3 el destino de Fortunato en los primeros d\u00edas de julio de 1936 fue su denuncia a las autoridades de la Rep\u00fablica de la conspiraci\u00f3n militar gestada por Mola, reunido con altos mandos en Iratxe que, atajada a tiempo, igual hubiera detenido la Guerra Civil. Pero no se le pod\u00eda dar cr\u00e9dito a un alcalde de pueblo y nacionalista, frente a la inquebrantable fidelidad de Mola, fue la contestaci\u00f3n alevosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tras la insurgencia militar del 18 de julio, Fortunato fue encarcelado y, sin juicio, muerto de dos tiros frente a la tapia del cementerio de Tajonar. Elvira, madre de dos varones y pr\u00f3xima al parto de sus gemelas, Miren y Mikele, temblorosa, vivi\u00f3 aquellos 73 d\u00edas de espera por la suerte de su esposo. Terminaron cuando un pastor, advirtiendo una congregaci\u00f3n de aves carro\u00f1eras, se encontr\u00f3 con el cuerpo del alcalde tendido en el trigal. Tuvo el valor de quitar de aquellos dedos r\u00edgidos el anillo de oro y el reloj de su mu\u00f1eca, y, con cautela -se jugaba la vida-, entreg\u00e1rselos a la viuda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esa guerra civil no bastaba el sacrificio del alcalde. Se le advirti\u00f3 a la viuda que ella y la hija mayor se salvaban de la muerte por ser mujeres, y les quitaron el taller, propiedad de Fortunato, porque los bienes de los vencidos no son tan contaminantes como sus ideolog\u00edas y sirven para enriquecer a los vencedores depredadores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Elvira no se hundi\u00f3 en el dolor. Pari\u00f3 a sus hijas, cuid\u00f3 de esa familia de cinco ni\u00f1os, y sali\u00f3 adelante bordando casullas que, en ese tiempo de muerte y escasez, eran espl\u00e9ndidas. Vivi\u00f3 a\u00f1os sabiendo qui\u00e9nes eran los asesinos del esposo bien amado. Los ve\u00eda pasear por las calles de Lizarra, prepotentes, alardeando del crimen. Ni San Miguel, de quien era devoto Fortunato, le salv\u00f3 la vida, dictaminaban soeces, el 29 de septiembre de 1936 en que perpetuaron el crimen.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Elvira call\u00f3 y resisti\u00f3. Me cont\u00f3 que ten\u00eda bajo el colch\u00f3n una ikurri\u00f1a, \u00fanico testimonio de la causa de la muerte del padre, que sus hijos besaban reverentes cada noche. Y se neg\u00f3 al traslado de los restos de Fortunato al pante\u00f3n de El Escorial en una \u00faltima afrenta. Haciendo fuerzas de su flaqueza, dominando su dolor y manteniendo la templanza, fue a recogerlo al cementerio de Tajonar, lo reconoci\u00f3, bes\u00f3 los agujeros de las dos balas asesinas en su cr\u00e1neo y se lo llev\u00f3 a Lizarra, su ciudad. Est\u00e1 junto a los panteones de su familia, de sus amigos. De sus vecinos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No observ\u00e9 desfallecimiento en la voz de Elvira relatando estos hechos terribles, pero s\u00ed que le palp\u00e9 el alivio de decirlo en voz alta, con el coraz\u00f3n, la frente y las manos limpias. La abrac\u00e9 con el respeto que me inspir\u00f3 aquella frase que dej\u00f3 decir: \u201c&#8230; Como Fortunato no estaba, tuve que hacer el trabajo por \u00e9l. Eduqu\u00e9 a nuestros hijos en su fe nacionalista y cristiana, que ambas cosas ejerc\u00eda, y en su concepto de hombre de bien. Me ha tocado hacer eso y lo he hecho. Es bueno que se sepan estas cosas para que nunca se repitan. No quiero para ninguna mujer lo que he padecido yo\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No exhibi\u00f3 victimismo. Ni protagonismo. Me tendi\u00f3 la mano delicada de bordadora que forj\u00f3 hombres y mujeres de provecho, y se qued\u00f3 tranquila en aquella tarde de su revelaci\u00f3n, haciendo honor a su apellido, pues pose\u00eda en cada part\u00edcula de su ser la reciedumbre de los robles vascos de su apellido.<\/p>\n<p>NOTICIAS DE NAVARRA<\/p>\n<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1977, en la estrenada revista Garaia, tuve el honor de entrevistar a Elvira Ariztizabal. Romp\u00eda 41 a\u00f1os de silencio desde el asesinato de su esposo Fortunato Aguirre, alcalde de Lizarra. Era una mujer derecha, con un hermoso pelo gris ondulado demarcando un rostro delicado y unos ojos expresivos e inteligentes. 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