{"id":35460,"date":"2016-09-20T08:59:47","date_gmt":"2016-09-20T06:59:47","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-realismo-barbaro-caravaggio\/"},"modified":"2016-09-20T08:59:47","modified_gmt":"2016-09-20T06:59:47","slug":"el-realismo-barbaro-caravaggio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-realismo-barbaro-caravaggio\/","title":{"rendered":"El realismo b\u00e1rbaro: Caravaggio"},"content":{"rendered":"\n<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuenta Louis Hourticq, prestigioso historiador y cr\u00edtico de arte, que, hacia el segundo tercio del siglo XVI, agotado el primer Renacimiento y habiendo comenzado a florecer nuevas escuelas que ya no ten\u00edan como l\u00edmite el taller ni por programa el desarrollo de un oficio sino la correspondencia con un pensamiento, unas costumbres y, en ciertas oportunidades, algunas instituciones pol\u00edticas de los surgentes Estados, el arte todo se preparaba para que en el siglo XVII vieran la luz aut\u00e9nticas escuelas nacionales. En esa silenciosa competencia, segu\u00eda siendo Italia la que iba a imponerse, y sus grupos a constituir el origen de las grandes l\u00edneas de la pintura europea: Flandes, Espa\u00f1a y Francia. Entre los maestros, se destacaba uno, copista vigoroso de sus modelos, impetuoso realista, descarnado y popular hasta la exageraci\u00f3n y la invenci\u00f3n. El pintor, sorprendentemente joven, se nombraba Michelangelo Merisi, llamado Il Caravaggio y, aludiendo a \u00e9l, parece irritarse Hourticq: \u201cLa iconograf\u00eda fue trastornada por esa intrusi\u00f3n de la humanidad vulgar en el mundo del Evangelio\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nacido casi seguramente en Mil\u00e1n en 1571, y llamado Caravaggio porque de ese lugar eran sus padres, Fermo y Lucia Aratori (y parece que \u00e9l s\u00f3lo vivi\u00f3 all\u00ed algunos a\u00f1os de adolescente, para resguardarse de una epidemia de peste), aprendi\u00f3 el oficio desde peque\u00f1o en el taller de Simone Peterzano, un maestro con v\u00ednculos pict\u00f3ricos en la Lombard\u00eda oriental (Brescia, Bergamo, Cremona). No llegado todav\u00eda a la veintena, se va a Roma, casi sin etapas ciertas y conocidas (salvo, quiz\u00e1s, Parma, para ver alg\u00fan Caracci, y Florencia, para apreciar c\u00f3mo Masaccio \u201csolamente allumava, ed ombrava le figure senza contorno\u201d: Giovanni Paolo Lomazzo, Trattato\u2026). Al principio, padeci\u00f3 escasez econ\u00f3mica, privaciones desacostumbradas, alguna enfermedad seria; sobrellev\u00f3 todo con intenso trabajo y ciertos auxilios amistosos, aparte de \u201cle teste fatte tre al giorno\u201d para un maestro siciliano que, dicen, lo explotaba as\u00ed. Lo m\u00e1s destacable de esta etapa inicial es que empieza a combinar la cl\u00e1sica pintura con la de los objetos, flora y fauna, y a distinguirse entre los primeros que se interesar\u00e1 por lo que despu\u00e9s llamar\u00edan \u201cnaturaleza muerta\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta es quiz\u00e1s una de las ideas centrales que cruza la obra del Caravaggio: seg\u00fan criterios m\u00e1s o menos oficiales de la \u00e9poca, seg\u00fan la est\u00e9tica tradicional y la moral corriente sobre la jerarqu\u00eda de los g\u00e9neros, pintar lo inanimado, la naturaleza \u201cinferior\u201d, era practicar un arte de segundo orden; el ser humano y sus acciones representaban el verdadero fin de la pintura. Mientras que lo que parece buscar \u00e9l es algo que estar\u00eda en la bisagra: los v\u00ednculos, las relaciones entre las figuras y lo inanimado. El Marqu\u00e9s Vincenzo Giustiniani, su amigo personal, escribe poco despu\u00e9s de su muerte: \u201cIl Caravaggio dec\u00eda que esa manufactura le permit\u00eda hacer un cuadro bueno, tanto de flores como de figuras\u201d. Uno de sus mayores y mejores estudiosos actuales, Ferdinando Bologna, sostiene: \u201cLa historiograf\u00eda ha puesto a tiempo dos pareceres en el centro de la controversia: si el M. (Merisi) practic\u00f3 o no la naturaleza muerta como g\u00e9nero aut\u00f3nomo, y si \u00e9l debe ser considerado o no, tambi\u00e9n el descubridor de la autonom\u00eda de tal g\u00e9nero\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No est\u00e1 tan alejado el tema del que parece consagrarlo ante la historia, por haber sido, entre otras grandes realizaciones, indiscutido fundador del llamado \u201cTenebrismo\u201d. Surgido en pleno Barroco, y fruto como \u00e9l de las adaptaciones y cr\u00edticas de la Reforma, de los desbordes permisivos de una Contrarreforma que, es probable, no los quisiera tantos y, plenamente, de la voraz, reivindicativa y necesaria presencia de la imagen y de los sentidos contra los que luteranos y calvinistas hab\u00edan arremetido sin descanso. El cuerpo empieza a aparecer, cierto, con Il Caravaggio, con rasgos que sus contempor\u00e1neos, y algunos posteriores muy pacatos, dir\u00e1n b\u00e1rbaros, marcadamente naturales y reales, sus pies toscos y sus manos de dedos laboriosos y retorcidos, en una obra provocativa, avanzada, arrolladora. Sin que se le descubran hasta ahora demasiados antecedentes, aunque s\u00ed la mar de seguidores: entre los prominentes, Lo Spagnoletto, Jusepe (Jos\u00e9) de Ribera (1591-1652) y la grand\u00edsima Artemisia Gentileschi (1593-1654), reivindicada hoy por todo feminismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Il Caravaggio, a quien muchas veces la maliciosa cr\u00edtica supuso rebajar a la categor\u00eda de \u201cnaturalista\u201d, ignorando su luz incomparable y la composici\u00f3n renovadora, lleg\u00f3 a contarse, siempre peyorativamente, que deten\u00eda a sus modelos por la calle para hacerlos posar, y que no ocultaba ni correg\u00eda sus defectos. Por ello, quedan esa suerte de revuelta plebeya y esas formas vitales (en no mucho m\u00e1s, al fin, de unas cuarenta pinturas), que no por casualidad los franceses del siglo XIX, Th\u00e9odore G\u00e9ricault, pintor rom\u00e1ntico de la vida cotidiana, y Gustave Courbet, el que sale del taller hacia el sol y el aire, rescataron de los dep\u00f3sitos de los museos, y que para Renato Guttuso constituyen \u201cuna pintura nueva, compleja, irreducible a esquemas y a escuelas, solitaria grandeza de una poes\u00eda a\u00fan m\u00e1s solitaria\u201d. De \u00e9l escribe Andr\u00e9 Malraux en Le Mus\u00e9e imaginaire (1947): \u201cEl Caravaggio volvi\u00f3 profanos a sus personajes, sin duda deliberadamente. Si fracas\u00f3 cuando dio sus caras de viejos artesanos al que sostiene a Cristo en su Descendimiento (y) al San Pedro de La Crucifixi\u00f3n, fue porque no luchaba contra una abstracci\u00f3n pat\u00e9tica, como el arte g\u00f3tico contra la abstracci\u00f3n romana, sino contra una idealizaci\u00f3n a la que no pod\u00eda vencer content\u00e1ndose con individualizarlos\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su vida se apresura: parad\u00f3jicamente (no es el \u00fanico asombro que produce este artista), abandona casi toda su pintura profana. Introducido casi abruptamente en la pintura religiosa por su relaci\u00f3n con el cardenal Francesco Mar\u00eda del Monte (m\u00fasico, alquimista, astr\u00f3logo, cient\u00edfico y promotor de las artes), quien lo acoge en su palacio, transforma los personajes y las figuras de tales escenas en hombres pobres, miserables, de la calle y los caminos; aplica un desnudo y hasta un s\u00f3rdido naturalismo, del cual, por cierto, sus contempor\u00e1neos lo acusan, como si fuera un adalid, rechazado, de nuevos horizontes. Los \u00faltimos a\u00f1os de su vida son tormentosos. Crece el conocimiento y la celebridad, pero hay tambi\u00e9n incidentes diversos, peleas con colegas y con amigos, esc\u00e1ndalos, da\u00f1os y roturas, y hasta un crimen, sucedido a ra\u00edz de un partido de tenis (denominado en aquella \u00e9poca pallacorda) que degenera en reyerta, del cual se lo culpa, y debe salir precipitadamente de Roma. A este respecto, como a muchos otros, pocos artistas hoy contempor\u00e1neos despiertan tantas afinidades con Il Caravaggio como su compatriota Pier Paolo Pasolini, y sobre todo, aunque menos \u00e9patant, en el estudio de las caras y los cuerpos de la gente del pueblo, en el encuentro, el descubrimiento y la muestra de esos ragazzi di vita. Vu\u00e9lvase a ver, si hay dudas, los impactantes San Mateo de uno y otro\u2026 Desechada la posibilidad temporal, humana (e irreverentemente fant\u00e1stica) de que El Caravaggio haya conocido, gustado y absorbido la obra de Pasolini, queda como veros\u00edmil, aparte de otras semejanzas evidentes, la pedag\u00f3gica alternativa inversa.<\/p>\n<p>P\u00c1GINA 12<\/p>\n<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuenta Louis Hourticq, prestigioso historiador y cr\u00edtico de arte, que, hacia el segundo tercio del siglo XVI, agotado el primer Renacimiento y habiendo comenzado a florecer nuevas escuelas que ya no ten\u00edan como l\u00edmite el taller ni por programa el desarrollo de un oficio sino la correspondencia con un pensamiento, unas costumbres y, en ciertas [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[84],"tags":[],"class_list":["post-35460","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-bitxia"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.4 - 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