{"id":35258,"date":"2016-08-09T09:19:37","date_gmt":"2016-08-09T07:19:37","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/elena-en-el-pais-de-las-pesadillas\/"},"modified":"2016-08-09T09:19:37","modified_gmt":"2016-08-09T07:19:37","slug":"elena-en-el-pais-de-las-pesadillas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/elena-en-el-pais-de-las-pesadillas\/","title":{"rendered":"Elena en el pa\u00eds de las pesadillas"},"content":{"rendered":"\n<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">Poco antes de que ganara el premio Nobel el a\u00f1o pasado, la bielorrusa Svetlana Aleksi\u00e9vich conoci\u00f3 a Mijail Gorbachov. \u201cEs usted tan peque\u00f1a, \u00bfc\u00f3mo hace para escribir libros tan grandes?\u201d, le dijo Gorbachov. Svetlana le contest\u00f3: \u201cUsted no es un gigante precisamente, y derrumb\u00f3 un imperio\u201d. Los libros corales de Svetlana, ese coro de voces de distintas partes de Rusia que ella recoge pacientemente con su grabadorcito y su cuaderno de notas y cada tanto publica en forma de libro, son lo m\u00e1s parecido que conozco, lo \u00fanico de esta \u00e9poca que puede compararse, a lo que eran las viejas novelas rusas. Svetlana empieza siempre sus libros con objetivos concretos, fr\u00edos, period\u00edsticos (la masacre de Chernobil, o la guerra contada por las mujeres, o los soldaditos que marcharon a Afganist\u00e1n y Chechenia y volvieron en cajas de zinc, o la traum\u00e1tica desaparici\u00f3n de lo sovi\u00e9tico en la nueva Rusia) y termina invariablemente ofreciendo un fresco tolstoiano, dostoievskiano y chejoviano a la vez de los tiempos que le tocaron vivir. Cuando un ruso dice que su pa\u00eds tiene todos los elementos de la tabla de Mendeleiev, no habla s\u00f3lo de minerales, y \u00e9sa es la idea de lo ruso que irrumpe siempre en los libros de Svetlana, ese demencial term\u00f3metro emocional que va m\u00e1s all\u00e1 de lo concebible para arriba y para abajo en la escala t\u00e9rmica. Borges dijo que los rusos nos han demostrado que nadie es imposible: suicidas por felicidad, asesinos por benevolencia, delatores por humildad, amantes que se adoran hasta el punto de separarse para siempre. Svetlana cuenta esta historia escalofriante en su librazo El fin del Homo Sovieticus.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cada noche en Rusia, mientras los hombres beben y se pelean a pu\u00f1etazos, las mujeres escriben cartas. Cuentan minucias de la vida esas cartas, y est\u00e1n dirigidas a hombres presos: en cada aldea de la Rusia de Putin, la mitad de sus habitantes estuvieron o estar\u00e1n en prisi\u00f3n alguna vez. Las mujeres empiezan escribiendo a un hombre de su familia, y cuando no tienen ninguno preso escriben a desconocidos. Una de ellas responde al nombre de Elena Razduieva, es obrera panificadora, tiene treinta y siete a\u00f1os y tres hijos. Una noche, cuando ten\u00eda dieciocho, so\u00f1\u00f3 que paseaba por la orilla de un lago y se le aparec\u00eda un hombre que le dec\u00eda: \u201cEres mi prometida ante Dios\u201d. El rostro de ese hombre no se le borr\u00f3 al despertar; de hecho, se mantuvo tan n\u00edtido en su memoria que Elena se negaba a aceptar pretendientes. Todo el pueblo se re\u00eda a sus espaldas, pero ella dec\u00eda: \u201cNo me compadezcan, soy una mujer enamorada\u201d. Una noche bebi\u00f3 de m\u00e1s y amaneci\u00f3 embarazada. Decidi\u00f3 tener el hijo, tambi\u00e9n acept\u00f3 casarse con el hombre que la hab\u00eda pre\u00f1ado porque la mitad de las mujeres de su pueblo dec\u00edan que el amor viene con el matrimonio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No fue as\u00ed: aquel hombre le daba tanto rechazo que lo dej\u00f3. Con su beb\u00e9 en brazos fue a ver a su mejor amigo de los a\u00f1os de escuela, Yuri, que siempre hab\u00eda estado enamorado de ella. \u201cNecesito un lugar donde vivir. \u00bfPodemos quedarnos contigo? Cuidar\u00e9 de ti y de tu casa. Lo \u00fanico que te pido es que no me toques\u201d, le dijo. Yuri acept\u00f3, honr\u00f3 el convenio, la trataba con devoci\u00f3n, paseaban de la mano por el pueblo, ella termin\u00f3 d\u00e1ndole dos hijos y quince a\u00f1os juntos, y en sus ratos libres escrib\u00eda cartas a presos. Un d\u00eda lleg\u00f3 respuesta de uno de ellos. La carta no dec\u00eda nada del otro mundo pero la letra\u2026 Elena le pidi\u00f3 al preso que le mandara una foto. Era el rostro del muchacho de su sue\u00f1o. Se lo confes\u00f3 a Yuri, porque era una mujer honesta. \u201cSe llama Volodia y cumple cadena perpetua por asesinato\u201d, le dijo. \u201cTenemos tres hijos que criar\u201d, le contest\u00f3 \u00e9l. \u201cVolver\u00e9\u201d, le prometi\u00f3 ella y tom\u00f3 el tren al norte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s all\u00e1 de los bosques y pantanos de Vologda, en el extremo norte ruso, hay una isla en medio de un lago en cuyas aguas parecen verse lenguas de fuego en el solsticio de invierno. Peregrinos penitentes construyeron all\u00ed un monasterio de paredes de metro y medio de ancho, en el siglo XIV. Hoy es una c\u00e1rcel para asesinos peligrosos: s\u00f3lo casos de cadena perpetua. Nunca nadie escap\u00f3 de ah\u00ed. Los presos est\u00e1n todos en celdas individuales, en confinamiento solitario. En cada celda hay una tablilla donde se leen sus cr\u00edmenes: asesin\u00f3 a una ni\u00f1a de seis a\u00f1os, descuartiz\u00f3 una familia, prendi\u00f3 fuego a su madre ciega. Elena se presenta en el penal. Le informan que los presos s\u00f3lo pueden recibir visitas de tres horas dos veces al a\u00f1o, y que las visitas deben ser familiares directos. Pasa un d\u00eda y una noche frente al penal hasta que el director se compadece de su historia y le autoriza una \u00fanica visita.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Elena se sienta frente a Volodia y \u00e9l le cuenta que est\u00e1 preso desde los dieciocho a\u00f1os, que asesin\u00f3 a un hombre. Todo fue por una chica que le gustaba y que una noche se dej\u00f3 acompa\u00f1ar a la salida de un baile. \u00c9l le confes\u00f3 su amor y ella le pregunt\u00f3 qu\u00e9 ser\u00eda capaz de hacer para demostr\u00e1rselo. Matarme, dijo \u00e9l. \u201cMatarse a uno mismo es poca cosa, \u00bfestar\u00edas dispuesto a matar al primero que pase?\u201d, dijo ella. Volodia recogi\u00f3 una piedra, se escondi\u00f3 detr\u00e1s de un \u00e1rbol y mat\u00f3 a golpes al primero que pas\u00f3: era su maestro de escuela. Su madre lo repudi\u00f3, su hermana dej\u00f3 de escribirle. Un d\u00eda pele\u00f3 con otro convicto en la c\u00e1rcel y casi lo mat\u00f3 a mordiscones. Lleva veinte a\u00f1os en confinamiento solitario. Cay\u00f3 preso en tiempos sovi\u00e9ticos, no tiene idea de c\u00f3mo cambi\u00f3 el mundo afuera. Mirando a los ojos a Elena, le dice que hay presos que se alimentan de sus recuerdos, pero \u00bfqu\u00e9 recuerdos tiene alguien que cay\u00f3 en prisi\u00f3n antes de haber vivido?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cYo ser\u00e9 su familia\u201d, decide Elena. \u201cSi mat\u00f3 fue porque a\u00fan no me ten\u00eda a su lado\u201d. Y vuelve a su pueblo y se divorcia de Yuri. Al principio se queda junto a sus hijos y viaja dos veces al a\u00f1o hacia el norte, cuando le toca visita en la prisi\u00f3n. El resto de los d\u00edas le escribe una carta por d\u00eda a su amado Volodia. Cuando logra casarse con \u00e9l, en la capilla del penal, se traslada a vivir al pueblo m\u00e1s cercano a la prisi\u00f3n. Pero nadie le da trabajo; s\u00f3lo un pope le ofrece alojamiento y comida a cambio de que limpie la iglesia. As\u00ed pasa siete a\u00f1os. De alguna manera la historia de Elena llega hasta Mosc\u00fa y hacen un documental que se pasa en horario central por televisi\u00f3n. Toda Rusia opina de ella: es una loca; no, es una rom\u00e1ntica; hace creer en el amor; s\u00ed, tendr\u00edan que encerrarla en la misma jaula que a \u00e9l; s\u00ed, y de paso reimplantar la pena de muerte en Rusia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero, como bien le dice la directora del documental a Svetlana: \u201cEl defecto cong\u00e9nito de este g\u00e9nero es que la vida de los personajes contin\u00faa cuando termina la pel\u00edcula\u201d. Desde que finaliz\u00f3 la filmaci\u00f3n, la documentalista le hace peri\u00f3dicas llamadas a su protagonista. En una de ellas le informan que Elena ha abandonado aquel pueblo para recluirse en un monasterio con voto de silencio donde atienden casos terminales de sida. En su \u00faltimo encuentro con ella, Elena le hab\u00eda confesado que, en caso de que alg\u00fan d\u00eda liberaran a Volodia, tendr\u00eda que llev\u00e1rselo lejos, a alg\u00fan lugar donde no hubiera que relacionarse con otras personas. Y a continuaci\u00f3n agreg\u00f3: \u201c\u00daltimamente sus ojos se han vuelto tan fr\u00edos, tan vac\u00edos\u2026 S\u00e9 que alg\u00fan d\u00eda me matar\u00e1. S\u00e9 incluso c\u00f3mo se ver\u00e1n sus ojos cuando me est\u00e9 asesinando\u201d.<\/p>\n<p>PAGINA 12<\/p>\n<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Poco antes de que ganara el premio Nobel el a\u00f1o pasado, la bielorrusa Svetlana Aleksi\u00e9vich conoci\u00f3 a Mijail Gorbachov. \u201cEs usted tan peque\u00f1a, \u00bfc\u00f3mo hace para escribir libros tan grandes?\u201d, le dijo Gorbachov. Svetlana le contest\u00f3: \u201cUsted no es un gigante precisamente, y derrumb\u00f3 un imperio\u201d. 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