{"id":35224,"date":"2016-07-26T09:35:59","date_gmt":"2016-07-26T07:35:59","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-destino-de-una-lengua-entre-waterloo-y-verdun-1\/"},"modified":"2016-07-26T09:35:59","modified_gmt":"2016-07-26T07:35:59","slug":"el-destino-de-una-lengua-entre-waterloo-y-verdun-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-destino-de-una-lengua-entre-waterloo-y-verdun-1\/","title":{"rendered":"El destino de una lengua entre Waterloo y Verdun (1)"},"content":{"rendered":"\n<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abCatalu\u00f1a Norte, durante las guerras napole\u00f3nicas -y ya antes, durante las llamadas guerras revolucionarias-, fue el territorio de toda Francia en que hubo el porcentaje m\u00e1s alto de deserci\u00f3n\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8216;Waterloo! Waterloo! Waterloo! morne plaine!&#8230;&#8217; (\u00a1triste llanura!&#8230;) Es muy probable que este verso de Victor Hugo no diga nada a quien no haya pasado por la escuela francesa. Yo, hacia los catorce a\u00f1os, tuve que aprender de memoria un trozo bien largo de este poema que recuerda una batalla de la que el a\u00f1o pasado se celebr\u00f3 el bicentenario. La batalla de Waterloo, en junio de 1815, que dio una celebridad universal a un modesto pueblecito de B\u00e9lgica, fue una de las m\u00e1s mort\u00edferas de la historia de Europa. Fue, sobre todo, la batalla que puso un t\u00e9rmino definitivo al reinado de Napole\u00f3n. Dos siglos m\u00e1s tarde, sin embargo, una mayor\u00eda de franceses todav\u00eda piensa que Napole\u00f3n habr\u00eda tenido que ganar en Waterloo. Por una raz\u00f3n muy simple: era franc\u00e9s. Que, de hecho, fuera corso, es un detalle sin importancia para el nacionalismo franc\u00e9s. Un nacionalismo consensual todav\u00eda hoy sin remordimientos ni escr\u00fapulos a la hora de venerar a alguien que se ceb\u00f3 contra los valores pretendidamente defendidos por Francia: libertad, igualdad, etc.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su culto es evidente en toda Francia y tambi\u00e9n, por consiguiente, en Catalu\u00f1a Norte. Si en las escuelas de la Rep\u00fablica francesa, en lugar de la historia oficial se ense\u00f1ara la historia real de cada territorio, los alumnos catalanes tendr\u00edan una idea muy diferente de este emperador. Sabr\u00edan que sus antepasados, durante su reino, fueron rebeldes a su orden, cuando el orden implicaba ir a morir en la guerra en su nombre. Catalu\u00f1a Norte, durante las guerras napole\u00f3nicas -y ya antes, durante las llamadas guerras revolucionarias-, fue el territorio de toda Francia en que hubo el mayor porcentaje de deserci\u00f3n. Hay, en los archivos locales, relatos extraordinariamente novelescos, incluso rocambolescos, de aventuras reales protagonizadas por j\u00f3venes catalanes para escapar del ej\u00e9rcito franc\u00e9s. Unas aventuras que deber\u00edan hacernos orgullosos de ser los descendientes de esta gente. Hay deserciones m\u00e1s honorables que toda una sarta de medallas. Ser\u00e1, sin embargo, que estas deserciones no quedan tan bien en las conversaciones entre catalanes indefectiblemente franceses. Muchos se avergonzar\u00edan al saber que alguno de sus antepasados desapareci\u00f3 en la niebla para no tener que combatir por Francia. Y m\u00e1s a\u00fan si supieran que las deserciones, muy a menudo, ten\u00edan la complicidad activa de las autoridades locales, civiles y religiosas y pod\u00edan consistir en el hecho de esquivar y enga\u00f1ar a los militares franceses venidos para operar reclutamientos forzosos. Tambi\u00e9n pod\u00edan consistir en fugas nocturnas de j\u00f3venes que no hab\u00edan podido esconderse y hab\u00edan sido reclutados, hasta el punto de que a la postre casi s\u00f3lo los catalanes que quer\u00edan probar suerte en la guerra acababan alistados. Imperaba en aquellos a\u00f1os, en Catalu\u00f1a, un esp\u00edritu de rebeli\u00f3n frente al Estado sim\u00e9trico al norte y al sur de la raya, tuviera este Estado la capital en Madrid o en Par\u00eds. Una simetr\u00eda que se explica de modo muy sencillo: era, estrictamente, el mismo pueblo dividido por una frontera que a\u00fan no separaba de verdad a Catalu\u00f1a en dos partes. Y el mismo pueblo, hablaba, claro, la misma lengua. No existen estad\u00edsticas sobre el uso del catal\u00e1n en el inicio del siglo XIX pero los testigos permiten pensar que m\u00e1s del 95% de la poblaci\u00f3n deb\u00eda tener el catal\u00e1n como lengua primera. Eran a\u00f1os que hoy podr\u00edan parecer m\u00edticos, los a\u00f1os en que los extranjeros que se instalaban en estas tierras del norte ten\u00edan que aprender a hablar catal\u00e1n, aunque fuera un catal\u00e1n excluido por completo del sistema escolar y sin existencia oficial. Tan s\u00f3lo los representantes m\u00e1s altos de los estamentos de Estado deb\u00edan poder eludir la necesidad de utilizar el catal\u00e1n en su vida diaria. Despu\u00e9s de todo, s\u00f3lo hac\u00eda un cuarto de siglo de la magn\u00edfica respuesta de un corresponsal an\u00f3nimo de Perpi\u00f1\u00e1n al cuestionario enviado desde los estamentos revolucionarios de Par\u00eds a todos los departamentos franceses sobre las maneras de destruir los &#8216;patois&#8217;: para destruir el catal\u00e1n, dijo, &#8216;habr\u00eda que destruir el sol, el frescor de las noches, el tipo de alimentos, la calidad de las aguas, el hombre entero&#8217;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Waterloo, pues, hubo pocos catalanes y los pocos que hab\u00eda temblaban, rezaban y blasfemaban en catal\u00e1n. Y cuando la batalla se termin\u00f3, cuando los catalanes supervivientes tuvieron que volver a su casa, cuando los catalanes desertores pudieron dejar de esconderse o de vigilar, comenz\u00f3 la lenta pero inexorable integraci\u00f3n efectiva en la sociedad francesa. Con esta integraci\u00f3n comenzaba el declive de la lengua. Un siglo m\u00e1s tarde, en el coraz\u00f3n de la Primera Guerra Mundial, todo era ya muy diferente. Diferente, sobre todo, en las mentes. Hablaremos dentro de dos semanas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>El destino de una lengua entre Waterloo y Verdun (y 2)<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abIncluso el modesto pueblo de Orell\u00e0, en el Conflent, tuvo el amargo privilegio de ser el municipio franc\u00e9s con el m\u00e1s alto porcentaje de v\u00edctimas: el 30% de su poblaci\u00f3n total muri\u00f3 en la guerra\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la cr\u00f3nica anterior intent\u00e9 explicar c\u00f3mo, hace doscientos a\u00f1os, no hab\u00eda todav\u00eda ninguna diferencia fundamental entre catalanes del norte o del sur de la raya fronteriza franco-espa\u00f1ola. Unos y otros eran igualmente rebeldes al orden impuesto desde las capitales y hablaban, claro, la misma lengua. En un siglo, sin embargo, entre la batalla de Waterloo en 1815 y la batalla de Verdun en 1916, las cosas empezaron a cambiar de manera radical.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pongo Verdun como punto culminante de la Primera Guerra Mundial porque en el imaginario colectivo franc\u00e9s es la madre de todas las batallas, el momento en que se renov\u00f3 la uni\u00f3n sagrada alrededor del objetivo de victoria. Y, con respecto a los catalanes, fue la batalla que consigui\u00f3 lo que Waterloo y las guerras napole\u00f3nicas no hab\u00edan podido hacer: que se sintieran m\u00e1s franceses que catalanes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo, sin embargo, hab\u00eda empezado antes. La m\u00e1quina de transformar catalanes en franceses ya hab\u00eda comenzado a funcionar desde el tratado de los Pirineos, en 1659, con la prohibici\u00f3n del catal\u00e1n como lengua oficial en 1700 y el intento de dogmatizar su muerte a partir del 1789, pero el \u00e9xito de la empresa, hasta entonces, era mediocre. Al final del imperio napole\u00f3nico, en 1815, pocos catalanes deb\u00edan sentirse realmente franceses. Uno de los momentos cr\u00edticos que fortaleci\u00f3 este sentimiento se sit\u00faa en una guerra muy olvidada, que tan s\u00f3lo dur\u00f3 diez meses, la guerra franco-prusiana de 1870-1871. Una guerra que termin\u00f3 con una derrota vertiginosa del ej\u00e9rcito franc\u00e9s, derrota que inyect\u00f3 en el dogma nacional la necesidad de revancha contra los alemanes, para recuperar Alsacia y parte de Lorena, anexionados por los vencedores. Desde entonces, los partidos pol\u00edticos, la prensa y los intelectuales apoyaron al gobierno franc\u00e9s, fuera del color que fuera, para hacer del odio antigerm\u00e0nico un elemento consustancial de la identidad nacional. La sociedad francesa de finales del XIX y de principios del XX se convirti\u00f3 en una sociedad profundamente militarizada, una sociedad en la que el servicio militar obligatorio se endurec\u00eda progresivamente, tanto por la supresi\u00f3n progresiva del sorteo (cada recluta ten\u00eda una posibilidad de ser eximido de servicio) como por la generalizaci\u00f3n de una duraci\u00f3n igual para todos, que lleg\u00f3 a ser de tres a\u00f1os en 1913.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta militarizaci\u00f3n fue acentuada tambi\u00e9n por el invento de la escuela gratuita, laica y obligatoria, que comenz\u00f3 a funcionar en 1881. El objetivo de esta escuela no era s\u00f3lo el instruir a los ciudadanos, sino tambi\u00e9n el preparar futuros soldados: el estado mayor hab\u00eda reconocido que en 1871 el hecho de que muy pocos suboficiales supieran leer hab\u00eda sido uno de los motivos de la derrota. La escuela obligatoria deb\u00eda poner remedio a esta carencia pero, sobre todo, ten\u00eda que lavar los cerebros de los ni\u00f1os. La escuela fue pensada desde los inicios como una maquinaria al servicio de la revancha militar, con lecciones, poemas y ejercicios con armas de madera que inculcaban la idea de que otra guerra contra Alemania era a la vez deseable e inevitable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">O sea que cuando comenz\u00f3 la Primera Guerra Mundial, en 1914, ya hac\u00eda cuarenta a\u00f1os que los catalanes del Norte viv\u00edan inmersos en un Estado que trabajaba implacablemente por borrar todas las diferencias entre sus ciudadanos. Con el fin de hacer del deseo de revancha contra los alemanes una prioridad compartida por todos. Y puesto que la lengua era una de las diferencias m\u00e1s esenciales, la escuela deb\u00eda ser el lugar donde las criaturas aprendieran a olvidar el catal\u00e1n, gracias a la violencia f\u00edsica y psicol\u00f3gica ejercida d\u00eda tras d\u00eda por los maestros. Mientras tanto, en el ej\u00e9rcito se mezclaban poblaciones de or\u00edgenes diferentes que ten\u00edan que usar el franc\u00e9s como lengua com\u00fan y permitir al Estado machacar la asimilaci\u00f3n en las mentes masculinas. Y si el Estado franc\u00e9s tuvo \u00e9xito en el prop\u00f3sito de uniformizar mentes y lenguas mientras que, con m\u00e9todos bastante similares, el Estado espa\u00f1ol fracas\u00f3, es porque en Francia el estado cumpli\u00f3 la promesa de ascenso social ligado a la asunci\u00f3n absoluta de la lengua oficial. Quien dejaba atr\u00e1s el catal\u00e1n para abrazar el franc\u00e9s, por modesta que fuera su familia, pod\u00eda esperar tener un trabajo confortable de peque\u00f1o funcionario rural. En ciertos contextos sociales, esta posibilidad constituy\u00f3 una verdadera revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y la guerra del 14 termin\u00f3 de ligarlo todo. Claro que, en Catalu\u00f1a Norte, tierra de deserci\u00f3n de las guerras de la Revoluci\u00f3n Francesa y de Napole\u00f3n, continu\u00f3 habiendo soldados que desaparec\u00edan en la niebla, pero mucho menos de lo que se habr\u00eda podido esperar de una poblaci\u00f3n que a menudo manten\u00eda lazos familiares al otro lado de la frontera. Los monumentos a los muertos de Catalu\u00f1a Norte, con alguna excepci\u00f3n, est\u00e1n tan bien abastecidos en nombres de soldados muertos por Francia como cualquier otro territorio. Incluso el modesto pueblo de Orell\u00e0, en el Conflent, tuvo el amargo privilegio de ser el municipio franc\u00e9s con el m\u00e1s alto porcentaje de v\u00edctimas: el 30% de su poblaci\u00f3n total muri\u00f3 en la guerra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y estas v\u00edctimas, esta enorme cantidad de v\u00edctimas, representaron, parad\u00f3jicamente, un argumento m\u00e1s a favor de Francia: quien muri\u00f3 por Francia merec\u00eda ser franc\u00e9s. Quien sufri\u00f3 por Francia no pod\u00eda pensar que su sufrimiento hab\u00eda sido in\u00fatil y, por tanto, se adher\u00eda a\u00fan m\u00e1s a los ideales franceses. Desde entonces todo ha sido m\u00e1s f\u00e1cil para los ide\u00f3logos nacionalistas y el siglo XX, a partir de Verdun, consisti\u00f3 s\u00f3lo en el perfeccionamiento y la generalizaci\u00f3n de los m\u00e9todos de asimilaci\u00f3n inventados y aplicados anteriormente. Y es as\u00ed como nos supieron hacer franceses a todos los efectos. El resultado, hoy, es el que se ve al pasar la muga y la \u00fanica esperanza de que todo esto no acabe en la aniquilaci\u00f3n definitiva de cualquier rastro de catalanidad recae con exactitud en las manos y en la conciencia de los catalanes del Principado. La independencia de Catalu\u00f1a es el \u00fanico camino para esperar salvar, al norte, algunos fragmentos de lengua, de identidad, de memoria y tal vez, pues, de deseo de reconstruirse mirando hacia el sur.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">VILAWEB<\/p>\n<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abCatalu\u00f1a Norte, durante las guerras napole\u00f3nicas -y ya antes, durante las llamadas guerras revolucionarias-, fue el territorio de toda Francia en que hubo el porcentaje m\u00e1s alto de deserci\u00f3n\u00bb &#8216;Waterloo! Waterloo! 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