{"id":34266,"date":"2016-02-24T15:49:42","date_gmt":"2016-02-24T13:49:42","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/himnos-silbidos-y-nacionalismo-banal\/"},"modified":"2016-02-24T15:49:42","modified_gmt":"2016-02-24T13:49:42","slug":"himnos-silbidos-y-nacionalismo-banal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/himnos-silbidos-y-nacionalismo-banal\/","title":{"rendered":"Himnos, silbidos y nacionalismo banal"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Los te\u00f3ricos sociales pensaban que esta era de globalizaci\u00f3n causar\u00eda un proceso de r\u00e1pida desintegraci\u00f3n del mundo de los Estados-naci\u00f3n lo que implicar\u00eda cambios, no s\u00f3lo estructurales y econ\u00f3micos, tambi\u00e9n psicol\u00f3gicos. Estos \u00faltimos comportar\u00edan una conciencia postmoderna basada en un sentimiento de identidades m\u00faltiples que sustituir\u00eda a las identidades fijas del mundo moderno. Pero la realidad es que, en el mundo actual, el Estado-naci\u00f3n sigue siendo la forma predominante de organizaci\u00f3n pol\u00edtica, la cual viene acompa\u00f1ada de la extendida aceptaci\u00f3n de los supuestos del nacionalismo. Tales supuestos se basan en que las naciones son hechos naturales que han diferenciado a la humanidad en comunidades culturales distintas, cada cual con su propio h\u00e1bitat territorial y capacidad para gobernarse. Entonces, \u00bfa qu\u00e9 se debe esta \u201cresilencia\u201d del Estado-naci\u00f3n?<\/p>\n<p>Michael Billig, prestigioso catedr\u00e1tico brit\u00e1nico de ciencias sociales, acu\u00f1\u00f3 el t\u00e9rmino \u201cnacionalismo banal\u201d para referirse al discurso nacionalista impl\u00edcito y que, por tanto, no se ve.\u00a0Dicho de otro modo: se tratar\u00eda de un discurso que se percibe como normal, como natural y que, por tanto, no se muestra como nacionalista. Billig public\u00f3 en 1995 el libro \u201cNacionalismo banal\u201d donde muestra fehacientemente c\u00f3mo en las democracias occidentales m\u00e1s consolidadas opera un nacionalismo oculto, dedicado a recordar continuamente a los ciudadanos cu\u00e1l es su naci\u00f3n. Bajo esa etiqueta subyace un conjunto de s\u00edmbolos, h\u00e1bitos y discursos que de manera cotidiana, mec\u00e1nica y rutinaria difunde y mantiene cualquier Estado constituido para reforzar la conciencia nacional. Se tratar\u00eda, pues, de un nacionalismo difuso que no emplea exaltaciones inflamadas de la propia identidad, sino mecanismos de la cotidianidad, como la bandera que cuelga en la entrada de un edificio oficial, el mapa del tiempo, las matr\u00edculas de los coches, los s\u00edmbolos o rostros grabados en las monedas, las noticias y su clasificaci\u00f3n en nacionales-internacionales, las series televisivas, los principales acontecimientos deportivos o el vocabulario empleado rutinariamente por medios de comunicaci\u00f3n, pol\u00edticos y personajes p\u00fablicos en general\u2026.<\/p>\n<p>Billig construye su tesis bas\u00e1ndose en el modelo de los Estados Unidos, as\u00ed como en el brit\u00e1nico. Expone su argumento matriz: en las naciones consolidadas, la nacionalidad se recuerda inadvertidamente, de manera tal que, expuesta la poblaci\u00f3n a este nacionalismo incesante, ocasiona un afianzamiento de la identidad nacional que se encarna y manifiesta en los h\u00e1bitos y costumbres sociales.\u00a0 Y lo valida con el modelo de EEUU: por encima de la gran heterogeneidad de origen de sus habitantes, se \u00a0constituyen las se\u00f1as de identidad con los componentes del nacionalismo banal que establecen fuertes lazos de comunidad entre ellos, componentes que son insistentemente recordados por los medios de comunicaci\u00f3n y autoridades gubernamentales. Por citar algunos de ellos, las banderas con las barras y estrellas en los edificios oficiales y en las fachadas y jardines de las viviendas, la interpretaci\u00f3n del himno en la Super Bowl y en otros actos de masas, la NBA, la Liga de b\u00e9isbol, el pavo y el pastel de calabaza del d\u00eda de Acci\u00f3n de Gracias, Santa Claus, el d\u00f3lar, el gusto por el western y la comida basura, el prestigio y predominio del ingl\u00e9s que comporta la renuncia de sus lenguas maternas por las segundas generaciones de emigrantes\u2026.<\/p>\n<p>En su an\u00e1lisis del nacionalismo Billig\u00a0focaliza su an\u00e1lisis, no ya en las manifestaciones m\u00e1s acaloradas, extremas y gesticulantes de \u00e9ste, sino m\u00e1s bien en las cotidianas y arraigadas en la conciencia contempor\u00e1nea, y en c\u00f3mo son utilizadas en beneficio propio por los estados-naci\u00f3n contempor\u00e1neos. Algo que hasta la fecha hab\u00eda preocupado bastante poco a los historiadores, soci\u00f3logos, antrop\u00f3logos o polit\u00f3logos, quiz\u00e1s se pudiera aventurar que fuera totalmente necesaria la mirada perspicaz de un psic\u00f3logo social para lograr el surgimiento de este modo alternativo de examinar el nacionalismo.<\/p>\n<p>Es de todo punto de vista evidente que las tesis de Billig, salvo matices, pueden aplicarse a otros casos como Francia o Espa\u00f1a. Invariablemente, la cuesti\u00f3n nacional en el Reino de Espa\u00f1a es objeto de una visi\u00f3n sesgada, decididamente estr\u00e1bica, tanto desde los medios de comunicaci\u00f3n como desde la opini\u00f3n publicitada en general. Seg\u00fan \u00e9sta, los \u00fanicos nacionalismos pol\u00edticos identificados como tales son los perif\u00e9ricos (el vasco, el catal\u00e1n); la \u00fanica agitaci\u00f3n nacionalista es la que se expresa tremolando ikurri\u00f1as o esteladas; y en cambio, blandir la rojigualda bajo cualquiera de sus variantes (con escudo constitucional, con \u00e1guila o con toro) y vitorear a Espa\u00f1a hasta despepitarse, eso es un mero rasgo de normalidad, todo lo m\u00e1s de sano fervor patri\u00f3tico. La inexistencia de un nacionalismo espa\u00f1ol es una afirmaci\u00f3n constantemente repetida y no precisamente de modo inocente. Repetida por quienes est\u00e1n dispuestos, a reivindicar el \u201cpatriotismo\u201d (a menudo adjetivado como constitucional), o simplemente la \u201cnormalidad\u201d de ser espa\u00f1ol. Nacionalistas, como es p\u00fablico y notorio, son siempre los otros: desde luego los catalanes y los vascos con su aldeanismo, y, si es caso, hasta los franceses con su \u201cgrandeur\u201d. De tanto\u00a0repetir, se lo acaban creyendo. Y es que una de las caracter\u00edsticas invariables de los \u201cnacionalistas de Estado\u201d<em> <\/em>es que no se ven a s\u00ed mismos como defensores de una ideolog\u00eda concreta. Dan por hecho que lo suyo es obvio, que est\u00e1 inscrito en el orden natural de las cosas, que responde a la l\u00f3gica m\u00e1s elemental, de caj\u00f3n, blanco y en botella, vamos!. Ellos no son particularistas, ni exclusivistas, ni provincianos; esa es una lacra que s\u00f3lo persigue a los nacionalistas \u201cregionales\u201d<em>.<\/em> A nada que te descuides, se proclaman ciudadanos del mundo y presumen de despreciar las fronteras.<\/p>\n<p>Es proverbial el uso pol\u00edtico, en clave nacionalismo banal, que los estados-naci\u00f3n hacen del deporte. Sus partidos internacionales se convierten en un mecanismo de cohesi\u00f3n nacional. En el franquismo eran los goles de Zarra a la p\u00e9rfida Albi\u00f3n en 1950 y el de Marcelino a la luciferina Rusia en 1964; ahora son los grandes \u00e9xitos de \u201cla roja\u201d. En fin, \u00a0los triunfos de la selecci\u00f3n espa\u00f1ola de f\u00fatbol como simulacros de victorias b\u00e9licas. Son patentes durante la celebraci\u00f3n de estos partidos las expresiones manifiestas y estruendosas de la simbolog\u00eda del nacionalismo estatal. Pero \u00a1ay!, los estados-naci\u00f3n se irritan en grado sumo cuando eso no funciona. Como ejemplos, la pitada al himno en el Camp Nou que escandaliz\u00f3 a Espa\u00f1a; pero tambi\u00e9n recordar que el presidente franc\u00e9s Chirac se levant\u00f3 del palco cuando la Marsellesa fue silbada en el mism\u00edsimo Par\u00eds durante la final de la Copa de Francia, que enfrentaba en 2002 al Bastia corso y al Lorient bret\u00f3n. Qued\u00f3 en evidencia que la simbolog\u00eda nacionalista banal franco-espa\u00f1ola no gusta a bretones, corsos, catalanes y vascos<\/p>\n<p>El nacionalismo no es patrimonio de los nacionalistas \u201cperif\u00e9ricos\u201d, es consustancial a todo estado-naci\u00f3n. Este nacionalismo estatal al actuar de manera m\u00e1s sutil, m\u00e1s ladina, hace que la interpretaci\u00f3n de su himno al comienzo de un partido de f\u00fatbol sea considerado un acto normal, \u201cbanal\u201d; en tanto que silbarlo estruendosamente, seg\u00fan el criterio de los que se sienten ofendidos por esa forma de protesta, no es consecuencia del ejercicio de un derecho, m\u00e1s bien se convierte en execrable manifestaci\u00f3n de conductas violentas, \u201cxen\u00f3fobas\u201d, \u201cfascistas\u201d o simplemente maleducadas. En suma, en algo inmoral que incluso habr\u00eda de ser perseguido legalmente, ya que amenaza al Estado.<\/p>\n<p>Por lo tanto, ese nacionalismo \u201cacalorado\u201d que se expresa en los silbidos de bretones, corsos, catalanes y vascos en las finales de copa, no nos deber\u00eda ocultar ese otro nacionalismo \u201cbanal\u201d, cotidiano y difuso que la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n no percibe como tal (de interiorizado que lo tiene \u201ccomo algo natural\u201d), y que tanto los gobiernos como los medios de comunicaci\u00f3n \u201cnacionales\u201d raramente suelen etiquetarlo y llamarlo por su nombre.<\/p>\n<p>En todo caso, la postura prepotente y petulante que se arroga el Estado-naci\u00f3n impide que haya un m\u00ednimo reconocimiento de \u201csu patolog\u00eda\u201d. Sencillamente, aferrados a su pasado y bloqueados mentalmente, no est\u00e1n interesados en prestar una m\u00ednima atenci\u00f3n a estas juiciosas observaciones, seguir\u00e1n con su discurso habitual.\u00a0William Hazlitt,<strong> <\/strong>quiz\u00e1 el cr\u00edtico m\u00e1s inteligente de la cultura autoritaria, ya advirti\u00f3:<\/p>\n<p><em>\u201cLa fuerza intelectual no es como la fuerza f\u00edsica. No tendr\u00e1 la menor influencia sobre el intelecto de los otros, a no ser que \u00e9stos entren en \u201csimpat\u00eda\u201d<\/em> <em>contigo. Efectivamente, saber mucho m\u00e1s sobre un tema no te confiere superioridad ni poder sobre los dem\u00e1s, m\u00e1s bien hace a\u00fan que te resulte m\u00e1s imposible causarles la menor impresi\u00f3n\u201c.<\/em><\/p>\n<p>Hay que agradecer a Michael Billig su sagacidad, tes\u00f3n y perspicacia para identificar, amojonar y convertir en categor\u00eda anal\u00edtica esta soterrada y ubicua especie de nacionalismo. Es muy significativo que no haya sido hasta ahora, veinte a\u00f1os despu\u00e9s de la edici\u00f3n original inglesa-1995-, cuando se ha publicado la traducci\u00f3n espa\u00f1ola. Significativo, porque el trabajo de Billig defiende una tesis inc\u00f3moda, cual es la presencia de un discurso nacionalista aparentemente invisible en Estados donde se supone que no hay nacionalismo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los te\u00f3ricos sociales pensaban que esta era de globalizaci\u00f3n causar\u00eda un proceso de r\u00e1pida desintegraci\u00f3n del mundo de los Estados-naci\u00f3n lo que implicar\u00eda cambios, no s\u00f3lo estructurales y econ\u00f3micos, tambi\u00e9n psicol\u00f3gicos. Estos \u00faltimos comportar\u00edan una conciencia postmoderna basada en un sentimiento de identidades m\u00faltiples que sustituir\u00eda a las identidades fijas del mundo moderno. 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