{"id":34253,"date":"2016-02-22T13:35:07","date_gmt":"2016-02-22T11:35:07","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/tomas-zumalakarregi-el-heroe-inolvidable\/"},"modified":"2016-02-22T13:35:07","modified_gmt":"2016-02-22T11:35:07","slug":"tomas-zumalakarregi-el-heroe-inolvidable","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/tomas-zumalakarregi-el-heroe-inolvidable\/","title":{"rendered":"Tom\u00e1s Zumalakarregi: El h\u00e9roe inolvidable"},"content":{"rendered":"\n<p>Una bala perdida durante el sitio de Bilbao fue el principio del fin  de Tom\u00e1s Zumalakarregi, que en pocos meses pas\u00f3 de ser un coronel  taciturno a encarnar la esperanza militar de los carlistas<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-34062\" alt=\"Sin_titulo1\" src=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/Sin_titulo1.png\" height=\"253\" width=\"452\" \/> <\/p>\n<p>Zumalakarregi tras la toma de Etxarri-Aranatz. En la imagen los soldados liberales, hermanados con los carlistas, le vitorean ante el respeto y la generosidad con que les trat\u00f3 tras la entrega del fuerte. (SAF)<\/p>\n<p>HACE ya cinco a\u00f1os, el autor de este art\u00edculo se dio de bruces con la biograf\u00eda de Tom\u00e1s Zumalakarregi; la curiosidad primero, y el asombro despu\u00e9s, le llevaron a perseguir su sombra en textos antiguos y recientes y en los paisajes de nuestra tierra. Su figura sigue llena de misterio, tan huidiza como el primer d\u00eda, pero la admiraci\u00f3n que genera perdura como oro de ley. Si un h\u00e9roe es definido como el autor de hechos portentosos, el caudillo guipuzcoano merece como nadie ese calificativo, y nos ha legado una herencia sutil, sus hechos y sus valores, que ha quedado indeleblemente unida al car\u00e1cter de nuestra tierra.<\/p>\n<p>Tom\u00e1s Zumalakarregi Imaz (1788-1835) fue un hombre de su tiempo. Educado para escribano, la Guerra de la Independencia cambi\u00f3 el rumbo de su vida convirti\u00e9ndole en un militar de vocaci\u00f3n en una \u00e9poca en la que el honor lo era casi todo. Quienes le conocieron le describ\u00edan como un hombre de intensa mirada que todo lo parec\u00eda penetrar; re\u00eda poco y era callado y meditabundo, en exceso a decir de algunos; concienzudo en su trabajo, fue adorado por quienes se pusieron a sus \u00f3rdenes y con ellos logr\u00f3 lo que nadie pod\u00eda imaginar.<\/p>\n<p>Su peripecia transcurri\u00f3 en una \u00e9poca enormemente turbulenta, el terrible conflicto que ser\u00eda denominado la Primera Guerra Carlista (1833-1840). En \u00e9l, tras la fachada de la cuesti\u00f3n din\u00e1stica que opon\u00eda al infante Don Carlos y a la princesa Isabel, se combat\u00eda ferozmente por ideas antag\u00f3nicas que enfrentaban hermano contra hermano. La burgues\u00eda luchaba a muerte por su ascenso al poder, el centralismo liberal pugnaba contra el foralismo y la tradici\u00f3n secular reaccionaba ante un modernismo apresurado. Resultado de todo ello fue un cruel enfrentamiento armado de siete a\u00f1os de duraci\u00f3n; a decir de los historiadores, fue la guerra civil m\u00e1s sangrienta de la historia de Espa\u00f1a en proporci\u00f3n a su poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Envuelto en la vor\u00e1gine, Tom\u00e1s tom\u00f3 parte de ella. Aquel oscuro coronel, reconocido por su capacidad de organizaci\u00f3n, nunca se hubiera rebelado contra el poder constituido; y no lo hubiera hecho por honor, por car\u00e1cter y por convicci\u00f3n, pero el poder le hab\u00eda apartado a causa de sus ideas pol\u00edticas y, libre de toda atadura moral, ofreci\u00f3 su espada al pretendiente Don Carlos, a quien consideraba su rey leg\u00edtimo. Zumalakarregi tom\u00f3 una decisi\u00f3n descabellada, despreci\u00f3 los ofrecimientos del partido m\u00e1s fuerte y se adhiri\u00f3 a una causa perdida de antemano, porque la desigualdad de fuerzas era tal que la victoria era un imposible en noviembre de 1833.<\/p>\n<p>Y sin embargo, su sola voluntad supo convertir aquellos cuatro mermados batallones de campesinos p\u00e9simamente armados en un ej\u00e9rcito gran\u00edtico de voluntarios entregados a su f\u00e9rrea tenacidad. Se volc\u00f3 en la formaci\u00f3n de los suyos, hizo cambios en el equipo que le dieron una enorme ventaja sobre sus enemigos y les condujo personalmente en el combate. Sus hombres le veneraban y \u00e9l les consideraba h\u00e9roes. Tres semanas ostentaba el mando cuando desde Bilbao lleg\u00f3 una angustiosa petici\u00f3n de auxilio; el potente ej\u00e9rcito liberal amenazaba la perla de Bizkaia, que se hab\u00eda pronunciado por Carlos V. Zumalakarregi respondi\u00f3 a la llamada con sus pobres fuerzas y en solo dos d\u00edas recorri\u00f3 con sus hombres m\u00e1s de cien kil\u00f3metros de sendas embarradas. Pero, a su llegada a Alsasua todo estaba perdido; por el oeste llegaban fugitivos los carlistas, derrotados en Bizkaia y en O\u00f1ate; semejaban los restos de un naufragio y llevaban con ellos el espanto y el desastre; muchos de sus dirigentes hab\u00edan huido a Francia y el desconcierto presagiaba la derrota definitiva. Sin embargo, el genial guipuzcoano emergi\u00f3 como un faro en la tempestad; puso orden en las filas derrotadas, seren\u00f3 a los voluntarios y orient\u00f3 a los dirigentes d\u00e1ndoles como respuesta disciplina, orden y seguridad. Las diputaciones de las provincias vascas y de Navarra supieron ver en aquel militar la respuesta a sus necesidades y le nombraron general en jefe de las fuerzas vasco-navarras. Y entonces ocurri\u00f3 el milagro; quienes antes se sent\u00edan derrotados tomaron de nuevo sus armas y un nuevo esp\u00edritu galvaniz\u00f3 a los insurgentes; los campesinos contemplaban maravillados el cambio y preguntaban qu\u00e9 prodigio hab\u00eda ocurrido; pero no lo hubo, fue la voluntad de un hombre la fuente de un liderazgo en adelante indiscutido.<\/p>\n<p>Campa\u00f1a medi\u00e1tica El gobierno liberal se esforz\u00f3 en presentarle como un sanguinario jefe de bandoleros fanatizados, y una terrible campa\u00f1a medi\u00e1tica se desat\u00f3 contra el general carlista desde el momento en que se convirti\u00f3 en el catalizador de su causa. <em>El lobo de las Am\u00e9zcoas<\/em> le apodaban, y se le mostraba en la prensa de la \u00e9poca como sediento de sangre. Y sin embargo, hasta sus propios enemigos le admiraron y los historiadores liberales reconocieron que cuando se apagara el fuego del rencor aquel tenaz guipuzcoano ser\u00eda considerado una gloria nacional.<\/p>\n<p>En el plano militar, Zumalakarregi se mostr\u00f3 autoritario y en ocasiones cruel; \u00e9l fue responsable del fusilamiento de ciento veinte \u201cpeseteros\u201d alaveses que se rindieron a condici\u00f3n de que sus vidas fueran respetadas; iracundo al recibir la noticia del ajusticiamiento de oficiales carlistas en Vitoria, no cedi\u00f3 a las s\u00faplicas de sus propios oficiales y se manifest\u00f3 inconmovible. En otra ocasi\u00f3n, la toma frustrada del fuerte de Etxarri-Aranatz le indujo a sortear entre las dos compa\u00f1\u00edas que incumplieron su misi\u00f3n, y dos soldados fueron pasados por las armas a modo de ejemplo. Meses de esfuerzo sin descanso, decisiones tomadas de forma inmediata, la necesidad de respuesta a las tropel\u00edas del enemigo\u2026 todo ello pudiera explicar, aunque no justificar, tal actitud que fue com\u00fan en aquel conflicto y a\u00fan m\u00e1s implacable entre los representantes del gobierno central.<\/p>\n<p>Vencedor de cinco virreyes de Navarra y de las mejores espadas de su tiempo, le reprochaban los mandos liberales que sus victorias fueran fruto de la sorpresa y del conocimiento del paisaje, y no tanto de la pericia en el mando de grandes masas militares. Pobre disculpa que no valora la enorme superioridad de sus contrarios en hombres, armamento y equipo, ni tiene en cuenta los constantes esfuerzos del militar de Ormaiztegi por ahorrar la sangre de sus voluntarios.<\/p>\n<p>Hoy en d\u00eda, algunos de los modernos historiadores hacen referencia a su actitud <em>monjil<\/em> y a su sumisi\u00f3n a don Carlos, y nos recuerdan sus crueles represalias hacia los prisioneros. Hay incluso quien le considera no tanto un gran militar como \u201cun tuerto en el pa\u00eds de los ciegos\u201d. Sin embargo, en su af\u00e1n desmitificador, olvidan al hombre de su tiempo que ve morir, a causa de una ley marcial sorda a toda humanidad, a cientos de voluntarios y paisanos; soslayan tambi\u00e9n su visi\u00f3n t\u00e1ctica evidenciada en tantos combates, su magistral utilizaci\u00f3n del terreno y la capacidad estrat\u00e9gica que mostr\u00f3 en la toma de Villafranca (Ordizia), que conllev\u00f3 la total desmoralizaci\u00f3n del enemigo y su huida al otro lado del Ebro tras derrotar a fuerzas que triplicaban las suyas.<\/p>\n<p>Desde\u00f1\u00f3 t\u00edtulos El caudillo carlista fue un general sin uniforme que desde\u00f1aba t\u00edtulos y honores. Tras la toma de Trevi\u00f1o, Don Carlos le ofreci\u00f3 la grandeza de Espa\u00f1a, pero el militar respondi\u00f3 al pretendiente con su habitual e ir\u00f3nica brusquedad: \u201cDespu\u00e9s de entrar en C\u00e1diz lo pensaremos; por ahora no estamos seguros ni a\u00fan en el Pirineo, y un t\u00edtulo cualquiera no ser\u00eda hoy sino un paso hacia el rid\u00edculo\u201d. Zumalakarregi se consideraba m\u00e1s necesario entre sus voluntarios que en las antesalas; nunca gust\u00f3 de titulados ni de atildados y, ante \u00e9l, quien deseara ascensos hab\u00eda de lograrlos en el campo de batalla: \u201cAqu\u00ed tenemos m\u00e1s necesidad de soldados que de oficiales; quien quiera charreteras deber\u00e1 gan\u00e1rselas; todo el que no haya sido herido o muerto en el plazo de tres meses, es un cobarde\u201d.<\/p>\n<p>Durante veinte meses, el general de Ormaiztegi llev\u00f3 a sus hombres de victoria en victoria y, batidos sus enemigos en todos los frentes, el triunfo final parec\u00eda al alcance de la mano. Sin embargo, en junio de 1835, Zumalakarregi parec\u00eda cercano al agotamiento; se sent\u00eda enfermo y ve\u00eda c\u00f3mo la corte que rodeaba al pretendiente trataba de reducir su autoridad. Present\u00f3 su dimisi\u00f3n, pero el pr\u00edncipe logr\u00f3 que la reconsiderara y que dirigiera sus esfuerzos a la decisiva toma de Bilbao. Y all\u00ed, en la cumbre de su \u00e9xito, le aguardaba su destino en el balc\u00f3n de un caser\u00f3n frente a la ciudad asediada. Una bala perdida hiri\u00f3 su rodilla, y aquella herida que no revest\u00eda gravedad tuvo para \u00e9l y para sus seguidores funestas consecuencias; veinte meses de una autoridad incontestable le llevaron a tomar decisiones que minaron su salud y acabaron con su vida en la ma\u00f1ana del d\u00eda de San Juan de 1835. Con su muerte quedaron desolados y hu\u00e9rfanos del <em>T\u00edo Tom\u00e1s<\/em> sus voluntarios, y se desvanecieron buena parte de las esperanzas de aquel pr\u00edncipe que so\u00f1aba con el solio real. Esta es la historia de un hombre que logr\u00f3 que una causa perdida renaciera mucho m\u00e1s fuerte hasta cimentar un poder capaz de poner en jaque a un gobierno que controlaba el 90% de los recursos del Estado. Sus herramientas no fueron otras que una estricta disciplina, el exquisito cuidado de los pueblos, la b\u00fasqueda incesante de recursos y el an\u00e1lisis permanente de sus enemigos; un esfuerzo agotador en medio de marchas incesantes, combates y asedios, planificando constantemente, gestionando la informaci\u00f3n y controlando el buen funcionamiento de sus fuerzas civiles y militares. Supo legar a su rey un ej\u00e9rcito decidido y fogueado que fue la base de un poder, el carlista, que se sostuvo pujante durante cinco a\u00f1os y al que s\u00f3lo pudieron derrotar sus propias contradicciones.<\/p>\n<p>El legado de Tom\u00e1s Zumalakarregi Imaz no fue material; muri\u00f3 con los bolsillos vac\u00edos, pero nos dej\u00f3 a quienes heredamos esta tierra un ejemplo imperecedero de virtuosismo, lealtad y honestidad, valores que hoy en d\u00eda tanto anhelamos en nuestros l\u00edderes y que son parte de la esencia de nuestro pueblo.<\/p>\n<p>Deia<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una bala perdida durante el sitio de Bilbao fue el principio del fin de Tom\u00e1s Zumalakarregi, que en pocos meses pas\u00f3 de ser un coronel taciturno a encarnar la esperanza militar de los carlistas Zumalakarregi tras la toma de Etxarri-Aranatz. 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