{"id":33605,"date":"2015-11-02T16:49:17","date_gmt":"2015-11-02T14:49:17","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-jardin-de-los-oe\/"},"modified":"2015-11-02T16:49:17","modified_gmt":"2015-11-02T14:49:17","slug":"el-jardin-de-los-oe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-jardin-de-los-oe\/","title":{"rendered":"El jard\u00edn de los O\u00e9"},"content":{"rendered":"\n<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1994, Martha Argerich ten\u00eda que dar un concierto en Jap\u00f3n a d\u00fao con Rostropovich y le propuso tocar, entre la primera y la segunda parte del concierto, una pieza muy breve, de menos de cinco minutos, obra de un compositor japon\u00e9s desconocido. La extrema levedad y sencillez de la pieza dej\u00f3 perplejo al exigente p\u00fablico japon\u00e9s. Argerich explic\u00f3 despu\u00e9s que para ella era \u201cm\u00fasica pura\u201d y que la hab\u00eda descubierto a trav\u00e9s de su disc\u00edpula y protegida Akiko Ebi, quien acababa de grabar un disco entero con las breves piezas de ese compositor desconocido. Ebi hab\u00eda grabado aquel disco por influencia de su primera profesora de piano, Kumiko Tamura. La se\u00f1orita Tamura hab\u00eda dejado de dar clases a ni\u00f1os virtuosos para dedicarse por entero a un \u00fanico alumno, con el cual ven\u00eda trabajando hac\u00eda m\u00e1s de quince a\u00f1os. El alumno en cuesti\u00f3n era autista, epil\u00e9ptico y ten\u00eda serias dificultades motrices. Su nombre era Hikari O\u00e9 y los lectores de Jap\u00f3n estaban bastante familiarizados con \u00e9l porque aparec\u00eda en todos los libros de su padre, el flamante Premio Nobel Kenzaburo O\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hikari hab\u00eda nacido en 1963 con una hidrocefalia tan tremenda que parec\u00eda tener dos cabezas. Su \u00fanica posibilidad de vida depend\u00eda de una operaci\u00f3n muy riesgosa y complicada que, en el mejor de los casos, lo dejar\u00eda con da\u00f1os cerebrales irreversibles. Los m\u00e9dicos prefer\u00edan no operar y el propio Kenzaburo era de la misma opini\u00f3n, pero su esposa le dijo que prefer\u00eda suicidarse antes que dejar morir a su \u00fanico hijo. Kenzaburo deb\u00eda partir a Hiroshima, para escribir un art\u00edculo sobre los m\u00e9dicos que trataban a las v\u00edctimas de la radiaci\u00f3n. Muchos de ellos padec\u00edan los mismos s\u00edntomas que sus pacientes. Ten\u00edan, seg\u00fan O\u00e9, m\u00e1s motivos que nadie para dejarse morir y sin embargo perseveraban, logrando en algunos casos resultados asombrosos. Kenzaburo volvi\u00f3 y le dijo a su mujer que apoyaba su decisi\u00f3n. Hikari sobrevivi\u00f3 a la operaci\u00f3n pero qued\u00f3 con lesiones cerebrales permanentes, epilepsia, problemas de visi\u00f3n y limitaciones severas de movimiento y coordinaci\u00f3n. Su autismo era total hasta que la madre not\u00f3 que su atenci\u00f3n respond\u00eda al canto de los p\u00e1jaros. Kenzaburo consigui\u00f3 un disco en que se o\u00edan diversos cantos de aves y una voz masculina que los identificaba. Un a\u00f1o despu\u00e9s, mientras llevaba a su hijo en bicicleta por un parque cercano, Hikari pronunci\u00f3 su primera palabra: \u201cAvutarda\u201d, dijo al o\u00edr el canto de un p\u00e1jaro. Hab\u00eda memorizado los setenta cantos distintos de aquel disco. Lo mismo le pasaba con la m\u00fasica: cuando o\u00eda un fragmento de Mozart (la m\u00fasica favorita de su madre) era capaz de identificarla al instante por su n\u00famero Kochel.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed hace su entrada la profesora Tamura en la vida de Hikari. Al principio se limitaba a mostrarle melod\u00edas sencillas en el piano, que \u00e9l pudiera repetir con un dedo, pero el inter\u00e9s de Hikari por esas lecciones (esperaba a su maestra en la puerta de la casa con un reloj despertador en la mano) y sus sorprendentes progresos hicieron que la se\u00f1orita Tamura fuese abandonando sus otros alumnos y se dedicara por completo a \u00e9l. De a poco logr\u00f3 que cada uno de los dedos de Hikari trabajara en forma separada y pudiera encarar progresiones arm\u00f3nicas. Luego le ense\u00f1\u00f3 solfeo y notaci\u00f3n musical. Pero Hikari mostraba menos inter\u00e9s en practicar piezas de Chopin o Bach que en sus propias improvisaciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La se\u00f1orita Tamura decidi\u00f3 entonces empezar a explorar junto a Hikari ese mundo de sonidos que \u00e9I ten\u00eda adentro. Las sesiones frente al piano se hicieron diarias y ocupaban toda la tarde, luego de que Hikari volviera de la escuela especial donde hac\u00eda manualidades. Rara vez apelaba a la palabra para comunicarse pero con un mero tarareo era capaz de expresar lo que quer\u00eda a sus padres y sus dos hermanos. Hikari y la se\u00f1orita Tamura trabajaron en ese lenguaje, con proverbial templanza japonesa, durante diecisiete a\u00f1os. Hikari fue componiendo breves piezas en ese lenguaje, que pul\u00eda y pul\u00eda con obsesi\u00f3n autista hasta lograr poner en ellas su relaci\u00f3n emocional y sensorial con el mundo, desde la muerte de un maestro querido hasta un d\u00eda en el campo con sus hermanos (as\u00ed eran los t\u00edtulos de las composiciones). Un d\u00eda, la se\u00f1orita Tamura recibi\u00f3 en su casa la visita de una ex alumna, la ya c\u00e9lebre Akiko Ebi. Cuando \u00e9sta le pregunt\u00f3 a qu\u00e9 hab\u00eda dedicado todos esos a\u00f1os, la anciana la sent\u00f3 al piano y le mostr\u00f3 las piezas de Hikari, y el resto ya ha sido dicho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1994 Kenzaburo gan\u00f3 el Premio Nobel y en su discurso en Estocolmo anunci\u00f3 que ya no escribir\u00eda m\u00e1s novelas, que no hac\u00eda falta. Porque desde 1963, desde el regreso de aquel viaje a Hiroshima y de la operaci\u00f3n a su hijo, Kenzaburo hab\u00eda instalado a Hikari en el centro de su literatura: hab\u00eda decidido darle una voz, ya que su hijo no pod\u00eda tenerla. Hasta entonces su escritura estaba orientada a las cat\u00e1strofes de la historia japonesa reciente: la guerra, la bomba at\u00f3mica, el culto al emperador, al militarismo, y sus consecuencias. A partir de entonces, el foco pas\u00f3 a la paternidad y su v\u00ednculo con Hikari. En 1964, luego de la operaci\u00f3n de su hijo, public\u00f3 Una cuesti\u00f3n personal. En 1966 fue aun m\u00e1s \u00e1spero: Dinos c\u00f3mo sobrevivir a nuestra locura. A los que siguieron El grito silencioso y luego Las aguas han invadido mi alma. La irrupci\u00f3n de la m\u00fasica y de la profesora Tamura en la vida de Hikari se puede adivinar en los t\u00edtulos siguientes (Despertad, oh j\u00f3venes de la nueva era, o Una familia tranquila, o Carta a los a\u00f1os de nostalgia), pero casi no se la menciona en sus p\u00e1ginas; es como si no tuviera lugar en la \u00e1spera escritura de Kenzaburo: Hikari es s\u00f3lo esa presencia constante en casa de los O\u00e9. Hasta que sali\u00f3 el disco de Akiko Ebi y Jap\u00f3n primero y el mundo despu\u00e9s descubrieron que Hikari ten\u00eda una voz propia: ya no necesitaba que su padre hablara por \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para Kenzaburo, darle una voz a Hikari consisti\u00f3 en realidad en cargar \u00e9l con el tormento, alivianarle las espaldas a su hijo. Cualquiera que haya le\u00eddo sus libros sabe lo duro e insobornable que ha sido siempre consigo mismo, as\u00ed como con su pa\u00eds. Cualquiera que escuche la m\u00fasica de Hikari despu\u00e9s de leer los libros de Kenzaburo entender\u00e1 al instante que, lo que hizo el padre, efectivamente liber\u00f3 las espaldas del hijo. Nabokov dec\u00eda que no se lee con la cabeza y tampoco se lee con el coraz\u00f3n: se lee con la espalda, m\u00e1s precisamente con ese lugar entre los om\u00f3platos donde alguna vez tuvimos alas. La m\u00fasica de Hikari es as\u00ed: entra por la espalda. Apenas empieza, termina. Pero mientras dura es posible imaginar esos otros momentos en casa de los O\u00e9, esos que Kenzaburo no retrat\u00f3 en sus libros, esos que hicieron posible que los O\u00e9 pudieran sobrevivir a su locura, al grito silencioso (\u201cMe horroriza pensar lo que hubiese sido la vida de Hikari y la de su familia sin la m\u00fasica\u201d, ha dicho el padre).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Kenzaburo no cumpli\u00f3 su promesa de no escribir m\u00e1s novelas; ya public\u00f3 tres. Hikari sigue componiendo sus piezas breves; ya le hicieron tres discos. En casa de los O\u00e9, todos los d\u00edas se parecen: en un rinc\u00f3n del living est\u00e1 Kenzaburo escribiendo, en otro rinc\u00f3n est\u00e1 Hikari frente al piano y, en el jard\u00edn, poblado de comederos de p\u00e1jaros, se ve a la se\u00f1ora O\u00e9 rellenando los cuencos con un sobrecito de semillas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PAGINA 12<\/p>\n<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1994, Martha Argerich ten\u00eda que dar un concierto en Jap\u00f3n a d\u00fao con Rostropovich y le propuso tocar, entre la primera y la segunda parte del concierto, una pieza muy breve, de menos de cinco minutos, obra de un compositor japon\u00e9s desconocido. 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